Un estudio reciente ha demostrado que los ladrones del Louvre lo tuvieron más fácil de lo esperado.
Los programas informáticos del sistema de seguridad estaban obsoletos o caducados y no tenían ningún contrato de mantenimiento.
Todo ello nos indica la importancia de las
barreras tecnológicas en la seguridad y lo vulnerables que nos volvemos si no
las tenemos en cuenta.
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Una lástima, que por no tener al día algo tan básico como los sistemas de seguridad hayan desaparecido piezas de incalculable valor. Y sobre todo ha desaparecido la imagen de seguridad que debía ofrecer el museo.
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