01/08/2025

MI UNIVERSO 1.

 

PIOZ                                                               ANTONIO LLOP

 

Mi universo es pequeño a la vez que infinito. El perímetro por el que puedo moverme es apenas de 200 metros: Un castillo de planta cuadrada rodeado por una barbacana defensiva colmada por almenas con tres torreones esquineros. Tras lo que he dicho, os haréis al menos dos preguntas: por qué no puedo salir del castillo y por qué el espacio del que gozo es a la vez limitado e infinito. A la segunda respondo: porque por arriba mi universo limita con el Universo, es decir, mi castillo no está techado. Y a la primera, no puedo salir de él porque soy su fantasma oficial. Y los espectros estamos confinados en el espacio donde nos destinan tras nuestra muerte.

Y no es que yo haya muerto aquí, pero cuando la muerte nos deriva a la fantasmagoría nos dejan elegir el sitio por donde debemos vagar eternamente. Y yo no quería dar un susto a mi familia apareciéndome a ellos en la casa palacio donde dejé mi vida. Me acordé de cuando mi padre, Íñigo López de Mendoza, me legó “el común de la villa y tierra de Guadalajara”. Entonces ordené hacer un castillo en una localidad llamada Pioz. Y elegí quedarme en esta fortaleza a mi muerte, aunque nunca lo hiciera en vida.

Existo en esta naturaleza espectral desde hace más de cinco siglos. He manifestado mi presencia a los diversos nobles pobladores de esta mansión piocera con diferentes resultados de impacto. Tras la Desamortización del siglo XIX pasé a manos privadas y desde entonces la dejadez de los dueños de mi morada produjo el deterioro que la ha llevado al estado semirruinoso en el que se encuentra en la actualidad. Soy pues un fantasma sin techo, un espíritu mendigo que no puede atravesar paredes porque en mi espacio no las hay. Me avergüenza ver el estado lamentable en el que me encuentro. Yo que pertenecí a la más alta Aristocracia española. Porque yo, Pedro González de Mendoza, fui llamado en tiempo de los Reyes Católicos El Gran Cardenal de España. Tal era mi abolengo.

En estos últimos años, ha habido varios alcaldes en Pioz que han querido rehabilitar mi vivienda, pero es muy costoso. Uno de ellos, incluso, llegó a encender mi castillo con un sistema de iluminación que rodeaba el perímetro exterior. Fue una visión hermosa de glorias pasadas, aunque anteriormente se alumbrara con fuego. Y mejor les hubiera ido ese sistema porque la visión fue tan efímera que solo duró la noche de la inauguración. Al día siguiente unos ladrones robaron los cables para vender el cobre que contenían. ¡Qué falta de respeto!

Y ni siquiera pude asustarles. Yo no podía salir del perímetro de mi reclusión y ellos estaban tan enfrascados en su fechoría que ni siquiera escucharon los ruidos de ultratumba que proyecté desde las almenas. Me debieron de salir tan patéticos que ni se enteraron.

Aparte de describiros mi universo quiero que sepáis la razón de mi condición de duende. No todos aquel que muere pasa automáticamente al mundo de la fantasmagoría. Solo lo hacemos los que recibimos una maldición. Pero yo no hice nada para merecer tan nefasto baldón, sino que lo heredé. Me explico:

Como sabéis, mi padre, el marqués de Santillana, fue un rijoso de cuidado y dejó sus aventuras plasmadas en las Serranillas. Pues en una de ellas que se titula “Menga de Manzanares”, la mujer protagonista tenía poderes brujeriles y decidió vengarse de mi padre. Y como ese poema es el número cinco de la serie, se la ocurrió maldecir a su quinto hijo, lugar que me correspondió para mi desgracia. La venganza de la serrana no fue porque la publicitara en sus inmortales escritos sino porque mintió en el resultado de su galanteo. Resulta que mi padre no consiguió convencerla; ella se negó en redondo a sus pretensiones. Pero él, que era un fantasma (en la otra acepción del término), quiso resaltar su triunfo en ocho serranas (no le bastó con siete sobre diez). Así que estoy pagando los excesos sexuales y verbales de mi progenitor. Yo que, aunque me atribuyeron tres hijos, llamados por mi querida reina Isabel: “los lindos pecados del Cardenal”, dediqué toda mi vida a Dios y a la Iglesia.

Si venís por Pioz ya no podréis entrar a mi humilde morada porque al cruzar el foso por el puente levadizo os encontraréis tapiada la entrada. Lo han hecho por la manía que tiene la gente de llevarse recuerditos de los sitios por los que pasan. Y no dejarían ni las piedras de sillería. Pero el cronista de aluvión que os habla vio hace algunos años incluso hornacinas, y una exposición de pintura en su interior externo.

De todas formas, os agradecería que al menos os acercarais a mis murallas. Os juro que no os asustaré. Estoy viejo y afónico por mi larga y difunta vida a la intemperie. Además, no es verdad que los fantasmas seamos espíritus solitarios. A mí, al menos, me gustaría escuchar hablar a la gente a mi alrededor. La indiferencia es la peor muerte que existe.


 MI UNIVERSO                                           MARÍA ISABEL RUANO



MI UNIVERSO QR                                          JUAN SANTOS

Acabo de regresar de Tokio con el código QR de mi universo particular, grabado en mi pecho. Ahí llevo toda mi existencia. A partir de ahora, todas mis vivencias se irán incrementando, gracias al chip que me han incorporado en el cerebro. Es increíble, pero cierto.

Estos japoneses son la hostia. Entre el viaje, la exploración y el implante, me he gastado un dineral, pero me hallo contento. Han cogido mi cerebro, neurona por neurona, y han copiado toda mi vida y mis percepciones, en una nube virtual, desde que nací, incluso los recuerdos olvidados de mis padres y de mi pueblo. En él aparece todo lo leído y todo lo escrito, mis triunfos y mis frustraciones, así como mi forma particular de interpretar el mundo. Ahí lo tengo todo almacenado para cuando yo lo quiera revisar o dárselo a quien me parezca. La mayor parte de los QR-ados, lo hacen para solventar los problemas de memoria, como la demencia y el Alzheimer. Yo lo he hecho por pura curiosidad, pero tengo pesado, ponerlo en mi tumba, para todo el que quiera saber de mi vida, solo tenga que arrimar el móvil y leerlo. Hasta entonces, disfrutaré yo de él. La verdad es que es una gozada tener siempre a tu disposición semejante clarividencia de uno mismo.

A pesar de la euforia que me invade, estoy muy preocupado, porque esta mañana dos personas encapuchadas, me han agredido y, de mala manera, me han saltado todos los botones de la camisa para dejar al descubierto mi código QR. Con un móvil normal y corriente me lo han escaneado y han salido corriendo. No me han quitado el dinero, ni el teléfono, ni el reloj, pero se han llevado toda la información de mi vida. No sé el uso que le darán. Los japoneses tenían que haberme dado un seguro de robo, para bloquear la información, pero ni yo lo pedí, ni ellos me lo dieron.


MI UNIVERSO                                        MANUEL GIL