Está claro que el interés creciente de las grandes potencias por relanzar la vieja carrera espacial se debe a algo.
Efectivamente, no es el mero hecho del conocimiento científico el que impulsa otra vez con fuerza el gasto tecnológico en el espacio exterior.
Ahora hay un nuevo convidado a este sainete
malévolo, China. Por lo tanto tres grandes fuerzas, que se sepa, compiten por
implementar armamento de última generación que pueda operar y desarrollarse
lejos de nuestro planeta, pero con intenciones de uso interno. Qué maravilla.
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