CARPE DIEM MARÍA ISABEL RUANO
Si el tiempo
no perdona a nadie
personas,
animales, paisajes y lugares.
Si todos
sabemos que envejecemos
y qué, sin
duda, vamos a morir.
¿Por qué
vivir con tanta prisa?
¿Por qué
tanto sufrir?
¿Por qué no
concederle una tregua
al tiempo
acelerado del reloj?
¿Por qué no
poner freno y medida
al estrés y a
las preocupaciones?
¿Por qué no
escuchar a los pájaros
y a las ramas
de los árboles con su gracia otoñal?
¿Por qué
escatimar los afectos y la generosidad?
¿Por qué no
pensar un poquito más en los demás?
¿Por qué no
escuchar el clamor interno
del niño que
todos llevamos dentro?
¿Por qué no
ser indulgentes con los tropiezos
y aprender cada día a mejorar?
Si el tiempo
no perdona y su señuelo
va marcando
arrugas en el rostro
y va plegando
los sueños hasta reducirlos
a la rutina o
la cotidianidad,
sí disminuye
el paso ágil de las piernas,
merma la
fuerza y entristece con las pérdidas al corazón.
¿Por qué
entonces, por qué no paramos, respiramos despacio
y nos dejamos
seducir por el sol y los ríos, el verde y el mar,
el fluir de
la luz en la ventana
y el sentir
pausado del recuerdo y de la emoción?
Termina
octubre hace sol y el frío de la noche
agradece el
confort de la casa y el calor del edredón,
sonríen las
miradas de quién nos comprende, añora o quiere.
Bajemos el
ritmo, observemos, caminemos lento,
escuchemos,
perdonemos, abracemos el día, cada bello momento,
demos
gracias, vivamos cada acontecimiento desde el amor.
EL CUARTO PASO ANTONIO
LLOP
Renato
Plugliese, como todas las mañanas, cruza el pasillo donde se alinean los
puestos de trabajo de su Financiera. Los empleados ya se han acostumbrado a su
paso moroso y renqueante. El temor que imponía unos años atrás se ha convertido
en una mirada conmiserativa que mezcla la ternura con el rencor velado. ¿Qué
hace este hombre en su Empresa, todavía? ¿Por qué no disfruta de su jubilación?
Precisamente,
sentado en la poltrona de su despacho, Renato recapacita sobre la última orden
que ha dado a su sustituto antes de abandonar sus funciones ejecutivas. Cierra
los ojos y repasa los hechos más relevantes de su vida.
Durante su
adolescencia tuvo dos influencias decisivas: Primero la de su tío Luca que le
aconsejó ser un jugador de ventaja en el futuro:
—Tienes que
guardar tres sencillos pasos: Primero observa, después analiza y, por último,
decide. Y, si no puedes aprovecharte por las buenas, presiona.
Por otra
parte, la influencia de los religiosos del colegio al que le llevó su madre
donde le moldearon una moral estricta.
¿Eran
contradictorios ambos consejos?
Siguiendo las
enseñanzas de su tío analizó la situación. Si los curas le esculpieron la
conciencia también le dieron la posibilidad del perdón. Así que dentro, de las
posibilidades de su adolescencia, tomaba siempre las decisiones que le
interesaban sin parar en víctimas, siempre buscando su propio beneficio. Acto
seguido lavaba sus culpas en el confesionario.
Cuando salió
del colegio también observó, y después analizó que la carrera más proclive a su
interés era la de Económicas. Y a ello se puso con buen aprovechamiento. Al
terminar se colocó en la Empresa del señor Adorno, su primer jefe. Buscó la
forma de que este fuera el primero y el último. Buscó sus debilidades,
siguiendo los pasos que le había aconsejado su tío. Notó su proclividad
manifiesta por las mujeres. A esas alturas Renato ya estaba casado. Aprovechó
la buena planta de su esposa para convencer a Adorno de su ascenso en el
escalafón. Un día le invitó a cenar en un restaurante con las cónyuges de
ambos. Renato aconsejó a su esposa un escote discreto y que no se resistiera a
la inclinación depredadora de su superior. Durante la cena, ella tuvo que soportar
la mirada de cazador de aquel hombre odioso, que no se detenía ni delante de su
propia esposa. Renato nunca preguntó a su compañera en qué terminaron los
devaneos de su jefe. Él ya había conseguido su preciado ascenso y su cambio de
estatus.
Con esas y
otras artimañas por fin alcanzó su objetivo que era montar su propia Empresa:
la Financiera Plugliese. En ese momento ya tenía el campo libre para engañar,
estafar y, en definitiva, tomar ventaja sobre los demás. Aún conservaba la
moral estricta que le grabaron con fuego y ya no era tan ingenuo para creer que
con un sencillo acto de contrición le serían perdonados sus pecados, Pero
sustituyó el confesionario por el Código Civil. Blindó todas sus inversiones
con contratos totalmente legales para acallar su conciencia. Muchos de sus
clientes se arruinaron con sus inversiones interesadas, pero pensó que ellos
deberían saber que la renta variable era arriesgada.
Su tío Luca
ya era para entonces un jefe local de la mafia siciliana. Y vio en su sobrino
la oportunidad de seguir con su filosofía del beneficio a cualquier precio.
—Sobrino,
estoy muy orgulloso de que siguiendo mis enseñanzas hayas mejorado tu vida.
Ahora tienes la oportunidad de devolverme el favor.
Le pidió que
aprovechando sus contactos internacionales le lavara el dinero sucio que
obtenía en sus negocios. Renato no tuvo más remedio que acceder a lo que su tío
le solicitaba. Buscó subterfugios con sus abogados para atenuar el aviso de su
conciencia y estos le brindaron un camino legal para efectuarlo.
Con esa
dualidad de engaño-perdón fue trampeándose a sí mismo hasta que ya cerca de su
jubilación y desprovisto de la vorágine del trabajo le llamó la conciencia con
aldabonazos de arrepentimiento. Buscó su absolución en cuántos había hecho
daño. Empezó con su esposa a la que colmó de regalos y de viajes.
Siguió en
busca de ese perdón que necesitaba para vivir sus últimos años y morir en paz.
Y tomó la decisión más difícil: dejar el lavado de dinero que le ofrecían desde
los círculos de su tío Luca.
Precisamente
ayer le había invitado a comer en un restaurante para comunicárselo. Él había
venido con su primo, Rocco.
—Habla con mi
hijo. Él es el nuevo jefe de la Organización. Yo ya estoy para espaguetis y
buen Lambrusco.
Renato le
expuso a su primo sus intenciones de dejar el blanqueo. Ese sería el acto de
contrición definitivo para estar en paz con esa moral religiosa que nunca le
abandonó.
Tras este
recuento de su vida, ahora en su despacho, abre por fin los ojos. Su primo está
frente a él.
—Hola Rocco
—le dice—. Me he quedado traspuesto y no te he oído entrar. Estaba pensando en
lo a gusto que se queda uno con la conciencia tranquila. ¿Qué deseas?
Rocco le
observa, luego le analiza y, por último, toma la decisión. Abre su chaqueta y
extrae la pistola de su funda.
VOLVER
AL PASADO JUANA
DOMÍNGUEZ
Hoy mi
pelo brilla con las numerosas canas que lo puebla. Hace cincuenta años era
castaño claro. Dos coletas lo recogían a ambos lados de la cara. No creáis que
me arrepiento de lo que he vivido, ni desearía volver a una niñez o a la
juventud que disfruté.
Mi vida ha
vuelto a comenzar, el azar y las casualidades no creo que existan, porque yo no
he salido indemne.
Me llamo
Sara, tengo tres hijos. Me quedé viuda hace tres años. Fui feliz en mi
matrimonio, sobre todo independiente. Pude decidir cómo emplear mi tiempo, con
quién podía relacionarme y con quién no quería estar. Raúl vivía su vida, a su
manera. Éramos diferentes y nos complementamos. Juntos podíamos compartir la
cotidianidad de la vida, aunque termináramos discutiendo por cosas sin
importancia. A su muerte pude seguir con mi vida. Le echaba de menos en algunas
cosas, pero termine por adaptarme.
Mis hijos
tienen su propia vida, no me necesitan económicamente. Les enseñe a valerse por
ellos mismos, y no les va mal, aunque en ciertas fechas les inyectaba un poco
de dinero para gastos imprevistos o para lo que quieran gastarlo. No tiene
obligación de darme explicaciones, ni yo se las pido.
Hoy, he
vuelto a nacer. Un viaje programado me llevaba a explorar una zona cercana. Ocho
días diferentes para recorrer ciudades y civilizaciones antiguas, a las que me
fui aficionando durante mi matrimonio. Fenicios, romanos, árabes, hasta íberos
poblaron la zona que iba a visitar, en otras épocas. El recorrido prometía
mucha historia, y muchos monumentos, aparte de una gastronomía rica y única.
No llegué.
El transporte se interrumpió. Un golpe me empujó hacia delante, un ruido
atronador aún retumba en mi cabeza. Después, unos segundos eternos de silencio.
Luego gritos de dolor, llantos y lamentos sonaron a mi alrededor. Gentes que
pasaban junto a mí, sin verme, corriendo despavoridos. No podía alzar la voz
para llamarlos. No podía moverme, solo mirar cómo corrían.
Hoy soy
otra persona. El paso del tiempo no me ha marcado. Solo un desastre ha conseguido
que renuncie a ser diferente, a ser autosuficiente, a ser inconformista.
En lo que
me quede de vida voy a necesitar ayuda, la de mis hijos, o la de quien ellos
quieran asignarme. El incomprensible accidente deI Iryo de octubre de 2026 me
dejó inválida.
MIS
RECUERDOS ARACELI
DEL PICO
Me apoyo
en el bastón de mis recuerdos.
Veo
transcurrir mi vida como un río
de
cristalinas aguas, que bajan en un torrente
enloquecido,
buscando desde niña,
sueños
locos, que a veces se cumplieron,
No siempre
alcancé mis objetivos,
Y qué más
da, lo bueno es perseguirlos.
Luchar por
ellos es la sal de la vida.
Encontrarlos,
a veces, te frena los deseos.
Y no es
bueno. Mejor seguir soñando.
Niñez de
venturas entre pobres.
Me dio
seguridad, pobres riquezas.
Y en mi
juventud obtuve triunfos
que jamás
soñé siendo pequeña.
Crecí así
segura de mí misma.
Insolencia
de juventud
Más bien
lo llamaría.
Pues esa
seguridad se sustentaba
en lo
fácil que a veces resultaba
conseguir
aquello que quería.
No sé en
qué justicia me apoyaba,
Para
repartir con equidad cuanto podía.
Solo sé
que deseaba dar al pobre
aquello
que aliviara un mejor día.
Creía que
sí lo conseguía.
Pues no. A
veces se disfraza de pobre
aquel, que
menos necesita.
Y de este
modo, tiende su pedigüeña mano
para
menguar el premio
del que de
verdad sí lo precisa.
La vida,
como a todos,
me ha
pasado por delante.
Y ha
puesto mi piel como el craquel.
También
voy algo lenta.
Pero en mi
mente se fija la experiencia.
Daría
marcha atrás en muchas cosas.
Y de que
serviría hacerlo ahora
si ya no
tiene arreglo.
Solo pido
ser justa y consecuente
no errar
de ahora en adelante.
Sé que
privé de afectos
a quien
más merecía. Y regalé los míos
con
largueza. Ahí soy generosa.
Dar marcha
atrás sería una locura.
Enmendar
quizá, un signo de sapiencia.
De nada me
arrepiento.
Líneas
trazadas han marcado mi vida.
Y ahora en
esa cuesta que resta
peldaños
cuando subo.
En la
bajada aumenta su caída.
Carpe diem. M. Isabel
ResponderEliminarTu poema nos hace reflexionar sobre el estrés de la vida moderna. Cierto es que deberíamos parar un poco para disfrutar de lo bello de la Naturaleza y vivir el presente, en armonía con todo el mundo. Pero no somos ángeles, somos humanos y tus preguntas no tienen respuesta, ni la tendrán.
El cuarto paso. Antonio
Me parece que la postura de Renato, de hacer cosas ilegales y luego confesarlas es muy común en algunos cristianos. Porque Dios es misericordioso y aunque hayas sido muy malo en la vida, si al final te arrepientes, vas al Cielo. No sé si a Renato lo habrá perdonado Dios, pero está claro que su primo Rocco, no.
Volver al pasado. Juana
Cuántas ilusiones y cuánta vida, iría en esos trenes. A tu protagonista, que ha sobrevivido, le ha cambiado la vida, pero de qué manera. En estos accidentes tan dramáticos, si sería bueno que se pudiera dar marcha atrás al tiempo y tener una segunda oportunidad. Muy oportuno, tu relato, Juana.
Mis recuerdos. Araceli
Una vida vivida con intensidad da lugar a muchas satisfacciones y algún que otro desengaño. Tu generosidad queda más que demostrada, aún así, si pudieras volver atrás, repartirías más afectos. Lo que te queda de vida, seguirás en tu línea de justa y consecuente.
M. Isabel. En un hermoso poema, de tu corte, formulas muchas preguntas y nos aconsejas bajar el ritmo para apreciar mejor nuestro entorno. Sabía apreciación. Sería estupendo seguir el consejo.
ResponderEliminarAntonio, magnífico relato donde queda claro, lo fácil que es para algunas personas obrar de manera equivocada, buscando el perdón en un manido apto de contrición. Pero la justicia viene de la mano de quien menos se lo espera. Aunque quizá el justiciero, tampoco trigo limpio, acabe igual que él.
ResponderEliminarJuana. Tu prota cuenta sin adornos el transcurrir de su vida. Y sin embargo ella que siempre ha sido un punto independiente, ve su final en manos de sus hijos que han de decidir por ella. Es duro pero real y muy bien planteado.
ResponderEliminarMaría Isabel, una intensa reflexión sobre lo que importa en la vida compone el núcleo de tu poema. Bien ordenado y armónico.
ResponderEliminarJuana, un relato con un protagonista libre que con motivo de un accidente inesperado se vuelve dependiente. Muy bien narrado lo que el azar puede influir en nuestras vidas.
Araceli, tu relato en forma de poema es la crónica de una vida satisfecha con una cierta generosidad para la gente que la rodea. Bien contado.