09/05/2025

LA FE 1.

 

CRISIS DE FE                                                              JUAN SANTOS

 

Un alma blanca tuve siendo niño,

fácil de mancharse como mis manos,

expuesta a tropezar como mis pies,

lavable como el babi del colegio.

 

Descalzo sobre el frío, acaricié 

el barro de la infancia. Obscurecí

su esencia con pecados veniales

y ofensas imposibles de evitar.

 

Fe ciega tuve, creí firmemente

en el premio y castigo de mis obras,

limpié con penitencias mis pesares

para sentirme bien, sólo un instante.

 

Habité un pueblo de iglesias, oí

los evangelios y me santigüé

mil veces, al pasar por las capillas

adornadas de mayos y pilistras.

 

Recé rosarios y sus letanías,

canté a la Virgen y me arrodillé

frente al sagrario con las manos juntas

y los ojos puestos al infinito.

 

Fui de aquellos creyentes de medalla

al cuello, con estampa en la cartera,

crucifijo en la alcoba y padrenuestros

rutinarios, a la espera del sueño.

 

De alegría, llené la Navidad,

de ayunos y abstinencias la Cuaresma,

de cielos anhelados mi esperanza,

de credos, el absurdo de la vida.

 

Caminando miré por las alturas

viendo a Dios en mitad del firmamento,

mas nadie como Cristo, de la tumba,

ha vuelto, me dije albergando duda.

 

Escuché los sonidos de la selva,

aparté las cortinas y los velos,

aflojé la cincha, solté la albarda,

y me eché con los pájaros al viento.

 

Ya no quise más cuentas con el alma,

hoy no sé si la tengo o no la tengo,

si corre con la sangre de mis venas,

o persigue a mi sombra peregrina.

 

Yo no perdí la fe, me la arrancaron

de los calostros que mamé. Quedé

mutilado de creencias, vacío

de ceremonias y viejas liturgias.

 

Ahora escucho la voz de mi conciencia

con la ley natural de la justicia,

amo a los hombres sin mirar su raza

y me conmueve el hambre de la Tierra.

 

Sólo cuando me acosan los problemas,

sólo cuando flaquea mi salud,

me siento desabrigado, pequeño,

sin nadie a quien echarle una plegaria.

 

Tal vez, mañana cuando ya me encuentre

en el último tramo de mi viaje,

la fe recupere y el alma encuentre

por el miedo terrible al infinito.

 


 

EL SACRIFICIO                                                ANTONIO LLOP

 

Eupropio Carrascal tenía aguijoneadas las falanges distales de sus dedos. Cada vez que le sobrevenía un mal pensamiento o un deseo concupiscente se pinchaba una. Para hacerlo de forma más cómoda llevaba un acerico en el bolsillo de su chaqueta con alfileres despuntando.

 

El dedo lo retiraba nada más sentir el dolor por lo que solo surgía en la piel un puntito rojo que restañaba inmediatamente con un pañuelito de papel. A veces, ni sangraba. Sobre todo cuando se hería los pulgares que ya tenía encallecidos. Para su catolicismo exacerbado esa sensación molesta era una rápida y suficiente penitencia.

 

Ejercía de psicólogo con consulta privada. Solía tratar dependencias de droga o del juego, pero su terapia favorita era la de revertir la homosexualidad.

 

-Usted seguro que no está a gusto con su problema –les decía a los gais con un cierto aplomo-. Yo tengo la solución. Solo es cuestión de fe en Dios.

 

Solía recibir a adolescentes desconcertados acompañados de madres angustiadas que no aceptaban esa tendencia en sus hijos. Les enseñaba que a pesar de su larga vivencia acompañando al Señor lejos de sus mujeres, ninguno de los apóstoles había tenido tentaciones homosexuales. Y que el mismo Jesucristo tuvo tratos con María Magdalena. La terapia basada en el dogma resultaba una novedad que solía explotar. En el peor de los casos si no conseguía resultados al menos habría acercado a la religión a alguno de sus pacientes. Además siempre le quedaba la excusa ante sus padres de que si no se curaban era porque no tenían suficiente fe.

 

La mayoría de los jóvenes era reticente a esa terapia. Pero un día recibió a un joven piadoso convencido de su error y dispuesto a colaborar en su curación. Su padre aceptaba la inclinación sexual de su hijo por lo que vino acompañado de su madre. Cuando estuvieron a solas dentro de la consulta Eupropio ofreció al muchacho el acerico punzante, que tan buen resultado le daba a él. Le recetó un pinchazo en los dedos cada vez que se desviara del camino que Dios mandaba, que era por supuesto el de la vida en pareja de diferente sexo.

 

-A veces la fe tiene que venir acompañada de un sacrificio –dijo como justificación.

 

Al día siguiente el joven visitó la consulta y le mostró compungido todos sus dedos agujereados.

 

-No vas mal. Persevera en el castigo. Verás que pronto odiarás relacionarte con otros chicos  –le aconsejó.

 

Tras un fin de semana el muchacho volvió a la consulta con la mano izquierda enguantada. Tras retirarse el guante la mostró roja de sangre seca con múltiples escoriaciones.

 

Desesperado por no conseguir odiar su inclinación sexual, la había cerrado sobre el acerico mientras rezaba el rosario y pasaba las cuentas con la otra mano.

 

La semana siguiente fue el padre del muchacho quien apareció en la consulta. Desveló que al despertarlo para ir a su trabajo su madre había descubierto las sábanas de la cama de su hijo con una gran mancha roja en el centro. El muchacho había dormido ovillado contra la pelota de agujas. Tuvieron que llevarlo a urgencias donde le diagnosticaron una pérdida severa de sangre. Estaba muy débil y necesitaba una trasfusión y una estancia mínima en el hospital.

-Mi hijo me ha confesado la solución que usted le dio para su supuesta cura. ¿Qué es usted un Marqués de Sade de pacotilla?

 

Dicho eso le propinó un puñetazo en la nariz que esta vez sí sangró abundantemente.

Desde entonces el bueno de Eupropio tiene severas crisis de fe, que no consigue mitigar con ningún sacrificio punzante.   

 


 

REFLEXIÓN. EL CAMINO Y LA FE                               MARÍA ISABEL RUANO

 

“Camino blanco que va hacía el río por la vereda del manantial…”

 

Estos versos vinieron a mi mente mientras me duchaba, inventados claro está. Tan contenta, me puse a cantarlos (sí, soy de las que cantan en la ducha).

 

Después, me puse a reflexionar sobre la imaginación, la mía, y su relación con la fe, no la mía y la de los demás. Para darme cuenta de que, entre ambas abstracciones, hay puntos en común.

 

Mientras entonaba los versos, entre el gel y el champú, en mi mente veía con plena nitidez, el camino blanco, que por lo general no existe; el río y la vereda del manantial llena de flores y animalillos, que le bordeaban. Y me sentía feliz.

 

¿Y por qué me dio por relacionar la poesía con la imaginación y la fe?

 

Además de la temática del blog de Santiago de esta semana, porque todas ellas, te llevan a ver y a sentir emociones muy personales y diferentes a las que los demás puedan ver o imaginar.

 

La palabra “fe” para mí, sin poderlo evitar va asociada a la esperanza y a la caridad. Creo recordar que eran las virtudes cardinales, según el catecismo. Enseñanzas que, afloran en el recuerdo de mi educación católica. Sin duda, de las tres, me quedo con la caridad porque es la más tangible y práctica.

 

La esperanza va y viene, como las ramas de los árboles zarandeadas por el viento y según el estado de ánimo puede ser sólida, escasa, real o infundada.

 

La fe es otra cuestión más personal e intangible. A mi recuerdo aflora, como una cruel herida sin cicatrizar, la fe ciega de mi madre, arrodillada en una iglesia, mientras rezaba y trataba de controlar el llanto, mientras el cura repetía la letanía de “una palabra tuya bastará para sanarme…” Ella creía firmemente en ese Dios crucificado, en toda su doctrina y en la bondad del corazón. Creía que su Dios podía curarla, aunque, en definitiva, fue la ciencia, a costa de mucho sufrimiento y experimentación, la única que consiguió alargarla durante unos meses la vida. Ante la leucemia, poco o nada, en aquella época se podía hacer.

 

Para una niña de diez años, que observaba todo sin entender nada, su inquebrantable fe, enfrentada a la agónica realidad de su muerte, causaron una sería duda en la fe católica y sus poderes, dudas que fueron aumentando con el tiempo y con la edad.

 

Pero lejos de la tristeza que estos recuerdos me siguen causando y de las incuestionables crisis de fe religiosa por las que he pasado, sí creo que la fe tiene un poder benéfico para la persona que la práctica y la siente viva en su interior, aunque sólo sea por el efecto placebo. Creer y sentir es connatural al ser, es bueno, ayuda al optimismo, a superar las dificultades, a seguir adelante, a tener esperanza y, en definitiva, ser mejores personas.

 

Por lo tanto, para mí, la fe es ser capaz de ver ese” camino blanco que va hacía el río” aunque nunca haya existido, por una hermosa vereda llena de belleza en la naturaleza y guiada por la innata bondad del ser. Mientras ambas coexistan, naturaleza y bondad, seguiré teniendo fe en la vida y en el ser humano.

8 comentarios:

  1. Impresionante poema el que Juan nos regala esta semana, en el que hace un recorrido vital desde la infancia hasta la madurez. Mostrando el fluir de la fe y de su conciencia. Las descripciones son tan visuales y tangibles que, de alguna manera, me siento identificada con cada verso. La metáfora de los "calostros que mamé" me parece exquisita.

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  2. El relato de Antonio nos describe una situación muy angustiosa, alarmante y, me temo, que no muy lejos de determinadas creencias. El nombre del protagonista, me parece todo un acierto, ya que, tanto el nombre como su perfil, contribuyen a dar verosimilitud a su relato. Afortunadamente, estas situaciones, cada vez son más escasas en favor de la libertad tanto de conciencia como de actuación.

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  3. El sacrificio. Antonio
    Eupropio es una víctima más de su propia fe. Al considerar la iglesia pecaminosa la homosexualidad, él mismo se martiriza con alfileres para que Dios lo perdone por sus debilidades. Es lamentable, que a estas alturas de la historia todavía queda gente así, y lo malo es que lo proyectan y contaminan a otras personas débiles, como él. La fe que en ciertos momentos puede ser bálsamo, en otros es contra natura. Hay que respetar todas las creencias, pero algunas con cuenta Antonio en su relato son tan absurdas que claman al cielo.
    Reflexión. El camino y la fe. María Isabel
    “Seguiré teniendo fe en la vida y en el ser humano”. Me quedo con la última frase de tu relato. La fe, referente a la religión (resumida en la oración del Credo que los cristianos elevan a Dios en cada misa), en algunas personas tiene altos y bajo a lo largo de la vida, sobre todo ante ciertas adversidades y desengaños. Y como bien dices, a veces, útil como placebo. Buena reflexión, María Isabel.

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  4. Creer sin ver, así nos manda la santa iglesia católica. Fe ciega y absoluta. Algo que les falta a los relatos de hoy, la perdemos ante injusticias y desastres, y la intentamos recuperar cuando nos afecta un mal, sin remedio humano. Siempre es bueno y necesario confiar en algo o alguien esa es la condición humana, gracias blog.

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  5. Juan, tu poema, es una glosa a corazón abierto de tu paso por la vida. Mientras haya plumas como la tuya y personas como tu, mantendré mi fe personal.

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  6. Antonio, Eupropio Carrascal, bebe de su propia ignorancia, y regala a manos llenas ésta, a los alumnos desconcertados que le llegan. Menos mal que el padre de unos de ellos, le pone las cosas en su sitio. Lo he disfrutado de verdad.

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  7. María Isabel. En tu línea, con una prosa muy clara y sincera, pones al descubierto tu vida desde niña, donde la fe que a todas nos inculcaron, va menguando con el tiempo, analizando con la razón y las propias circunstancias, que la fe ciega, es eso, ciega y no permite ver con claridad. Hablas de esperanza y caridad, ésta más tangible. Estas virtudes desde luego, si las acaricio. Pero que buen desnudo interior. Gracias.

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  8. Con hermosas metáforas, el poema de Juan relata toda una vida presidida por los vaivenes de la fe, terminando con una crisis de este dogma que no cierra la puerta de una vuelta a él.
    María Isabel, es pragmática con respecto a su concepción de la fe, que puede ser positiva como efecto placebo. El poema está lleno de referencias a la naturaleza y sus antepasados, verdaderos depósitos de la fe de la poeta. Muy bueno.

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