CUANDO
SUENA EL ASCENSOR JUAN
SANTOS
Ya suena el ascensor, ya sube
la fiera a su guarida. No creo que se acuerde de que hoy es mi cumpleaños. Si
fuera un marido como Dios manda, me traería un ramo de flores y me diría:
“Cariño, ponte guapa que nos vamos a cenar fuera”. Pero eso es imposible. Hace
años que perdió el romanticismo que tenía cuando era mi novio. En el fondo, me
da pena. ¿Cómo es posible que una persona tan buena, que me quería tanto, haya
podido llegar a esta situación? Recuerdo cuando lo esperaba en nuestra casa con
los brazos abiertos. Qué bonita era aquella época, cuando iba a esperarlo a la
boca del metro. Después nos tomábamos un par de cañas y una ración de patatas
bravas. Yo soy la misma. He perdido la figura, pero por dentro soy la misma.
Bueno, la misma no. Ahora me gustaría que mi casa tuviera cincuenta pisos y
vivir en la buhardilla; que se averiara el ascensor y que tuviera que subir
andando; que llegara reventado y fuera derecho a la cama.
Pero la realidad es que vivo en
un sexto y desde mi salón se oye perfectamente el movimiento del ascensor. Ese
sonido me produce estrés, porque sé que de un momento a otro entrará por esa
puerta mi marido. Estoy nerviosa porque no sé cómo vendrá. No iremos a ningún
sitio, pero para que sea una noche especial, he preparado, con todo mi amor, su
cena favorita: croquetas de jamón, que tanto le gustan, y después natillas con
una galleta maría. He comprado una botella de vino de la Mancha y una botella
de sidra para brindar. Estas las tengo escondidas. No sé si las sacaré o no;
depende de cómo aparezca. Anoche, después de todo lo que me dijo, me pidió
perdón; por eso tengo esperanzas de que hoy venga tranquilo y podamos celebrar
mi cumpleaños. Si Dios hiciera un milagro y cenáramos en paz, diciéndonos
palabras bonitas, estaría dispuesta a hacer el amor."
YA SUENAN, YA SUBEN MARÍA
ISABEL RUANO
La mañana y
el día
por la calle
dormida.
Ya suenan, ya
suben.
Se escuchan
las pisadas
el calor de
la cama,
la luz del
día.
Por las
rendijas se cuela el alba.
Conversaciones
ajenas.
Peldaños de
plata del sueño
de arena y de
flores blancas.
Se despereza
el cuerpo.
Comienza la
mañana de enero
entre el frío
de la calle
y el calor de
la casa.
Entre el
nuevo comienzo
y la
nostalgia.
Suenan y
suben
los ruidos y
la calma.
Subo la
persiana.
Abro la
ventana.
Comienza la
mañana.
EL
INVIERNO DE LA OPRESIÓN ANTONIO
LLOP
Ya suena el borboteo de la sangre
Ya sube por las venas hasta la garganta
Y libera al grito secuestrado.
Miles de pechos generosos
Se enfrentan al carcelero del miedo
Y se exponen a las fauces de las armas.
.
Ya suena el borboteo de la sangre
Ya sube por las venas hasta la garganta
Mujeres vestidas con telas de colores
Desatan las ondas de su cabello
Y junto a hombres de barba recortada
Iluminan las plazas de oscuridad
Y devuelven a sus templos a los opresores.
Ya suena el borboteo de la sangre
Ya sube por las venas hasta la garganta
Seres de escarcha y de silencio
Guardan la tierra de sus ancestros
Y al paso de sus saqueadores
Abren su suelo y les confinan
En cárceles de viento y hielo.
Ya asoma la primavera
tras el invierno de la opresión.