10/10/2025

UNA CARA DE MODA

 

CARA A LA MODA                                                                          JUAN SANTOS

 

Cuando se nace en una familia humilde, lo de vestir a la moda ni te lo planteas. Te pones lo que has heredado o lo que te han podido comprar en el mercadillo. Lo importante es no pasar frío y llevar bien tapadas tus vergüenzas.

 

En mi caso, dado que con el cuerpo era imposible vestir a la moda, no me quedaba otro remedio que adaptar mi cara a los tiempos que corrían.

 

De pequeño, mi madre ya advertía al peluquero que me hiciera un corte moderno. Tengo fotos colectivas del colegio en las que todos los niños aparecemos casi al cero, con un poco de flequillo peinado hacia adelante. Era la cara de moda, típica de la posguerra.

 

Así la mantuve hasta que fui al instituto. Allí me di cuenta de que todos los chavales iban peinados con la raya a un lado. Era la moda, yo me la hice a la izquierda, con un tupé que, según algunas chicas, me quedaba muy bien.

 

El problema llegó cuando se pusieron de moda las melenas y mi padre se negó rotundamente a que llevara el pelo largo. Fue una época gris de mi vida: mi cara estaba anticuada, y me sentía marginado del mundo de los Beatles.

 

Menos mal que pronto me salió pelusa en la cara y empecé a dejarme largas las patillas. Todos los hombres las llevaban. Las mías eran muy pobladas y de boca de hacha como la de Curro Jiménez.

 

Fue mi novia la que me abrió los ojos, diciéndome que eso ya no se estilaba, que me quitara la raya al lado y esas patillas horribles, y que me peinara hacia atrás. Así lo hice, para darle gusto.

Después de casado, según las modas, me he ido dejando la barba, el bigote o la perilla por temporadas, siempre influido, en gran medida, por los presentadores de televisión.

 

Ahora llevo bastante tiempo con la barba cortita, sin dejar que crezca. Pero la verdad es que ya me estoy cansando, y eso me preocupa.

 

Creo que voy a dejar de ver la tele. Tengo miedo de contagiarme de la cara que está de moda últimamente. La tienen muchos políticos y gente famosa, y con ella parece que les va muy bien.

 

Mi mujer me dice que me olvide, que yo no valgo para eso, pero la verdad es que a veces, tengo la tentación de ser un auténtico caradura.


 

EL PODER DE UNA SONRISA                                                  ARACELI DEL PICO

 

   Los días iban reduciendo su tamaño. Esos atardeceres que no ha mucho se alargaban hasta las 10 de la noche, ahora a las 20 horas apenas dejaban un tenue color rojo y después un pálido amarillo en el horizonte.

 

   Ella disfrutaba de esos atardeceres. De todos los atardeceres. Los del estío, los del otoño. Los del invierno, donde a las cinco y medía se encendían las farolas. Y aquellos, los de la primavera que abría los brazos y alargaba la vida, porque alargaba la luz. Y sin embargo, se miró al espejo y se dijo:

 

Eres una verdadera contradicción. De modo que estás pensando en bellos atardeceres cuando lo que de verdad te gusta, es la noche. Ese momento oscuro donde se aclaran tus ideas, te asomas a la ventana y te pones de cháchara con las estrellas, a las que has robado el nombre y las bautizas con aquel que mejor te parece. Y que por regla general viene siendo el de las personas que te rodean y que mejor te caen, porque las otras, no merecen tener nombre.

    

   Y ahondó en su interior, y recordándolos, vio aquellos que se habían hecho acreedores de fijarlos en una estrella. Y su mente repasó sus caras y los momentos que habían compartido. En el balance todos habían sido buenos, incluso algunos, muy buenos. Y en los que no lo habían sido, aparecía la cara de los seres que la habían ayudado a sobrellevar, alguno difícil. La muerte de sus padres primero. Familiares cercanos y sobre todo los amigos de verdad. El adiós de un amigo, se le antojaba como un pedazo roto del corazón que destila amargura.

 

   Se retiró de la venta y lanzó un beso al firmamento. Brillaba como nunca. Como si todo su mundo extendiera un brillante manto de paz que la arropara…

 

   La puerta de la calle se abrió con un golpe de viento y del mismo modo se cerró de repente. Extendió los brazos, como si quisiera alcanzar ese cielo negro y plata con la mano. Bostezó. Y se fue de nuevo hacía el espejo. No era tarde, pero un día de múltiples obligaciones la tenía agotada. El espejo le devolvió una imagen que no le gustó nada.

 

   Le sacó la lengua, burlándose de un nuevo surco que apareció en su frente. Y le llamó al orden por ser tan poco caritativo:

 

Te podías cortar un poquito. Y devolverme una imagen más sosegada, más tersa. Si ya se, esto es lo que hay. Los años vienen y en cada renovación van dejando surcos nuevos. Párpados caídos. Cejas despobladas. Labios sin jugo… Oye, oye… y esa insolencia que deduzco… que me quieres decir, ¿que esta cara no se lleva? Pues bien, que te regocijabas con ella unos años atrás. Y tantos no hace. Aquellos donde después de lavada y sin afeite alguno, la veías resplandeciente.

 

   Extendió la crema de noche con cuidado sobre su piel, con paciencia, primero muy despacio y luego en círculos más rápidos. Sonrió ampliamente. Y por un momento, solo por un momento, su compañero el espejo le devolvió una sonrisa agradecida. Y por un momento, solo por un momento, desaparecieron los surcos.

 


 

NO PASAN DE MODA                                                 MARÍA ISABEL RUANO

Cuando Mary Pili apareció por el pueblo aquel verano supe que había perdido al amor de mi vida.

Nos conocíamos desde el parvulario y siempre nos habíamos llevado muy bien. Su casa estaba muy cerca de la de mi abuela y como yo pasaba allí la mayor parte del tiempo, salíamos a jugar a la calle sin ningún tipo de control ni de peligro. A una llamada con eco de su madre y de mi abuela, según se acercaba la hora de la cena y la luz se escapaba por la calleja de la iglesia, nos metíamos a casa sin rechistar. Conforme íbamos creciendo y comenzaron nuestros arrumacos, esa respuesta tan inmediata se fue retrasando, buscábamos la sombra y nos arriesgamos a más de una reprimenda.

Fue en el verano del 71 cuando el cine de verano llegó por primera vez al pueblo. Allí no sólo descubrimos un mundo lleno de color y de movimiento sino la música y el magnetismo de la mirada de una niña que todo lo hacía bien. Con su cara blanca y sonriente, los fascinantes ojos azules y su pelo amarillo, tan diferente a la fisonomía de nuestro entorno. Era la niña de moda, tenía la cara que todas queríamos tener, la ropa que ansiábamos y el desparpajo que nosotras nunca habíamos tenido.

Durante la proyección, y a pesar de sentirme imantada por la película, no podía dejar de mirar a Antonio, a mi Toño. Pero él parecía haber desaparecido de mi lado, no buscaba mi mano a pesar de la oscuridad, casi no respiraba eclipsado por la belleza de esa protagonista que cantaba y bailaba, y que nos seducía a todos con su gracia.

Con el tiempo, Antonio no tuvo ningún reparo en reconocer que ella, y no yo, que Marisol fue su primer amor platónico, el ideal de belleza que siempre le hizo suspirar.

Sin embargo, el cine solo aparecía por el pueblo en verano y las películas se fueron alternando con otras del oeste o de aventuras por lo que, las fantasías que el celuloide con la gracia de Marisol en movimiento, le provocaban repercutían a mi favor con la pasión que comenzó a manifestar antes de despedirnos rozando a escondidas todo lo prohibido.

Fue en el verano del 76 cuando la sobrina del cura, Mary Pili, llegó. Rubia y delgada, con los ojos azules, los vestidos muy cortos y un desenfado propio del celuloide o de la capital en donde vivía.

Nada más verla me sentí celosa y marginada. No me equivoqué al sentir que ese sería el último verano en el que Toño y yo jugaríamos a descubrir el excitante laberinto del amor.

Mari Pili se marchó al final del verano y no regresó más. De ella, y aún más sobre su desconocida madre, se escucharon todo tipo de comentarios que incrementaron el morbo que su presencia en el pueblo había desencadenado.

Toño y yo nos distanciamos, aunque no consiguiera liarse con Mary Pili, ya nunca volvió a mirarme como antes. Pasados unos años nos marchamos a Ávila a estudiar el bachillerato en institutos diferentes. A veces coincidíamos en algún paseo o en el autocar de regreso al pueblo en vacaciones, pero éramos extraños el uno para el otro. A penas nos saludábamos.

Confieso que siempre he sentido un poquito de tirria por MarIsol e incluso por las rubias que casi nunca pasan desapercibidas. Que estuve tentada de teñirme de rubio y ponerme lentillas azules y plantarme delante de Antonio, aunque sólo fuera para llamar su atención. Pero esos eran puntuales momentos de rabia que superé enseguida cuando comprobé que el pelo oscuro y las carnes prietas estaban tan de moda o al menos, tan solicitadas, como las demás.

Todas estas sensaciones han regresado con estupor a mi recuerdo al recibir un mensaje de Fausto. No le reconocí cuando nos encontramos en aquel congreso. Para mí seguía siendo el chaval de las patillas y los pantalones de campana. Él siempre ha estado ligado al pueblo no como yo que, cuando falleció mi abuela, apenas regresé.

Quiere organizar una comida para conmemorar los 65 años que los de nuestra promoción vamos a cumplir en breve.

¿Se acordará Antonio de mí? ¿Me reconocerá? ¿Se habrá casado con una rubia? ¿Le reconoceré?

 

 

5 comentarios:

  1. El poder de una sonrisa. Araceli
    Una sonrisa es lo que me ha provocado Araceli con su relato. Primero nos habla de la belleza de los atardeceres, luego de la belleza de la noche y las estrellas. Debería haber seguido por ese camino y ver también la belleza en las arrugas de su cara en el espejo. Espero que algún día hagan espejos con inteligencia artificial y devuelvan la imagen que desea el usuario.

    No pasan de moda. María Isabel
    Cierto es que las personas guapas nunca pasan de moda. Les basta con cambiarse el corte de pelo y peinado para ser la envidia de los demás. Eso no quita que haya personas menos agraciadas que su cara también pueda estar de moda, por otras cualidades. Cuando somos jóvenes nos enamoramos de famosos, pero eso no debe obsesionarnos. Al final nos acabamos casando gente del montón como nosotros. Dejar una novia morena y guapa por alguien que se parezca a Marisol no es justo. Si es un relato de ficción y está bien escrito como éste, vale.

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  2. En su relato Juan, y en muy pocas líneas, consigue con gran acierto hacer un retrato de vida a través del corte de pelo. El relato se enriquece aún más con las connotaciones históricas y psicológicas que describen al personaje y la época. Y de nuevo el giro del último párrafo nos hace sonreír.

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  3. Sospecho que Juan, ha hecho un relato muy real, basado en las experiencias de su juventud y hasta nuestros días. Es extraordinario la facilidad que tienen de reflejar momentos muy sencillos, que siempre enganchan y lo que es mejor, siempre hacen sonreír.

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  4. El relato de Araceli, ya desde las primeras líneas, nos trasmite nostalgia y melancolía. El tono intimista y reflexivo lo convierten en un resumen de vida en donde las pinceladas poéticas le hacen aún más bello. La sonrisa es el resumen de la aceptación y la paz.

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  5. María Isabel, también habla de adolescencia, y posterior juventud, y usando como hilo conductor el cine y los protagonistas de la época, refleja situaciones por las que tod@s hemos pasado. Quién no ha soñado con el actor del momento?. Es un relato fresco, pero que cala. Gracias.

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