06/08/2026

EL ENIGMA DE LOS RECUERDOS FALSOS


La mente puede ser el peor de nuestros enemigos. La memoria, desgraciadamente, es demasiado manipulable, y cantidad de recuerdos que nunca ocurrieron se nos pueden colar en nuestro catálogo de recuerdos.


Este artículo ahonda en la fragilidad de nuestra memoria y resalta los aspectos que la hacen vulnerable, tanto a nivel particular como colectivo.

Hay que estar siempre alerta, sin sugestionarnos, y ejercitar las puestas al día y las verificaciones.

 

https://peninsulardigital.com/2024/11/21/recuerdos-falsos-cerebro-memoria-efecto-mandela/

05/08/2026

¿DE QUÉ SE ACUERDAN LAS PLANTAS?


La memora de las plantas ha de tenerse en cuenta como hacemos con el resto de los seres vivos.

Las más madrugadoras son las que más crecen. Además, tienen memoria del estrés. Su capacidad de memoria las puede hacer más resistentes respecto al cambio climático.

Todos estos detalles y algunos más los encontrarás en este artículo que hoy os presentamos.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-50460981

04/08/2026

LA PRIMERA MEMORIA INFORMÁTICA DE LA NASA


Qué maravilla de artículo os traemos hoy. Para que luego digan que la tecnología parece complicada.

Descubrimos cómo se hizo la primera memoria informática del mundo. La utilizó, en los años 60 del siglo pasado, la NASA.

Cosida a mano, con una capacidad ridícula si la comparamos con un móvil de hoy en día, pero


cumplió con creces sus objetivos.

https://as.com/meristation/betech/asi-fue-la-primera-memoria-informatica-del-mundo-la-nasa-la-cosio-a-mano-y-tenia-el-nombre-de-rope-memory-f202603-n/

03/08/2026

LA MEMORIA NO SOLO RESIDE EN EL CEREBRO


Es apasionante conocer que no solo las neuronas tienen capacidad de acumular datos de la memoria.

Este artículo nos habla de otra especie de memoria, en este caso química, que poseen prácticamente todas las células de nuestro cuerpo.

Toda esta realidad abre unas expectativas fan
tásticas a la medicina a la hora de elaborar tratamientos para diversas enfermedades.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/revolucion-neurociencia-descubren-que-recuerdos-no-solo-residen-cerebro_23615


 

01/08/2026

LOS RECUERDOS QUE NO DEBES COMPRAR EN UN VIAJE

 

No todo el mundo es de comprar recuerdos en un viaje, afortunadamente. Pero si no tienes más remedio que sucumbir al tema, aquí te damos una serie de consejos para poder discriminar lo que puedes y lo que no debes comprar. Interesante.


 

https://www.barcelo.com/pinandtravel/es/souvenirs-que-no-deberias-traerte-en-un-viaje/

 


 

31/07/2026

SOLO ME HE OLVIDADO DE TI 1

 

EL HILO                                                                       ANTONIO LLOP

 

                El titiritero iba casi todas las mañanas al parque del Retiro con su mochila llena de títeres a entretener a los niños y ganarse unas monedas. Les contaba historias que él mismo escribía.

                Al terminar esa jornada, de camino a casa y sentado en uno de los vagones del metro, el hombre notó una presión en el dedo corazón de su mano derecha. En principio solo vio que el color rosa de su piel era un poco más oscuro que el de los otros dedos. Al rato la leve presión se convirtió en una molestia. Esta vez se fijó con mayor atención en el dedo y se dio cuenta de que tenía un hilo enrollado. Parecía uno de los que sostienen a las marionetas. No se había dado cuenta antes porque son casi trasparentes para que los niños se hagan la ilusión de que los muñecos se mueven solos. Abrió la mochila y comprobó que el muñeco de la niña de trenzas rubias y el del niño de rostro amable tenían todos sus hilos. Sin embargo, en el aspa de madera del que colgaba el muñeco de cara torva faltaba uno. Este títere, que se oponía al amor de los dos protagonistas según el guion del propio titiritero, siempre terminaba golpeado por los demás. El filamento probablemente habría saltado en el momento de la paliza final. Me he olvidado de ti, pensó el hombre con una sonrisa.

                Las molestias en su dedo se incrementaban. Se fijó, alarmado, en el aumento de su grosor y su color casi marrón.

                En su desesperación el titiritero comenzó a gritar: ¡El hilo!, ¡el hilo! ¡Quítenme el hilo! Los vecinos de asiento del vagón miraban sorprendidos cómo el hombre con su otra mano intentaba pellizcarse un dedo brutalmente inflamado cuyo color ya viraba al morado. Pero la misma inflamación escondía la hebra que nadie veía.

El titiritero, antes de desmayarse, aún pudo ver cómo el muñeco de cara torva sonreía dentro de la mochila.


 

OLVIDAR EL OLVIDO                                                               MANUEL GIL

 

“Solo me he olvidado de ti.” Lo digo cada mañana mientras me afeito, mirándome al espejo con la solemnidad de quien recita un juramento y la satisfacción de quien acaba de encontrar las gafas... que llevaba puestas.

 

Solo me he olvidado de ti.

 

Y sonrío. No está mal para un hombre de mi edad. Hay quien pierde las llaves, hay quien pierde el pelo y hay quien pierde la paciencia en la cola del supermercado. Yo, de momento, solo te he perdido a ti. Lo curioso es que cuanto más te olvido, más recuerdo lo demás. Recuerdo, por ejemplo, el olor del pan que salía de la tahona del pueblo por las mañanas. Recuerdo la bicicleta de mi padre con la que aprendí que las rodillas tienen vocación de cicatriz. Recuerdo el día en que conocí a Lucía, que apareció con un vestido verde y una risa tan luminosa que las golondrinas se equivocaron de estación.

 

Ella decía que el amor era como plantar un árbol: al principio se riega con ilusión y, después, con paciencia. Yo respondía que también había que abonarlo con sentido del humor, porque ningún matrimonio sobrevive a unas lentejas saladas o a unas tostadas quemadas si no sabe reírse de ellas. Nos reímos mucho. Tanto que algunas carcajadas aún deben de seguir flotando por el techo de aquella casa donde vivimos tantos años. Estoy convencido de que los nuevos dueños creen que la madera cruje. No. Son nuestras risas estirándose después de una larga siesta.

 

Recuerdo el nacimiento de nuestra hija. Llegó con una fuerte ligereza, parecía venir de un lugar donde el tiempo caminaba descalzo. Recuerdo el mar. Siempre el mismo y siempre distinto. Lucía decía que las olas eran las cartas que escribía la luna cuando no encontraba papel. Yo nunca entendí esas cosas, pero asentía porque las metáforas le quedaban tan bien como el sombrero de paja. Ahora las entiendo un poco más. Porque la memoria también tiene mareas. Hay días en que sube y me deja peces brillando sobre la arena. Otros retrocede y parece que todo ha desaparecido. Pero basta esperar un poco para que vuelva con otro regalo. Ayer me devolvió el crujir del cuchillo hiriendo a una roja sandía y su maravilloso sabor a verano. Hoy, el nombre del perro que tuvimos de recién casados: Platón, idea mía, ¿cómo no? Nunca fue un perro especialmente filósofo. Una vez intentó morder el reflejo de la luna en un charco y acabó ladrando a una rana durante media hora. Supongo que todos tenemos derecho a una crisis existencial.

 

También recuerdo el día en que enterramos a Lucía. Llovía despacio, como si el cielo hubiese decidido hablar en voz baja. Pensé que el mundo terminaba allí. Sin embargo, la vida siguió entrando por las ventanas cada mañana, terca como una enredadera. Y yo seguí viviendo. Con ella. Porque hay personas que, cuando se marchan, se convierten en una habitación secreta dentro del pecho. Nunca vuelves a verlas, pero siempre puedes entrar a saludarlas. Por eso me hace gracia cuando vienes a buscarme. Al principio eras discreta. Escondías nombres detrás de las puertas o cambiabas de sitio las fechas como un niño travieso. Después empezaste a llevarte recuerdos enteros. Eras una ladrona elegante; nunca hacías ruido. Pero algo debió de salirte mal. Quizá te entretuviste contemplando las fotografías. Quizá te enamoraste de mis recuerdos y olvidaste cumplir tu trabajo. Porque aquí siguen todos. El olor del pan. Mi madre tarareando “volver con la frente marchita”. Lucía trajinando descalza en la cocina. Mi hija aprendiendo a pronunciar "papá". Sí, aquí siguen. Todos menos tú.

 

Esta mañana ha venido el médico. Ha hablado con mi hija en voz baja, creyendo que las palabras susurradas son más livianas. Los médicos hacen eso a menudo. Ignoran que los silencios suenan más que muchas palabras. Mi hija lloraba. Yo le he preguntado por qué.

 

Porque hoy te acuerdas de todo, papá.

 

He mirado alrededor, sorprendido. Allí estaban. No eran fantasmas. Eran recuerdos. En mi memoria siempre han tenido más cuerpo que muchas personas vivas. Entonces he visto a alguien marcharse. No tenía rostro. Era una sombra hecha de niebla, una polilla empeñada en comerse el tejido de los días. Caminaba despacio, como quien abandona una casa después de descubrir que ya no queda nada que robar. Solo entonces he entendido a quién llevaba tantos años hablándole frente al espejo. Solo me he olvidado de ti. La sombra se volvió apenas un instante. No respondió. No hacía falta.

Sobre la mesa, el informe médico decía una palabra que durante años había pesado más que cualquier otra. Alzhéimer. Sonreí. Qué extraño destino el suyo. Había entrado en mi cabeza creyéndose un incendio y acabó convertido en humo. Quiso borrar los nombres de quienes amé y terminó borrándose a sí mismo. Como un ladrón que, después de vaciar una casa, olvida el camino de salida y se pierde dentro de ella. Mi hija seguía llorando.

 

—¿Qué ocurre? le pregunté. Me acarició la cara. Nada... Es que has vuelto. Negué despacio.

 

No, hija. Nunca me fui. Solo había una visita demasiado pesada ocupando el sitio de mis recuerdos.

Miré por la ventana. Un almendro comenzaba a florecer. Era imposible: estábamos en pleno otoño. Pero los árboles, igual que la memoria, nunca han obedecido del todo al calendario. Y comprendí que el amor tiene un extraño oficio: esconder lo imprescindible en un lugar donde ninguna enfermedad consiga encontrarlo. Por eso ella pudo llevarse fechas, nombres, llaves, tardes enteras y hasta algún cumpleaños. Pero no pudo tocar lo único que de verdad sostenía mi vida.

Cuando cerré los ojos por última vez, Lucía me esperaba al otro lado de la cocina, con su vestido verde y aquella risa donde siempre cabía el verano.

 

Has tardado mucho me dijo. Tenía que olvidar una cosa antes de venir. —¿Cuál? Sonreí. A quien quiso que te olvidara. Y, por primera vez, el olvido fue el que se quedó solo.

 

 


 

MEMORIA SELECTIVA                                    JUAN SANTOS

A pesar de mis años, tengo una memoria prodigiosa. Multitud de escenas de mi infancia y juventud las llevo en la memoria como un tesoro que no quiero perder. Me vas a perdonar, pero creo que me confundes con otro. Por más detalles que me das, no te reconozco: no sé cómo te llamas ni quién eres.

Recuerdo perfectamente a todas las chicas que dices que eran tus amigas. Basta con ponerme la mano en la frente para escuchar sus risas y sus canciones. Parece que las estoy viendo jugar a la comba en las cuatro esquinas del barrio. Incluso las visualizo con el vestido blanco el día de su primera comunión, todas tan guapas como novias prematuras. Es posible que tú estuvieras entre ellas, pero te juro que a ti no te veo por ningún sitio. Algo muy gordo debiste hacerme para borrarte por completo de mis pensamientos.

Si te sirve de consuelo, te diré que tengo otro lapsus de memoria y es que tampoco recuerdo a la mujer con la que se casó mi mejor amigo, el que falleció la semana pasada. Pero con toda sinceridad te manifiesto que es algo que no me preocupa. Tampoco tengo curiosidad por saber quién era.


30/07/2026

EL ARTE OSCURO

 

Hay zonas de nuestra memoria que se llenan de oscuridad. A veces esto sucede de forma momentánea, otras es un agujero en el tiempo de los recuerdos.


A propósito de pozos sin fondo, os traigo un artículo sobre el arte oscuro. La belleza de lo siniestro, que nos es muy familiar y reconocible en la literatura con Alan Poe, Mary Shelley o Bram Stoker.

El artículo es interesantísimo y a la vez inquietante. No os lo perdáis.

https://13deabril.com/el-arte-oscuro-cuando-lo-siniestro-se-apodera-de-la-estetica/


 

29/07/2026

LA MEMORIA DE LOS CABALLOS

 

Hay una gran rivalidad en los estudios de los animales sobre cuál de ellos posee una mayor memoria.

Siempre destacan a los elefantes en la cumbre y a los peces en el lado contrario. Hoy traigo un artículo muy curioso sobre otro tipo de memoria: la de los estados de ánimo.


En ese aspecto parece que ganan los caballos. Hay que leerlo, estés o no de buen humor.

https://www.lavanguardia.com/natural/20180502/443186501166/caballos-inteligencia-emocional-recordar-estado-animo-humano-estudio.html

28/07/2026

LLAVEROS INTELIGENTES


Olvidar las llaves es algo que sucede casi desde antes de que se inventara ese artilugio. Bueno, en serio, que la tecnología ayuda bastante en apoyo de olvidos y despistes.

El artículo nos muestra llaveros inteligentes de todo tipo, forma, tamaño y precio. Está bien echar un vistazo.


https://www.lavanguardia.com/comprar/tecnologia/20200509/481027774375/rastreadores-bluetooth-guia-compra-llaveros-tile-inteligentes-dispositivos-perdidas.html?srsltid=AfmBOoob0-79pFbsCjICKaB2-Dz-yv6Xc0TArBoe_j_aD-lHFX2JPhPl

27/07/2026

EL OLVIDO DE LOS NOMBRES

 

Hoy os paso un artículo breve, pero clarísimo y muy útil. Hay que dar paso a la ciencia en todo lo que nos rodea y luego manejar esa información convenientemente.

Los lapsus de memoria pueden ser consecuencia de un uso más ágil del cerebro o un problema neurológico.

El artículo nos enseña, perfectamente, a distinguirlos.

https://cadenaser.com/nacional/2026/07/24/la-razon-cientifica-por-la-que-nos-cuesta-recordar-los-nombres-y-cuando-esos-lapsus-se-vuelven-preocupantes-cadena-ser/


 


25/07/2026

PRIMERA QUINCENA DE AGOSTO

 

MUJERES DE INGENIO. PLUMAS DE ORO EN EL SIGLO DE LAS LETRAS. Una muestra que rinde homenaje a las escritoras del Siglo de Oro y contribuye a la difusión del patrimonio artístico, literario, histórico y cultural.

·         Casa Museo Lope de Vega

·         Calle Cervantes, 11

·         Gratuita

·         Hasta el 13 de septiembre. Lunes cerrado.

https://casamuseolopedevega.org/es/actividades/colaboraciones-y-proyectos/778-exposicion-2026




24/07/2026

FUEGO EN EL CUERPO 2

 

NUBLADO                                                                  MARÍA ISABEL RUANO

Una franja de nube

ha tapado el sol de la tarde.

Con forma de boa silenciosa

se ha comido el sol.

En una tierra seca de árboles mutilados

de viento y salitre.

Con una boca sedienta.

Franjas sinuosas y alargadas.

Ha desaparecido el sol.

Una porción de rutina, otra de desilusión.

Nubes en el horizonte, franjas oscuras

que derriten el fuego de la pasión,

el fuego del atardecer,

del cuerpo y del corazón.


 

         AUSENCIA DE PRESENCIA                                  ARACELI DEL PICO

 

 

     Le costó trabajo levantarse de la cama, pero lo consiguió.  Mientras se arrastraba hasta el baño, pensó hasta con cierto alivio, que ya iba quedando menos.

 

   Armando Préstamo, era joven aún, frisaba los 55 años. Y estaba rodeado de una familia maravillosa (o eso creía él). Su mujer, Marta Gallardo y su hija Carlota, eran el eje de su existencia.

 

    Llegó al baño. Se lavó las manos e iba a hacer lo propio con la cara para despabilarse, cuando alzó la cara hacia el espejo. ¡Allí no aparecía su imagen ¡Tomó asiento en el pequeño taburete y se dijo: ¡Tranquilo Armando… no pasa nada! Es un mal sueño.

 

    Con su mano derecha, pulsó la muñeca izquierda. Apretó, primero suave, luego más fuerte y más fuerte aún. Nada, el pulso había desaparecido. Miró entorno a él y una espesa niebla le envolvía. Entonces fue consciente. Había acertado con el diagnóstico, cuando siete días antes un compañero le sentenció con la claridad que le había exigido sobre el tiempo que le quedaba de vida.

 

-              No es fácil de precisar. Pero no demasiado.

-              Sé concreto, por favor.

-              Un mes, tal vez más, o …

-              Una semana.

-              Podría ser. Pero en la ciencia y menos en la medicina, no se puede hablar con precisión.

-              Marcos, tú, sí. Está bien. Oye un favor, podrías llamar a Marta y con toda la sutileza de que seas capaz, prepararla. Sinceramente, yo no sabría cómo hacerlo.

 

  No le arrancó un sí, pero en el abrazo que se fundieron, intuyó que lo intentaría.

 

  Volvió a su habitación, sin abrir la puerta, con ese don maravilloso que se les otorga durante un corto tiempo, a los que se están marchando, el suficiente para fijar sus más queridos recuerdos en la retina del adiós. Se sentó en la cama y vio su mesilla rodeada de medicinas, en especial calmantes de todo tipo. Sonó el teléfono. La voz de su querida Marta, respondió con una tranquilidad que de pronto no entendió.

 

-              Que si Marcos, que es verdad, que ya ha palmado.

-             

-              Pues claro que le ponía los paños de agua fría en la frente, para bajarle la calentura. Los últimos días, llegó a tener más de 40 grados de fiebre.

 

  Será embustera, (pensó el ya espíritu), pues si no me ha puesto ni uno solo. Si cuando yo se los pedía, me soltaba, que era mejor que me tomara un paracetamol, que era lo mejor para bajar la fiebre y no hace daño al estómago.

 

-              Marcos, me estás haciendo unas preguntas absurdas. ¿Como que qué vamos a hacer ahora? Pues seguir con nuestro plan. Dejar pasar un tiempo y luego con cierta tranquilidad, dejarnos ver juntos, que la niña te vaya conociendo mejor y todo aquello que hemos hablado mil veces. ¿Qué otra cosa podemos hacer? No debemos precipitarnos y sacar a la luz nuestra relación de repente.

-             

-              Que te sientes mal? ¿Que era tu mejor amigo? Vaya hombre. Y mi mejor marido. Entre otras cosas, porque nunca tuve ningún otro. Pero no viste reparos, en tenderme la red, cuando se presentó la ocasión.

-             

-              Mira, no estoy para pamplinas. Tengo mil cosas que hacer, para que el último paso sea digno y elegante. Voy a colgar. Y ni un pero más.

 

  Cuando Armando Préstamo, escuchó las palabras, digno y elegante, salir de la boca de la víbora que había creído hasta entonces la mejor de las esposas, sonrió con sarcasmo. Nadie podía ver esa sonrisa. Pero el poco tiempo que se le había concedido, lo iba a emplear con cabeza. Sentía, que ahora que no la tenía, le funcionaba mejor que nunca.

 

   Un golpe de viento abrió las ventanas del salón de par en par. Es la doble fuerza que se les concede a los espíritus en transición. Las cortinas se enredaron en el pequeño mueble, próximo a la ventana que cayó al suelo, desparramando una serie de documentos, que salieron volando. Marta fue presta a cerrarla. Algo se interpuso en su camino. Cayó al suelo. Se cortó en la frente y la sangre que le produjo la herida no le permitía ver con claridad. A duras penas se puso en pie. Un nuevo tropezón, le hizo caer de nuevo y en esta ocasión fue la cadera, la que sufrió las consecuencias. No podía moverse.

 

  Arrastrándose, llegó hasta su bolso para coger el móvil. No estaba en el bolso, lo había dejado en la mesilla, junto al difunto, mientras hablaba con Marcos. No tenía fuerzas para levantase. Y siguió arrastrándose para tratar de alcanzarlo.

 

  Armando pensó – Me temo querida, que de ahora en adelante, te vas a tener que arrastrar muchas veces -. ¿Y su hija, como llevaría ella su orfandad? La verdad es que era una niña consentida, mala estudiante, amén de respondona. Pero era su hija y la quería. Perdido en un laberinto de emociones encontradas, se abrió la puerta de la calle y apareció Carlota. Se acercó a la madre y lejos de compadecerse del dantesco cuadro que tenía delante, le soltó:

 

-              Te habrás quedado tranquila, ¿verdad? ¿Qué crees, que no estaba al tanto, del rollo que te traías con el medicucho ese?

-              Pero hija por Dios, que cosas dices. ¿Y no ves cómo estoy? Ayúdame por favor.

 

  Carlota, sintió un soplo en el oído y le pareció entender algo así, como ¡anda y que te ayude Marcos! Tal cual, se lo gritó a su madre. Salió dando un portazo. Y nada más cerrar la puerta, se encontró con Marcos que venía a certificar el óbito.  Y pensó, el muy cabrón, es capaz de certificar que “el óbito se produjo por causas naturales”

 

  Ayudó a Marta a levantarse. Se abrazó a ella y le dijo:

 

-              Marta, no podemos seguir adelante con lo nuestro. Es imposible. Me mata el remordimiento.

-              Maldito bastardo. ¿Ahora?

-              Si, ahora.

 

  Armando quiso deshacerse del velo que le envolvía entre la niebla. No podía. Pero aún tuvo tiempo de garabatear en el espejo del baño, con el carmín de su viuda: “Que seáis muy felices, no os lo merecéis, pero no soy rencoroso”.

 

  Marcos entró al baño, buscaba el botiquín donde estaría lo necesario para restañar las heridas de Marta. Vio lo escrito en el espejo.

 

  Y lo último que pudo oír Armando, mientras ascendía por el éter, fue el golpe seco de un cuerpo, que se estampaba contra el suelo.


 

LA DECISIÓN                                                              ANTONIO LLOP

Los senos de su nariz se abrían y cerraban en un movimiento a la vez cadencioso y perentorio. Mientras, el carnoso labio superior de su boca se despegaba del interior mostrando una perfecta hilera de dientes blancos, y sus ojos azules se guiñaban brillantes de deseo. Si la pantalla del cine traspasara su límite visual obligado y accediera a todos los sentidos de los espectadores, un aire ardiente llenaría toda la sala y mostraría que lo que esa mujer, más allá del fingimiento propio de actriz, necesitaba expulsar por todas sus oquedades era el fuego del volcán que, a punto de erupcionar, rebosaba su núcleo interior. Aquel era un hermoso dragón que, con su cascada de pelo rubio y rizado, traspasaba los bordes de su primer plano.

—Ya he visto bastante, Rufo. Vamos fuera.

—Te está dando miedo de que se entere el “pater”, ¿eh?... Bueno, espero que me des las gracias por este regalo de cumpleaños.

—Gracias, amigo. Ahora me toca celebrarlo de otra forma distinta.

Carlos camina pensativo hacia la mansión de su tía. En su cabeza hay una tormenta desatada. Antes de sacar la tarjeta para abrir la gran cancela se despide de Rufo con un abrazo, y le susurra unas palabras. La cara de éste se ilumina con una generosa sonrisa. Su amigo ha tomado por fin la gran decisión.

En el interior del recinto Carlos camina con firmeza. Se cruza con un mozo de caballos (Buenas tardes, felicidades señorito). De una capillita al borde de la arbolada senda, sale a su encuentro un hombre ventrudo y calvo con negra sotana y un gran crucifijo colgado del cuello.

—Cha vi que ha estado con su amiguito Rufo. Carlos, ese pibe es una mala influensia para vos, Solo le lleva a despertar sus voluptuosos instintos, a que usted pierda el control de sus inclinasiones. Su tía no se merese esto. Ha invertido mucho en su educasión moral, y yo tengo la responsabilidad de que usted no se pervierta.

—No se preocupe, padre. Mañana se termina todo.

La fiesta familiar empieza con una oración comunitaria y el discurso admonitorio repetido del padre Nicolás. El homenajeado, acompañado por su tía y sus amigas de la misma edad se conduce con una sonrisa de conformidad durante toda la ceremonia. Al final, con un soplido prolongado apaga las dieciocho velas que banderillean la gran tarta.

Esa noche, Carlos, por vez primera en años, no reza sus oraciones antes de acostarse. Duerme inquieto. Con el fondo del primer plano de la mujer del cine se cruzan crucifijos, látigos, cilicios, ángeles y fuegos infernales. Y tras esa sucesión de imágenes, aparece un mar tranquilo con suaves olas llegando mansas a una playa. 

Al amanecer, Carlos llena en silencio un maletín con su ropa y el último dinero que su tía le ha dado para el mes. Piensa que le debe una explicación por haberse hecho cargo de él desde los cuatro años tras la muerte de sus padres en accidente de automóvil. Garabatea unas palabras en la última hoja del misal y, junto al rosario que le asignaron desde niño, deposita ambos encima de su mesilla.

“Tía, muchas gracias por tus cuidados. Aquí te devuelvo tu camino. Ahora, que soy mayor de edad, buscaré el mío”.

Cuando sale al exterior le recibe un viento suave en la cara. Un sol incipiente lanza sus rayos tamizados entre dos troncos de árbol. Son los dorados cabellos de Katleen Turner que le dan la bienvenida.


 

LA MEJOR DECISIÓN                                      JUANA DOMÍNGUEZ

 

No podría contar cómo pasó. Fue repentino, sin esperarlo. Solo sucedió.

 

Mi viaje al desierto, tan deseado y esperado, llegó de improviso un día de primavera. Me había levantado temprano, dispuesto a ir a mi trabajo rutinario, en una sucursal bancaria cercana a mi domicilio. Al llegar me dirigí al despacho del director y, sin saludar, le dije a boca jarro que me despedía, que formalizará los documentos oportunos, que no iba a volver a la oficina, y salí del despacho sin más palabras. No le di tiempo a preguntar el porqué.

 

 En la calle me paré a reflexionar. Mi corazón galopaba. ¿Qué he hecho? Si hubiera asaltado el banco de España, no hubiera estado tan atónito.

 

¿Cómo había podido hacer tal cosa? ¿A qué me iba a dedicar en adelante? ¿Por qué había actuado de aquella manera?  No salía de mi asombro. Dentro de mí, un fuego interno me abrasaba.

 

Caminaba intentando hacerme a la idea de mi repentina decisión. Al cruzar una calle vi un cartel anunciando que ese año el París-Dakar se celebraba en el desierto de Atacama. El cartel promocionaba un viaje con todo incluido para seguirlo. Con la misma decisión que empleé en mi renuncia al trabajo, pedí información en la agencia y contraté un paquete con el vuelo, el alojamiento y un todo terreno para seguir parte de la carrera.

 

Un mes más tarde estaba en San Pedro de Atacama, intentando ver a esos locos que se juegan la vida corriendo por el desierto más árido del planeta, y adaptándome a los dos mil quinientos metros sobre el nivel del mar. Un altozano situado en el recorrido me invitó a detenerme, allí podría ver como traqueteaban los autos de la competición subiendo y bajando por el sendero marcado. Había comprado agua y comida en una pequeña tienda de la gasolinera; podría esperarlos durante todo el día, para volver al hotel al atardecer.

 

Nunca imaginé que la decisión de dejar el trabajo y viajar hasta Chile me iba a deparar una vida diferente.

 

Sucedió tres días después, el rally había llegado a Copiapó. Yo los esperaba dentro del automóvil. El sombrero no me tapaba lo suficiente a pesar de ser otoño. Una tormenta estaba a punto de estallar. La veía acercarse despacio, pero sin desviarse, directa a donde yo me encontraba.

 

 A mi alrededor no encontré ningún refugio natural donde resguardarme. Elegí meterme bajo el coche, y allí me dispuse a esperar la tormenta y a los corredores. La precedía un remolino desplazándose a una velocidad pasmosa. Delante de él, un zorro corría directo a mí y, sin asustarse, se metió bajo el coche, mirándome lastimero. Un ruido de ultratumba acompañaba al remolino. Cuando iba a sobrepasarnos se desvió a mi derecha dejando la franja del desierto que tenía enfrente despejada, nítida. Divisaba la arena totalmente quieta. Fueron unos segundos de calma, después la marabunta se desató. No lo vi venir, apareció de repente.

 

El zorro dio un gemido y salió corriendo. Lo vi alejarse. Delante de mí, apareció un vehículo rodando sobre sí mismo. Algo lo hacía girar. Y desapareció igual que llegó, sin más. Me giré bajo el coche. Las imágenes me dejaron helado. El auto ardía. Una llama continua lo consumía. Un penacho de humo negro se izaba hacia el cielo. Del coche en llamas salió el zorro corriendo hacia mí, la cola ardiendo. En su pavor se estrelló contra el mío ¡Los tres ardíamos!

 

Diecisiete años después, sigo anclado en este árido y baldío desierto, sin posibilidad de abandonarlo. De día duermo en una cueva profunda. Las noches son más activas, cazando y gañendo a las estrellas que pueblan el hermoso cielo de Atacama.


 

¿HAY ALGUIEN AHÍ?                                                               SANTIAGO J. MARTÍN

Empezó con Esther. Luego Loli, un beso, el Che.

Más tarde unas palabras que no era suyas: su amor no daña, tu odio sí. Seguirían decenas de citas, de lemas, de gritos, algunos soeces. 

Quedaba aún mucho hueco para las imágenes: una playa de Mykonos, la Rue de la Huchette, una gárgola anónima.

No olvidó ni una sola fecha. Algunas conocidas para muchos: aquel mes de marzo que conoció a Ruth, cuando murió su madre, la primera fiesta en Chueca. Otras llenas de misterio, algunas lejanísimas.

También cabían coordenadas, banderas, ojos, números sueltos…

Cuando tuvo el accidente era una mujer sin espacios. La solución estaba en su piel. Y le fue imposible interpretar ninguno de los tatuajes que cubrían su cuerpo.

Salió del hospital con dos ideas: no más motos y tatuarse lenguas de fuego para esconder aquello que ya no le decía nada. 

 

23/07/2026

LAS LLAMAS DEL MÁS ALLÁ

 

Los fuegos fatuos siempre han tenido muchísimas leyendas a su alrededor. Primero por la forma en que se producen, aparentemente espontánea. Segundo por los lugares más habituales donde se pueden ver, en los cementerios.


Todo tiene una explicación física, pero ni con esas se quita de encima historias increíbles y terroríficas.

El artículo nos detalla, hasta con experimentos de laboratorio, todo el proceso, desde la chispa a la llama.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/llamas-mas-alla-misterio-fuegos-fatuos-y-relampagos-invisibles_26316

21/07/2026

LAS OTRAS VÍCTIMAS DE LOS INCENDIOS

 

El artículo nos habla de las otras cifras de los incendios. Esas que normalmente nunca salen en los medios de comunicación.


Son muchos los animales que mueren en los fuegos de nuestros montes y campos. A los animales domésticos que no se puede rescatar hay que sumar la fauna salvaje: aves, mamíferos, reptiles e insectos.

El humo, el fuego, la desorientación y el pánico también se apoderan de los seres vivos que tienen en la naturaleza su hábitat.

https://cadenaser.com/nacional/2025/08/21/los-animales-las-otras-victimas-de-los-incendios-cadena-ser/


 

20/07/2026

TODO CONTRA EL FUEGO

 


Cada verano los incendios son más devastadores en todo el mundo. Nuestro país no se queda atrás en este desgraciado ranking.


La tecnología también tiene mucho que decir en este campo. Y es, precisamente, España la que avanza nuevas armas para poder luchar contra los incendios en la naturaleza, sobre todo en lugares de difícil acceso.

https://as.com/actualidad/ciencia/espana-presenta-su-nueva-arma-tecnologica-contra-uno-de-sus-mayores-peligros-la-maquina-que-actua-donde-el-hombre-no-puede-llegar-f202605-n/

EL INCENDIO DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA


La gran biblioteca de la antigüedad llegó a acumular más de 700.000 volúmenes, de los que tenemos noticias por las copias que se guardaron en otros lugares, lejos de la ciudad egipcia.

Su declive empezó en el 47 a.C. Entonces las disputas por el trono egipcio entre los romanos y los ptolomeicos acabó con la famosa biblioteca en llamas.


Luego tuvo pequeñas recuperaciones, pero siempre que había algún conflicto bélico, ese era el centro emblemático para concentrar los ataques.

Si queréis saber más tendréis que terminar de leer este fenomenal artículo de National Geographic. 

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/biblioteca-alejandria-destruccion-gran-centro-saber-antiguedad_8593