11/06/2026

EL LIBRO QUE NO EXISTE 2

 

REFLEXIÓN SOBRE RAYMI                                                     ANTONIO LLOP

El final de las novelas suele ser complicado para el escritor. No es una página cualquiera. Muchas novelas han resultado fallidas porque los lectores se han visto decepcionados con el cierre de una historia. En 2017 publiqué mi primera novela, “Raymi”. Narraba la búsqueda de una madre a su hijo tras veinte años de separación desde cuando él era un bebé. Traté de conseguir la atención del lector con las peripecias de esa búsqueda. Y llegué al inevitable cierre del libro. Tenía que decidir entre dos opciones: la cerrada, con el encuentro de madre e hijo; o la abierta, sin que los protagonistas coincidieran. Opté por la primera que cerraba la historia de una forma amable. Y gustó. Lo que pasó es no me di cuenta de que esa opción también dejaba insatisfecho al lector, que quería saber qué sucedió después de ese ansiado encuentro. Es decir, que creyendo que había cerrado la novela con un buen broche, en realidad también había optado por otra versión abierta. A partir de ahí recibí un aluvión de críticas positivas (las negativas, como solo le vendí ejemplares a amigos, tuvieron la amabilidad de no manifestarlas). Sin embargo, todos los comentarios elogiosos tenían la misma salvedad: “… pero, resulta que cuando llega el encuentro esperado se acaba la novela”. O, lo que es lo mismo, todos me pedían saber qué pasaba después, una segunda parte de “Raymi”.

Desde entonces me obsesioné con esa continuación que me pedían. Consideré todas las opciones, incluso había redactado un encuentro entre la madre natural y la adoptiva que no estaba mal. Pero deseché el proyecto porque me pareció demasiado sensiblero. Abordé con un relato en 2023 una forma metaliteraria de contarla haciendo que Raymi, personaje, se me presentara, en un segundo plano de realidad ficticia, tras la salida de mi clase de los viernes. Con el recurso de que quería descubrir su impostura por no creerme que había emergido de mi novela le hice una pequeña encuesta sobre las características que recordaba de él, por ejemplo, su equipo de fútbol. Sin embargo, deseché seguirle preguntando porque si era un impostor se habría estudiado bien el personaje. Entonces se me ocurrió solicitarle que me contara qué había pasado desde el descubrimiento de su madre natural hasta el momento presente. Y cerré el relato con un sugestivo: “Segunda parte de Raymi contada por ¿él mismo?”.

Con eso creí que este pequeño relato podía ser un prolegómeno que me espoleara para escribir el libro esperado. Pero todos los caminos de continuación de la historia desembocaban en un pantano de pastel azucarado. Desde entonces, para inspirarme y aprender, he leído varias historias de libros con segundas y terceras partes. Y todas las trilogías se basan en relatos conocidos por los lectores porque sus precuelas habían tenido la suficiente difusión como para interesar secuelas. Característica de la que adolece la modesta mía. En fin, que solo puedo escoger determinados personajes, como la detective de mi última novela, “Código Cero”, de igual nombre y nacionalidad vecina de la María de “Raymi”, como algo que recuerde mi primera novela. No puedo hacer más por ese acercamiento, primero porque ya casi no recuerdo las peripecias del libro y no suelo releer mis obras por no entrar en la nostalgia, aparte de que seguro descubriría cantidad de errores ortográficos, redundancias, y planteamientos ingenuos. Y segundo porque caería en el error de darle al lector (aunque sea poco numeroso como es mi caso) lo que pide, cosa que el escritor solo debería hacer si está también convencido de esa deriva. Soy un escritor modesto, pero, en no escribir siguiendo pautas comerciales ni recurrir a métodos de IA, soy inflexible.

Resumiendo, que la SEGUNDA PARTE DE RAYMI, será un libro que no existirá, como tal. Solo aproximaciones metaliterarias como el relato de 2023, la incursión esporádica de personajes similares a los de mi primera novela en las posibles sucesivas, y esta pequeña reflexión. Además, todas las historias que nos han gustado siempre nos dejan ese regusto de querer saber más de ellas. Eso es precisamente lo que las distingue como sugestivas. Con lo cual solo puedo agradecer a mis lectores su interés; me doy cuenta de que pidiéndome una segunda parte de “Raymi” le están haciendo un gran favor a mi maltrecho ego.


 

EL LIBRO SIN ESCRIBIR                                                           MARÍA ISABEL RUANO

Contemplo a la gente por la calle, en el metro.

La mayoría enfrascados en su móvil, ojerosos y cansados.

En el autobús, susurrando conversaciones con alguien cercano.

Por el parque o mientras espero en la cola del supermercado.

Cuántas vidas ajenas, anónimas, desconocidas, extrañas y lejanas

que pasan como un suspiro alrededor de mí.

Cuántos versos atrapados por la prisa del momento,

por la nebulosa del sueño, por la inseguridad que, en ocasiones,

nos causa el escribir.

Cuántas experiencias se diluyen en el recuerdo perdiendo la nitidez

y el color de la mirada.

Cuantos seres queridos muertos cuya historia, a veces,

me cuesta trabajo recomponer o resumir.

Como el libro de mi nacimiento, regalo del bautizo,

con lomos dorados y frágiles dibujos, que quedó vacío

sin letras ni palabras, sin fotos ni menciones, sin escribir al fin.

Son tantos los relatos y poesías, los libros que se quedan sin escribir,

de mis compañeros de letras, de emigrantes y presos,

de ancianos en residencias, de prostíbulos y sacristías,

de viajes y desengaños, del luto y de la vida,

que formulo el propósito y plasmo la promesa de que,

el mío, no se quedará sin escribir.


 

¿SERÉ CAPAZ?                                                            ARACELI DEL PICO

 

  El tiempo que llevo intentando escribir un libro, me lleva a repasar apuntes con frecuencia. Abro la carpeta, selecciono con mimo las notas previas y voy lanzada al ordenador con la idea de plasmarlas en el papel. Me arrugo. No me gusta aquello que, en principio, me parecía brillante. Soy abogada y en mi nueva situación, me acabo de jubilar, tengo el propósito de relatar jugosas causas que he defendido y casi siempre ganado. Debo obviar nombres. No así las situaciones, que expuestas con claridad podrían resultar interesantes.

 

  Lo dejo de nuevo. Vuelvo a la carpeta, arrugada y manoseada de tanto repaso. Rebuscando he encontrado aquella reseña de un periódico del pasado, donde citan el crimen de una joven, que hasta el momento está sin resolver.

 

  Esta lectura me lleva a un tema, que había soslayado y por supuesto, mucho más propio que aquellos que ocupaban mi cabeza. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Un crimen bien dibujado, despierta la atención del lector más apático. Cuchilladas, sangre, desgarros en la piel y la firma del autor. Ésta encriptada, aquella que convierte un texto legible, en uno ilegible, para que sea prácticamente imposible descifrar su autoría.

 

  Me siento delante del ordenador, como por arte de magia, acabo de hilvanar una idea donde el color bermellón, alumbraría sus páginas.

 

  Suena el teléfono. Mi cuñado.

 

-          ¿Sabes algo de tu hermana?

-          Yo, no. ¿Por qué?

-          Anoche, tuvimos un rifirrafe fuerte, muy fuerte. Dio un portazo y se fue.

-          ¿Vosotros? Si sois la viva imagen de la felicidad. ¿Y por qué?

-          Se le ha metido en la cabeza, que tengo un lio con otra.

-          Pues sí que ha perdido el norte mi hermana. No le des importancia. Voy a tratar de hablar con ella y te cuento.

-          Se ha dejado todo en casa. El móvil, la documentación, el dinero. Absolutamente todo.

-          Confía en mí. Sabes la fe que me tiene. Más pronto que tarde, se pondrá en contacto conmigo. O probablemente contigo.

 

Seguimos la conversación y oigo en la distancia, que llaman a la puerta de su casa.

 

-          Espera un momento, llaman, voy a ver quién es. No cuelgues. Quizá sea ella.

 

  Presiento el jadeo de su pecho, mientras salva la distancia, del teléfono a la puerta. Vuelve y con voz quebrada, dice:

 

-          Debo colgar. Es la policía.

-          Pero…

 

  El clic al colgar el teléfono me paraliza. Con pasos muy lentos voy hasta el ordenador y lo cierro. Me cambio de ropa. Debo ir hasta su casa, próxima a mi bloque. Y de repente un presentimiento, pone alas en mis pies. Y justo llego, cuando la policía cierra la puerta, llevándose detenido a mi cuñado. 

 

  Tengo tiempo de preguntar y la respuesta es:

 

-          Es usted la hermana, de doña Paz Aldama.

-          Si, claro que lo soy.

-          Pues también debe venir con nosotros.

 

  No pregunto ni por qué. Reconocer el cadáver de mi hermana, me hace temblar mientras pierdo el conocimiento.

 


 

UN LIBRO SIN ESCRIBIR                                  JUANA DOMÍNGUEZ

 

Un reto imposible me propuso mi profesor de literatura ¡escribir un libro! Daba igual la temática de que tratara.

 

Después de mucho pensar e imaginar, me vinieron dos ideas a la cabeza: un libro sobre plantas medicinales a las que soy gran aficionada por una inclinación natural que nadie me ha inculcado, en mi niñez hablar de medicina natural era considerado brujería.

 

Otro tema que me apasionaba es el desierto africano, una novela de aventuras en él, describiéndole y observándole, seguro que sería gratificante para mí.

 

Estudié botánica en mi juventud y siempre me gustó el uso de las plantas en la medicina natural. Durante muchos años investigué, y hablé con gentes que sabían de botánica y plantas, había recopilado algunas páginas sobre remedios y bondades de la multitud de plantas útiles, que conocía, para el ser humano, y puesto en práctica algunas terapias que yo misma probaba, anotando los efectos beneficiosos o no de las más conocidas.

 

En una de mis visitas a la feria del libro viejo en Recoletos encontré un libro recopilatorio de las plantas ibéricas de Pedanio Dioscórides Anazarbeo. El libro ya estaba escrito, y además me iba a servir en mis futuros experimentos medicinales.

 

El proyecto de elaborar un Manual sencillo donde toda la humanidad tuviera la oportunidad de conocer las plantas beneficiosas para la salud, estaba descartado.

 

El otro tema, el desierto, también lo considere inoportuno, esa semana habían puesto en la tele, la película Lawrence de Arabia, y todo lo que se me había ocurrido contar en la novela, lo describe la película con imágenes impactantes.

 

Un desierto idealizado de arenas finas y doradas movidas por el viento formando dunas diferentes cada dia, un desierto en paz, sin guerras, sin bombas, y lleno de cuevas donde esconder tesoros encontrados en ruinas milenarias, no lo leería nadie, yo no podría describirlo igual que los fotogramas de la película.

 

Hablaría con mi profesor, el proyecto libro estaba descartado, no me considero formada ni motivada para realizar lo que toda la humanidad idealiza “escribir un libro”.

 

Disfruto con los relatos de mis compañeros, con ellos mis ambiciones están más que realizadas.

Mi libro, no existirá, no se escribirá.


 

LA DOBLE SOLEDAD DEL PEQUEÑO ESCRITOR                      SANTIAGO J. MARTÍN

 

Podría haber sido una novela autobiográfica, pero no fue el caso, por poco. Jacinto era un escritor en ebullición constante. Sus ideas más fértiles siempre le surgían al final de veladas regadas por conversaciones únicas, risas infinitas y alcohol, sobre todo alcohol.

 

Y en Jacinto me inspiré yo para mi primera novela, en vista de que él nunca parecía arrancar. Cierto que no le pedí permiso, pero la vida es el motivo de inspiración de los artistas, con perdón.

 

Yo había publicado un pequeño ensayo sobre el maridaje de quesos y membrillos en la península ibérica. Luego también me atreví con una breve colección de relatos melancólicos, profundamente tristes, sin llegar al llanto.

 

En apenas seis meses conseguí terminar mi primera novela: La soledad del pequeño escritor. El protagonista, que bien pudiera ser mi amigo Jacinto, escribía una novela basada en las conversaciones que mantenía con una aplicación de inteligencia artificial.

Me parecía un tema bastante actual y le aplique una buena dosis de ironía y humor. Confiaba en que, al menos los míos, pasarían un rato divertido y ameno. Además, había interrogantes subyacentes muy interesantes: ¿qué hace la IA con los textos literarios que revisa? ¿Los destruye? ¿Los olvida?

 

Afortunadamente mandé a mi editora el original, unas horas antes de que mi ordenador petara. Se quedó absolutamente bloqueado. Mi sobrino Tomasín me dijo que aquello era un virus. No iba a ser ni el primero, ni el último.  

 

Por eso tengo todos mis escritos en la nube, pero no me dio tiempo a subir mi última novela. Estaba tranquilo porque sabía que se encontraba a salvo, en el correo de Mar, de

Editorial Tumismo. La autoedición es la única salida que nos queda a los que circulamos a otra velocidad.

 

En vista de que no recibía respuesta, llamé a Mar.

-          Hola, buenos días. Soy Jesús, Jesús Pérez.

-          Ah, hola Jesús. Precisamente te estaba escribiendo un correo.

-          Ya me extrañaba que no me dijeras nada de la obra que te mandé.

-          Claro. El problema, Jesús, es que el archivo me ha llegado vacío.

-          ¿Cómo vacío?

-          Vamos a ver. Tengo un documento de texto, con 234 páginas, con prólogo, índice y epílogo. Pero el contenido está en blanco.

-          No me lo puedo creer. Tengo la negra con la informática.

-          No te preocupes, me lo mandas otra vez y listo.

-          Ya, ya, si yo te contara.

 

No le conté nada. Le aseguré que en breve se lo remitía de nuevo. Pero no sabía cómo me las iba a apañar.

 

Pensé en reescribirla. Seguro que ganaba. Es bueno dejar reposar las ideas, pero eran tantas que no sabía cuántas podría recordar. Huirían protagonistas y llegarían otros. Algunas tramas parecerían ridículas y nacerían otras que me harían dudar.

 

Decidí darme un tiempo. Pasear, leer, pintar. Demasiado tiempo. Las ganas de escribir no fluían. Es mejor no forzar. Pero la desesperación empezó a apoderarse de mí. ¡Cómo era posible que mi novela se hubiera esfumado? Llegué a tener dudas de si realmente la escribí.

 

También había buenas nuevas. Una tarde oí que Laura Juárez, la gran Laura Juárez, acababa de publicar su último libro: Te tengo.

 

Soy un fan de Laura. He leído todo lo que ha publicado. Incluso mantuve una breve charla con ella en la última feria del libro. Por supuesto no se acordará de mí. Si tuviera que hacer caso a todos los que le van con sus devaneos literarios.

 

Fui a mi librería y compré el ejemplar. Tengo la costumbre de, antes de nada, leer la reseña del libro en la contraportada. Me gusta estar enganchado desde antes de abrir el libro, pero sin mediar la crítica de ningún entendido.

 

Laura Juárez nos sorprende con una novela distinta. Un thriller psicológico donde el protagonista, un escritor aficionado, se sobrecoge al comprobar como su primera novela: La soledad del pequeño escritor, ha desaparecido de su ordenador. Todo se complica cuando comprueba que Rosalía Artaujo, famosa novelista norteamericana, acaba de publicar un libro donde calca su novela desaparecida. El protagonista emprende una inútil lucha para reivindicar su autoría. Cansado, abatido, desesperado, nota como su vida a partir de entonces ya no tenía ningún…

 

Justo ahí, decidí dejar de leer.


 

 

 

 

14 comentarios:

  1. Voy a empezar por Santiago (a los demás les he dado mi opinión en el chat del grupo). Este juego de metaliteratura es muy productivo y aquí está tratado con mucha habilidad. En este caso tiene doble y triple giro de tuerca. El amigo en el que se basa para empezar a escribir la novela, la desaparición informática misteriosa del texto, y la nueva novela que se apropia de esa idea que él no logra recuperar son elementos que nos hacen pensar. Quizás la novelista norteamericana no sea más que producto de esa IA, tan sabia y tan inquietante, que se ha apropiado del texto perdido. Muy bueno.

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  2. Muchas gracias, Antonio. Además, para mí, lo más escalofriante del relato no es que hayan copiado el libro del protagonita, es que le están copiando su vida y él se aterra también de que le hayan escrito su futuro, por eso deja de leer.

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    1. La verdad es que la IA es inquietante. Un amigo informático me confesó que de vez en cuando y sin que se produzca ninguna circunstancia que lo justifique dice en voz alta: "Que os den a todos los que me estáis oyendo".

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  3. Reflexión sobre RAYMI. Antonio
    Antonio, cuando un autor publica una novela, poesía cualquier escrito, lo mejor es no volverlo a leer, porque siempre hay algo que nos gustaría cambiar y se nos queda cierto malestar interior. No creo que ningún autor considere su obra perfecta. En tu caso de RAYMI, no le des más vueltas, que te quedó muy bien y a lo hecho, pecho.

    El libro sin escribir. María Isabel
    María Isabel, cierto que todo lo que acontece debería escribirse. Tal vez Dios, que lo ve todo y tiene memoria infinita, tenga escritas todas nuestras vidas para recurrir a ellas el día del Juicio Final. Pero como eso no lo sabemos, a ti te preocupa que queden en el olvido tantas historias que deberían ser contadas. De momento, con contar la tuya, date por satisfecha.

    ¿Seré capaz? Araceli
    Los abogados con todos los casos que llevan a lo largo de su carrera tienen un buen filón para inspirarse y escribir una novela. En el caso de tu protagonista parece que no se decide. Ahora cuando con el nuevo caso del asesinato de su hermana, tal vez la escriba. Ara, has hecho un buen planteamiento, con una vuelta de tuerca que hubiera quedado mejor.

    Un libro sin escribir. Juana
    Juana, no todo se reduce a las plantas medicinales y al desierto africano. Entiendo que sean los dos temas que a ti más te gustan, pero, si levantas la vista, verás que hay muchísimos temas que solo necesitan darles un toque personal. De todas formas, aunque no escribas un libro, te ruego que no dejes nunca de escribir.

    La doble soledad del pequeño escritor
    Santiago, tu relato es uno más de los inconvenientes de las nuevas tecnologías. No me extraña que la IA se venda al mejor postor y le pase los relatos que revisa. Da miedo pensarlo. Gracias, Santiago por abrirnos los ojos para que desconfiemos de todo.

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  4. María Isabel, paseas tu mirada curiosa por las personas que te rodean e imaginas sus historias que nunca escribirán. Es un poema precioso en el que el color de tu mirada es azul, como el del mar y el cielo que nos contemplan a todos. Estupendo.
    Araceli, ya el título de tu cuento nos sumerge en un misterio sobre la capacidad de tu prota de escribir un libro. Decide abordar uno policíaco y luego con un ritmo trepidante nos narras cómo la realidad y la ficción se confunden. Genial relato,

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  5. Juana, tu protagonista hace una reflexión sobre los dos temas que le gustaría abordar para escribir un libro. En esa búsqueda de referentes se da cuenta de que ya está todo escrito sobre esos dos temas. Y toma la decisión de echarse para atrás. Pero, como Lope en el "Soneto de Repente", en la narración de esas peripecias está tu relato. Muy ingenioso.

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  6. Me gusta en especial la reflexión que hace y comparte Antonio sobre el final de su primera novela. Ayuda a tomar nota sobre las distintas alternativas que se nos presentan a la hora de cerrar un relato y qué, aunque cuesto creerlo, suele ser una de las decisiones más difíciles para el autor. De ahí, la gran variedad o proliferación de relatos abiertos que a mí, personalmente, no suelen gustarme porque me complican la vida buscando la solución al conflicto.
    Este relato podría servir como aprendizaje a la hora de plantearse los finales y como tal lo agradezco.

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  7. Araceli nos presenta a una mujer madura e insegura al enfrentarse al reto de escribir un libro. Sin duda, puedo imaginarla como una buena profesional, decidida en su ámbito laboral pero es precisamente esta dualidad la que le hace más humana y le acerca al lector. Y es que, escribir y publicar es mucho más difícil de lo que la mayoría cree. El intento queda fallido ante la realidad acuciante de la desaparición de su hermana, con trágico final. Y es que este relato no hace más que poner de manifiesto que las obligaciones o circunstancias familiares, arruinan muchos proyectos creativos.

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  8. Juana, con la primera persona y la honestidad de la protagonista, se enfrenta a las cavilaciones o alternativas que debe sortear para salir airosa ante el reto propuesto por el profesor. Escribir un libro, ni más ni menos. Con naturalidad va descartando todas las opciones y se queda tan tranquila, transmitiendo esa misma sensación al lector.
    Un relajante mensaje de aceptación que lo hace muy verosimil.

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  9. Y de nuevo, encontramos en el relato de Santiago, a un escritor ante el laberinto de la perdida y de las dudas. Metaficción en donde la autoría queda en entredicho para desconsuelo del protagonista y el desconcierto del lector. Solo de imaginar la situación me entran escalofríos porque hemos de reconocer que, en esta era digital y con tanta tecnología sumadas a la IA, da miedo hasta ponerse a escribir o compartir con "el espacio intangible" los relatos de nuestra autoría.

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  10. Antonio, tu reflexión sobre tu primer libro RAYMI , da lugar a un sincero relato. Yo en su día lo leí con interés. Y no me interesó demasiado que pasaría después del añorado encuentro. En el núcleo del libro quedaba bien clara la intención de la historia y esa enganchaba lo suficiente. Como lo ha hecho ahora, volver a él, después de estos años. Interesante disección.

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  11. María Isabel, hilvanas una serie de metáforas de todo aquello que te atrapa en la vida, en cualquier lugar y momento del día, tanto en la luz del sol, o en el escuro rincón de una escalera. Te atrapa y te lleva al irrefrenable deseo de escribir sobre ello. Pero de momento, ese deseo por causas sin descifrar, queda aparcado. nos agarramos a la promesa de que más pronto que tarde, lo escribirás.

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  12. Juana, tus conocimientos de botánica, te han puesto frente a un relato, donde hasta se puede sentir el olor de las plantas. No dejas de lado la inspiración que el libro de Discórides Anarzabeo te produce, y que va más allá de un simple trasplante. Te lleva a elucubrar y descubrir alguna medicina. Eso es algo especial. Pero la idea de que todo está escrito te ata un poco las manos. Los giros sobre lo que ya está escrito, crea una nueva literatura.

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  13. Y vamos con Santiago. Siempre hilvanando ideas "celo" como el papel que se pega a ti y cuesta separarse. Que a un escritor por el método que sea, IA, o tan solo malas artes , le roben el contenido de un libro, que tanto cuesta relatar, debe ser la mayor frustración, de su vida. O de las mayores. Pero si encima siente que le roban su vida, muy difícil de soportar. La metaficción, en este caso, luce con brillantez.

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