07/08/2026

SOLO ME HE OLVIDADO DE TI 2

 

ME HE OLVIDADO DE TI                                             MARÍA ISABEL RUANO

Pero no de tu aroma y de tu sonrisa.

Te busco en el duermevela y sé que tú me visitas.

Intento tocarte, besarte, tenerte

pero te evaporas con ligereza ante mi fatiga.

Sonríes y me consuelas.

Cierro los ojos, me acunas y duermo ligero,

liberado de la tristeza y de la prisa.

Me sobresalto y me desvelo,

no recuerdo tus ojos ni tus pies

solo el deslizar liviano de la dicha.

No recuerdo tu pelo ni tu talle

pero sí el suave tacto de las caricias.

Dicen que me tranquilizo y sonrío,

que pierdo la mirada en el vacío

en donde apenas los recuerdos habitan.

Pero sé que tú me miras, que me esperas,

cerca, muy cerca, sin agobios, sin premura,

con calma y sin prisa

Siento tu aroma y tu sonrisa.


 

      QUÉ MAS QUISIERA YO                                        ARACELI DEL PICO

 

      Los cipreses del jardín se balancean al son del viento que acaricia sus ramas. Y bajo ellos, en la residencia donde vivo, y a la que tanto me resistí a venir en un principio, estoy sentado y en mi mente se agolpan mil recuerdos. Cada día se parece al anterior. La madurez y luego la vejez no ofrecen grandes novedades. ¿Mejor? Yo qué sé. No tengo mayor interés en averiguarlo. Podría defraudarme si me propongo un reto y no lo consigo. Eso, valentía no es. Pero he tenido una vida rica en experiencias y mis recuerdos son acumulativos. Me basta.

 

      Dicen que tengo una buena memoria. Necio sería yo si avalara tal afirmación. Si sé que puedo responder con cierta exactitud a las preguntas que me hacen, si están dentro de mi conocimiento… Y tú solías preguntar mil cosas diferentes, mientras yo reposaba en tu regazo, después de aquel baño en la charca y bajo la frondosidad del pino que llamaban “macareno” y eso, sí que no sé por qué.

 

        Macareno, fue el discreto testigo, de nuestros primeros besos, de las caricias robadas, aquellas que yo con temor y deseo buscaba bajo tu falda húmeda y a las que correspondías ruborosa cuando tus muslos temblaban de placer.

 

        Podría perder mil veces la memoria, pero siempre tendré marcado a fuego, ese brote a la vida, donde la naturaleza se despierta y no hay freno para ese sentimiento. Y en mis recuerdos, aparecen los muchos porqués que me planteabas.

 

       Y al cabo del tiempo, yo, si tengo un porqué pendiente y me sigo preguntando, como pudo evaporarse algo tan especial, tan nuestro.

 

      Aquella tarde, te soltaste de mi abrazo, para sortear las resbaladizas piedras del camino. Caíste y tu tobillo, que yo alcanzaba con mis besos, después de haber pasado por cada uno de tus dedos, perdió su forma, para crecer como un globo. En brazos, te llevé hasta tu casa, bebiendo la sal de tus lágrimas que resbalaba por tus mejillas.

 

      Allí, tu madre te procuró los primeros cuidados, mientras llamaba al médico. Entre tanto y con una cercanía que antes no había sentido, inquiría sobre tu caída. Se lo conté tal cual sucedió. Medroso me quedé en una esquina del salón, esperando el resultado. Alguien me ofreció un refresco, que rechacé a pesar de estar muerto de sed y de ansiedad.

 

-          Mañana pasaré a verla, con su permiso. Dije cuando me iba.

-          No es necesario. Si ella se puede levantar, a pesar de la muleta que tendrá que llevar un tiempo, te llamará. Y muchas gracias, has sido muy amable.

 

     La calidez inicial de la voz, se había tornado en un tono metálico y seco. No exento de educación. Me marché arrugado y deseando que la noche desapareciera tan rápida como sus estrellas fugaces. Ella llamaría al día siguiente.

 

      Y llamó. Con voz entrecortada me explicó que el esguince llevaría un tiempo en curar y que mientras tanto, no podíamos vernos.

 

-          ¿Cuánto? Pregunté con la ansiedad propia, de a quien le falta la vida.

-          No lo sé. Y por favor, tú no llames. No empeores las cosas. Y colgó.

 

      Dejé de sentir. Los primeros días iba como un ente extraño deambulando de un lado a otro. Sin rumbo. Y pasado un tiempo me estrellé con la inevitable realidad. Entendí que la espera no tenía sentido. Me había olvidado. Y cuando me estaba sacando la espina, sonó el teléfono.

 

-          Hola… No sé por qué te llamo, puede que mi llamada te desconcierte. Necesito que sepas, que aún te quiero. Nunca voy a olvidarte. Desde luego que no voy a poder. Y es fácil que alguna vez lo comprendas. Yo haré que lo comprendas. Que guardo en cada rincón de mis sentidos, los…

 

     Esperaba que terminara su frase, para responder que yo me estaba muriendo y que su voz me había devuelto a la vida, cuando de repente la llamada se interrumpió. No fue ella quien colgó, claro que no.

 

     La familia y ella, un mes después, se marcharon de nuestra pequeña ciudad. Nunca se les volvió a ver. Después de dos años, la cicatriz no cerraba. Y entendí que solo yo, podía restañar la herida. Mi naturaleza y mi voluntad ayudaron. Las cosas suceden, a veces sin saber cómo. Y el destino me ofreció la mejor de las carreras. Piloté todo tipo de aviones y he recorrido el mundo varias veces.

 

     Nunca me casé. Dos veces estuve cerca, muy cerca. Pero antes de dar el paso definitivo, la imagen de ella me turbaba y sabía que ese no era el camino. Mi vida ha sido rica en experiencias, amigos, relaciones sociales y jamás eché en falta una familia propia. Tampoco los hijos.

 

     Soy mayor. Y no entiendo por qué este pasaje de mi vida, lo revivo hoy tan claro. Cuando, a decir verdad, no recuerdo siquiera los rasgos de su cara. Se que era linda. ¿Un ángel rubio?  Rubio?, no sé.

 

    La vida en la residencia es apacible. No vuelo; solo con la imaginación. Y en el tiempo que viví en Japón, practiqué la papiroflexia. Que ahora me entretiene, fabricando aviones de papel. También escribo. Obritas de teatro sin trascendencia alguna, que a veces representan en el cumpleaños de algún compañero, los voluntarios jóvenes y no tan jóvenes, que vienen a actuar. Y a regalarnos su tiempo. Que magnífico regalo.

 

-          Andrés, tiene visita. Viene su más fiel admiradora.

 

      Me levanto como un rayo. El abrazo de Andrea siempre revoluciona mi entorno. Es una de las voluntarias que se ocupa de corregir mis escritos y pasarlos a limpio. Viene con su nieto. Y un compañero, me dice.

 

-          Coño Andrés, que nieto tan guapo tienes, es clavadito a ti.  Y le respondo.

-          Qué más quisiera yo.

 

     Mientras su madre, con un brillo especial en los ojos, sonríe con ternura. Y me pregunta.

 

-          Andrés tienes preparada la obra de esta semana? ¿Sí?...  ¿Y el título? Vaya, pues sí que estás enigmático.


 

NEGRO RECALCITRANTE                                                                    JUANA DOMÍNGUEZ

 

Negro, negro de muerte.

Suelo y árboles de negrura siniestra

Olivos desgarrados por el tronco, sin vida.

Olivos que crecieron despacio durante siglos.

Troncos redondos pintados de blanca ceniza.

De ellos no quisiera olvidarme.

Generaciones antiguas los plantaron,

airosos, altaneros, llenos de oro.

¿Qué os contaré mañana, cuando todo se olvide?

 

Negro, negro de muerte.

¿Por qué, quién los sentenció?

De donde sacaron la sinrazón para atreverse.

Gente sencilla, que no quiere negrura en su vida,

luchó con cansancio infinito, contra el monstruo,

indomable y cruel, sin poder atajarlo.

Bestia, que dejó tras su paso infausto,

Impotencia, desánimo, y llanto.

¿Qué os contaré mañana, cuando todo se olvide?


 

ESTANTE POR ESTANTE                                  SANTIAGO J. MARTÍN

Siempre me decías que buscara bien en todos los rincones de mi memoria. Que era justo allí donde se escondían las judías, el azúcar, el café descafeinado y las peras de agua.

Yo insistía en que lo mejor era llevar una lista y de esa manera sería imposible olvidarse de nada.

Tú repetías que era necesario hacer gimnasia mental. Aquello de llevarlo todo en la cabeza era mucho mejor que hacer sudokus. La cabeza tiene que estar activa todos los días de nuestra vida. Ha de tener misiones que cumplir, aunque pudieran parecer demasiado superficiales e intrascendentes.

Ayer fui por primera vez al súper sin que tú me encargaras nada. Ya no podías. Comprar para uno solo es bastante más sencillo. Volver a casa es lo complicado.

No se me ha olvidado nada. He llegado con una bolsa llena de paquetes de galletas, barras de pan, pastillas de jabón, botellas de vino. Nada, absolutamente nada de eso, necesito.

Realmente no fui allí para comprar. Me acerqué, como otras mañanas, pero con otra misión.

Ahora leo que la policía busca a alguien que olvidó un recipiente con cenizas en la taquilla de un supermercado.

¿Por qué dan por hecho que aquello fue un descuido? ¿Es que no conocen nada sobre los rincones de la memoria?

 

 

9 comentarios:

  1. María Isabel, tu poema se basa en el rebatimiento de la afirmación inicial que le sirve de premisa. Esa repetición "pero" matiza ese olvido del amante con versos bellos que nos llevan a la confirmación de su presencia en la mente de la poeta. Hermoso poema.

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  2. Araceli nos cuentas la historia de un amor de juventud malogrado por unos padres intransigentes, y cómo el destino vuelve a unir a los amantes en un final entrañable.

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  3. Juana nos dejas un poema desgarrador sobre un accidente reciente y cómo ha influido en el ánimo de la poeta. Esa inmediatez no es sinónimo de improvisación ya que las estrofas tienen suficientes recursos literarios como para considerar excelentes los versos.

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  4. Santiago el protagonista de tu relato busca estante por estante en el super los productos que necesita. Al final se deja su memoria en la taquilla del establecimiento. Un relato sobre el amor de una pareja más allá de la muerte. Genial.

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  5. Solo me he olvidado de ti. María Isabel
    Las acciones y los buenos momentos vividos, quedan grabados en nuestra consciencia y aunque parezca que nos hemos olvidado de la persona que nos lo produjo, en ciertos momentos, podemos reconfortarnos sintiendo ese poso de felicidad. Bello poema, María Isabel.

    Qué más quisiera yo. Araceli
    Un relato contado desde una residencia, donde el interno parece que es feliz, gracias a sus recuerdos. El amor de juventud que quedó truncado, de alguna manera, retoña con la visita de Andrea y su nieto, pues en el fondo parece que son familia suya. Me ha gustado mucho.

    Negro recalcitrante. Juana
    Juana, Cuando al color negro se le añade el calificativo de recalcitrante, ya nos podemos hacer la idea de que es una mancha oscura difícil de eliminar. Tu relato, en general, trasmite un estado de desolación producida por la acción del fuego, que estoy seguro que verlo en vivo debió ser muy impactante, imposible de definir. Tu relato me ha conmovido y me uno a tu desconsuelo.

    Estante por estante. Santiago
    Cuando la mujer de la casa es la que se ocupa de los productos que hay que comprar en el super y se los dicta al marido, el día que falta es un motivo más para echarla de menos y añorar su ausencia. Este buen hombre se llevó las cenizas al supermercado para poder superar el trago de hacer la compra él solo. Y es que el verdadero amor siempre perdura. Gran relato, Santiago.

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  6. Maria Isabel, la añoranza de alguien importante, que apenas recuerdas, pero si todas las sensaciones que te transmitió, te han inspirado un poema muy hermoso. Un lujo leerlo.

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  7. Juana, Que pena que la inspiración haya venido por la parte negra de la vida, que el humo haya sido el móvil de unos
    versos tristes pero oportunos y llenos de nostalgia. Muy buenos.

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  8. Santiago, sacar el máximo provecho de la publicación de una noticia reciente es un plus de tu imaginación. Deberías haber citado "basado en un hecho real" . Y es cierto, porque dan por seguro que es un olvido involuntario? He aquí el misterio de tu relato. Tan bueno!!!.

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  9. Santiago, segunda parte del comentario. Últimos párrafos... Realmente no fui allí para comprar. Me acerqué, como otras mañanas, pero con otra misión.

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