PIOZ ANTONIO
LLOP
Mi universo es pequeño a la vez que infinito. El perímetro
por el que puedo moverme es apenas de 200 metros: Un castillo de planta
cuadrada rodeado por una barbacana defensiva colmada por almenas con tres
torreones esquineros. Tras lo que he dicho, os haréis al menos dos preguntas:
por qué no puedo salir del castillo y por qué el espacio del que gozo es a la
vez limitado e infinito. A la segunda respondo: porque por arriba mi universo
limita con el Universo, es decir, mi castillo no está techado. Y a la primera,
no puedo salir de él porque soy su fantasma oficial. Y los espectros estamos
confinados en el espacio donde nos destinan tras nuestra muerte.
Y no es que yo haya muerto aquí, pero cuando la muerte nos
deriva a la fantasmagoría nos dejan elegir el sitio por donde debemos vagar
eternamente. Y yo no quería dar un susto a mi familia apareciéndome a ellos en
la casa palacio donde dejé mi vida. Me acordé de cuando mi padre, Íñigo López
de Mendoza, me legó “el común de la villa y tierra de Guadalajara”. Entonces
ordené hacer un castillo en una localidad llamada Pioz. Y elegí quedarme en
esta fortaleza a mi muerte, aunque nunca lo hiciera en vida.
Existo en esta naturaleza espectral desde hace más de cinco
siglos. He manifestado mi presencia a los diversos nobles pobladores de esta
mansión piocera con diferentes resultados de impacto. Tras la Desamortización
del siglo XIX pasé a manos privadas y desde entonces la dejadez de los dueños
de mi morada produjo el deterioro que la ha llevado al estado semirruinoso en
el que se encuentra en la actualidad. Soy pues un fantasma sin techo, un
espíritu mendigo que no puede atravesar paredes porque en mi espacio no las
hay. Me avergüenza ver el estado lamentable en el que me encuentro. Yo que pertenecí
a la más alta Aristocracia española. Porque yo, Pedro González de Mendoza, fui
llamado en tiempo de los Reyes Católicos El Gran Cardenal de España. Tal era mi
abolengo.
En estos últimos años, ha habido varios alcaldes en Pioz que
han querido rehabilitar mi vivienda, pero es muy costoso. Uno de ellos,
incluso, llegó a encender mi castillo con un sistema de iluminación que rodeaba
el perímetro exterior. Fue una visión hermosa de glorias pasadas, aunque
anteriormente se alumbrara con fuego. Y mejor les hubiera ido ese sistema
porque la visión fue tan efímera que solo duró la noche de la inauguración. Al
día siguiente unos ladrones robaron los cables para vender el cobre que
contenían. ¡Qué falta de respeto!
Y ni siquiera pude asustarles. Yo no podía salir del
perímetro de mi reclusión y ellos estaban tan enfrascados en su fechoría que ni
siquiera escucharon los ruidos de ultratumba que proyecté desde las almenas. Me
debieron de salir tan patéticos que ni se enteraron.
Aparte de describiros mi universo quiero que sepáis la razón
de mi condición de duende. No todos aquel que muere pasa automáticamente al
mundo de la fantasmagoría. Solo lo hacemos los que recibimos una maldición.
Pero yo no hice nada para merecer tan nefasto baldón, sino que lo heredé. Me explico:
Como sabéis, mi padre, el marqués de Santillana, fue un
rijoso de cuidado y dejó sus aventuras plasmadas en las Serranillas. Pues en
una de ellas que se titula “Menga de Manzanares”, la mujer protagonista tenía
poderes brujeriles y decidió vengarse de mi padre. Y como ese poema es el
número cinco de la serie, se la ocurrió maldecir a su quinto hijo, lugar que me
correspondió para mi desgracia. La venganza de la serrana no fue porque la
publicitara en sus inmortales escritos sino porque mintió en el resultado de su
galanteo. Resulta que mi padre no consiguió convencerla; ella se negó en
redondo a sus pretensiones. Pero él, que era un fantasma (en la otra acepción
del término), quiso resaltar su triunfo en ocho serranas (no le bastó con siete
sobre diez). Así que estoy pagando los excesos sexuales y verbales de mi
progenitor. Yo que, aunque me atribuyeron tres hijos, llamados por mi querida
reina Isabel: “los lindos pecados del Cardenal”, dediqué toda mi vida a Dios y
a la Iglesia.
Si venís por Pioz ya no podréis entrar a mi humilde morada
porque al cruzar el foso por el puente levadizo os encontraréis tapiada la
entrada. Lo han hecho por la manía que tiene la gente de llevarse recuerditos
de los sitios por los que pasan. Y no dejarían ni las piedras de sillería. Pero
el cronista de aluvión que os habla vio hace algunos años incluso hornacinas, y
una exposición de pintura en su interior externo.
De todas formas, os agradecería que al menos os acercarais a
mis murallas. Os juro que no os asustaré. Estoy viejo y afónico por mi larga y
difunta vida a la intemperie. Además, no es verdad que los fantasmas seamos
espíritus solitarios. A mí, al menos, me gustaría escuchar hablar a la gente a
mi alrededor. La indiferencia es la peor muerte que existe.
MI UNIVERSO QR JUAN SANTOS
Acabo de regresar de Tokio con el código QR de mi universo
particular, grabado en mi pecho. Ahí llevo toda mi existencia. A partir de
ahora, todas mis vivencias se irán incrementando, gracias al chip que me han
incorporado en el cerebro. Es increíble, pero cierto.
Estos japoneses son la hostia. Entre el viaje, la
exploración y el implante, me he gastado un dineral, pero me hallo contento.
Han cogido mi cerebro, neurona por neurona, y han copiado toda mi vida y mis
percepciones, en una nube virtual, desde que nací, incluso los recuerdos
olvidados de mis padres y de mi pueblo. En él aparece todo lo leído y todo lo
escrito, mis triunfos y mis frustraciones, así como mi forma particular de
interpretar el mundo. Ahí lo tengo todo almacenado para cuando yo lo quiera
revisar o dárselo a quien me parezca. La mayor parte de los QR-ados, lo hacen
para solventar los problemas de memoria, como la demencia y el Alzheimer. Yo lo
he hecho por pura curiosidad, pero tengo pesado, ponerlo en mi tumba, para todo
el que quiera saber de mi vida, solo tenga que arrimar el móvil y leerlo. Hasta
entonces, disfrutaré yo de él. La verdad es que es una gozada tener siempre a
tu disposición semejante clarividencia de uno mismo.
A pesar de la euforia que me invade, estoy muy preocupado,
porque esta mañana dos personas encapuchadas, me han agredido y, de mala
manera, me han saltado todos los botones de la camisa para dejar al descubierto
mi código QR. Con un móvil normal y corriente me lo han escaneado y han salido
corriendo. No me han quitado el dinero, ni el teléfono, ni el reloj, pero se
han llevado toda la información de mi vida. No sé el uso que le darán. Los
japoneses tenían que haberme dado un seguro de robo, para bloquear la
información, pero ni yo lo pedí, ni ellos me lo dieron.
MI UNIVERSO MANUEL GIL


Universos inmensos, con Fantasmas vigilantes, en castillos con historia real y bien contada.
ResponderEliminarUniverso de sensaciones y recuerdos en marcados con infinidad de imágenes, pura poesía.
El Universo de la memoria que nos faltará y que hay que guardar con siete llaves, para. Que no nos la arrebate unos indeseables.
El Universo de un soneto lleno de metáforas e imágenes.
Gracias por vuestro trabajo Antonio, Isabel, Juan y Manuel. Un gozo leeros y disfrutar de unas historias reales e imaginativas
Gracias, Juana
EliminarAntonio. Un relato lleno de historia bien contada, donde Pioz y su presunto fantasma, son los protagonistas. Muy logrado.
ResponderEliminarMaría Isabel. Pone su universo de pasadas vivencias, con los recuerdos muy detallados y en forma de poema , con el mar de fondo y sabor a sal. Gracias.
ResponderEliminarJuan. Tu relato en primera persona, no puede ser más imaginativo. Y ya te digo yo que con el tiempo y no lejano, es fácil que sea una realidad patente. Divertido, original y muy de tu estilo.
ResponderEliminarGracias, Ara
EliminarManuel. Un soneto mas a admirar y a releer... el océano de dudas de tu ego, es una pulcra metáfora, que ya les hubiera gustado a los clásicos.
ResponderEliminarPioz. Antonio
ResponderEliminarEn esta ocasión, Antonio se ha metido en el espíritu de don Pedro González de Mendoza, el llamado El Gran Cardenal de España. Este relato debería ser el guion de cualquier guía del Castillo de Pioz, porque más que un relato es una leyenda digna de ser conocida por los visitantes. Es un fantasma sin techo, pero tan digno como los del Palacio de Linares, con un universo particular que Antonio ha relatado con gran maestría.
Mi universo. María Isabel
María Isabel, con el cuadro en el que has enmarcado la poesía de tu universo está en perfecta armonía con el contenido. Y estoy seguro de que es uno de los poemas más sinceros que has escrito, porque leyéndolo la imagen de tu persona y de tu carácter está presente en todo momento.
Mi universo. Manuel
Este soneto inspirado en el Universo sideral, donde el autor forma parte de su física y de su química, se queda pequeño cuando es comparado con el amor de la persona amada. El final me ha encantado.
María Isabel, en tu poema has volcado tu corazón. Es uno de los más sentidos que te conozco. Incluso acompaña esa apreciación el que lo hayas escrito de tu puño y letra.
ResponderEliminarJuan, un relato muy imaginativo, a la vez que realista, que pone en evidencia el valor que tienen los datos personales en la actualidad. Yo espero que la tendencia del futuro sea la de poner por delante otros valores menos interesados. Como los que presiden nuestro modesto grupo. Me ha encantado.
Manuel, en tu soneto (perfecto en su forma, como siempre) destacas un universo sombrío que al final salva el amor. Buenísimo.
Muchas gracias compañeros por vuestros comentarios. Muchas gracias Santiago por hacer el esfuerzo de publicarlo tal y como lo mandé a través de una foto del móvil.
ResponderEliminarTenéis razón en vuestras apreciaciones, la poesía siempre la escribo a mano, al pasarla al ordenador meto la tijera emocional.
Antonio, conozco ese castillo y en tu relato cobra un singular protagonismo haciéndole aún más atractivo. El personaje, a pesar de su etérea condición, me resulta entrañable. Se mueve por esos mundos singulares que nos conectan con la imaginación añadiendo los datos históricos que ilustran el relato y aporta no sólo la justificación de su existencia sino que nos lanza un mensaje reivindicativo tanto a nivel social como personal.
ResponderEliminarJuan, con su universo QR, me ha dejado impresionada. Me parece un argumento muy original que bien podía ser el germen de una novela en la que podría alternar el pasado con el futuro, sus vivencias personales con las imaginadas...Anímate Juan.
ResponderEliminarY admiración profunda es lo que me produce el soneto de Manuel. Es increíble como puede medir los versos y expresar con su estructura un contenido tan amplio y existencial.
ResponderEliminarAntonio has hecho un buen relato con ese fantasma que habla de su universo y de paso nos has glosado el pasado histórico de Pioz del que yo no tenía ni la menor idea. El cóctel, Universo, historia y pueblo te ha quedado en su punto.
ResponderEliminarMaria Isabel. Un poema que enumera una serie de cosas que en conjunto forman un universo, el tuyo propio, y que alimentan tus recuerdos, tus nostalgias y tus sensaciones. Y con la plasticidad de la presentación lo completas. Bello e inspirado.👏🏻
Juan. Un cuento de ciencia ficción narrado en una primera persona tan convincente que parece que ha ocurrido y ¡quien sabe! Imaginativo y práctico. todo un universo a mano. Me ha gustado.