10/04/2026

LA PERSIANA 1

SUMISIÓN                                                                  JUAN SANTOS

Desde la ventana suelto quejidos que nadie sabe interpretar. Son lamentos que brotan de mis entrañas cada vez que una mano firme manipula mi voluntad. Llevo un hábito verde con un cíngulo en el talle como las monjas de clausura. Mi traje tiene decenas de lamas horizontales y malvivo como una reclusa amarrada a los grilletes. Juego con la luz de la mañana y la penumbra de la tarde, mientras me enrollan y me estiran, bajo la mirada curiosa de los vecinos.

Por la noche, cuando me sueltan la cuerda, es un alivio, me relajo todo lo larga que soy. Yo protejo la ventana del dormitorio conyugal, por eso soy requerida y amada en la más estricta intimidad. Nadie sabe lo que escondo tras de mí. A veces, los curiosos que pasan por la acera, acercan su oreja, haciendo conjeturas libidinosas, pero yo permanezco impávida, simulando estar dormida.

Pasarán los años y las inclemencias del tiempo me harán vieja y fea. Entonces, una mano desagradecida vendrá a mi ventana, me descolgará, y pondrá otra nueva en mi lugar.


 

PERSIANA ENTREABIERTA                                         MANUEL GIL

 

La persiana no cierra del todo,

siempre deja una herida de luz

por donde entras.

 

Te pienso en esas líneas oblicuas

que cruzan la habitación

como barrotes tibios,

como alas que olvidaron volar.

 

Hay un temblor en la cuerda

cuando la rozo,

como si tu nombre descendiera

peldaño a peldaño

hasta oscurecerme.

 

Vivo en este cuarto que respira lento,

donde el aire se queda detenido

igual que un suspiro que no llega a ser beso.

 

La persiana me guarda del mundo

pero no me guarda de ti.

 

Afuera, tal vez, la luz te pronuncia,

te nombra con claridad de cielo abierto,

mientras aquí dentro

tu ausencia se posa

como polvo sobre los muebles.

 

Si la alzo, temo perderte del todo.

Si la bajo, te invento.

 

Y en ese gesto mínimo

abrir, cerrar,

se me va la vida

como un pájaro que duda

entre la jaula y el viento.

 

A veces sueño que atraviesas la rendija,

que te haces delgada como la luz,

que te deslizas en silencio

hasta quedarte conmigo.

 

Pero despierto,

y la habitación sigue intacta,

y la persiana sigue siendo frontera.

 

No sé si te fuiste

o si nunca estuviste de este lado.

 

Solo sé

que cada mañana

la luz insiste en buscarte

entre mis sombras,

y yo vuelvo a dejar

la persiana entreabierta.


 

OCASO                                                                        MARÍA ISABEL RUANO

 

No, no bajes la persiana de la habitación.

Deja que, hasta el último destello de luz, me acompañe.

Quiero cerrar los ojos antes de que la oscuridad lo llene todo,

acompañada de silencio y luz.

Deja que, entre los pliegues de sus lamas,

lleguen hasta mí los bonitos

recuerdos de la vida compartidos,

el eco de la risa, el sabor de los besos

y el aroma de la primavera

que retoma su belleza ausente ya de mí.

No, no bajes la persiana. Abre la ventana.

Quiero sentir la tibieza de la tarde,

la serenidad de la tarde,

el aleteo de los pájaros que buscan su cobijo,

la luz entre velada de nostalgia,

el ocaso de una vida en la que, sin duda,

he aprendido a perdonar y a ser feliz.

 


3 comentarios:

  1. Juan, nos haces una perfecta descripción en pocas palabras de la labor de la persiana, quien se expresa en primera persona. Es un relato auténtico y sin ficción. Ella bien sabe su labor y tiene las ideas bien claras , sobre su futuro. Es muy bueno.

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  2. Manuel, uno más para mi colección de poemas entrañables. En este caso a través de la luz que se filtra a través de la ventana, esperas que lo querido se aproxime a ti y te acaricie. No se puede expresar mejor y con más diversidad de metáforas.

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  3. María Isabel: Es uno de los poemas más tristes que has escrito. Un adiós a la vida que quiere ver claro hasta el final. De ahí que prefiera la persiana bien abierta. Todos tus poemas son buenos, este para mi, está dentro de los extraordinarios.

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