08/11/2024

TEN CUIDADO 1.

 

TEN CUIDADO                                                MANUEL GIL

 

¡Cuidado! los recuerdos son traidores,

la memoria crece al hacerse enana,

convirtiendo las locuras tempranas

en armonías de trazos superiores.

 

Si males hicimos quedan rumores,

que ocultaremos a ojos del mañana,

los perdimos entre brumas lejanas,

hoy solo cotizamos los valores.

 

Reescribimos a menudo el pasado,

mas en la línea de la mano, en la palma

para ojos sabios quedó retratado.

 

Si el diablo del tiempo robó tu calma,

no te mientas, ten mucho cuidado,

porque es tan sencillo venderle el alma.

 


 

CIRCULE SIEMPRE CON PRECAUCIÓN                                   SANTIAGO J. MARTÍN

Mientras conduzco no dejo de reparar en las señales de advertencia y de peligro que voy encontrando por la carretera.

Alguna de ellas solo piden mi atención en condiciones muy particulares: si es de noche, que no es el caso, si hace mucho frío, tampoco, si está lloviendo, nada, el día es absolutamente seco y soleado.

Pero luego están las otras, las siempre vivas. Observo que llevo más de 15 minutos transitando por un lugar donde no se puede adelantar. El trazado es sinuoso, estrecho, excesivamente virado y con poca visibilidad.

Por si esto fuera poco, además se me anuncia que estoy atravesando un lugar donde hay animales salvajes que podrían aparecer en medio de la vía.

Mantengo la calma. Pienso que si hiciéramos caso a todas las advertencias con preocupación, terminaríamos angustiados y, probablemente, lo mejor sería abandonar el coche en un arcén y continuar la marcha tranquilamente andando.

Ahora surge un inconveniente más. El firme está en mal estado y así me lo acaban de anunciar un par de señales consecutivas.

No sé por qué reparo tanto en estas informaciones. Paso por esta carretera más de tres veces por semana y se supone que estoy al tanto de sus características y de tanta peculiaridad al volante.

Hoy es un día diferente para mí. Este viaje en concreto nunca lo querría haber hecho, no tocaba hoy. Y se me llena la garganta de amargura y me empiezan a temblar las manos a medida que me acerco a la ciudad. Ya me saturan tantos carteles, tanta seguridad mimada por avisos, por alarmas consecuentes, por indicios de accidentes evitables.

¿Dónde estaban mirando los ojos de los que no supimos ver las señales del sufrimiento de mi hija con ese monstruo?