NO
QUERÍA MARÍA
ISABEL RUANO
Quedar
contigo a la salida del trabajo, tomar unas cañas y sonreír ante tus historias.
No
quería acompañarte hasta tu casa y esperar a que cerraras la puerta dejando mis
anhelos ante el felpudo que nos separaba.
No
quería que me llamaras cada vez que, enrabietada, no encontrabas la salida al
laberinto de tu desdicha.
No
quería acompañarte al cine o esperar a que te probaras, con la cortina cerrada,
toda la ropa de temporada.
Ni
ir a recogerte al aeropuerto cuando, agotada, regresabas de tus ajetreados
viajes.
Ni
esperar junto a la ventana a conciliar el sueño sin que tu imagen se
desprendiera de mi retina.
Yo
quería cogerte de la mano, acompañarte a casa y que no cerraras la puerta ante
mí.
Que
me dejaras entrar y saborear tu espacio y tu cuerpo.
Abrazarte,
olerte, amarte hasta caer rendido de plenitud.
No
quería conformarme con ser tu amigo, quería ser tu amante, tu reducto, tu
cautivo.
Tu
chofer, tu espejo, tu amor y tu amigo.
No
fueron suficientes las esperas, las miradas, los silencios, las insinuaciones y
los guiños.
Cansado
de acechar tu devenir, de acompañar tu dicha y tu desvarío,
agotado
de soñar cada día contigo, ya no quiero ser ni amante ni amigo.
Cierro
la puerta, te doy la espalda, me marcho lejos, huyo de ti, de los sueños
anhelantes de volver a estar contigo.
Yo
no quería, pero de una manera o de otra, he roto, has roto conmigo.
AUSENCIA MANUEL
GIL
Yo no quería
que mis pasos
fueran tan leves que no dejaran huella,
que no escribieran su nombre en la arena
ni aprendiera el polvo la forma de mis huellas.
Yo no quería
ser brisa pasajera,
ni sombra que al caer la tarde se dispersa,
quería
ser latido firme en la tierra,
raíz
obstinada, memoria que no cesa.
Yo no quería
que la luna palideciera,
ni que su luz temblara en la noche desierta,
pero hoy mi mirada camina sola
y ya no hay otra que al mirarla la encienda.
Yo no quería
este silencio de astros caídos,
ni este cielo sin voz ni respuesta,
donde tu ausencia se vuelve infinito
y cada estrella es una herida abierta.
Yo no quería
que el futuro fuera un abismo
al que se arrojara un universo de estrellas,
ni que un cataclismo sin nombre
ardiera sin tregua por dentro de mis venas.
Yo no quería
que el tiempo doliera,
ni que sus horas pesaran como piedras,
ni que cada segundo repitiera tu nombre
como un eco que nunca se aleja.
Yo no quería
que la nieve en las cumbres
se tiñera
del negro de mis penas,
ni que los ríos
rompieran su cauce
ni que el aire olvidara cómo se respira
apenas.
Yo no quería
que el mundo girara distinto,
ni que la luz cambiara su manera,
pero algo quebró la armonía secreta
y torció
el rumbo de toda certeza.
Yo no quería
esta grieta en el alma,
ni este
frío que no tiene frontera,
ni este vacío
que aprende tu forma
y en cada rincón se queda.
Yo no quería
que el mundo modificara su eje,
pero algo encendió la tormenta,
algo deshizo el tejido de mis días…
te fuiste,
y yo no quería
que te fueras.
YO
NO QUERÍA JUAN
SANTOS
En el año
1976, yo no quería salir de mi pueblo. Con 19 años me vi obligado a venirme a
la ciudad a buscarme un porvenir. Eran muchos los vínculos que me ataban a él:
mi familia, mis amigos y, sobre todo, mi novia, con el riesgo de perderla.
Fue una época
muy dura de mi vida, pero hoy puedo decir que me alegro de haber tomado aquella
decisión, en contra de mi voluntad. Gracias a Dios todo salió bien.
Una muestra de
que no quería venirme es el poema que le escribí a la chiquilla que hoy es mi
mujer.
Sin duda, el
soneto más sincero y sentido que he escrito en toda mi vida.
Siento ya lo
que sentiré ese día:
vivir lejos de
ti, pena y más pena.
¿Por qué me
manda Dios esta condena,
tan lejos de
tu dulce compañía?
Yo sé bien que
no podrá el alma mía
soportar el
dolor que ya me llena,
me conformo al
pensar que serás buena
y que así me
querrás más todavía.
No tendré
nuestro parque con rosales,
ni encuentros
que me alegren la mañana,
ni una plaza
con bellos soportales.
A la calle
saldré de mala gana,
no estarás
para calmarme mis males,
lloraré siete
veces por semana.