LA VIDA GOTA A GOTA MANUEL
GIL
Gota a gota cae la lluvia sobre la
piel del mundo. Sin prisas, sin avisos previos, pero cala. Esa lluvia primera
que carece de la soberbia de la tormenta y, sin embargo, abre la tierra con
paciencia de raíz. Así comienza todo: una gota mínima, casi invisible, que
insiste hasta volverse surco.
Gota a gota la lluvia fertiliza la
herida seca del suelo. No hay gesto heroico en su caída, solo una insistencia silenciosa en
la repetición. La tierra espera, recibe sin prisa, bebe lo necesario para
volver a dar fruto. También
el cuerpo aprende: nada florece de golpe, todo nace de una persistencia humilde
de algo casi etéreo.
Gota a gota la saliva de los besos
traza un idioma ancestral. No es palabra ni promesa, es materia viva que se
entrega. En esa humedad compartida se mezclan deseo y fragilidad, certeza de
estar vivos por un instante. Un beso no es un golpe, es una filtración lenta
que va ocupando en nuestro mapa, nuestro espacio vital entero.
Gota a gota el sudor recorre la
frente, la espalda el pecho. Testimonio, del calor ganado al cuerpo, al
trabajo, al esfuerzo. Cada gota es una prueba de que hemos estado aquí,
cargando la condena de Adán, de que algo nos empujó a avanzar, a levantar peso,
a resistir, a salir ilesos.
Gota a gota las lágrimas derramadas. Unas nacen
de la dicha, otras del duelo, pero todas pesan igual al abandonar los ojos. Son
la forma más honesta del desbordamiento. No saben mentir. Resbalan por el
rostro con un lenguaje que no pide traducción, son una verdad que no necesita
defensa, ni celo.
Gota a gota se escapa el aire de los
suspiros. Ese que se va cuando en el pecho ya no cabe más aliento. El suspiro
es una renuncia breve, un descanso entre dos combates, una forma de seguir sin
romperse por dentro.
Gota a gota la sangre vertida recuerda
el precio. Nada esencial se da sin pérdida. La sangre es la memoria roja
del cuerpo, la señal de que algo ha dolido lo suficiente como para dejar marca
y estampar su sello
Y así, gota a gota, se construye la
vida: sin estruendo, sin gloria inmediata. Todo lo importante sucede en esa
repetición callada que nadie aplaude. Lo que permanece no cae de golpe; se
filtra. Y cuando por fin miramos atrás, comprendemos que hemos sido hechos de
una lluvia mansa, lenta, gota a gota con el tiempo.
HE VENIDO PARA VER MARÍA
ISABEL RUANO
(Homenaje a
Cernuda)
He venido para ver
las gotas lentas que caen
de la bolsa transparente
que te da de comer.
Gotas metódicas y rítmicas
como si fueran lágrimas.
He venido para ver
tu mano perforada
por un tubo y tapada
por esparadrapos blancos
como si fuera un guante.
La mano quieta
que acariciaba mi cuerpo.
He venido para ver
tus ojos cerrados
y tu cara seria
de labios finos
que apagan la sonrisa.
He venido para ver
las paredes ocres
y la luz oscura del atardecer.
La pantalla negra
del mudo televisor
colgado en la pared.
He venido para ver
tu pelo oscuro y despeinado
sobre la almohada blanca.
Las gotas metódicas y rítmicas
que no paran de caer.
He venido para ver
los focos redondos
encastrados en el techo
como si fueran lunas.
Y el silencio de la habitación
impersonal y fría.
La ropa blanca.
el armario cerrado.
Y el espejo del baño
que, como yo,
espera tu sonrisa.
He venido para ver
tu cuerpo bajo la sábana
tratando de evocar
la erótica del amor.
He venido para recordar
la redondez de tu pecho,
la tersura de tu vientre
y la voluptuosidad
de las nalgas desnudas
dispuestas a cabalgar.
Tus pies pequeños
y las piernas blancas.
Pero no me atrevo
a levantar la colcha
y la sábana que te cobija
consciente de que encontraré
un cuerpo ajeno y dormido.
He venido para esperar
que despiertes
a la vida y al amor.
Para ver la luz en tus ojos
y la sonrisa blanca en tu boca.
Esperaré, como cada tarde,
contemplando la cadencia
rítmica y metódica
de las pequeñas gotas
que te alimentan.
Líquido de esperanza,
lágrimas apagadas
que entre la vida y la muerte
te abrazan.
LOS DOS HERMANOS JUAN
SANTOS
Cuando yo era
pequeño, mi padre compró dos huchas, una para mi hermano y otra para mí. De vez
en cuando mi madre, pero sobre todo mi abuela, nos daba dos reales o una peseta
para que las fuéramos llenando. Mi hermano no se gastaba nada, todas las echaba
dentro; sin embargo, yo me iba corriendo al kiosco de la plaza para comprarme
un chupachup o cromos de futbolistas.
Gota a gota mi
hermano acabó llenándola y, cuando la rompió, tenía dinero para comprar un
balón de reglamento. Al principio, no me dejaba jugar, pero mi madre lo
convenció y el balón acabó siendo de los dos.
Fuimos creciendo
y la tendencia de cada uno, no cambió. Mi hermano se puso a trabajar y a
ahorrar. Se compró un piso y se casó. Yo intentaba seguir su ejemplo, pero las
chicas me daban de lado y solo estaba a gusto en el bar. A veces, iba al de las
luces rojas que había en la carretera. Y con este ritmo de vida era difícil
ahorrar un duro. Menos mal que heredé la casa de mis padres y aquí sigo soltero
con la protección de mi hermano.
Hubo un momento,
en que pudo cambiar mi suerte. Fue cuando nos tocó la lotería. Llevábamos un
décimo del gordo compartido. El día que lo cobramos, mi hermano sugirió
quedarse con mi parte e ir dándomela poco a poco. Pero me negué rotundamente.
―Ese dinero es
mío y lo quiero. Ya no soy un niño. No te preocupes que sabré administrarlo.
―Por favor,
hermano. Gástatelo poco a poco. Gota a gota.
Un par de semanas
lo tuve tranquilo en el banco. Esos días, me enteré que un grupo de solteros
del pueblo iban a ir a Cuba de turismo sexual y me olvidé del consejo de mi
hermano. Me lo pasé en grande y llegué a la conclusión que el dinero es para
gastarlo y disfrutarlo. Tras el viaje de Cuba, las malas compañías me
introdujeron en las drogas y en el abuso excesivo de alcohol.
Mi hermano me
había dejado por imposible. Pero no se olvidó de mí. Fue el primero que fue al
hospital cuando me ingresaron por lo del hígado.
Cuando lo vi
pasar a mi habitación, supuse que me echaría una gran bronca, pero no. Todo fue
amabilidad y ternura.
― ¿Cómo te
encuentras, hermano?
―Con el gota a
gota que me están poniendo por la vena, estoy un poco mejor.
―Te das cuenta,
que hasta la medicina hay que dosificarla, para que haga su efecto.
―Pues yo pienso
que, si me pusieran toda la botella de una vez, mejoraría antes.
―No digas
bobadas. Espero que esto te haya servido de lección.
Esta mañana me
han dado el alta médica y estoy aquí en mi casa, convaleciente. El dinero que
me queda se lo he dado a mi hermano. Confío en él y en su buen criterio. Con
todo su cariño, me lo irá dando con cuentagotas.
La vida gota a gota. Manuel
ResponderEliminarHas hecho una semblanza de los fluidos que nos dan la vida. Gota a gota hacen su función más hermosa en la Naturaleza y en el ser humano. Hay que tener una sensibilidad muy fina para describirlo tan bien como tú lo has plasmado en este relato. Te felicito, Manuel.
He venido para ver. María Isabel
Te has inspirado en el poema con el mismo título de Cernuda, pero el tuyo tiene un matiz especial, que lo hace original y profundamente íntimo. Has transmitido muy bien la congoja de ver a un ser querido que se apaga poco a poco, mostrando la imagen real del enfermo, su entorno y sus circunstancias. Una triste delicia.
El texto de Manuel, prosa poética y pura metáfora visual, es muy hermoso. Tanto el tono como su ritmo nos invitan a leer despacio, parar, reflexionar, tomar conciencia, valorar, agradecer. En él, se hace un recorrido vital sobre los fluidos vitales y la inestimable importancia de cada uno de ellos. Resaltaría, como colofón de esta reflexión, las últimas líneas llenas de sabiduría.
ResponderEliminarEl relato de Juan está lleno de enseñanzas, muy bien dosificadas conforme la narración nos pone en antecedentes de los avatares de los dos hermanos. La primera imagen de las huchas está llena de simbolismo y sirve para definir los diferentes caracteres de ambos . Menos mal, que al final, el derrochador aprendió la lección.
ResponderEliminarCoincide con Manuel en el tono reflexivo y en la sabiduría de la experiencia.
Manuel, has hecho una enumeración de los fluidos de nuestra existencia con una cadencia mansa, como la que se repite en momentos sensitivos de nuestra vida. Y lo has hecho con una armonía propia de un estupendo poema en prosa.
ResponderEliminarMaría Isabel, nos presenta un poema donde las gotas de suero nos sostienen la vida, pero también son momentos momentos difíciles en los que una compañía es siempre un alivio. Un poema donde se nos muestra la tristeza de una forma muy hermosa.
Juan nos cuenta dos formas radicalmente distinta de ver la vida, por parte de dos hermanos. El que vive al día derrochando todo lo que consigue y el ahorrativo. Al final el hermano hormiga socorre al hermano cigarra que aprende la lección. Un relato con moraleja estupendo en su cadencia.