No siempre los viajes más caros son los más lujosos. En ocasiones, el precio fija una cantidad enorme de costes y riesgos, lejos de comodidades y lujos, pero repleto de situaciones llenas de peligros.
Que cada uno haga con su dinero lo que le plazca, eso sí,
respetando los derechos de todos los demás, aunque ponga los suyos por los suelos.
Qué se le va a hacer.
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Mucho me gusta viajar, pero si tengo que subir al Everest, entre ese gentío, que parece la cola del pan, en época de carestía cuando existía la cartilla de racionamiento, creo que se me quitarían las ganas. Habrá algo más antinatural?.
ResponderEliminarEl resto de viajes, para bolsillos millonarios, si quieren y pueden hacen bien. Yo en mente tuve la Antártida el pasado año. Después de darle vueltas, desistí por diferentes razones, la crematística no era menor. Y al final y para que no me pesara, el viaje se suspendió por falta de quorum.