La vida de este químico alemán de finales del XIX y principios del XX es todo un ejemplo de la pequeña distancia que existe entre el bien y el mal.
Gracias a él se pudo
salvar de la hambruna a millones de alemanes y unos años más tarde sería el
responsable del primer ataque mortífero con armas químicas, en el escenario de
la Primera Guerra Mundial.
Además, por si fuera poco, su vida personal cayó en picado después de
esta primera gran contienda del siglo XX. Apartado de la vida pública, asistió al suicidio de su mujer y más tarde a la persecución por su ascendencia judía.
Hay más paradojas en
este interesante artículo que aquí os ofrezco.
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