No fue un hombre solitario, al contrario.
Era muy popular en la Florencia de finales del siglo XV, a pesar de sus
extravagancias y sus rarezas.
No era tan conocido como pintor, con una
obra relativamente escasa, como por arquitecto e ingeniero.
El problema era la incomprensión de muchos
de sus artefactos: primero por la comunidad científica, que no entendían
principios físicos que Leonardo aplicaba, y luego por los mecenas que le suministraban
el dinero para seguir trabajando. Pero el problema era el tiempo, no le cundía.
Los días eran cortos para un hombre que tenía curiosidad por todo, que tomaba notas de todo, que investigaba cualquier cosa que le llamara la atención.
En realidad, la soledad se la llevaron sus
inventos que reposaron durante siglos en bibliotecas olvidadas y que ahora al
revisarlos se puede comprobar que eran, muchos de ellos, ingenios muy
adelantados a su tiempo.
El artículo que hoy os traigo es una
entrevista fabulosa a un experto en Leonardo, y ya os puedo asegurar que no es
un presentador de Telecinco.
