08/05/2026

YO NO QUERÍA 1

 

NO QUERÍA                                                    MARÍA ISABEL RUANO

Quedar contigo a la salida del trabajo, tomar unas cañas y sonreír ante tus historias.

No quería acompañarte hasta tu casa y esperar a que cerraras la puerta dejando mis anhelos ante el felpudo que nos separaba.

No quería que me llamaras cada vez que, enrabietada, no encontrabas la salida al laberinto de tu desdicha.

No quería acompañarte al cine o esperar a que te probaras, con la cortina cerrada, toda la ropa de temporada.

Ni ir a recogerte al aeropuerto cuando, agotada, regresabas de tus ajetreados viajes.

Ni esperar junto a la ventana a conciliar el sueño sin que tu imagen se desprendiera de mi retina.

Yo quería cogerte de la mano, acompañarte a casa y que no cerraras la puerta ante mí.

Que me dejaras entrar y saborear tu espacio y tu cuerpo.

Abrazarte, olerte, amarte hasta caer rendido de plenitud.

No quería conformarme con ser tu amigo, quería ser tu amante, tu reducto, tu cautivo.

Tu chofer, tu espejo, tu amor y tu amigo.

No fueron suficientes las esperas, las miradas, los silencios, las insinuaciones y los guiños.

Cansado de acechar tu devenir, de acompañar tu dicha y tu desvarío,

agotado de soñar cada día contigo, ya no quiero ser ni amante ni amigo.

Cierro la puerta, te doy la espalda, me marcho lejos, huyo de ti, de los sueños anhelantes de volver a estar contigo.

Yo no quería, pero de una manera o de otra, he roto, has roto conmigo.


 

AUSENCIA                                                                              MANUEL GIL

 

Yo no quería que mis pasos

fueran tan leves que no dejaran huella,

que no escribieran su nombre en la arena

ni aprendiera el polvo la forma de mis huellas.

 

Yo no quería ser brisa pasajera,

ni sombra que al caer la tarde se dispersa,

quería ser latido firme en la tierra,

raíz obstinada, memoria que no cesa.

 

Yo no quería que la luna palideciera,

ni que su luz temblara en la noche desierta,

pero hoy mi mirada camina sola

y ya no hay otra que al mirarla la encienda.

 

Yo no quería este silencio de astros caídos,

ni este cielo sin voz ni respuesta,

donde tu ausencia se vuelve infinito

y cada estrella es una herida abierta.

 

Yo no quería que el futuro fuera un abismo

al que se arrojara un universo de estrellas,

ni que un cataclismo sin nombre

ardiera sin tregua por dentro de mis venas.

 

Yo no quería que el tiempo doliera,

ni que sus horas pesaran como piedras,

ni que cada segundo repitiera tu nombre

como un eco que nunca se aleja.

 

Yo no quería que la nieve en las cumbres

se tiñera del negro de mis penas,

ni que los ríos rompieran su cauce

ni que el aire olvidara cómo se respira apenas.

 

Yo no quería que el mundo girara distinto,

ni que la luz cambiara su manera,

pero algo quebró la armonía secreta

y torció el rumbo de toda certeza.

 

Yo no quería esta grieta en el alma,

ni este frío que no tiene frontera,

ni este vacío que aprende tu forma

y en cada rincón se queda.

 

Yo no quería que el mundo modificara su eje,

pero algo encendió la tormenta,

algo deshizo el tejido de mis días…

te fuiste,

y yo no quería que te fueras.

YO NO QUERÍA                                                                JUAN SANTOS

 

En el año 1976, yo no quería salir de mi pueblo. Con 19 años me vi obligado a venirme a la ciudad a buscarme un porvenir. Eran muchos los vínculos que me ataban a él: mi familia, mis amigos y, sobre todo, mi novia, con el riesgo de perderla.

Fue una época muy dura de mi vida, pero hoy puedo decir que me alegro de haber tomado aquella decisión, en contra de mi voluntad. Gracias a Dios todo salió bien.

Una muestra de que no quería venirme es el poema que le escribí a la chiquilla que hoy es mi mujer.

Sin duda, el soneto más sincero y sentido que he escrito en toda mi vida.

 

Siento ya lo que sentiré ese día:

vivir lejos de ti, pena y más pena.

¿Por qué me manda Dios esta condena,

tan lejos de tu dulce compañía?

Yo sé bien que no podrá el alma mía

soportar el dolor que ya me llena,

me conformo al pensar que serás buena

y que así me querrás más todavía.

No tendré nuestro parque con rosales,

ni encuentros que me alegren la mañana,

ni una plaza con bellos soportales.

A la calle saldré de mala gana,

no estarás para calmarme mis males,

lloraré siete veces por semana.