Tengo un amigo que acaba de pasar allí este puente, mini puente, que hemos tenido la semana pasada.
A mi pregunta de qué tal, su respuesta ha sido lacónica y
aparentemente contradictoria: es un pueblo que no tiene nada, hemos estado de
maravilla.
Sin casi cobertura para móviles e internet, con un bar y dos
restaurantes, con un frío considerable en esta época. Eso suponía acostarse a
la hora de las gallinas. Bendita costumbre de libro y edredón.
Por lo demás, un maravilloso pueblo medieval, muy auténtico,
con alrededores de naturaleza muy apetecibles y algo de románico, que siempre
deja un gran sabor de boca.
Para más información, el artículo que os paso aquí debajo.