MI TURNO. Santiago J. Martin
- Hagan el favor de no amontonarse en la puerta. Agrúpense por portales y les iremos llamando. Solo disponemos de 60 minutos.
Mientras el megáfono seguía bramando órdenes indigestas, yo repasaba mis últimos días en el barrio.
Me trasladé aquí hace menos de una semana. Todavía tengo mis enseres, los que queden, perdidos en cajas, repartidas por mi desafortunada y nueva casa.
- Primero subirán los del portal C, que son los más alejados. Les iremos llamando por pisos, de arriba a abajo. Recuerden que los ascensores están inutilizados.
Suponía, equivocadamente, que mi mudanza sería reparadora, pero un duelo no se supera solamente huyendo de los restos del naufragio.
La vida no te da oportunidades, esas están ahí siempre, lo cual no quiere decir que se puedan atrapar libremente y mucho menos gratis.
- No olviden que no podrán traspasar las cintas rojas de seguridad. El máximo de peso que pueden rescatar de su vivienda no será mayor de 3 kilos.
Eso de huir hacia adelante o de encontrar las respuestas dentro de uno mismo suena precioso, como la música de las mentiras embaucadoras.
Se sale, si se sale. Y ya no será como antes. Justo de eso se trataba al venir a Valladolid.
- Disponen de un máximo de 5 minutos, no más, para revisar sus pertenencias y bajar de nuevo.
He dormido sobre el sofá esas cuatro noches primeras. Me da miedo entrar en la cama. Como si soñar allí fuera más peligroso que en cualquier otra parte.
El primer día desembalé el ordenador y me pasé las horas viendo fotos, riendo, llorando, sufriendo y pensando en planes imposibles.
- Por favor, los vecinos y vecinas del portal B acérquense ya a la puerta de acceso. No olviden que solo puede subir una persona por vivienda.
Cuando se desmoronó toda la fachada, por esas obras del parking, milagrosamente yo había salido a fumar un cigarro y a notar un poco de aire a las 3 de la mañana.
No perdí la vida, como 23 de mis vecinos, pero sí todas las cajas del salón, además de ese ordenador portátil que me martirizaba.
- Recuperen todo aquello que pueda ser necesario para la identificación de sus enseres, además de documentación personal.
¿Qué podría recuperar yo en 5 minutos de una vida de mierda?
Conmigo tenía mis carnets y las llaves de casa y del coche.
- No busquen, vayan directamente a donde tengan localizado lo que quieran recuperar, siempre sin pasar las cintas rojas.
Facturas, relatos, cartas, garantías, multas, títulos e historiales médicos. Ese era el resumen en papel de mi vida. Posiblemente, como la de otros.
- A ver. Agustín Ribas, del tercero dos. ¿No está? Qué raro pero si en la lista de los que han solicitado subir. Bueno, pues el siguiente.
Era yo Agustín. Observé que nadie me conocía. Solo cinco días en el edificio me daban anonimato absoluto.
Cogí una bolsa de una papelera, deposité el contenido de mis bolsillos y los tiré a un contenedor de basura.
Con un poco de suerte mi nombre aparecería entre los desaparecidos de última hora.
Camino por la calle sin saber ni cómo voy a estar, ni quién voy a ser.
AMINA (continuación de CUIDADO MÁXIMO) JUANA DOMÍNGUEZ
Al día siguiente de la rotura del jarrón, D. Evelio, me
encargó que pusiera orden en su despacho. No sabía por dónde empezar, ya os
conté que aquello era un desastre.
Limpio fuera de mi horario de trabajo, me ha ofrecido una gratificación
aparte de mi sueldo, por ordenarlo. Decidí comenzar por las vitrinas, y dejar
la mesa y los sillones para el final,
poco a poco va pareciendo un despacho. Esta tarde cuando iba a entrar en él, he
visto salir del despacho a Paquito, el encargado, como no deja de preguntarme
por los motivos de nuestro jefe para no despedirme, me he entretenido en el
pasillo, hasta que ha bajado. Se ha obsesionado conmigo, me mira como si me
perdonara la vida, y me dice cosas que no acabo de entender bien ¿cuándo te
vuelves a tu país? ¿Aquí no tienes porvenir? No sé qué contestarle. El secreto
de D. Evelio desde luego no.
Con el dinero extra que me van a pagar, quiero alquilar una
habitación para mi sola, ahora la comparto con tres amigas y no tengo ninguna
intimidad, así tendré tiempo para estudiar enfermería. Ayudar a los demás es la
meta por la que crucé el Mediterráneo. El casero me ha pedido una nómina y el
permiso de residencia, no quiero pedirle a Paquito el que hay en mi expediente.
Para hacerlo oficialmente tendría que faltar al trabajo y me llevaría días
conseguir otro. Mañana veré a D. Evelio y se le pediré a él.
¡Vaya! He tirado la mitad de los archivadores de la mesa, no
tengo que despistarme con mis cosas, menos mal que son papeles y no piezas
únicas. Mi nombre significa calma y confianza, tengo que hacer honor a su
significado, no puedo enfadar a los jefes y compañeros.
¡Qué suerte! En este archivador pone empleados, aquí deben
estar también mis documentos. Cuándo me contrataron traje el permiso de trabajo
y el de residencia. La dejaré aquí a la vista para pedírselos mañana al jefe.
Que desastre he hecho. Aquí hay más subcarpetas ¿de cuál de los archivadores se
habrán caído?
¡Amina Salomón! ¡Está
vacía! Mis papeles han desaparecido.
PROMESAS EN LA PIEL ARACELI
DEL PICO
Unida a ti
estoy. Segura me siento.
Solo median sentimientos, entre tu piel
y mi piel. Y si el roce de tus dedos,
despierta mi sinrazón, yo no quiero
la razón, prefiero
sentir el vértigo.
Vértigo que me
trastorna.
Que me abate y que me alza
y que bulle en mi interior
como espuma en la cascada.
Y quiero sentirme así. Siempre.
Siempre sentir tu
calor, como perla
que reposa en el fondo de la concha
cerca de tu corazón. Que no es tuyo
que hace tiempo, tan solo lo tengo yo.
Y lo mezclo con el mío. Uno sólo son los dos.
Los dos sentimos
la seda suave
que envuelve esta pasión.
Y me siento deseada y así te deseo yo.
Y nada necesitamos que confirme
nuestra unión. Y no queremos papeles.
¿Papeles? Son la
firme confianza
con que sujetas mis manos y las subes
a tus labios y en cada dedo me dejas
un roce y una promesa. Y me hundo
en tus ojos, profunda sima de fe.
De fe, de luz, de
calor. Y sucumbo
a tus caricias y tú también a las mías.
Y no hay confirmación,
más pura, ni más sencilla.
Papeles nosotros. No.