Una de las bases imprescindibles de la ciencia es, y ha sido, la información, la documentación. Y cuanto más se ha avanzado en las investigaciones más importante es aún.
Resulta imprescindible obtener todos los datos que nos dirijan a la observación adecuada y luego a las hipótesis, intentando llegar a una conclusión.
Y de ese avance surgió
la documentación como ciencia en sí misma. Nos remontamos a finales
del siglo XIX por obra de un sociólogo llamado Paul Otlet, de nacionalidad
belga, que resumió toda su doctrina en un magnífico libro en francés llamado
Traité de Documentation (Otlet 1934).
Luego todo vino rodado, siendo los avances de la informática
decisivos para el acceso y el archivo de toda documentación.
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