29/04/2026

UN UNIVERSO VACÍO


Hace 45 años, un astrónomo estadounidense descubrió una zona en el Universo que llamó mucho la atención a la comunidad científica. Se trata de la mayor zona vacía conocida que tenemos en el Universo.

Se bautizó como el vacío de Boötes y tiene como particularidad que apenas hay unas pocas galaxias en su interior, a pesar de sus grandes dimensiones.




Siguen los estudios para comprender las peculiaridades de estas zonas del espacio exterior donde no hay absolutamente nada.

El artículo es sencillo y nos explica con claridad peculiaridades del Universo, como esta y la falta de patrones en el comienzo de su formación.

https://www.vozpopuli.com/ciencia/los-astronomos-no-se-explican-el-origen-del-vacio-de-bootes-la-region-mas-vacia-del-cosmos.html

CERO RESIDUOS


Aunque parezca un hito inalcanzable, ya hay ciudades que se acercan a lo que se llama cero residuos.

Consiste en una urbe que consigue reciclar o reutilizar todos los residuos que genera. Eso es una tarea muy complicada, sobre todo en ciudades muy grandes.


En Europa ya hay una que lo ha logrado: la alemana Kiel. Y en España tenemos otra que está en vías de ello y no es Vitoria, como algunos podrían pensar.

Si queréis saber de qué ciudad hablamos solo tenéis que leer este artículo tan interesante y ameno.

https://www.welife.es/planeta/descubre-cual-es-la-primera-ciudad-espanola-que-podria-tener-cero-residuos/

28/04/2026

ANTIMATERIA EN UN CAMIÓN


Los experimentos del CERN, en Ginebra, no dejan de sorprender a todo el mundo. Lejos de poder comprender fácilmente su trascendencia parecen sacados de ciencia ficción. Eso provoca una atracción inmediata para el gran público.


Uno de los últimos experimentos ha sido el transporte de la antimateria. Fue breve, unos minutos, y se realizó en un camión normal y corriente.

Si quieres conocer un poco más qué es eso de la antimateria y qué repercusión podría tener para nuestra vida diaria, no puedes dejar de echar un vistazo a este magnífico artículo.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/cientificos-cern-ya-puede-transportar-antimateria-camion-y-no-no-va-a-explotar-nada_27913

27/04/2026

ALIMENTOS LIGHT Y ZERO

 


En este breve artículo se nos alerta sobre los alimentos etiquetados como ligeros o de cero calorías (sin azúcar).


Nos dice claramente que su eficacia de cara a la pérdida de peso no está científicamente probada. Además, alerta sobre el consumo de algunos edulcorantes que pueden llegar a ser más dañinos que el azúcar.

https://www.upf.edu/web/nutrimedia/-/no-esta-cientificamente-confirmado-que-los-alimentos-y-productos-light-ayuden-a-adelgazar

25/04/2026

MONGOLIA, EL PAÍS MÁS VACÍO DEL MUNDO

 


Buscando un lugar que estuviera relacionado con el valor de 0, se me ocurrió que hiciéramos una visita virtual al país con menor densidad de población del mundo, Mongolia.


Como veréis en el artículo, merece la pena visitarlo, de sobra. Ahí os dejo los datos, que son rotundos. El que más me llama la atención, a parte de sus pocos habitantes, es que existan más caballos que personas.

Ya, si estáis interesados en ir, corre por vuestra cuenta buscaros la vida, que no será fácil, pero tampoco imposible.

https://tresalavuelta.wordpress.com/2015/09/21/mongolia-una-enorme-curiosidad/

24/04/2026

LOS CEROS DE MI VIDA 1.

 LOS TRES CEROS                                                MANUEL GIL


“Quinto Horacio Flaco.” Esa fue la pregunta, para la que la única respuesta por mi parte fue un calor en el rostro que delataba el rubor y ni una sola sílaba salió de mi boca.

- Siéntese. Cero. 

Pero pongamos las cosas en contexto. En aquel internado de monjas en los años sesenta, el cero no era un número: era una amenaza metafísica. Un abismo con forma de cifra redonda. Nos evaluaban mensualmente del cero al diez, como mandaban los cánones de la pedagogía. Fue el primer cero de mi vida y un baldón en mi historial de buen estudiante y sobre todo en literatura. Pero mi presunción de buen estratega me jugó una mala pasada. Te sacaban a la lección varias veces al mes y con esas intervenciones construían tu nota. Yo calculaba probabilidades, días propicios y desfavorables. El viernes ya había salido, así que el lunes llegué tranquilo, confiado en que la estadística jugaba a mi favor, pero allí estaba, en la tarima de la profesora sin poder decir ni una palabra del gran Horacio.

Miré el reloj junto a la pizarra. Marcaba las diez, cero, cero. Redondo. Perfecto. Los ceros, pensé, empiezan a organizarse..


Entre las asignaturas a evaluar: Lengua, Matemáticas, Historia y otras disciplinas de utilidad dudosa, había una especialmente temida: Comportamiento. Así, con mayúscula, como si fuera una virtud teologal.

Tres ceros en Comportamiento en un mismo curso y uno era expulsado sin contemplaciones, arrojado al mundo exterior con la misma delicadeza con la que se descarta una manzana podrida. Y, lo que era peor, perdía la beca. Aquello era algo más que una cuestión académica.

.

Cada tarde debíamos asistir al rezo del rosario en la capilla. Un ejercicio de resistencia espiritual… y física. El tedio se espesaba en el aire mezclado con incienso. Para sobrevivir, tres compañeros y yo ideamos un entretenimiento. Nos colocamos estratégicamente junto al solista, ese alumno encargado de entonar el “Dios te salve, María…”, y en lugar de responder “Santa María, madre de Dios…” repetíamos exactamente lo mismo que él decía.

Al principio, el pobre logró mantener el tipo. Pero más pronto que tarde, la mente se le enredó, la voz se le quebró y acabó atrapado en un bucle absurdo, rojo como un tomate, mientras nosotros nos descomponíamos en una risa de esas que duelen en el estómago.

La monja encargada de la vigilancia no compartió nuestro sentido del humor. Calificó aquello de blasfemia, lo cual, visto con perspectiva, quizá era concedernos demasiado crédito teológico. El castigo fue inmediato: cero en Comportamiento para ese mes.

Cuando nos expulsaron de la capilla, miré el reloj del vestíbulo. Las diecinueve, cero, cero. Más ceros. Empecé a inquietarme. El número ya no parecía casual.

El mes siguiente, el destino decidió subir la apuesta con la colaboración del fútbol. El Real Madrid se jugaba el pase a semifinales de la Copa de Europa. Nos permitieron ver el partido en el televisor del hall, con la condición de mantener el orden. Una condición absurda: pedir silencio a un grupo de adolescentes viendo un partido decisivo es como pedirle sobriedad a una despedida de soltero.

El partido terminó cero a cero. Llegaron los penaltis. El primero del Madrid entró y el júbilo estalló como una revolución estrepitosa. Entonces, en un gesto de autoridad desmedida la monja de guardia apagó el televisor y ordenó desalojar la sala.

Nadie se movió.

Fue una rebelión espontánea. Una pequeña insurrección. Se repitieron las órdenes. Se ignoraron. Apareció la directora, invocó incluso a la Guardia Civil, lo cual añadió un matiz épico y ligeramente ridículo a la escena. Finalmente, la resistencia se desmoronó. El castigo fue ejemplar: cero colectivo en Comportamiento.

Miré el reloj del hall. Las nueve en punto. Dos ceros. Ya no era una coincidencia. Era algo que no sabía nombrar.

El final de curso se acercaba y, la primavera traía el cine ambulante del pueblo, que proyectaba películas al aire libre. Un pequeño grupo de intrépidos, yo entre ellos, decidió una noche fugarse del internado descolgándose por el canalón de la terraza para ir al cine.

La operación estaba en marcha. Entonces, casi por instinto, miré el reloj al fondo del dormitorio. Las veintiuna cero, cero.

Otra vez.

Sentí una certeza incómoda. Algo iba a salir mal. No era fe, ni superstición, ni cálculo: era una intuición alimentada por ceros. Di un paso atrás. Mis compañeros me dedicaron un repertorio variado de insultos: gallina, cobarde, y otros más creativos que la buena educación  desaconseja reproducir.

No cedí.

A los que se fueron los descubrieron por un detalle mínimo, una torpeza insignificante, como suelen serlo las causas de las grandes desgracias. A su regreso les esperaba la sentencia: cero en Comportamiento.

Para mi, hubieran sido tres ceros en el mismo curso. Expulsión. Fin de la beca. Fin de todo.

Entonces lo entendí. Los ceros no eran solo calificaciones: eran avisos. Señales de tráfico en una carretera que yo creía conocer. Y por una vez, quizá por puro miedo o por un raro destello de clarividencia, decidí hacerles caso.


EMPEZAR DE CERO                       JUAN SANTOS 

El afán de ser mi propio jefe, me llevó a situaciones angustiosas que no se las deseo a nadie. Tuve tres negocios fallidos, como autónomo, que me hicieron empezar tres veces desde cero.

La primera ruina fue inesperada. Tenía ilusión, clientes y una tienda de informática con la que soñaba en mi época de estudiante. Trabajaba doce horas diarias, pero me gustaba. Luego llegaron las grandes superficies, los precios que no podía igualar y los proveedores que exigían pagos por adelantado. Un mes flojo se convirtió en tres, y después en una deuda que crecía como la sombra de la competencia. Cuando cerré, aún me quedaba algo de orgullo: al menos lo había intentado.

Menos en informática, tenía que empezar en cualquier cosa desde cero. Así que, cambié de oficio. Pedí un préstamo y puse una cafetería pequeña, bien ubicada y con clientela fija. Todo iba sobre ruedas, hasta que mi socio asomó las orejas. Con las ausencias y las excusas, los números no cuadraban. El compañero me salió rana y tuvimos que echar el cierre a un negocio, muy sacrificado, pero que daba mucho dinero. Dinero que desaparecía de la caja por arte de magia.

La tercera vez que empecé de cero fue la más silenciosa. Sin inauguraciones, sin amigos y sin socios traidores. Solo una furgoneta usada, herramientas y un teléfono que tardó semanas en sonar. Me hice Técnico a domicilio. Barato y disponible las veinticuatro horas. Trabajaba sin descanso. Reparaba ordenadores viejos en casas frías, instalaba rúteres en pisos alquilados por meses. Lo de cobrar era otra batalla: transferencias que no llegaban, promesas aplazadas: “la semana que viene sin falta”. Aprendí a insistir sin dignidad y a aceptar pagos incompletos con una sonrisa que ya no sentía.

Al final, acabé tirando la toalla como trabajador autónomo, intentando empezar de cero con un empleo como asalariado, pero con los años que tenía nadie me contrató. No tuve más remedio que solicitar el subsidio de desempleo para mayores de 52 años.

Como soy un hombre activo que necesito estar haciendo algo, he comenzado a escribir una novela que titularé: “Autónomo cero”.


23/04/2026

LA NUMEROLOGÍA

 


La numerología no es matemáticas. Es más, ni siquiera es una ciencia. Recoge un grupo de interpretaciones místicas basadas en los números.


Hemos querido traerte un pequeño artículo al respecto. No sabemos si te lo dejará claro o contribuirá a liarte aún más.

No recoge certezas, tan solo creencias y parámetros pseudocientíficos, que harás tuyos, principalmente, si se adapta a lo que te interesa. Como el horóscopo.

https://www.capacitarte.org/blog/nota/Numerologia-descifrando-numeros-ocultos

22/04/2026

EL CUERVO, EL ANIMAL QUE ENTIENDE EL CERO

 


La inteligencia animal es todo un reto para la ciencia. Se saben cosas y se actualizan esos conocimientos constantemente con nuevos estudios.

Eso es lo que plantea el artículo de hoy. Nos reporta los resultados que la Universidad de Tübingen, en Alemania, hizo públicos en 2021, después de un estudio realizado con cuervos.


El concepto de cero ya había sido probado con primates y con abejas, con muy buenos resultados. Ahora han sido los cuervos.

Verás detalles muy curiosos, que te harán dudar en eso de que los animales no poseen inteligencia.

https://es.gizmodo.com/descubren-que-los-cuervos-entienden-el-concepto-de-cero-1847147118


 

21/04/2026

UN MUNDO HECHO DE UNOS Y CEROS


El código binario fue el inventó que permitió hablar con los ordenadores, programarlos y, también, dotarles de un lenguaje único para que ellos se comuniquen con nosotros.


El artículo de hoy es como una guía rápida y sencilla donde se nos explica brevemente su historia, en qué consiste, cómo funciona y los tipos de códigos binarios que existen.

https://mujeres360.org/tecnologia/codigo-binario-el-mundo-hecho-de-unos-y-ceros/

Hoy, martes 21 de abril, os recuerdo, tenemos otro código muy importante: Código cero. Es la presentación del libro de Antonio Llop. Os vuelvo a dejar el cartel informativo. Nos vemos.



20/04/2026

EL NÚMERO QUE REVOLUCIONÓ LAS MATEMÁTICAS


El concepto de los números nació con la idea de contar. Luego fueron surgiendo otras necesidades y los matemáticos se dieron cuenta que faltaba un número: el cero.

Este fantástico artículo hace un repaso histórico de los números y su utilización. Pone un especial énfasis en el surgimiento y uso que se le dio al cero.


Termina demostrando que el cero es un número indispensable para el cálculo y las matemáticas más avanzadas.

https://www.infobae.com/america/mundo/2025/10/31/el-cero-la-idea-revolucionaria-que-cambio-la-historia-de-las-matematicas-y-la-ciencia/

19/04/2026

CUARTA SEMANA

 PRESENTACIÓN DE "CÓDIGO CERO" DE ANTONIO LLOP

La noticia de la semana es la presentación del tercer libro de Antonio Llop. Todos le conocéis bien porque ya hayáis leído alguno de sus dos libros anteriores, porque le leéis en este mismo blog en la sección de Retratos o por ambas cosas. 

El acto tendrá lugar en el Centro Cultural Ouka Leele, en la Calle del Sodio, 16. Será el PRÓXIMO MARTES 21 DE ABRIL A LAS 18 HORAS. 

¡¡¡¡NO OS LO PODÉIS PERDER!!!!





18/04/2026

SEGUNDA QUINCENA DE ABRIL

 

HORIZONTE DE KEOPS. Una expedición inmersiva que combina historia, tecnología y emoción para explorar la Gran Pirámide de Guiza como nunca antes. 

·         FEVER UB MADRID. EXPERIENCIAS INMERSIVAS. Calle Raimundo Fernández Villaverde, 57.

·         PRECIOS ADULTOS: desde 20,40. Hay días con ofertas.

·         DEL 25 DE ABRIL AL 28 DE JUNIO. DE MIÉRCOLES A DOMINGO.




17/04/2026

LA PERSIANA 2

 

             VENGANZA BUMERANG                                                        ARACELI DEL PICO

-          ¡¡¡¡Mamá!!!!

-          Hija por Dios, no estoy sorda. ¿A qué vienen esos gritos?

-          A que te he pedido por favor cien veces que cambies la persiana de mi habitación. Cierra y abre mal y encima tiene un agujero en la parte de abajo por donde filtra la luz y no me permite dormir con tranquilidad.

-          Salomé, tú no dormirías con tranquilidad, ni con persiana nueva, ni blindando la habitación, eres una polvorilla. Y, además, sabes que la economía de esta casa está en horas bajas. Cómprate algún trapito menos y elige la que te guste.

-          ¿Y desde cuándo me tengo que ocupar yo, del mobiliario de la casa?

-          Desde ahora. Has cumplido dieciocho años. Ya estás haciendo prácticas. Ganas un dinerillo y es lo justo cuando se vive en familia y en armonía. A no ser que quieras que la armonía se rompa.

-          Jopeta, mamá.

-          Ni jopeta, ni leches. Se acabó la conversación, que me voy a trabajar. Y tú mueve el culo y haz otro tanto. Que estás en prácticas, no sea que llegues tarde y te despidan. Porque en ese caso arranco la persiana y duermes sin ella. Verás entonces si la luz de la calle molesta de verdad.

 

  Y así salió mi madre dando un portazo, tajante y resoluta. No soy mala hija, pero debo reconocer que somos bastante parecidas de temperamento y cuando no me salgo con la mía o las cosas se tuercen, las bilis se me revuelven y soy bastante insoportable.

  Yo también, quince minutos después, salía dando otro portazo. La mesa había quedado sin recoger. (Ese era mi único cometido en la casa. Ese y hacer la cama antes de marcharme. Solo la mía) Las sobras del café y parte de unas tostadas mordidas, con el frasco de la mermelada sin cerrar se habían quedado, tal cual. Era mi venganza.

  Sí, sí, mi venganza. Cuando mi madre presurosa regresó a casa, el espectáculo era dantesco. El gato goloso, se había subido a la mesa, volcado las tazas con los restos del café. Tirado al suelo el frasco de la mermelada y roto con las uñas el precioso mantel, bordado a punto de cruz, por mi progenitora.

  Poco más tarde, aparecía yo. Y ella, se estaba arreglando frente al espejo del cuarto de baño. Se había puesto su mejor traje y reconozco que estaba guapísima. Mi padre, impasible como siempre, sentado en el sofá leía el periódico distraídamente. Esperando que ella terminara su arreglo.

  Y por el suelo tan cual lo había dejado el gato, por mi culpa naturalmente, estaban los restos de la contienda. Nada más dar unos pasos las sandalias de tirantes se me quedaron pegadas al suelo, por la mermelada. Me resbalé y caí.

-          Buenas tardes, hija, (saludó mi padre). ¿Vas a estar en el suelo todo el día?

-          Es que…

-          Te has resbalado y caído. Pobre mi niña. Cuando salga tu madre del baño, entra y coges una crema propicia para los golpes. Creo que se llama Voltarén o algo así.  Está en el botiquín. Te frotas y enseguida te sentirás mejor.

  Mi madre sonriente salió del baño. Y sin un solo reproche me soltó:

-           Tu padre y yo salimos a cenar fuera, porque… ¿quién se movería por aquí con el tinglado que se ha formado en casa? Así que, si quieres te preparas algo, si eres capaz, o caso contrario te abres una lata. A tu capricho lo dejo. Y otra cosa, cuando se te pase el dolorcillo del pie, si te parece, limpias esto, de otro modo va a ser muy incómodo vivir aquí.

  Me dieron un beso, bien cariñosos, y cerrando la puerta con mimo se largaron. ¡menudos padres!

  Me senté en el sofá más que rabiosa.  El resbalón me había inflamado el tobillo, poca cosa. Me puse hielo y poco después estaba casi bien. Asumí que aquello si no lo limpiaba yo, nadie lo haría y, jurando en arameo, me puse manos a la obra. Acabé rendida. Abrí la despensa, saqué una lata de sardinas y busqué un trozo de pan para hacerme un bocata. Búsqueda infructuosa. No encontré nada. Un mendrugo más que tieso, fue la triste compañía de las sardinas con tomate.

  Pero esto no iba a quedar así, de ningún modo. Ahora mismo iba a mi habitación y arrancaría la asquerosa persiana de cuajo.

  No hizo falta. La ventana, abierta de par en par, mostraba una hermosa luna llena. Mientras, el gato reposaba en el alfeizar. Sonriente.


 

LIBROS HUECOS                                                         JUANA DOMÍNGUEZ

La persiana de la habitación pequeña, donde dormía, se había roto hacía mucho tiempo y decidí no arreglarla. Me gustaba escuchar el sonido que emitía cuando el viento del norte soplaba sobre el valle. El pan, pan, pan, que producía contra la madera me adormecía y calmaba como las olas cuando rompen contra la arena de la playa.

El caserón heredado, donde decidí residir, necesitaba muchas reparaciones, algunas inmediatas, otras podrían esperar como la persiana rota. La cantidad de los arreglos que me presupuestaron no estaba a mi alcance. Ni pidiendo un crédito me alcanzaría. Tendría que ir arreglando lo más perentorio poco a poco.

Aquel invierno fue muy crudo, y la persiana no aguanto más. Tuve que retirarla. Estaba decidiendo si ponerla nueva o poner una cortina tupida para que el sol matutino no me deslumbrara -entraba hasta mi cama-, cuando descubrí un hueco entre el marco y el dintel de la ventana. No lo había visto antes. La persiana tapaba aquel hueco.

Metí la mano en él. Era profundo. Aquel dintel escondía un doble fondo. Podría servirme como caja fuerte pensé.

Busqué una linterna y cuando su interior se iluminó, di un respingo. Casi me caigo de la escalera.

Mi tía abuela, tuvo que señalarme de algún modo aquella habitación. No tenía otra explicación que la hubiera elegido para dormir. No era la que mejores vistas tenía sobre el valle, ni era grande como la que ella había utilizado sus últimos años. Esta era pequeña y soleada. No tenía ningún otro motivo para elegirla, pero me sedujo cuando recorrí la casa y allí me instalé.

El hueco no era muy alto. Ocupaba todo el ancho de la ventana y el largo de la pared. Al fondo del hueco había una caja metálica plana. Con ella encima de la mesa, mi cabeza no paró de elucubrar ¿qué habría dentro?

Tuve que forzarla. La cerradura estaba herrumbrosa. Contenía unos planos de la casa, con la biblioteca y el pasadizo secreto bien definidos. Un cuaderno con nombres impronunciables, y una sola ciudad al final de cada uno; el otro cuaderno era un listado de títulos de libros ¿Estarían apilados en la biblioteca?

¿Qué podrían esconder aquellos listados? ¿tendrían razón las habladurías de mi familia? Mi tío abuelo, algo tuvo que esconder para guardar con tanto misterio aquellos cuadernos.

Busqué los libros del listado. Encontré bastantes. Algunos estaban huecos a modo de caja, solo tenían las tapas, y unas pocas hojas del libro original para disimular un escondite. En otro de los libros reseñados encontré billetes de cien dólares americanos.

La leyenda de los bienes traídos de Argentina empezaba a tener sentido. Y para mi sorpresa, en el hueco de Lo que el viento se llevó se habían olvidado un lingote de oro.

Estaba segura. Aquellos libros entraron a la biblioteca por el pasadizo, para que nadie los viera ni supieran que contenían. Habían servido para disimular el pago por trasladar a cierta gente al final de la segunda guerra mundial. Los nombres de los listados eran la mayoría alemanes y la ciudad que figuraba en ellos, Buenos Aires.


 

MOJAMA PARA DESAYUNAR                                     SANTIAGO J. MARTÍN

Así, tal cual, enrollada en una vieja persiana verde, apareció de repente esa mujer: tiesa, embalsamada en polvo y lamas, inolora, con poco color definido y, casi con toda seguridad, insípida.

En un primer momento pensó que se trataba de una muñeca con un moño un tanto descolocado. La Mariquita Pérez heredada de la prima Teodora, pero el tamaño no cuadraba.

Fue desenvolviendo la vieja persiana y varios huesos de la mano derecha rodaron por el suelo. No siguió. Recompuso aquel envoltorio con vocación de mortaja y lo depositó justo donde estaba o quizás más al fondo todavía.

Poner un poco de orden en aquel trastero fue el comienzo de una nueva etapa. Todo facilitado por la insistencia de su hermana, con la que compartía hogar, y por la llegada de un momento más que esperado: la jubilación. Ahora podría cerrar cuarenta años de quebraderos de cabeza en la judicatura. Con él se cerraba una larga tradición familiar de fiscales, jueces y abogados criminalistas.

Revolver entre objetos antiguos le serviría para añorar y recordar. Además, iba a tener el privilegio de ser el primero en acceder a aquel lugar sin la idea de dejar o recoger algo, tan solo colocar, limpiar y hacer hueco para nuevos cachivaches jubilados. Como él.

Guiado por un sentido estricto de la utilidad, la gran mayoría de las cosas que allí se amontonaban tendrían mejor destino en un punto limpio. Todo menos aquella sorpresa.

La habitación tenía unas dimensiones considerables, pero ya no cabía más. Recordaba que de niño bajaba con su padre antes y después del verano. Primero, a rescatar las bicis para dar la bienvenida al buen tiempo como se merecía. Luego, para asumir que lo bueno se había acabado, guardando aquel invento de felicidad con ruedas: era el momento de volver al colegio.

La noche anterior, cuando comentó con su hermana cuáles serían sus planes del día siguiente, esta le intentó refrescar la memoria, asegurándole que en tiempos no muy lejanos aquello había servido de dormitorio.

-          ¿Sin ventanas? No puede ser.

-          Que sí, que allí dormía la tía Luisa.

-          ¿Qué Luisa?

-          La tía de mamá, la de Sepúlveda.

-          ¡Qué angustia de sitio!

La mal llamada tía Luisa no tenía, en realidad, ningún parentesco con la familia. No se sabe muy bien la razón por la que se le otorgó ese título familiar, cuando no era tal.

Pasaba largas temporadas en la casa, cuando los dos eran muy pequeños. Aparecía sin avisar y se marchaba de igual manera.

Lo que ellos no sabían es que antes había habido una tía Jacinta y otra Caridad.

A medida que ambos se iban haciendo mayores, los padres decidieron de forma drástica cortar con esas amistades que terminarían por provocar preguntas incómodas de los niños.

De Luisa, apenas quedaban recuerdos: ninguna fotografía, ninguna anécdota…tan solo un pequeño cuadro en el recibidor firmado con su nombre y apellido: Luisa Mirón. Era una mediocre acuarela de la pirámide escalonada de Saqqara.

-          ¿Lo ves? Este cuadro era suyo. ¿De verdad que no te acuerdas de ella?

-          Ahora que lo dices, se me viene a la cabeza la figura de una mujer mayor, siempre vestida de negro que…

-          Que no, tonto. Esa era la abuela. A Luisa nunca la vi vestida de negro.

Se empeñaba en dormir en esa habitación que, desde que se construyó la casa, había sido despensa, cuarto de la plancha y, principalmente, trastero. Bueno, se empeñaba o la obligaban.

Todavía se podía ver un jergón, muy deteriorado, al fondo de la estancia. Allí se suponía que dormía aquella mujer, que un día dejó de venir y de la que nunca más se supo… hasta el martes pasado, el día en que Pedro Pablo cogió un cepillo, la fregona y un saco de arpillera y bajó al sótano.

Ese día descubrió que Luisa nunca dejó de venir a casa. Jamás se fue. Pero quizá ya era tarde para querer saber tantas cosas.

No dijo nada a su hermana. Volvió a amontonar objetos, como antes. Llenó el saco con dos triciclos oxidados y una colección de cuadernos de caligrafía enmohecidos.

Después se acercó al salón, donde su hermana apuraba el desayuno mientras disfrutaba de su serie favorita, Caso abierto.

-          Ya está, hermana. Todo en orden. Hasta dentro de quince o veinte años, cuando toque la próxima limpieza.

Mientras Pedro Pablo dejaba en el jardín el saco con los trastos viejos, se alegraba de no haber querido husmear en las otras dos persianas que estaban en el rincón de la izquierda.

 

 


 

A LA DISTANCIA DE UN SUSPIRO                                           ANTONIO LLOP

 

Me conformo con la rendija

Que muestra tu cuerpo tras la persiana.

Con un retazo de perfume

De la flor de tus deseos. 

Con sentir apenas el rescoldo

De la hoguera de tus afanes.

Me conformo con la leve salpicadura

De la tempestad de tus ideas.

 

Me conformo con que enjuagues

La más pequeña de mis lágrimas

Con que el clamor de mis dudas

roce desmayado tus oídos.

Y que los arañazos de mis fracasos

Solo huelan el bálsamo de tu saliva.

Me conformo con que estés ahí

A la distancia de mi suspiro.

 

 

 

16/04/2026

ZARATUSTRA

Lo podemos encontrar con nombres diversos: Zoroastro, Zaratustra y alguno menos frecuente o conocido.

Fue un profeta de una religión surgida en lo que entonces era Persia, hace 3000 años. El fuego era el eje principal de sus templos y su doctrina.


Os dejo un artículo muy bien ilustrado donde nos dan pinceladas de lo que hoy sabemos de esta religión.

Ahora nos surgen muchas dudas sobre la existencia real de ese profeta. Los zoroastristas que todavía profesan ese culto lo afirman. En cualquier caso, la existencia de profetas es una duda muy común para casi todas las religiones existentes.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/zaratustra-profeta-fuego_11900

15/04/2026

EL PERRO, ANIMAL IMPURO


En Irán no existe una ley general que prohíba a tener perros como mascotas, pero sí diferentes normas locales y disposiciones policiales que así lo hacen.

Los propietarios se enfrentan a multas y a la confiscación del animal. Todo ello llama la atención, teniendo en cuenta que este país fue uno de los pioneros en tener leyes sobre el bienestar animal, allá por 1948.


Ahora en cambio se les considera criaturas impuras para el islam y símbolo evidente de occidentalización.

En el artículo podrás encontrar más información sobre esta persecución a canes y dueños.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2edzedll9o


 


14/04/2026

LAS TORRES DE VIENTO QUE REFRIGERAN


Este artículo nos demuestra que si no está todo inventado, falta poco, sobre todo en lo que se refiere a la arquitectura.


Las trampas de viento, eran unas torres que se construían en Persia, en ciudades desérticas, hace ya más de 2000 años. Se denominan bagdir.

Aquí podréis ver el principio físico en el que se basaron y que todavía hoy podemos admirarlas en ciudades que estaban en la ruta de la seda. Una joya.

https://as.com/actualidad/ciencia/asi-funcionan-las-trampas-del-viento-de-iran-capaz-de-enfriar-edificios-de-forma-natural-f202603-n/

 

13/04/2026

EL PADRE DE NUESTROS NÚMEROS


Si yo os digo Al-Juarismi, probablemente os quedéis igual que antes. En cambio, si os menciono la palabra álgebra, la cosa cambia.

Sabremos más o menos sobre esa rama de las matemáticas; nos resultarán más o menos simpáticas, pero conocemos de lo que estamos hablando y valoramos su tremenda utilidad.


Ese matemático persa del siglo IX, Al-Juarismi, fue el introductor de los llamados números árabes en occidente. Aunque en realidad era una creación india.

Además fue el creador del álgebra, demostrando la importancia para la vida diaria y el progreso de todo tipo de operaciones matemáticas.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-44933192


11/04/2026

PERSÉPOLIS

 

Desgraciadamente no es ahora el momento para ir a este rincón arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Pero la guerra terminará y esperemos que este maravilloso paraje no quede dañado, ni tampoco las infraestructuras que permiten viajar hasta allí. Eso puede ser más problemático.

Os dejamos un artículo sencillo y bien argumentado, para que vayáis poniendo en vuestra agenda este próximo destino. Que no se retrase demasiado.

https://www.exoticca.com/es/blog/razones-para-visitar-persepolis/

10/04/2026

LA PERSIANA 1

SUMISIÓN                                                                  JUAN SANTOS

Desde la ventana suelto quejidos que nadie sabe interpretar. Son lamentos que brotan de mis entrañas cada vez que una mano firme manipula mi voluntad. Llevo un hábito verde con un cíngulo en el talle como las monjas de clausura. Mi traje tiene decenas de lamas horizontales y malvivo como una reclusa amarrada a los grilletes. Juego con la luz de la mañana y la penumbra de la tarde, mientras me enrollan y me estiran, bajo la mirada curiosa de los vecinos.

Por la noche, cuando me sueltan la cuerda, es un alivio, me relajo todo lo larga que soy. Yo protejo la ventana del dormitorio conyugal, por eso soy requerida y amada en la más estricta intimidad. Nadie sabe lo que escondo tras de mí. A veces, los curiosos que pasan por la acera, acercan su oreja, haciendo conjeturas libidinosas, pero yo permanezco impávida, simulando estar dormida.

Pasarán los años y las inclemencias del tiempo me harán vieja y fea. Entonces, una mano desagradecida vendrá a mi ventana, me descolgará, y pondrá otra nueva en mi lugar.


 

PERSIANA ENTREABIERTA                                         MANUEL GIL

 

La persiana no cierra del todo,

siempre deja una herida de luz

por donde entras.

 

Te pienso en esas líneas oblicuas

que cruzan la habitación

como barrotes tibios,

como alas que olvidaron volar.

 

Hay un temblor en la cuerda

cuando la rozo,

como si tu nombre descendiera

peldaño a peldaño

hasta oscurecerme.

 

Vivo en este cuarto que respira lento,

donde el aire se queda detenido

igual que un suspiro que no llega a ser beso.

 

La persiana me guarda del mundo

pero no me guarda de ti.

 

Afuera, tal vez, la luz te pronuncia,

te nombra con claridad de cielo abierto,

mientras aquí dentro

tu ausencia se posa

como polvo sobre los muebles.

 

Si la alzo, temo perderte del todo.

Si la bajo, te invento.

 

Y en ese gesto mínimo

abrir, cerrar,

se me va la vida

como un pájaro que duda

entre la jaula y el viento.

 

A veces sueño que atraviesas la rendija,

que te haces delgada como la luz,

que te deslizas en silencio

hasta quedarte conmigo.

 

Pero despierto,

y la habitación sigue intacta,

y la persiana sigue siendo frontera.

 

No sé si te fuiste

o si nunca estuviste de este lado.

 

Solo sé

que cada mañana

la luz insiste en buscarte

entre mis sombras,

y yo vuelvo a dejar

la persiana entreabierta.


 

OCASO                                                                        MARÍA ISABEL RUANO

 

No, no bajes la persiana de la habitación.

Deja que, hasta el último destello de luz, me acompañe.

Quiero cerrar los ojos antes de que la oscuridad lo llene todo,

acompañada de silencio y luz.

Deja que, entre los pliegues de sus lamas,

lleguen hasta mí los bonitos

recuerdos de la vida compartidos,

el eco de la risa, el sabor de los besos

y el aroma de la primavera

que retoma su belleza ausente ya de mí.

No, no bajes la persiana. Abre la ventana.

Quiero sentir la tibieza de la tarde,

la serenidad de la tarde,

el aleteo de los pájaros que buscan su cobijo,

la luz entre velada de nostalgia,

el ocaso de una vida en la que, sin duda,

he aprendido a perdonar y a ser feliz.

 


09/04/2026

EL EJÉRCITO PERDIDO DE CAMBISES II


El imperio Aqueménida fue el primer gran reino persa. Estamos hablando del siglo VI antes de Cristo.

Se extendió miles de kilómetros, conquistando Egipto. Allí se desarrolla este enigma del que trata el artículo de hoy.

Uno de sus generales más emblemáticos, Cambises II, despareció junto a miles de soldados en una expedición por el desierto occidental egipcio.

El artículo remarca que, a día de hoy, no ha aparecido ningún tipo de resto de ese ejército, ni usando las más modernas técnicas de búsquedas arqueológicas. Todo un reto. 



https://revistadehistoria.es/el-enigma-del-ejercito-perdido-de-cambises/