21/03/2025

CICATRICES 2

 

         ABDUCCIÓN                                                                 ARACELI DEL PICO

 

 

   Mis cicatrices no acaban de cerrarse. Han transcurrido tres años y cada amanecer, después de haber pasado una noche inquieto, donde el sueño reparador no termina de llegar, lo primero que viene a mi cabeza, es el portazo que di cuando salí del despacho del director.

 

   Jamás me arrepentí de aquel impulso, que hizo temblar las paredes de la estancia. No solo no me arrepentí, si no que me llenó de cierto orgullo. A pesar de los cortes que me hice en los brazos, cuando el cristal de la puerta se me vino encima. Y a continuación vi la cara de D. Anastasio, cuyos ojos no daban crédito a lo que acaban de ver. Y su voz resonó seca y profunda

 

-          Fuera, queda usted despedido.

 

    Sonó así,  pero no tanto como mi portazo.

 

   Me había preparado concienzudamente, para conseguir ese trabajo, en un pueblo a poco más de una hora de Madrid, Robledo de Chavela, situado en su sierra oeste, a medio camino entre el área occidental de la Sierra de Guadarrama y la sierra de Gredos.

 

   Y mi esfuerzo había tenido su recompensa. Llevaba dos años coordinando el INTA con la NASA, y las exploraciones científicas habían  dado un buen resultado.  Es más en el año 2021 y bajo mi supervisión se instaló una nueva antena, de 34 metros de diámetro. Todo era perfecto. Y sentía que a mis 30 años, y con cierta experiencia acumulada, podría comerme al mundo. Recibía enhorabuenas diversas. No diré que fueran merecidas. Pero me ayudaban a  explorar los recónditos misterios del espacio.

 

    Perderme durante las noches estrelladas mirando el cielo era un placer, en mi caso, único. No encontraba mayor satisfacción. Y tenía la seguridad de aportar útiles y nuevos conocimientos para el desarrollo de mi trabajo.

 

    De ahí, que no entendiera la absurda explicación que me daba el director, para trasladarme de aquel lugar, mágico para mí y que frenaría mi carrera y mis conocimientos.

 

    No he vuelto a trabajar. Estoy viviendo un poco de las rentas. Y ampliando conocimientos sobre el espacio. Mi mundo. Y aunque las cicatrices que me hicieron los cristales de aquella puerta, restañaron enseguida y bien, hay otras que no tienen cura.

 

    Hoy he decidido volver con Marcos, mi sobrino. El siente el mismo interés por el espacio que yo y hasta me tiene cierta admiración. Cuando le he mostrado un pequeño fragmento basáltico que vino en el Apolo XV de la luna, me ha dicho muy seguro de sí mismo.

 

-          Yo iré a la Luna o a Marte.

 

    La curiosidad, que no el interés, me ha llevado a preguntar por D. Anastasio, a uno de los colaboradores que trabajaron conmigo, su respuesta me ha dejado sin aliento.

 

-          ¿No sabes nada, entonces?

-          Saber, ¿qué?

-          La persona que ocupó tu lugar, y que él nombró a dedo, resultó ser un completo inepto. Y de más altas esferas le obligaron a que le despidiera sin dilación. Y así fue. Pero él entró en un estado de depresión difícil de entender. Aunque hoy día todo se sabe…

-          ¿Y?

-          Pues resultó ser un amante que tenía casi desde su juventud. Se casó por aquello de las apariencias. Despedirte a ti, era la única forma de tenerle cerca, sin levantar sospechas. Pero como te acabo de decir, todo se sabe. Y también lo supo su mujer. Le pidió el divorcio, al que no se pudo negar ya que tenía pruebas irrefutables. Se quedó en la ruina y lo demás entra en el mundo de lo exotérico.

-          ¿Qué?

-          Te digo que perdió el norte. Fue despedido. Empezó a creer firmemente en ovnis y en el mundo de la abducción. Y lo cierto es, que hace tiempo, nadie sabe nada de él.

-          Vaya serial complicado.

 

   Me despedí de mi amigo, con un abrazo sincero. Recogí a mi sobrino y tranquilamente regresamos a casa.

 

   Y es curioso, por primera vez en mucho tiempo, he dormido a pierna suelta.

 

 

 

                                    


 

SU MEJOR AMIGA                                                     JUANA DOMÍNGUEZ

 

Eran colegialas cuando se conocieron, jugaban felices y tranquilas durante el recreo. Un segundo y surgió la pelea, por cualquier fruslería, que se olvidó con los años. Devuelta a la clase Rita poquita cosa, tímida e inocente se reía con su compañera de pupitre ¿de qué? No puede recordarlo.

 

Ofelia, la otra contrincante de la pelea, despierta y parlanchina se molestó por las risas de Rita, creyendo que esta se reía de ella, y enfadada se dirigió al pupitre de su compañera, sin mediar palabra le clavó las uñas de sus manitas en la cara. Rita no salía de su asombro, como le escocia la cara, rojo vivo, eran las huellas cuando llegó a su casa ¿Por qué la arañó, si la pelea ya se había olvidado?

 

Paso el tiempo, Rita sufrió muchas más cicatrices, físicas y en el alma. Soledad, por abandono de sus amigas de siempre, en la adolescencia, a causa de que acogió en el grupo a otras niñas que pasaban el verano en su entorno.  Antipatía de los compañeros de trabajo, quizá sería envidia. Era eficiente y trabajadora ayudaba a todos, en lo que ella intuía que necesitaban, sin necesidad de que se lo pidieran. El pago fue falta de empatía cuando la cesaron en su empleo, la cambiaron por alguien que resultó estar peor preparado y menos eficiente, al tener que someterse a una operación grave, no volvió al trabajo.

 

Cicatrices por mala salud, que no le quitaron las ganas de seguir con su vida y sus proyectos, resiliencia, en la que fue pionera.

 

Hoy Rita, en mitad de otro conflicto, echa de menos a Ofelia, una enfermedad maldita se la llevó antes de tiempo. Cicatrices en la cara para siempre, de unas manos que siempre la animaron y quisieron a lo largo de cincuenta años. Vacaciones cortas, que aprovechaban para estar juntas todo el tiempo posible, recordando su niñez, sus preocupaciones, o compartiendo todo lo referente a sus familias, una amistad sellada con cinco marcas, que en broma le echaba en cara Rita

 

¡Me afeaste la cara, por ser más guapa que tú!

 

 

 

                   


 

TUS NARICES ARMONICES                                                                CARLOS BORT

 

Fuimos felices con las perdices

y codornices, como aprendices.

Había actrices y emperatrices

con regalices como lombrices.

 

No te deslices, rizos no rices,

sin directrices, rima matices

y así bendices nuestras raíces.

Ya tú me dices si te desdices.

 

No me barnices ni hagas tapices.

Quiero que atices fuerzas motrices,

que cristalices, que te humanices

y cauterices tus cicatrices.

 


 

LA CICATRIZ QUE NO SÉ SI TENGO                           SANTIAGO J. MARTÍN

 

Avanzo por el pasillo central

voy ajeno al bullir de tantas caras

esquivo maldades, miradas raras

no sé si quiero llegar al final.

 

Mis miedos me llevan desde chaval

a moverme por avenidas claras

a sentirte como si llegaras

temiendo tu fatal vendaval.

 

Eres peor que la muerte callada

me escondes, sin dudarlo, mi pasado

de huellas invisibles en mi almohada

 

Mi memoria también me ha ocultado

recuerdos de mi rosa deshojada

 y olvidos de este mundo, ya olvidado