07/11/2025

DESDE EL MÁS ALLÁ. 1

 

NO ME PUEDO IR ASI                                                             ARACELI DEL PICO

 

Me agobia el poco tiempo que me queda

Y debo solucionarlo

Sin demora.

Estoy ocupándome

De cosas que no importan

Y dejo sin solución

Aquello que es vital para los míos

¿Por qué ese empeño en dejarlo todo recogido?

¿Si nadie se ocupa ya de lo que estorba?

Pero es el que el viaje es muy determinante

Y el más allá me espera inquietante

Y no lo creeréis

Pero es un lio.


 

MI AMIGO TOMÁS                                                     JUAN SANTOS

Mi amigo Tomás está bautizado como yo, pero es un incrédulo y la religión siempre le ha traído al pairo. De pequeños, se reía de mí cuando, en mitad del juego, me iba a misa con mi madre. Ahora, de mayor, solo va a la iglesia a las bodas y a los entierros, pero no abre su boca, porque no sabe contestar al cura, ni rezar ninguna oración. A pesar de todo es muy buena persona y muy buen amigo.

Aunque jamás se ha confesado con un cura, el otro día lo hizo conmigo. No para contarme sus pecados, sino para sincerarse sobre una preocupación que no lo deja dormir.

―Amigo, Juan. No puedes imaginar cuánto te envidio. Me gustaría ser como tú.

―No lo entiendo, Tomás. Tienes una buena mujer, unos hijos maravillosos y una buena pensión de jubilación. No tienes motivos para envidiarme.

―Cierto, pero hay algo que tienes tú, que yo nunca he tenido: FE. Tú crees en Dios y en su Paraíso y como has sido bueno, no tienes miedo a morirte, porque sabes que irás al Cielo. Sin embargo, yo que no creo en nada, me da un vértigo terrible pensar en el Mas Allá.

―Pues eso es fácil, todavía estás a tiempo de iniciarte en la fe. Dice Jesús que los últimos serán los primeros en el Reino de los Cielos.

― ¿Y qué tengo que hacer?

―Creo que deberías empezar por acompañarme a unos ejercicios espirituales que daremos próximamente en la parroquia. Tal vez allí, escuchando el evangelio, te animes a ser uno de los nuestros. A mí me encantaría seguir siendo tu amigo en el Más allá.

Le pareció buena idea y en eso quedamos. Lo malo es que las consignas del predicador y las prácticas de oración no le acabaron de convencer. Le parecían demasiadas exigencias. No entendía como además de creer en Jesucristo, tenía que arrepentirse de sus pecados y cumplir los mandamientos, confiando en la promesa de la vida eterna.

Ayer, me vino a buscar y me lo dijo bien claro.

―Mira, Juan. Estoy analizando otras religiones, a ver si encuentro alguna que tenga una práctica mínima con la promesa de vida después de la muerte.

No seas ingenuo, Tomás. Ninguna religión da nada gratis. Abraza el cristianismo y haz lo que puedas. Tampoco hay que llevar todo a raja tabla. Dios es misericordioso y con que seas bueno y creas en Él, te llevará a su Paraíso.

Hoy me ha dicho que, aunque ya ha empezado a creer un poco, todavía le sigue preocupando el Más allá.


 

DESDE EL MÁS ALLÁ DUPLICADO                              ANTONIO LLOP

Existe un lugar donde van a aparcar las culpas. Un lugar ilocalizable porque sus coordenadas están difuminadas en el tiempo. Solo sabemos que está muy cercano a nosotros. Es un sitio donde el olvido quiere entrar con su máquina trituradora, pero fuerzas desconocidas y poderosas bloquean al intruso. Es un espacio-tiempo, vacío durante la niñez, que se va rellenando poco a poco según los avatares de la vida nos hacen acumular experiencia. Los que poseemos alguna de esas cargas queremos que ese sitio esté situado en un “más allá”, suficientemente lejos para que no nos impida andar por el camino de la cotidianeidad. Pero a veces no lo logramos. Especialmente por las noches cuando nuestras defensas se relajan.

Eso le pasó a Francisco García que quiso dejar a sus hermanos sin la parte de la herencia paterna que les correspondía. Con su facilidad de imitación de la firma del padre de todos logró su corrupto propósito. Tuvo un cómplice necesario, Ernesto de la Hidalga, notario sin escrúpulos, que certificó que el finado en su lecho de muerte le había llamado para desequilibrar el testamento en favor de Francisco. Jorge recibiría una buena parte del cuantioso dinero guardado en las cuentas del testante, y su cómplice la otra parte y las dos casas en propiedad de su progenitor. Sus hermanos se repartirían la llamada legítima que aún injusta no era desdeñable.

Su hermano mayor había sido siempre acomodaticio y no se hizo ninguna pregunta sobre la legalidad del testamento. Se conformaba con la parte que le tocaba en el reparto. La hermana pequeña se extrañó de que tuviera esa firmeza en el trazo la rúbrica de una persona disminuida en sus condiciones físicas. Pero no dijo nada. La que realmente no se creía ese bandazo del progenitor fue la hermana mayor que le cuidó durante sus últimos años, desde que quedó viudo y recayó en su enfermedad incapacitante. Ella siguió la dolencia del padre día a día y no sólo escuchó sus deseos, sino que comprobó la falta de visitas al enfermo precisamente de Francisco.

Al final, los hermanos no tuvieron más remedio que conformarse y plegarse a lo que un testamento refrendado por un notario dictaba. Pero hubo alguien que no se conformó, alguien muy interesado en que sus bienes fueran repartidos siguiendo su voluntad: el finado, don Leonardo García.

Francisco, ese hombre impertérrito, sin remilgos, sin conciencia, de pronto se vio vulnerable en los sueños. Soñó una noche que su padre le visitaba. Su mente maliciosa se conformó, y lo tomó como algo inevitable. No le preocupó porque lo consideraba un sueño. Pero Don Leonardo había salido del “Más Allá” en el que aún estaba confinado y recalado en el otro “más allá”, más próximo a Francisco. Y de la mano de la culpa de su hijo desembarcó en la realidad de su cama. Le tomó de la mano a su vez y le condujo a la ventana cuando empezaba a amanecer. La vecina de la casa de enfrente que había salido al balcón a fumarse un cigarro vio a Francisco encaramarse al alféizar y dar un paso al vacío. En sus declaraciones a la policía dijo que no observó que nadie lo empujara.

Francisco cobró una herencia efímera. Falleció el día después de recibirla. Los bienes fueron destinados a sus legítimos herederos.


 

LA PUERTA SECRETA                                                                   JUANA DOMÍNGUEZ

"Búscame en el más allá " escuchaba en su cabeza.

Así llevaba más de un mes. La frase se repetía continuamente, en la vigilia del sueño que no llegaba.

Había consultado a su médico, y lo único que le recetaba eran ansiolíticos para dormir.
Le hablaron de un médium, que según los pacientes tratados en su consulta era una maravilla, solucionaba cualquier trastorno de sueño extraño.

Llevaba una semana siguiendo sus recomendaciones. Esa noche tenía que preguntar a la voz que le hablaba, quién era y dónde estaba la puerta del más allá para buscarla.

Se acostó temprano. Estaba nervioso, no sabía si podría preguntar dormido. Dio muchas vueltas, el sueño no venía, la voz tampoco llegaba.

Ya casi amanecía, cuando una sombra cruzó su ventana. Ese instante de incertidumbre, le despejó por completo. Se levantó de golpe. Fue hasta la ventana no se veía mucho aún. Enfrente, la fachada del bloque vecino se dibujaba nítidamente, los árboles de la derecha se agitaban tranquilos, un pájaro madrugador emitía un sonido agudo saludando al entorno que despertaba poco a poco. Tendría que ser la noche siguiente cuando volviera a intentar entablar conversación con la voz insólita.

Algo entre los árboles le llamo la atención. Bultos incoherentes desaparecían entre las ramas del castaño de indias más grande, en el rincón más alejado de la calle.

Parecía una procesión, desaparecían de uno en uno, una fila de sombras rodeaba el tronco y se elevaban hasta donde desaparecían.

 Se restregó los ojos ¿estaría dormido o soñando?

Volvió a mirar por la ventana. Las sombras habían desaparecido, solo árboles agitando sus ramas, era lo que veía.

Un sonido a su espalda le sobresalto: Buscameeeee…

Se volvió inquieto. Nada, la habitación estaba vacía. Fue hacia la puerta, pero algo le impedía abrirla, algo que le empujaba hacia la ventana. Gritó aterrado… Sus gritos le despertaron sudando.

Estaba sentado en su cama. Poco a poco fue tranquilizándose. Recordó las indicaciones del médium: solo tomar un cuarto de pastilla verde. ¿Se la habría tomado entera?

Se dirigió a la ventana, el sol ya estaba alto, los árboles se mecían tranquilos, el castaño de indias airoso y altivo parecía burlarse de él.

No volvería a aquella consulta ya sabía dónde estaba el más allá.

 

10 comentarios:

  1. Araceli. No me puedo ir así
    En este breve poema, Araceli nos cuenta el agobio que le supone iniciar un viaje largo, dejando todo mangas por hombro. Ese desorden y abandono yo lo he entendido con un doble sentido, referente también a un lejano viaje al más allá, misterioso. Me ha gustado mucho porque en pocas palabras ha dicho mucho, con un trasfondo genial.

    Antonio. Desde el más allá duplicado
    Bien merecido lo tiene el final de Francisco García. El más allá de su culpabilidad y el más allá de su padre, han hecho justicia a una maniobra indecente. Cuantos muertos se retuercen en sus tumbas al ver el mal proceder de sus hijos. En este caso, don Leonardo, de la mano de la culpa de su hijo, ha podido regresar y poner las cosas en su sitio. Muy bueno, Antonio.

    La puerta secreta. Juana
    Nos has trasmitido la angustia de no saber quién llama y desde dónde llaman a tu personaje. La sucesión de escenas van subiendo la temperatura de la intriga, sin tener un desenlace final que nos tranquilice. Parece que la sobredosis de la pastilla verde ha aumentado su paranoia. Y es que los problemas con el más allá tienen difícil solución. Muy bien, Juana.

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    1. Gracias, Juan por la parte que me toca en tu comentario. Yo también opino que en las ocasiones injustas los difuntos deberían hacerse presentes. La literatura nos lo permite.

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  2. Con gracia rimada, Araceli, nos cuenta una situación que bien puede tener un doble significado pero prefiero que darme con el más viajero y terrenal.

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  3. Con elocuencia y a través del diálogo, Juan nos narra una situación que bien pudiera ser real trayendo a colación el debatido misterio de la fe y de la vida prometida. Me da la sensación de que el sentido práctico del amigo le llevará a conformarse con lo más tangible.

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  4. Curiosa reflexión con carácter metafísico con la que Antonio nos presenta su relato. Del plano abstracto se va centrando en el concreto para describir una situación familiar llena de artimañas, a través de las cuales nos permite conocer a los personajes y que sólo será equilibrada por la presencia del padre desde el "más allá". A pesar del toque mágico de esta intervención resulta agradable pensar en la justicia reparadora sea cual sea su procedencia.

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  5. El relato de Juana va creando un ambiente lleno de misterio que nos ayuda a meternos en esta trama llena de fantasía y alucinación. Por momentos nos ponemos en la piel del protagonista y preferiríamos salir corriendo, menos mal que la luz de la mañana junto a la cordura, nos salva al igual que a el de la pesadilla.

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  6. Juan, el amigo Tomás es uno de tantos seres, que tienen dudas infinitas sobre la religión. Personalmente siempre he creído, que tener fe es un chollo. Si te pasa algo bueno...Bendito sea Dios y si no... Que sea lo que Dios quiera. En resumen, tus relatos sencillos y llenos de sentido común, llegan muy dentro.

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  7. Antonio, Leído tu relato, una vez más te digo que no puedo mas que admirar tu imaginación. Está lleno de personajes. Un hermano ladino y nada escrupuloso teje una madeja de falsedades para quedarse con la herencia del padre. El desenlace es un justo final, a sus malas artes. Y que conste, la moraleja no está de más.

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  8. Juana, aquí si pude abrirlo. Tu relato no puede ser más intrigante, cada renglón aumenta tensión y hasta el final quedamos con la inquietud de saber lo que pasará , cuando se acerque a la ventana y porque no volverá más a esa consulta.

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