Es difícil precisar cuándo
empezó la divulgación científica. Deberíamos asociarla con la aparición de la
imprenta. En cualquier caso, aunque no fueran libros impresos, existieron
muchos manuales científicos en la antigüedad. De muchos de ellos solo tenemos
referencias de su existencia.
El artículo se centra en el libro Stella Nova (1606), de Kepler. En él, el astrónomo checo va detallando los pasos de sus investigaciones con todo tipo de detalles, dando pistas del lado más humano del investigador.
Los lectores que no
fueran iniciados en la materia podían comprender con más o menos facilidad los
argumentos de Kepler, de ahí lo de la divulgación.
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