DESEOS Y REALIDAD MANUEL
GIL
Hoy brindo por el nuevo año
y ya he dejado en depósito
un listado de propósitos
que guardo como oro en paño,
aunque solo es autoengaño
pues lo incumpliré otra vez
aun así, su validez
está tan fuera de duda
que hace que de nuevo acuda
a mostrar mi dejadez.
Es el mismo del pasado,
como en una eterna rueda
y parece que no pueda,
pues a cumplir no he llegado,
aunque empiece de buen grado
ni el diez por ciento siquiera.
Los tópicos salen fuera,
deporte, inglés, comer sano,
como si estuviera a mano,
y no fuera una quimera.
Acabo pidiendo al final
que el huracán se haga brisa
que me consuele una risa
y que me sea ajeno el mal
aunque no sea especial
ni luzca con mucho brillo
me quedo con lo sencillo:
que no me falte el amor
que entren la luz y el
calor
cuando descorra el visillo.
Que sean livianos los días,
que el levantarme no duela,
que no cargue con secuelas
por descarrilar de las vías
en el viaje a la utopía,
que me acompañe el talante
para salir adelante,
que esté firme la cabeza
y el corazón de una pieza
que con eso ya es bastante.
Pediría muchas más cosas
dinero, lujos, mandar,
en la abundancia nadar
escribir obras famosas
andar caminos de rosas.
Que el ánimo no decayera
el amor como bandera,
mas nada es como se planea,
y al menos espero que sea
este como otro cualquiera.
COMIENZO DEL AÑO MARÍA
ISABEL RUANO
Como los anteriores, un año cualquiera, le pusieron un
gorro rojo y algunas serpentinas a modo de collar para la cena. Simularon la
parafernalia de los preparativos de las doce campanadas, pero en realidad la
cena se retrasó apenas media hora. Villancicos con un volumen atronador no
dejaron de sonar. La carne mechada fue la diferencia con el menú de otros días.
Para el postre prepararon unos cuencos con doce uvas
pequeñas y sin pepitas no fuera a ser que alguno se atragantara. Eso sí,
acompañadas de la medicación habitual.
Gerardo sabía que no recibiría llamadas ni
felicitaciones. Desde que Amparo se fue se había quedado solo.
El abrazo de Nuria, la cuidadora más joven de la
residencia, fue lo más cálido que había recibido en los últimos meses.
Al acostarse no pudo evitar que las lágrimas cayeran
serenas sobre las mejillas. Puede que ese nuevo año no fuera como los demás,
puede que fuera el último. Con el calor del abrazo de Nuria se quedó dormido.
AÑO NUEVO JUANA
DOMÍNGUEZ
“A otro año por ahora, sabe Dios donde estaremos,
la tierra que habré corrido y el agua que beberemos”
Paco escuchaba la canción desde el umbral de su casa, el
año nuevo acababa de comenzar. Otro año más, que sería igual a los anteriores
pensó.
La vida no le había deparado muchas alegrías. Marta,
enfermó siendo muy joven y él tuvo que cuidar de los hijos y de ella mucho
tiempo, lo hizo con alegría y esperanzado, aquella enfermedad maldita en algún
momento tendría que colapsar y desaparecer.
Eso decían los oncólogos, ya no era como en el 2026,
cuando ellos nacieron. La investigación había abierto muchas expectativas y la
química que empleaban en el nuevo fármaco era algo fantástico. En tres, o
cuatro meses el tumor desaparecía sin intervención, el tratamiento estaba dando
muy buenos resultados. Solo fueron palabras de esperanza, la enfermedad la
consumió en los dos últimos meses.
Paco cerró la puerta, los chicos se habían marchado a sus
casas, tenían que seguir con sus rutinas, él era fuerte y ellos no estaban muy
lejos, en pocos minutos llegarían a la casa si los necesitaba.
¡Qué fría estaba la cama! Cuando Marta estaba en ella no
recordaba que estuviera tan fría. Se limitaba a abrazarla y acunarla entre sus
brazos, dándose calor.
Mañana buscaré algo que me de calor cuando me acueste,
este frío me puede desesperar.
Paco se despertó contento, había soñado con Marta, eran
muy felices en el hogar donde vivían. Allí no existía la tristeza ni la
enfermedad, solo risas y mucho amor.
Feliz y resolutivo se preparó el mismo brebaje que hizo
para Marta tres días antes. Se iría con ella y serían felices en otra
dimensión.
DE
RETIRADA ARACELI
DEL PICO
No
todo eran corderos en aquella ciudad imaginaría, donde brillaba la alegría. Sin
embargo, el comportamiento de cada uno de sus personajes, correspondía a la
aptitud de los disciplinados animales, que gregarios seguían a la cabeza del
grupo, dejándose llevar.
Su
momento de luz, había desaparecido. Y un año más debían volver a su largo sueño
y reposar en el reducido cobertizo que les correspondía.
Había
mucha ternura en las manos que recogían a los diminutos personajes, los
envolvía en un ligero papel y los depositaba por once meses más a cada cual en
su compartimiento. A los personajes principales, incluso les colocaba los
vestidos y acercaba a su mejilla. El trato era igual para todos, pero los más
diminutos, tan necesarios para completar un conjunto perfecto, pasaban más
desapercibidos.
Mientras
realizaba esta dolorosa tarea, una música de fondo hacia más fácil su
ejercicio. Sin embargo, llegaban los anuncios publicitarios y las noticias del
día. Ahí comenzó a morderse los labios y tragarse alguna lágrima. Las noticias,
para nada cuadraban con las fechas. Eran inquietantes.
Siguió
con su tarea, y con lentitud desaparecían del escenario todos los elementos.
Recogió el musgo, las hojas secas, el papel de plata arrugado, que había hecho
las veces de rio. Así llegó el turno de las casas, el puente, el castillo. Y
aquí se paró de repente para enjugarse las lágrimas. Había llegado al núcleo de
la ciudad, construida primorosamente por unas manos curtidas por el trabajo y
el amor, hacía más de 78 años. El tiempo, igual que en la vida real, había
erosionado algunas partes, y con un transparente papel, trató de arreglar los
deterioros del mismo. Lo consiguió.
Con
el mimo que correspondía a tan comprometida tarea, dio ésta por terminada. Las
cajas de cartón que contenían la magia de la Navidad, esperaban su turno en un
rincón, a ser depositadas en el lugar adecuado.
El
trabajo la había cansado física y emocionalmente. Y pensó en el rebaño que tan
parecido era al natural y que entraba sin rechistar en su parcela de la caja.
La música cesó y las noticias de nuevo saltaron al aire, agrediendo la paz, que
nos habíamos prometido en el arranque del año nuevo.
Una
mezcla de dolorosa rabia e inexplicable esperanza surgió de su interior. Vio a
muchas personas que como los corderos que bajaron su testuz para entrar en las
cajas, seguían una senda sin pensar que era un camino que no llevaba a ninguna
parte. Solo a la oscuridad.
Su
esperanza, sin duda alguna, no iría por esa senda. Y por supuesto bien sabía,
que no estaba sola.
LA LISTA
CON LOS BUENOS PROPÓSITOS SANTIAGO
J. MARTÍN
Ayer recibí una horrible noticia, la peor para comenzar
un año. Mi hijo, mi único hijo, todo lo que tengo en el mundo, se fue.
Me lo comunicó él mismo. No aguantaba más y quiso,
cobardemente, quitarse presiones de encima: “he dejado la dichosa academia de
investigación aeroespacial”. Va a ser cierto que odia ser astronauta.
Desde luego, la juventud actual es que tiene muy poca
paciencia. Estoy segura que podría haber llegado muy alto, y no lo digo en plan
coña.
Reconozco que quizás era más una ilusión mía que suya,
pero él tampoco ayudaba con esa pasión que me transmitía por las películas del
espacio.
Yo podía presumir en las meriendas de padres en el cole,
de ser una madre alternativa, que ya lo era. Mi hijo no quería ser futbolista,
ni médico, ni actor, ni bailarina contemporánea. Él pisaría la luna, para
orgullo de su madre.
Los comienzos fueron difíciles. Recuerdo cuando me
llamaron del banco diciendo que habían llegado unos cargos a mi cuenta,
extremadamente altos:
-
Son unos recibos de consumo de lo que parece
que es un club de alterne.
-
Anúlalos, como comprenderás…
-
No están a tu nombre.
-
¿Entonces?
-
Tienes un hijo, ¿no? Vienen a nombre de
Sebastián Pozas.
-
Venga, Lucas. Mi hijo tiene 4 años. De todas
formas, se lo comentaré, es un niño muy responsable.
-
Pues puede que sea de su padre.
-
Te voy a colgar Lucas. Devuélvelo que es un timo.
No me apetecía estar dando explicaciones a mi gestor
bancario sobre lo que es tener un hijo sin pareja, ni marido, ni otras
zarandajas. Para están los otros bancos, los de donantes.
Oye, y a saber si no es una serendipia: el ADN de un
desconocido también intenta contarnos cosas… de todo tipo.
Ahora la criatura me ha roto todos los esquemas, esos que
me ayudaban a salir con especial brío de cualquier situación comprometida.
Llegará marzo, y la listilla de mi amiga Irene, se
presentará en casa, como siempre: con una caja de pastas de té y una retahíla
de buenos propósitos disonantes para el año nuevo – será el chino, a esas
alturas-. Entonces, me darán unas ganas contenidas de no dejarla pasar del
recibidor.
Pero esta vez no, la escucharé y buscaré en sus
propuestas si existe alguna sinergia que me permita considerar que los que
están a mi alrededor, por mucho que los quiera, no son apéndices de mi cuerpo y
mi conciencia.
Luego devoraré las pastas, porque entre mis intenciones,
por supuesto que no está adelgazar, ni contemplar el cuarto creciente de esa
Luna que se aleja.