MI
COMPAÑERA ES SAGRADA JUAN
SANTOS
El libro había salido a la venta en la navidad de 2040. A
pesar de la gran promoción que se hizo en todos los medios, al principio la
gente lo consideraba un libro de autoayuda más, sin imaginar la repercusión que
iba a tener en España y en el mundo entero. Tanto la Iglesia como el Estado
enseguida vieron las bondades del libro, tomando como norma un nuevo ritual a
la hora de celebrar los casamientos. Así, una vez puestos los anillos, el cura
o la autoridad competente, entregaba al novio un ejemplar de “Mi compañera es
sagrada”. Por la misma razón muchas parejas que se juntaban sin ningún
formalismo, podían recogerlo en las sacristías y en los ayuntamientos. Y por
supuesto, también los facilitaban a todos los hombres, de cualquier edad, que
tuvieran un poso de machismo o tendencia al maltrato.
En la feria del libro del año siguiente, todo el mundo
quería conocer y felicitar al autor o la autora de semejante proeza. No en vano
en los cinco meses transcurridos desde su aparición no se había producido en
España ningún feminicidio. Nadie llamaba al teléfono 016, el régimen de
alejamiento dejó de utilizarse y las comisarías se vieron aliviadas por la
falta de denuncias.
Tras de la caseta, una pareja de ancianos caracterizados
de don Quijote y Dulcinea, mostraban su humildad, manifestando que ellos solo
habían escrito sus experiencias. Les había ido muy bien en la vida y su única
pretensión era que las parejas fueran felices. Los derechos los habían cedido a
varias ONG. Ellos con su pensión tenían lo justo para vivir dignamente.
Ser escritor de relatos de ciencia ficción nos lleva, a
veces, a ser quijotes y luchar contra los molinos, adelantando futuras
soluciones a problemas que hoy por hoy son una lacra para nuestra sociedad.
Ahora lo que me preocupa es que estamos en el año 2026 y que faltan todavía
catorce para la publicación de este milagro. Imagino que los autores andarán
por los sesenta y tantos y tendrán ya la suficiente experiencia.
Lo tengo decidido, a partir de este momento no pararé
hasta encontrarlos. No podemos esperar tanto tiempo. Tengo que rogarles que
publiquen el libro lo antes posible. Son muchas las vidas que hay en juego.
EL LIBRO QUE BUSCABA MANUEL
GIL
Lo busqué entre la niebla de
los anaqueles,
Intemporal, sin título, sin
lomo, sin memoria.
Un volumen que guardaría la cartografía
oculta
de las sendas donde los hombres
escriben su historia.
Escudriñé entre el polvo de las
bibliotecas,
desperté alfabetos a la mortecina luz de un flexo,
y descubrí que cada página se
cerraba
en el instante mismo de revelar
su secreto.
En una hoja, el brillo de los
veranos azules
la risa, un ramillete de silvestres campanillas.
Y el mundo, un árbol cargado de gorriones
que cantaban con el corazón en
celo.
Me adelanté y hallé jardines donde florecía la paz,
semblantes bañados de luz de
amanecida,
manos tendidas como puentes
sobre el tiempo,
y una dicha sencilla, que olía
y sabía a pan.
Pero otras páginas estaban hechas de ceniza.
Allí
habitaban los trenes que partieron vacíos,
las palabras que se helaron
como un lago en invierno,
las promesas naufragadas en
mares sin nombre,
los espejos donde el sueño
olvidó su reflejo.
Leí
derrotas con olor a lluvia ácida,
puertas cerradas por dentro,
amigos perdidos en estaciones
abandonadas,
y noches que convertían
vergeles en desiertos.
Y yo seguí buscando el libro completo.
Pregunté a los libreros del cosmos,
a los relojes que languidecen
en muros eternos,
a las golondrinas que escriben
signos
sobre el pergamino cambiante
del cielo.
Nadie pudo mostrarme aquel
volumen.
Y sin embargo, algunas
madrugadas,
cuando mis pasos caminan hacia
dentro,
he creído oír el leve pasar de sus páginas,
como hojas movidas por un suave viento.
Entonces lo he comprendido .
El libro no estaba en ningún estante,
ni en los archivos del tiempo.
Era este largo manuscrito de
heridas y asombros,
esta mezcla de luz, vida,
sangre y anhelos.
Cada alegría es una página encendida.
Cada pérdida, una sombra escrita en el reverso.
Y al fin yo, que lo buscaba por
el mundo entero,
supe que el libro aún no
existe. Es mi vida.
Y todavía la estoy escribiendo.
Manuel, algunas personas que publican los acontecimientos más notorios de su vidas lo llaman memorias. Tu poema es mucho más que eso; porque, sin dar detalles, haces alusión a los sentimientos buenos y malos que han ido llenando las páginas de tu existencia. Los versos llenos de metáforas e imágenes conforman un resultado armonioso y bello. Todavía quedan por añadir muchas páginas a ese libro, que deseo sean lo más venturosas posible. Y aunque el libro terminado nunca se publique, quedará escrito en la misteriosa historia del cosmos.
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