31/08/2026

METEORITOS


Un meteorito contiene informaciones valiosísimas del universo. Estudiándolos, podemos comprender mucho sobre la formación de la Tierra y de nuestra Galaxia. Y muchas cosas más.


El artículo nos da una documentación básica para poderlos distinguir, definir y conocer.

Aunque nunca hayamos estado en contacto con ninguno, que conste que aterrizan una media de 17.000 al año.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/todo-que-debes-saber-sobre-meteoritos_19567


 

29/08/2026

EMIRATOS ÁRABES

Hoy un interesante artículo sobre esta zona del mundo que ha sido y es uno de los principales focos de atención de las emigraciones por asuntos laborales.


Nos cuenta como ha ido evolucionando en los últimos años. Cada vez los trabajos cualificados se pagan peor, surtiéndose de técnicos y titulados de la India con salarios notablemente más bajos

En el otro lado vemos cantidades enormes de mano de obra extranjera con condiciones laborales bastante precarias.

https://www.bbc.com/mundo/vert-cap-46754106

28/08/2026

SOBREVIVIR 1

 

SOBREVIVIR A LA VENDIMIA                                     JUAN SANTOS

Aquel año que había cumplido los doce. Mis padres estimaron que ya tenía cuerpo para ir a vendimiar. Mi hermano mayor ya estaba curtido y no necesitaba ir de pareja con mi madre. Esa temporada iría conmigo para cubrir mi debilidad.

Imaginaba que trabajar en el campo era duro, pero no tanto. Casi todas las mañanas hacía frío, las cepas estaban llenas de escarcha y meter la mano entre las pámpanas era peliagudo. Mi madre se afanaba en acabar pronto su cepa para venirse a la mía. “Vamos que las uvas no muerden” me decía en voz baja. Después me animaba: “Sé fuerte y aguanta que el primer hilo es el peor”. Y no quiero ni acordarme de cuando llovía y el manigero nos aguantaba en el tajo hasta que estábamos chorreando. Lo normal en esas fechas era que a media mañana hiciera muchísimo calor, pero había que apechugar.

Cuando pillaba lejos el remolque para descargar, mi hermano me sacaba alguna espuerta que otra, aunque yo me negaba. No quería quedar como un blando ante toda la cuadrilla. Además, el peso no era mi problema. Lo más duro para mí era doblarme y cortar las uvas. En aquel código de honor, no estaba permitido ponerse en cuclillas. Aún recuerdo lo mucho que me dolían los riñones sobre todo al caer la tarde. A última hora, cuanto más larga era mi sombra, más largo era el hilo para llegar a la punta.

Menos mal que mi madre tenía un buen recurso para hacerme sobrevivir a aquella pesadilla: cada vez que desfallecía, como si fuera un animal amaestrado, sacaba del bolsillo una almendra peladilla y la metía en mi boca. Misteriosamente, me recargaba las pilas para un rato más.


 

EL HOMBRE QUE HABLABA A LOS GERANIOS                       MANUEL GIL

 

En el tercer piso de un edificio antiguo, donde las tuberías hablaban por la noche y las paredes conservaban el olor de quienes habían vivido allí antes, un hombre cuidaba geranios.

 

Vivía solo desde hacía muchos años.

 

De día dormía con las persianas bajadas y, cuando anochecía, se ponía el uniforme gris y salía a limpiar oficinas. Al amanecer regresaba a casa con las manos ásperas, calentaba agua para el café y se quedaba un rato junto a la ventana.

 

Allí estaban sus geranios.

 

Los vecinos decían que tenía buena mano para las plantas. Él sonreía y asentía. Nunca contaba que había sido su mujer quien le enseñó a cuidarlos.

 

Ella decía que a las plantas había que hablarles, aunque fuera en silencio. Que una casa sin flores parecía una casa que ya se había rendido.

 

Su mujer había muerto hacía nueve años.

 

Desde entonces, él había aprendido a sobrevivir de la misma manera que aprendía a cuidar los geranios.

 

Había trabajado suficientes horas para vivir sin holgura, pero sin miedo. Pero empezaron a quitarle turnos. Primero una noche. Luego dos. Le dijeron que era temporal. La palabra temporal suele durar mucho cuando se pronuncia sobre la vida de los pobres.

 

Vendió algunas cosas: un reloj, una lámpara, herramientas, una mesa que ya no necesitaba porque comía siempre solo.

 

Dejó de encender la calefacción.

 

Durante el invierno dormía con dos mantas y el abrigo puesto. A veces le parecía que los geranios tenían más calor que él.

 

Vosotros no podéis marcharos les decía.

 

Hasta que un día uno de ellos amaneció muerto. Las hojas habían perdido el color y colgaban como manos cansadas. La tierra estaba dura.

 

Pensó en tirarlo. Pero, al volcar un poco la tierra, vio una ramita verde, diminuta, naciendo del fondo.

 

Era tan pequeña que parecía un error de la naturaleza. Volvió a colocar la planta en la ventana.

 

Durante los días siguientes empezó a hablarle. Le contaba cuánto había trabajado. Le decía que hacía frío. Le hablaba de su mujer.

 

La rama no respondía, pero crecía. Muy despacio, un milímetro, después otro.

 

Y aquel crecimiento insignificante comenzó a ordenar sus días. Sin darse cuenta, volvió a cuidar algo, a tener una misión.

 

Quizás eso era sobrevivir, pensó una mañana. Quizás sobrevivir consistía solamente en encontrar una cosa pequeña que todavía necesite de ti.

 

Pasaron los meses. La ramita se convirtió en tallo. El tallo sacó hojas nuevas.

 

Y un día llamaron a su puerta.

 

Era una muchacha que acababa de mudarse al piso de enfrente. Era joven, pero tenía en los ojos ese cansancio que él reconocía. Había llegado sola, con dos bolsas, una maleta y una caja de cartón. Doña Elvira, la del primero, había contado que el piso lo pagaba una asociación que acogía a víctimas de violencia de género.

 

Perdone dijo. ¿Es usted quien cuida los geranios?

 

Él miró hacia la ventana.

 

Eso dicen.

 

Ella sonrió.

 

Son muy bonitos.

 

El hombre fue a la planta recuperada, cortó un esqueje y lo puso en un vaso pequeño con agua.

 

Plántelo cuando eche raíces.

 

—¿Cree que sobrevivirá?

 

Él miró la pequeña rama verde.

 

Sí —dijo. Si la cuida.

 

Desde entonces comenzaron a encontrarse algunas mañanas en la escalera. Él le enseñó a cuidar la planta.

 

Ella debía desplazarse lejos para trabajar y él le habló de una bicicleta que conservaba desde su juventud. Llevaba años en un trastero, oxidándose lentamente.

 

La sacó, la limpió y se la dio.

 

No puedo quedármela.

 

No te la quedas. La usas.

 

La muchacha aprendió de nuevo a montar.

 

Él la veía alejarse desde la ventana. La miraba con la distancia serena de quien sabe que hay edades que ya no le pertenecen.

Pero después del café de la mañana comenzó a escribir. Hacía años que no lo hacía.

 

No sabía si aquello era un poema, alguno había escrito en el pasado, aunque solo lo compartió con su mujer, solo sabía que hablaba de sobrevivir.

 

Y a los geranios, y algunas veces a su mujer, les hablaba de la muchacha.

 

No como se habla de un amor. Era otra cosa, un soplo de juventud que había entrado en su corazón sin pedir permiso.

 

Una mañana se sentó lápiz en mano, para continuar ya llevaba bastante escrito y quería terminarlo, tal vez solo lo recitaría a sus geranios y a su mujer. Pensó mientras contemplaba como al otro lado de la calle, la muchacha avanzaba, pedaleaba despacio, pero ya no parecía tener miedo.

 

Ha traído un poco de juventud a esta casa dijo sonriendo a los geranios. Y después, en voz más baja:

 

También a mi corazón.

 

Pasaron las semanas.

 

La planta de la muchacha echó nuevas hojas. Ella lo saludaba alegre con tierra en las manos y alguna que otra sonrisa.

 

Él seguía trabajando de noche, seguía teniendo poco dinero, seguía pasando frío algunas veces.

 

Pero por las mañanas había café, geranios, una sonrisa juvenil y una página que esperaba ser terminada.

 

Fue en una de esas mañanas cuando volvió a sentarse frente a la ventana. Tomó el lápiz, y miró la bicicleta apoyada contra la pared de la terraza de enfrente.

 

Y terminó el poema:

 

Sobrevivirán los libros que leímos,

la página que guarda una voz entre sus pliegues,

las cartas en cuyos renglones ardía la tarde,

el polvo de los años sobre los vacíos anaqueles.

 

Sobrevivirán las fotografías,

aquella tarde que se quedó a vivir en su papel,

nuestros rostros detenidos en la luz,

la sombra de una mano que ya ni sé de quién es.

 

Sobrevivirán aquellas noches bajo la luna,

cuando el amor parecía una forma del tiempo

y tu cuerpo, junto al mío, era la única patria,

nada podía arrebatar esa hermosura.

 

Sobrevivirá la bicicleta de aquel verano,

el temblor de mis piernas, tu mano en mi espalda,

la calle abriéndose y yo pletórico “Mira sin manos”

ahí aprendí que caerse también era aprender.

 

Y sobrevivirán las cosas que no supimos nombrar:

el olor de una camisa, la lluvia sobre los cristales,

una voz perdida en el fondo de otra voz,

el calor de una mano que ya no estará.

 

Todo habrá de sobrevivirnos,

los libros, las imágenes, la música, la noche,

la bicicleta apoyada contra un muro,

la estrella que todavía cruza el firmamento.

 

Acaso sobrevivir no sea permanecer,

sino dejar algo encendido en la oscuridad,

una palabra, una mirada, un beso, una canción,

y una mano que enseñe a otra mano a no caer.

 

Cerró el cuaderno, guardó el lápiz, se tumbó en la butaca  y sonrió satisfecho.


 

SOBREVIVIRÁS                                                           MARÍA ISABEL RUANO

 

Fui pez en aguas oscuras.

Acacia africana en la ciudad.

Pájaro en la jaula.

Gata abandonada.

Barco a la deriva.

Niña solitaria y

mariquita en el trigal.

Siendo pez, acacia, pájaro,

barco, mariquita, niña y gata a la vez

sobreviví al torbellino del océano,

al calor y a la falta de libertad.

A la tormenta, al silencio

y a la soledad.

Cuando el túnel se oscurece

y se embravece el mar,

la luz se escapa, el calor aprieta

y surge la tristeza o la necesidad,

cierra los ojos, escucha,

busca consuelo, aguanta.

Todo pasa, todo pasará.

Imagina al pez asustado,

al timonel surcando el mar,

a la gata maullando.

A la niña solitaria,

a la acacia sedienta,

a la mariquita trepando por la espiga

y al pájaro ensayando el vuelo para escapar.

Imagínate sonriendo,

abriéndote paso entre los barrotes,

por el trigal y entre la oscuridad.

Confía, todo pasa.

SOBREVIVIRÁS.

 

27/08/2026

LOS QUE VIENEN DESDE MÁS LEJOS


Un articulo muy interesantes sobre los extraterrestres. Hace un análisis, más o menos minucioso, de las probabilidades que tienen de estar entre nosotros o de estarlo en el futuro.


Lo que pasa es que todo está sustentando en la lógica racional que conocemos: condiciones físicas, requisitos tecnológicos, principios científicos…

Habría que ver qué pasaría si en ese enorme universo donde residimos se dan otros parámetros totalmente incomprensibles por nosotros.

https://theconversation.com/los-extraterrestres-tal-vez-existan-pero-hay-tres-razones-por-las-que-probablemente-no-nos-han-visitado-ni-vayan-a-hacerlo-285165


 

26/08/2026

EL CHARRÁN ÁRTICO

 

La búsqueda del lugar más idóneo para poder vivir es un instinto innato en todos los seres vivos. Eso provoca que en ocasiones haya que hacer miles de kilómetros hasta encontrarlo.

El artículo nos presenta la inmigración más larga del mundo: la del charrán ártico. Se trata de una pequeña ave, de apenas 100 gramos de peso.


Realizan un viaje, en grupo, de 70.000 kilómetros, todos los años. Esta información ha podido saberse gracias a una investigación realizada en 2022, colocándoles un pequeño dispositivo de seguimiento.

Si queréis saber más detalles, no dejéis de leer este soberbio artículo.

https://unamglobal.unam.mx/global_revista/cual-es-el-animal-que-realiza-la-migracion-mas-larga-del-mundo/


 

25/08/2026

EL ICE Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS


El artículo nos cuenta uno de los recursos tecnológicos que utiliza el polémico ICE de Estados Unidos para localizar inmigrantes.

Se trata del empleo de la IA para hacer rastreos digitales. Estos servicios están privatizados y vulneran normas de derechos internacionales.


La discriminación se convierte en un negocio y peligra, como tantas veces, la privacidad de muchísimas personas.

https://lasillarota.com/mundo/2025/12/30/ice-asi-sera-la-nueva-tecnologia-de-ia-para-localizar-migrantes-488166.html


 

24/08/2026

MALTHUS


Este economista de finales del siglo XVIII fue el primero en ofrecer una teoría de la población.

Aunque sus pronósticos, fundamentados en observaciones de nacimientos y defunciones, no se llegaron a producir de la forma tan caótica que él preveía, sirvieron de base para que otros científicos elaboraran teorías sobre control de poblaciones.


La influencia más notable la tuvo sobre Darwin, que vio en esos estudios de la población el punto de partida para su Teoría de la Evaluación.

 

https://www.bbc.com/mundo/noticias-44004902

21/08/2026

MÁS AGENDA PARA AGOSTO

 

SOMOS NATURALEZA. Recorrido inmersivo e impactante que nos desvela el corazón de la naturaleza y nos motiva a la acción positiva y a la protección del entorno.

·         Caixaforum. Paseo del Prado, 36

·         6 euros. Gratis, clientes de Caixabank

·         Hasta el 7 de marzo.  

https://caixaforum.org/es/madrid/p/somos-naturaleza-madrid

 


A TU SOMBRA

 

A LA SOMBRA DEL ABETO                                         MARIA ISABEL RUANO

A la sombra del abeto,

a la sombra del nogal.

Mientras el avellano florece

y la bubilla empieza a cantar.

A la sombra de la infancia

donde el cobijo es real,

donde los días pasan deprisa

y de forma jovial.

Bajo la parra en verano,

la sombrilla en la playa

y a la orilla del mar.

Bajo un manto de estrellas

Perseidas de agosto,

lucero de la mañana,

cama abrigada,

buena compañía y amistad.

A la sombra, mientras te espero,

es donde yo quiero estar,

Lejos, muy lejos,

de la oscuridad.


 

         SU SOMBRA                                                       ARACELI DEL PICO

 

    Comenzó pronto a dibujar sus primeros pasos. Al principio con torpes movimientos, que la tenían en el suelo más tiempo que de pie. No importaba. Tantas cuantas veces se caía, se levantaba. Su madre hacia acopio de betadine y tiritas, para que esas perfectas rodillas curaran cuanto antes. Raro era el día, que el botiquín casero, no se utilizaba un par de veces. Y la niña, sufridita, todo lo que decía era “vaya, ota vez” hacía algún puchero y se disponía para la siguiente caída.

 

    Vestida con un pichi de cuadros escoceses, donde predominaban los azules y rojos, blusa blanca y rebeca roja primorosamente tejida por su abuela, zapatos rojos y calcetín blanco, Nerea, parecía una muñeca recién sacada de un escaparate. Se acercaba a los dos años. Sus pasos ya eran firmes. Y sus caídas, no tan frecuentes, pero más graves. Porque no andaba, corría. Mejor dicho, casi volaba.

 

   Y aquel atardecer sucedió. Una mancha negra muy larga la precedía y salía de sus pies. Se movía a su ritmo; primero la sorprendió, luego la inquietó y luego la hizo reír. Y no encontró juguete más divertido. Si ella movía la cabeza, su sombra hacía otro tanto, se ponía en jarras, un gesto muy frecuente en ella, su sombra también. Saltaba, y aquella cosa oscura muy alta, lo hacía con ella.

 

   Decidió cansarla, y comenzó a caminar despacio y en zigzag. Su madre, la observaba con cautela y entendió enseguida el comportamiento de la niña. Se acercó y le preguntó:

 

-          ¿Se puede saber qué haces?

-          Juego con mi hermana mayor, aunque me está haciendo burla.

-          Pero si tú no tienes ninguna hermana, ni mayor, ni más pequeña. Qué cosa extraña estás diciendo.

-          Si la tengo. Y tú también mírala. Y también te está haciendo burla.

 

    La madre quiso explicarle a la niña la razón por la que su figura aumentaba y se ajustaba a todos sus movimientos. Lo pensó mejor. Calló. Y se dijo que era pronto para explicarle eso.

 

    No pasó mucho tiempo, cuando ese mismo día, el ocaso hizo tu trabajo y envuelto entre rayos de celaje, el sol desapareció por el horizonte. Y con él, las sombras.

 

    El gesto de Nerea se tornó triste. Las sombras habían sido por un breve tiempo, ilusión y compañía. Su madre le explicó, que al día siguiente cuando volvieran al parque “seguramente” su hermana volvería.

 

-          ¿Y la tuya?

-          También.

-          ¿Y por qué no se vienen a casa con nosotras?

-          Pues…

 

   Y echando mano de esa desbordante imaginación, Nerea, no dio tiempo a que su madre contestara.

 

Ya se. Seguramente han ido a comprarse un vestido más bonito. Porque ese negro que llevaban, era feísimo.

 

   La madre, soltó una carcajada al mismo tiempo que alzaba a su hija en brazos.

-          Venga vamos a casa, papá nos espera para cenar.

-          Y papá habrá hecho la cena, verdad.

-          Pues claro que sí. Y papá esta noche tiene que hacer más cosas.

-          ¿Qué cosas?

-          Calla curiosa.

-          Mami, nunca me cuentas nada.

        

   Llegaron a casa. El padre absorto en la lectura del periódico, no les oyó entrar.  Nerea, se lanzó a sus brazos, mientras decía.

 

-          Venga papá vamos a cenar pronto. Que hoy tienes que hacer más cosas.

-          Ah si, ¿qué cosas?

-          No sé, pregúntale a mamá.

 

   Su mujer se acercó con dulzura y ligeramente mordió su oreja. Una sonrisa cómplice no precisó explicaciones.

 

 


 

EXLIBRIS                                                                     SANTIAGO J. MARTÍN

Los odio. Los odio a todos. A todos no.

Mi madre, con su bondad por bandera, fue la principal culpable.

-Harán de ti una persona mejor.

Cierto. Pero no me habló de los límites. No, no me refiero a ningún tipo de sustancia adictiva. Bueno, sí. Sin materia digerible físicamente.

Empecé leyendo moderadamente. Luego con pasión. Aquello abrió la espita de la lectura compulsiva. Una vez quedé atrapado, ni mi madre supo sacarme de aquel embrollo quijotesco que me absorbía de la misma manera que me administraba placer y sabiduría.

Mi padre intervino oportunamente, creía él, para mal.

-Tú lo que necesitas es expresar lo que llevas dentro. Que tu imaginación no encuentre barreras en los discursos de los demás.

El primer obstáculo fue él y su expectativa de hijo con tufo triunfal. Otro error.

Empecé a escribir con temor. Con la timidez del que no quiere importunar a un amigo con un relato, que solo aportaba un placer: terminar de leerlo.

Luego llegó la autocrítica. No me atreví a inventar un personaje atormentado sin pensar en la sombra de Kafka.

Era imposible crear un malvado asesino sin el perdón de Poe.

No existía una torre apagada sobre un río que antes no hubiera visitado Machado.

Maldije a todos y empecé a iluminar seres absurdos, irreales, contrapuestos a sí mismos. A la vuelta de la esquina Borges y Vian, me tiraban de las orejas.

Acabo de bajar a la tienda y los he quemado todos. Ahora papá y mamá no tendrán más remedio que ingresarme de nuevo

A ver qué se atreven a llevarme en su primera visita: un libro o un chocolate negro que alimente a mis musas despiadadas.