Durante siglos, documentos religiosos, como los evangelios, y el arte popular se empeñaron en demostrar que cuando Jesucristo murió crucificado se produjo una gran oscuridad de tres horas que siempre se había achacado a un eclipse.
La ciencia, ahora, ha
demostrado que no hubo tal eclipse y, además, que ese fenómeno nunca dura más
allá de unos cuantos minutos.
El artículo nos
proporciona una serie de detalles científicos e históricos que lo hacen muy
valioso y entretenido.
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