TEN
CUIDADO MANUEL
GIL
¡Cuidado! los recuerdos son traidores,
la memoria crece al hacerse enana,
convirtiendo las locuras tempranas
en armonías de trazos superiores.
Si males hicimos quedan rumores,
que ocultaremos a ojos del mañana,
los perdimos entre brumas lejanas,
hoy solo cotizamos los valores.
Reescribimos a menudo el pasado,
mas en la línea de la mano, en la palma
para ojos sabios quedó retratado.
Si el diablo del tiempo robó tu calma,
no te mientas, ten mucho cuidado,
porque es tan sencillo venderle el alma.
CIRCULE SIEMPRE CON PRECAUCIÓN SANTIAGO J.
MARTÍN
Mientras conduzco no dejo de reparar en las señales de
advertencia y de peligro que voy encontrando por la carretera.
Alguna de ellas solo piden mi atención en condiciones muy
particulares: si es de noche, que no es el caso, si hace mucho frío, tampoco,
si está lloviendo, nada, el día es absolutamente seco y soleado.
Pero luego están las otras, las siempre vivas. Observo que
llevo más de 15 minutos transitando por un lugar donde no se puede adelantar.
El trazado es sinuoso, estrecho, excesivamente virado y con poca visibilidad.
Por si esto fuera poco, además se me anuncia que estoy
atravesando un lugar donde hay animales salvajes que podrían aparecer en medio
de la vía.
Mantengo la calma. Pienso que si hiciéramos caso a todas las
advertencias con preocupación, terminaríamos angustiados y, probablemente, lo
mejor sería abandonar el coche en un arcén y continuar la marcha tranquilamente
andando.
Ahora surge un inconveniente más. El firme está en mal
estado y así me lo acaban de anunciar un par de señales consecutivas.
No sé por qué reparo tanto en estas informaciones. Paso por
esta carretera más de tres veces por semana y se supone que estoy al tanto de
sus características y de tanta peculiaridad al volante.
Hoy es un día diferente para mí. Este viaje en concreto
nunca lo querría haber hecho, no tocaba hoy. Y se me llena la garganta de
amargura y me empiezan a temblar las manos a medida que me acerco a la ciudad.
Ya me saturan tantos carteles, tanta seguridad mimada por avisos, por alarmas
consecuentes, por indicios de accidentes evitables.
¿Dónde estaban mirando los ojos de los que no supimos ver
las señales del sufrimiento de mi hija con ese monstruo?