Ser un poco goloso, o mucho, también puede
tener sus ventajas, aunque sean muy indirectas.
Así le ocurrió al inventor del microondas,
el ingeniero norteamericano, Spencer. Estaba investigando con radares y diferentes
receptores para localizar aviones alemanes en la Segunda Guerra Mundial.
El uso de las microondas era ya conocido y no se aplicaba con fines de calentar objetos u alimentos.
Se le fundió una chocolatina que llevaba en
el bolsillo para sofocar el apetito en larguísimas jornadas de trabajo. Y la empresa
no perdió el tiempo, rápidamente pensó en el negocio civil.
Fueron unos años complicados para que el
invento se convirtiera en un electrodoméstico habitual. Suele pasar. Los precios,
los tamaños y los usos y costumbres suelen frenar todo tipo de artilugios. El
tiempo luego hace el resto.
https://www.abc.es/ciencia/20150518/abci-origen-sorprendente-microondas-201505062209.html
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