La tecnología espacial es increíble. Nos
lleva a lugares que nunca podríamos imaginar, por lo lejanos e inaccesibles. Y
nos trae imágenes impensables de lejanas galaxias.
Pero los errores, los fallos, pueden llegar de la forma más pueril. La anécdota que contamos sucedió en 1999. La Nasa envió una sonda espacial a Marte y nunca, nunca pudo aterrizar en ese planeta.
Empezaron a investigar lo ocurrido y todo se
debió a que uno de los artilugios de propulsión estaba calibrado en un antiguo
sistema de medidas, no el internacional, que se usaba en Estados Unidos.
Os dejo un gran artículo contando toda la peripecia y el orgullo americano. Y lo mejor de todo, no se tiene ni idea de por dónde anda la pobre sonda espacial porque tampoco queda claro que llegara a chocar con la superficie.
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