Durante varios siglos, el Vaticano
albergó una ingente cantidad de animales, casi todos ellos exóticos, fruto de
dádivas de diferentes países al papa de turno.
Esta costumbre se extendió hasta principios del siglo XX y, a día de no hoy, no quedan muchos rastros de esta especie de Arca de Noé que fue el Vaticano, tan solo el nombre de algunos patios.
Llegó a haber una especie de Museo
Natural, donde se hacían estudios que intentaba conciliar el mundo natural
y la fe.
Aquí os dejo este interesantísimo
artículo con unas muy buenas referencias históricas que seguro os encantarán.
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La posesión de animales exóticos siempre ha sido signo de poder o extravagancia. Si, al final, se produce un amor a nuestros ancestros, bienvenido sea. Curioso que ahora se haya perdido la costumbre para dar paso a la fuente de ingresos que es el turismo. Puede ser un ejemplo de la evolución de la Iglesia.
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