Cómo todo lo que nos llega por la era digital, su uso siempre es limítrofe entre el bien absoluto y la catástrofe generalizada. Es ahí donde tenemos que estar nosotros, los humanos, haciendo una supervisión efectiva y útil, sobre todo.
Lo mismo ocurre con la violencia de género,
que navega con visos al hundimiento entre atropellos de internet y salvavidas
de la inteligencia artificial.
Aquí os dejo un interesantísimo artículo
sobre un congreso donde se trataron los buenos usos de la inteligencia
artificial para ayudar a detectar situaciones de violencia de género.
