Los inventos siempre obedecen a una situación de necesidad. Eso no los hace intrínsecamente ni en buenos ni en malos.
Habría, entonces, que analizar la carencia a la que hacen referencia. Entonces es cuando podremos valorar la utilidad material del asunto y también su conveniencia ética y moral.
Hoy hablamos de inventos que fueron pensados
directamente para matar, ya sea en el sistema carcelario o dentro de un
panorama bélico.
El ser humano es absolutamente brillante y puede
usar esa cualidad dirigiéndola en múltiples direcciones. A veces resultará
cruel, dañina, innecesaria…
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