05/06/2026

EL LIBRO QUE NO EXISTE 1

 

MI COMPAÑERA ES SAGRADA                                               JUAN SANTOS

El libro había salido a la venta en la navidad de 2040. A pesar de la gran promoción que se hizo en todos los medios, al principio la gente lo consideraba un libro de autoayuda más, sin imaginar la repercusión que iba a tener en España y en el mundo entero. Tanto la Iglesia como el Estado enseguida vieron las bondades del libro, tomando como norma un nuevo ritual a la hora de celebrar los casamientos. Así, una vez puestos los anillos, el cura o la autoridad competente, entregaba al novio un ejemplar de “Mi compañera es sagrada”. Por la misma razón muchas parejas que se juntaban sin ningún formalismo, podían recogerlo en las sacristías y en los ayuntamientos. Y por supuesto, también los facilitaban a todos los hombres, de cualquier edad, que tuvieran un poso de machismo o tendencia al maltrato.

En la feria del libro del año siguiente, todo el mundo quería conocer y felicitar al autor o la autora de semejante proeza. No en vano en los cinco meses transcurridos desde su aparición no se había producido en España ningún feminicidio. Nadie llamaba al teléfono 016, el régimen de alejamiento dejó de utilizarse y las comisarías se vieron aliviadas por la falta de denuncias.

Tras de la caseta, una pareja de ancianos caracterizados de don Quijote y Dulcinea, mostraban su humildad, manifestando que ellos solo habían escrito sus experiencias. Les había ido muy bien en la vida y su única pretensión era que las parejas fueran felices. Los derechos los habían cedido a varias ONG. Ellos con su pensión tenían lo justo para vivir dignamente.

Ser escritor de relatos de ciencia ficción nos lleva, a veces, a ser quijotes y luchar contra los molinos, adelantando futuras soluciones a problemas que hoy por hoy son una lacra para nuestra sociedad. Ahora lo que me preocupa es que estamos en el año 2026 y que faltan todavía catorce para la publicación de este milagro. Imagino que los autores andarán por los sesenta y tantos y tendrán ya la suficiente experiencia.

Lo tengo decidido, a partir de este momento no pararé hasta encontrarlos. No podemos esperar tanto tiempo. Tengo que rogarles que publiquen el libro lo antes posible. Son muchas las vidas que hay en juego.

 


 

EL LIBRO QUE BUSCABA                                                                    MANUEL GIL

 

Lo busqué entre la niebla de los anaqueles,

Intemporal, sin título, sin lomo, sin memoria.

Un volumen que guardaría la cartografía oculta

de las sendas donde los hombres escriben su historia.

 

Escudriñé entre el polvo de las bibliotecas,

desperté alfabetos a la mortecina luz de un flexo,

y descubrí que cada página se cerraba

en el instante mismo de revelar su secreto.

 

En una hoja, el brillo de los veranos azules

la risa, un ramillete de silvestres campanillas.

Y el mundo, un árbol cargado de gorriones

que cantaban con el corazón en celo.

 

Me adelanté y hallé jardines donde florecía la paz,

semblantes bañados de luz de amanecida,

manos tendidas como puentes sobre el tiempo,

y una dicha sencilla, que olía y sabía a pan.

 

Pero otras páginas estaban hechas de ceniza.

 

Allí habitaban los trenes que partieron vacíos,

las palabras que se helaron como un lago en invierno,

las promesas naufragadas en mares sin nombre,

los espejos donde el sueño olvidó su reflejo.

 

Leí derrotas con olor a lluvia ácida,

puertas cerradas por dentro,

amigos perdidos en estaciones abandonadas,

y noches que convertían vergeles en desiertos.

 

Y yo seguí buscando el libro completo.

 

Pregunté a los libreros del cosmos,

a los relojes que languidecen en muros eternos,

a las golondrinas que escriben signos

sobre el pergamino cambiante del cielo.

 

Nadie pudo mostrarme aquel volumen.

 

Y sin embargo, algunas madrugadas,

cuando mis pasos caminan hacia dentro,

he creído r el leve pasar de sus páginas,

como hojas movidas por un suave viento.

 

Entonces lo he comprendido              .

 

El libro no estaba en ningún estante,

ni en los archivos del tiempo.

Era este largo manuscrito de heridas y asombros,

esta mezcla de luz, vida, sangre y anhelos.

 

Cada alegría es una página encendida.

Cada pérdida, una sombra escrita en el reverso.

Y al fin yo, que lo buscaba por el mundo entero,

supe que el libro aún no existe. Es mi vida.

 

Y todavía la estoy escribiendo.