08/08/2025

MI UNIVERSO 2

 

ÉL ERA MI UNIVERSO                                     ARACELI DEL PICO

 

Cada día cuando me levanto, después de medio ordenar mi entorno, tomo un café. Ahora en verano, frio y con un par de galletas. Y me encamino al paseo rutinario, siempre al mismo sitio a las a fueras de la ciudad…

 

-          Mamá, no te enfades

-          Si no me das motivos, no.

-          Bueno… no te va a hacer gracia lo que te quiero decir.

-          Mal empezamos.

-          Es que… No quiero ir al colegio.

-          Menuda novedad. Nunca quieres y luego vienes tan contento.

-          No vengo contento mamá. Vengo haciendo teatro. Vengo triste, preocupado y resentido con todos mis compañeros.

-          Vaya, eso sí que es una desagradable sorpresa. Nunca me habías dicho nada. Cuéntame.

-          No, de verdad. Tan solo, permíteme que hoy no vaya al colegio.

-          De ningún modo. Quiero saberlo todo. Sacas unas excelentes notas; cosa que me llena de orgullo. Y tienes buenos amigos. Así que ahora mismo, me vas a explicar la razón, de ese repente que te ha entrado.

-          No es un repente. Y mis amigos de verdad solo son tres, Luis, Manuel y Ricardo. Y en la clase somos veinte. Así que amigos, lo que se dice amigos, en número reducido.

-          Mira, lo tengo todo dispuesto. Así que me pilla de paso y te acompaño al colegio. Hablaré con tu profesor.

-          Que no, que no, eso sí que no.

-          Pero se puede saber por qué estás tan retorcido? Está bien, quizá necesites un día de descanso. Yo tengo que salir. Desayuna y recoge. Ya que te quedas en casa, haz algo de provecho.

 

  Una vez en la calle, derechita fui al colegio a hablar con el Director y su profesor de turno. Expuse mis dudas y el extraño comportamiento de Iván. También se sorprendieron. No habían notado nada. Decidieron llamar a sus tres amigos. Y éstos se explicaron. Bien? Bueno de aquella manera.

 

  Al parecer el día anterior, se había impartido una clase sobre el universo, donde mi hijo hizo una magistral exposición del tema. Habló del multiverso, describiendo la hipótesis de que existen múltiples universos.

 

  El profesor le felicitó en clase, delante de todos sus compañeros. Y sus tres amigos le abrazaron efusivamente. En el rato de descanso, el resto de la clase les abucheó, y sin razón alguna les cubrieron de lindezas. Lo más bonito que oyeron fue… ¡nenazas de caramelo!

 

  Sus amigos le apoyaron, le pidieron que no prestara atención a semejantes idioteces pero en un impulso lanzó un libro a la cara de un compañero. Le rozó, sin llegar a tocarle. Pero la violenta y desproporcionada reacción del otro, le hizo temblar. – Si lo vuelves a intentar, te rajo.

 

Los profesores me prometieron mediar. Iván era el mejor de sus alumnos…

 

  Llegué a casa, con un punto de orgullo y dos de inquietud. Estaba estudiando, absorto en su universo. Él, era el mío.

 

-          Que tal hijo, como has pasado la mañana?

-          Bien. Y a ti, como te ha ido en “mi” colegio?

 

  Me desarmó. Como intuyó que había estado allí?

 

-          No te preocupes mamá, mañana volveré. Sin problemas.

 

    Salió de casa, cariñoso como siempre. Y confiado. Atravesó la verja del colegio y sobre él, cayó un universo envenenado.

 

-          Buenos días Doña Amalia. Claveles rojos, como siempre?

-          Buenos días Carmen. Naturalmente, claveles rojos como siempre.

 


 

UNIVERSO OSCURO                                                  JUANA DOMÍNGUEZ

Las noches sin luna, subía a la azotea de mi casa para admirar el universo infinito que tenía sobre la cabeza, estrellas que formaban figuras extrañas retorciéndose sobre si mismas. Allí existían otros mundos estaba segura, que solo un planeta tuviera vida, con tantos puntos luminosos como tenía sobre mí, no debí a ser un sueño. Y tengo que reconocer que lo sucedido no me causó ninguna duda.

Aquella tarde me dejó un poco aturdida, pero fue tan real como el día lluvioso que fue. Alguien me seguía, seguro,  no veía a nadie cuando me daba la vuelta, pero cuando caminaba volvía a oír el eco de los pasos tras mí. Estaba deseando llegar a mi portal. Al doblar la esquina de mi calle corrí para esconderme tras la puerta, quería ver al perseguidor. Paso delante de mí, vi cómo se adentraba en el portal y miraba mi buzón. Con una furia incontrolable salí de detrás de la puerta y me encare con él.

¿Por qué me sigues? ¿Qué buscas?

Era un joven alto, con sombrero de fieltro y capa larga un poco raída, su indumentaria no era muy actual, me sonrió divertido.

-Vivo en esta casa, busco a mi familia, los García del primer piso. Usted debe conocerlos, se parece a mi hermana Elena.

- ¿Elena? Yo me llamo Elena, y a usted no le conozco de nada.

- Soy Jesús García, mis padres se llaman José y Manuela, he estado fuera y acabo de volver a Madrid, está un poco cambiada la calle y el portal, pero éste sigue siendo el número 15 del paseo de la Chopera ¿no es así?

Mis abuelos se llamaban así,  mi madre tuvo un hermano que desapareció sesenta años atrás, sin que nunca supieran de su paradero. Mi abuela, murió de pena, era imposible que su hijo no la escribiera. Decía siempre que alguien se lo había robado.

-Mi tío, hoy tendría 80 años, así que no puede ser usted, que representa venti pocos.

-Tengo veintidós, me fui hace dos años. Mi hermana será más joven que usted, y que yo.

Me estaba angustiado, me hablaba de mi madre y mis abuelos ya fallecidos, no podía ser mi tío, era imposible que se conservara tan joven, después de tanto tiempo de ausencia. Le seguí preguntando para intentar ver si me estaba engañando.

-¿Dónde ha estado de viaje?

-¿Por qué no subimos a mi casa? Quiero ver a mis padres, y abrazarles para compensarles por mi ausencia.

Le seguí, quería ver si coincidía mi casa con la suya, se paró delante en mi piso, sacó una llave que abrió la puerta.  ¡Yo no salía de mi asombro!

Fue hasta la cocina y llamó:  ¿madre?

-          Aquí no vive nadie más que yo, le dije. Mis abuelos y mi madre fallecieron hace mucho.

Se sentó en una silla junto a la ventana, y vi con desazón que tenía la piel muy fina, casi transparente. Su cara era igual que el retrato de mi tío que aún conservo encima de la cómoda ¡Como podía seguir siendo tan joven! Cada vez estaba más angustiada y alarmada, no daba crédito a lo que veía.

-¿Dónde ha estado todos estos años? Usted debe ser mi tío.

Me miró, y saco una piedra negra del bolsillo de su capa, parecía metálica.

-No sé bien donde he estado, una mañana dos hombres me contrataron para trabajar en otra ciudad, no sé cómo llegue a ella. Allí no se circula por la calzada, los coches tienes alerones y viajan por el aire, no sé dónde está. Vivía dentro de una habitación blanca, con una ventana enorme desde la que veía el ir y venir de los autos con alerones, la habitación estaba vacía, no tenía muebles solo una colchoneta y una mesa bajita, donde hacía los dibujos que un hombre con la cara cubierta con una máscara me pedía. Esta mañana me dejó en la estación de Atocha, y me dio esta piedra.

Ya no tengo dudas, existen otros mundos en el universo, la piedra que trajo mi tío no es de este planeta.


 

UN ERROR DE CÁLCULO IMPERDONABLE                SANTIAGO J. MARTÍN

Durante la pandemia sé que tomamos decisiones equivocadas, aunque en nuestro descargo habría que decir que vivimos momentos especialmente novedosos y nos faltaban referencias con olor a experiencia para apoyarnos y ayudarnos a evitar meteduras de pata que, evidentemente, se produjeron.

Tengo una colección de soldaditos de plomo que heredé de mi abuelo Faustino. Solo con decir esto ya se pueden dar ustedes una idea del valor de las piezas, así como  lo delicadas que algunas de ellas se encuentran.

Luego, yo he ido ampliando los ejércitos de metal hasta llegar a poseer más de 1500 efectivos entre fusileros, guerreros medievales, samuráis, infantería y caballería motorizada.

No hay semana que no revuelva en esas cajas de zapatos y repare un brazo, lustre un caballo o ponga en formación a un escuadrón durante unas horas. Y antes de la vuelta a los cuarteles de cartón suelo hacer unas cuantas fotografías con el móvil, para seguir ilustrando la memoria de mi teléfono.

Como pueden suponer, tanto tiempo en casa durante ese 2020 y 2021 dio para mucho. Discusiones y reconciliaciones con la familia, videoconferencias cerveceras con amigos y, en mi caso, sobre todo, recreaciones de batallas famosas en la mesa del comedor.

Otra de mis pasiones es el fútbol, pero el fútbol por la tele. Está claro que mi universo no necesita grandes espacios para alcanzar la plenitud, aunque por culpa del Covid, el tema futbolero se alteró sobremanera: meses sin partidos, luego encuentros sin público en las gradas… falta de pasión en una palabra.

Soy un hombre tranquilo, pero cuando juega mi Atleti hay veces que ni yo mismo me reconozco. Aunque en aquella liga del 2020-21 era difícil coger un puntito de emoción, todo tan desangelado. Y fíjense, la terminamos ganando.

El 7 de marzo de 2021 era el gran derbi, nos jugábamos mucho contra el Real Madrid y las puñeteras gradas del Metropolitano vacías. Algo tenía yo que hacer.

Una idea se me vino a la cabeza, y no fue mala, pero como dije al principio, posiblemente no la maduré lo suficiente para que saliera bien.

Allí estaba yo frente a la tele, con mi bufanda colchonera, una cerveza sin alcohol en mis manos y la soledad del despachito, donde me recluyo normalmente para que nadie sufra de más con mis gritos e improperios. Me faltaba algo, necesitaba el calor de la gente. Pronto me di cuenta que les tenía a ellos, 1500 gargantas que podían apoyar al Atleti sin freno alguno.

Los coloqué por todos lados, mirando a la pantalla siempre, y les animé a que se entregaran a esa nueva batalla. Nada podía fallar: ni estrategia, ni valor, ni fuerza, nos faltaba. Los vikingos iban a hincar la rodilla, seguro.

En cambio, algo ocurrió que la victoria no se produjo. No me lo podía creer. Tuve una reunión de urgencia con los tres altos mandos de los ejércitos.

-          Generales, este empate a uno, es inadmisible. ¿En qué hemos fallado?

No hizo falta que me explicaran nada. Hay veces que una mirada es suficiente para entender lo que está pasando.

Había cometido un grave error.  Mi enajenación por el fútbol, mezclada con la obsesión por las piezas de plomo y estaño, me habían conducido a la ceguera, a la más absurda de las actitudes: yo ahí, como un niño idiota, rodeado de muñequitos metálicos, intentando ganar un partido fantasma que se jugaba sin gente en las gradas.

No volvería a ocurrir nunca más. Mil y pico piececitas siguiendo un partido que puede que no les importara en absoluto. A muchos no les gustaría el fútbol, la mayoría vivió en una época en la que no había sido inventado aún; habría otros que sentirían pasión por el Barcelona o por el Huesca, incluso una mayoría, seguro, serían merengues. ¡Qué error!

A partir de ese día, con público o sin público en el campo, me rodeo de una élite de soldados en cada retransmisión de mi equipo: los mejores, los más preparados, los profundamente atletistas. Organizarse es fundamental para conseguir la felicidad en esta vida, al  menos la mía.