30/10/2026

SI EL TIEMPO PUDIERA PERDONAR 2

 

CARPE DIEM                                                                          MARÍA ISABEL RUANO

Si el tiempo no perdona a nadie

personas, animales, paisajes y lugares.

Si todos sabemos que envejecemos

y qué, sin duda, vamos a morir.

¿Por qué vivir con tanta prisa?

¿Por qué tanto sufrir?

¿Por qué no concederle una tregua

al tiempo acelerado del reloj?

¿Por qué no poner freno y medida

al estrés y a las preocupaciones?

¿Por qué no escuchar a los pájaros

y a las ramas de los árboles con su gracia otoñal?

¿Por qué escatimar los afectos y la generosidad?

¿Por qué no pensar un poquito más en los demás?

¿Por qué no escuchar el clamor interno

del niño que todos llevamos dentro?

¿Por qué no ser indulgentes con los tropiezos

 y aprender cada día a mejorar?

Si el tiempo no perdona y su señuelo

va marcando arrugas en el rostro

y va plegando los sueños hasta reducirlos

a la rutina o la cotidianidad,

sí disminuye el paso ágil de las piernas,

merma la fuerza y entristece con las pérdidas al corazón.

¿Por qué entonces, por qué no paramos, respiramos despacio

y nos dejamos seducir por el sol y los ríos, el verde y el mar,

el fluir de la luz en la ventana

y el sentir pausado del recuerdo y de la emoción?

Termina octubre hace sol y el frío de la noche

agradece el confort de la casa y el calor del edredón,

sonríen las miradas de quién nos comprende, añora o quiere.

Bajemos el ritmo, observemos, caminemos lento,

escuchemos, perdonemos, abracemos el día, cada bello momento,

demos gracias, vivamos cada acontecimiento desde el amor.


 

EL CUARTO PASO                                                                   ANTONIO LLOP

Renato Plugliese, como todas las mañanas, cruza el pasillo donde se alinean los puestos de trabajo de su Financiera. Los empleados ya se han acostumbrado a su paso moroso y renqueante. El temor que imponía unos años atrás se ha convertido en una mirada conmiserativa que mezcla la ternura con el rencor velado. ¿Qué hace este hombre en su Empresa, todavía? ¿Por qué no disfruta de su jubilación?

Precisamente, sentado en la poltrona de su despacho, Renato recapacita sobre la última orden que ha dado a su sustituto antes de abandonar sus funciones ejecutivas. Cierra los ojos y repasa los hechos más relevantes de su vida.

Durante su adolescencia tuvo dos influencias decisivas: Primero la de su tío Luca que le aconsejó ser un jugador de ventaja en el futuro:

—Tienes que guardar tres sencillos pasos: Primero observa, después analiza y, por último, decide. Y, si no puedes aprovecharte por las buenas, presiona.

Por otra parte, la influencia de los religiosos del colegio al que le llevó su madre donde le moldearon una moral estricta.

¿Eran contradictorios ambos consejos?

Siguiendo las enseñanzas de su tío analizó la situación. Si los curas le esculpieron la conciencia también le dieron la posibilidad del perdón. Así que dentro, de las posibilidades de su adolescencia, tomaba siempre las decisiones que le interesaban sin parar en víctimas, siempre buscando su propio beneficio. Acto seguido lavaba sus culpas en el confesionario.

Cuando salió del colegio también observó, y después analizó que la carrera más proclive a su interés era la de Económicas. Y a ello se puso con buen aprovechamiento. Al terminar se colocó en la Empresa del señor Adorno, su primer jefe. Buscó la forma de que este fuera el primero y el último. Buscó sus debilidades, siguiendo los pasos que le había aconsejado su tío. Notó su proclividad manifiesta por las mujeres. A esas alturas Renato ya estaba casado. Aprovechó la buena planta de su esposa para convencer a Adorno de su ascenso en el escalafón. Un día le invitó a cenar en un restaurante con las cónyuges de ambos. Renato aconsejó a su esposa un escote discreto y que no se resistiera a la inclinación depredadora de su superior. Durante la cena, ella tuvo que soportar la mirada de cazador de aquel hombre odioso, que no se detenía ni delante de su propia esposa. Renato nunca preguntó a su compañera en qué terminaron los devaneos de su jefe. Él ya había conseguido su preciado ascenso y su cambio de estatus.

Con esas y otras artimañas por fin alcanzó su objetivo que era montar su propia Empresa: la Financiera Plugliese. En ese momento ya tenía el campo libre para engañar, estafar y, en definitiva, tomar ventaja sobre los demás. Aún conservaba la moral estricta que le grabaron con fuego y ya no era tan ingenuo para creer que con un sencillo acto de contrición le serían perdonados sus pecados, Pero sustituyó el confesionario por el Código Civil. Blindó todas sus inversiones con contratos totalmente legales para acallar su conciencia. Muchos de sus clientes se arruinaron con sus inversiones interesadas, pero pensó que ellos deberían saber que la renta variable era arriesgada.

Su tío Luca ya era para entonces un jefe local de la mafia siciliana. Y vio en su sobrino la oportunidad de seguir con su filosofía del beneficio a cualquier precio.

—Sobrino, estoy muy orgulloso de que siguiendo mis enseñanzas hayas mejorado tu vida. Ahora tienes la oportunidad de devolverme el favor.

Le pidió que aprovechando sus contactos internacionales le lavara el dinero sucio que obtenía en sus negocios. Renato no tuvo más remedio que acceder a lo que su tío le solicitaba. Buscó subterfugios con sus abogados para atenuar el aviso de su conciencia y estos le brindaron un camino legal para efectuarlo.

Con esa dualidad de engaño-perdón fue trampeándose a sí mismo hasta que ya cerca de su jubilación y desprovisto de la vorágine del trabajo le llamó la conciencia con aldabonazos de arrepentimiento. Buscó su absolución en cuántos había hecho daño. Empezó con su esposa a la que colmó de regalos y de viajes.

Siguió en busca de ese perdón que necesitaba para vivir sus últimos años y morir en paz. Y tomó la decisión más difícil: dejar el lavado de dinero que le ofrecían desde los círculos de su tío Luca.

Precisamente ayer le había invitado a comer en un restaurante para comunicárselo. Él había venido con su primo, Rocco.

—Habla con mi hijo. Él es el nuevo jefe de la Organización. Yo ya estoy para espaguetis y buen Lambrusco.

Renato le expuso a su primo sus intenciones de dejar el blanqueo. Ese sería el acto de contrición definitivo para estar en paz con esa moral religiosa que nunca le abandonó.

Tras este recuento de su vida, ahora en su despacho, abre por fin los ojos. Su primo está frente a él. 

—Hola Rocco —le dice—. Me he quedado traspuesto y no te he oído entrar. Estaba pensando en lo a gusto que se queda uno con la conciencia tranquila. ¿Qué deseas?

Rocco le observa, luego le analiza y, por último, toma la decisión. Abre su chaqueta y extrae la pistola de su funda.

 


 

VOLVER AL PASADO                                                  JUANA DOMÍNGUEZ

 

Hoy mi pelo brilla con las numerosas canas que lo puebla. Hace cincuenta años era castaño claro. Dos coletas lo recogían a ambos lados de la cara. No creáis que me arrepiento de lo que he vivido, ni desearía volver a una niñez o a la juventud que disfruté.

 

Mi vida ha vuelto a comenzar, el azar y las casualidades no creo que existan, porque yo no he salido indemne.

 

Me llamo Sara, tengo tres hijos. Me quedé viuda hace tres años. Fui feliz en mi matrimonio, sobre todo independiente. Pude decidir cómo emplear mi tiempo, con quién podía relacionarme y con quién no quería estar. Raúl vivía su vida, a su manera. Éramos diferentes y nos complementamos. Juntos podíamos compartir la cotidianidad de la vida, aunque termináramos discutiendo por cosas sin importancia. A su muerte pude seguir con mi vida. Le echaba de menos en algunas cosas, pero termine por adaptarme.

 

Mis hijos tienen su propia vida, no me necesitan económicamente. Les enseñe a valerse por ellos mismos, y no les va mal, aunque en ciertas fechas les inyectaba un poco de dinero para gastos imprevistos o para lo que quieran gastarlo. No tiene obligación de darme explicaciones, ni yo se las pido.

 

Hoy, he vuelto a nacer. Un viaje programado me llevaba a explorar una zona cercana. Ocho días diferentes para recorrer ciudades y civilizaciones antiguas, a las que me fui aficionando durante mi matrimonio. Fenicios, romanos, árabes, hasta íberos poblaron la zona que iba a visitar, en otras épocas. El recorrido prometía mucha historia, y muchos monumentos, aparte de una gastronomía rica y única.

 

No llegué. El transporte se interrumpió. Un golpe me empujó hacia delante, un ruido atronador aún retumba en mi cabeza. Después, unos segundos eternos de silencio. Luego gritos de dolor, llantos y lamentos sonaron a mi alrededor. Gentes que pasaban junto a mí, sin verme, corriendo despavoridos. No podía alzar la voz para llamarlos. No podía moverme, solo mirar cómo corrían.

 

Hoy soy otra persona. El paso del tiempo no me ha marcado. Solo un desastre ha conseguido que renuncie a ser diferente, a ser autosuficiente, a ser inconformista.

 

En lo que me quede de vida voy a necesitar ayuda, la de mis hijos, o la de quien ellos quieran asignarme. El incomprensible accidente deI Iryo de octubre de 2026 me dejó inválida.

 

 


 

MIS RECUERDOS                                                                   ARACELI DEL PICO

 

Me apoyo en el bastón de mis recuerdos.

Veo transcurrir mi vida como un río

de cristalinas aguas, que bajan en un torrente

enloquecido, buscando desde niña,

sueños locos, que a veces se cumplieron,

 

No siempre alcancé mis objetivos,

Y qué más da, lo bueno es perseguirlos.

Luchar por ellos es la sal de la vida.

Encontrarlos, a veces, te frena los deseos.

Y no es bueno. Mejor seguir soñando.

 

Niñez de venturas entre pobres.

Me dio seguridad, pobres riquezas.

Y en mi juventud obtuve triunfos

que jamás soñé siendo pequeña.

Crecí así segura de mí misma.

 

Insolencia de juventud

Más bien lo llamaría.

Pues esa seguridad se sustentaba

en lo fácil que a veces resultaba

conseguir aquello que quería.

 

No sé en qué justicia me apoyaba,

Para repartir con equidad cuanto podía.

Solo sé que deseaba dar al pobre

aquello que aliviara un mejor día.

Creía que sí lo conseguía.

 

Pues no. A veces se disfraza de pobre

aquel, que menos necesita.

Y de este modo, tiende su pedigüeña mano

para menguar el premio

del que de verdad sí lo precisa.

 

La vida, como a todos,

me ha pasado por delante.

Y ha puesto mi piel como el craquel.

También voy algo lenta.

Pero en mi mente se fija la experiencia.

 

Daría marcha atrás en muchas cosas.

Y de que serviría hacerlo ahora

si ya no tiene arreglo.

Solo pido ser justa y consecuente

no errar de ahora en adelante.

 

Sé que privé de afectos

a quien más merecía. Y regalé los míos

con largueza. Ahí soy generosa.

Dar marcha atrás sería una locura.

Enmendar quizá, un signo de sapiencia.

 

De nada me arrepiento.

Líneas trazadas han marcado mi vida.

Y ahora en esa cuesta que resta

peldaños cuando subo.

En la bajada aumenta su caída.