La ciencia y la vida cotidiana no pueden y no deben ser separados. (Rosalind Franklin)
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31/05/2025
30/05/2025
LA ÚLTIMA HABITACIÓN 2.
UN CARDO Y UNA FLOR MARÍA ISABEL
RUANO
En el hotel de la dehesa
el cardo y la flor
se fueron a buscar una habitación
para yacer y hacer el amor.
Entre amapolas y espigas,
abejas y mariquitas,
sobre la tierra mojada
y bajo la luz del sol.
Él era muy alto, ella pequeñita.
Él se inclinaba, ella no llegaba.
Se miraban y sonreían.
Sobre ellos se posaron mariposas,
libélulas, moscas y mosquitos.
Pájaros que con su pico
sorbían el néctar de su amor.
De uno a la otra, del cardo a la flor,
llevaron los besos, su esencia de amor.
Sobre el campo en primavera
expandieron la semilla
del imposible amor.
EL BASTÓN ANTONIO
LLOP
A Justino le gustaba improvisar. A pesar de los consejos de
Evelina, su esposa, nunca reservaba anticipadamente habitación de hotel porque
ni siquiera programaba el lugar donde recalarían. Y ese pueblo, Aldeanueva de
Castrillo, le había gustado cuando decidió desviarse con su coche de la
carretera general.
-Mujer, es mejor ir a la aventura. La sorpresa es lo que nos
hace sentir vivos.
Llegaron a un núcleo
urbano de casas donde el paso del tiempo y la lluvia había deslucido su antiguo
encalado. Las calles estaban engalanadas con guirnaldas de papel de colores y
por todas partes se escuchaba música de charanga.
-¿Has visto Evelina, como tengo razón? La sorpresa. Sin
proyectarlo hemos llegado a un pueblo en fiestas.
Preguntaron a un lugareño por un sitio donde dormir una
noche. Este les indicó una casa rural en las afueras del pueblo. Tras un camino
flanqueado por una tupida arboleda llegaron a un destartalado edificio de
piedra de dos plantas con ventanucos repartidos a lo largo de la fachada. Les
recibió un hombre entrado en años con una escasa melena blanca recogida en una
coleta.
-No nos quedan habitaciones –dijo, tras un escrutinio de
desconfianza hacia los recién llegados.
-¿Ves como era yo quien tenía razón? -protestó Evelina-. Tú y
tus sorpresas. Eso nos pasa por no programar el viaje.
Justino insistió con el recepcionista. Siempre guardarán algo
para imprevistos. O alguna cancelación de última hora… El hombre se rascó la rala
melena.
-Bueno hay una habitación que nunca hemos asignado a nadie. Estaba
reservada para el marqués cada vez que venía al pueblo. Pero lo encontraron
muerto en ella el año pasado. Está cerrada pero supongo que la podríamos
preparar si ustedes la quieren.
Justino aceptó de inmediato dejando en evidencia a su
reticente esposa.
Mientras limpiaban el cuarto fueron al pueblo a disfrutar del
ambiente festivo. Tras una buena comida en una de las tascas regresaron a la
Casa Rural a dejar sus mochilas en la habitación. Algunos clientes abandonaban
la Residencia en sus coches.
Cuando entraron al recinto, en el mostrador en vez del hombre
de por la mañana había una mujer gruesa con el pelo desordenado. Le preguntaron
por su habitación.
-Ya se la he preparado. Es la 222.
Mientras les informaba que su compañero ya se había ido a la
celebración y no volvería hasta el día siguiente, les entregó dos llaves de aluminio
en una arandela con una chapita grabada con el número del aposento.
-Una es de la del cuarto y la otra del portón de acceso al hotel.
Todos los clientes la llevan porque Narciso y yo vivimos en el pueblo. Hoy es domingo,
el último día de fiestas, y parece que al final todos se van a ir. No olviden
cerrar por la noche. Y mañana, si salen antes de que venga mi compañero, dejen
las llaves en ese cubilete.
-Si las habitaciones van a quedar vacías ¿por qué nos han
dicho antes que no quedaba libre nada más que la del marqués? –preguntó Justino
escamado.
-Aquí no es como los hoteles de la ciudad. Los clientes
pueden abandonar sus cuartos dentro del día sin límite de hora. Cuando llegaron
ustedes todas estaban ocupadas.
La pieza era la única con ventana al exterior de la planta
segunda. Entraron y revisaron por encima las dependencias. El cuarto de baño
estaba limpio y la cama era aceptable. Abrieron el armario y encontraron un
bastón de madera con mango de latón de estilo victoriano apoyado en un rincón.
-Esta mujer no ha limpiado a fondo – dijo Justino-. Seguro
que este bastón se lo dejó el marqués antes de morir.
-No me hace ninguna gracia tenerlo aquí. Llama a la mujer y
que se lo lleve –sugirió Evelina.
Justino descolgó el teléfono de sobremesa que no daba ninguna
señal. Al final decidieron dejarlo abajo en la recepción. Cuando llegaron a la
entrada ya no había rastro de la mujer. Antes de salir a la calle colocaron al
bastón tras el mostrador. Los últimos clientes depositaban sus dos llaves en el
cubilete con un tintineo apagado.
Bajaron a la plaza del pueblo donde bailaron hasta la noche.
Tras la explosión del último cohete de los fuegos artificiales se hizo el silencio.
Todos los festejantes se retiraron a sus casas. Justino y su esposa regresaron
a la Casa Rural. La oscuridad era total. El camino arbolado carecía de farolas.
Y la casa estaba totalmente apagada.
-Teníamos que haber dejado prendida la luz de fuera antes de
salir. Pero con ese sol daba no sé qué –justificó ella.
Con los focos del coche iluminaron la cerradura para que él
encontrara la cerradura de acceso al portón. Dentro no se oía ningún ruido,
solo el traqueteo del vetusto ascensor cuando lo llamaron. Entraron a la
habitación y mientras Justino dejaba en la entrada la bolsa con los productos
típicos que habían adquirido, su mujer parada y mirando hacia un punto fijo del
interior preguntó:
-¿Dejaste la llave de la habitación a alguien?
El hombre lo negó, dijo que la había llevado en el bolsillo
todo el rato.
-¿No querías sorpresas? –continuó ella con voz extraña y sin
moverse del sitio.
Justino llegó a la altura de su mujer y siguió con la vista
su mirada.
El bastón estaba atravesado de lado a lado de la cama, como
si el marqués reivindicara su lecho desde el más allá.
CONFIRMACIÓN ARACELI DEL PICO
No le gustaba su nombre, no le gustaba, pero nada, nada. Engracia. Y
cada vez que atravesaba un mal momento, pensaba… deberían haberme quitado las
dos primeras letras y haberme llamado Desgracia.
Una infancia gris, de padres mal unidos, cuyas discusiones se oían a un
kilómetro de distancia, habían minado su carácter. Fue la niña díscola del colegio
y la que sobresalía por sus buenas notas.
En su casa, nunca hubo un halago por ello. Le pedía a su padre, que se
las firmara y éste apestando a vino, las retiraba de un manotazo.
-
Papá, que son buenas notas, deberías estar más
contento. Mis profesores, lo están.
-
Pues que las firmen ellos.
Así un mes y otro. De tal modo que Engracia
se acostumbró a firmar las notas en nombre de su padre. La firma no era
complicada. Un garabato con una F más grande de lo normal y a continuación un García
irregular. Esa habilidad, le brindó
puentes en el futuro.
Y en ese ambiente sórdido, carente de principios, creció una joven
agraciada, inteligente y resentida con el universo entero. Era hábil con todo
aquello que se proponía, pero según iba creciendo, la poca capacidad de sonreír
que tenía fue desapareciendo por completo. Acostumbró a vestir de negro, de “gótica”
. Alta, delgada y derrochando malos modos, paseaba su palmito. Y así se ganó
con todo derecho el apelativo “la muerta”
Pero “la muerta” a pesar de no
poder estudiar la carrera que hubiera deseado, encontró el tiempo preciso, para
hacer unos cursos de inglés, que le vinieron divinamente. Y consciente de que
su futuro, solo dependía de ella, empezó a buscar trabajo.
Lo consiguió de inmediato. Como
recepcionista de un hotel de 4 estrellas. Aprendió a pulir sus modales, cuidarse
mucho las manos, agrietadas por otros trabajos. Y se colocó uñas postizas muy
largas, que junto a su sobria vestimenta le daban un halo de misterio. Todo en
ella era sobrio y respetable.
Engracia “la muerta”, resucitó un buen día,
que llegó a recepción un tipo de Egipto, de impecable aspecto y solicitó la
mejor habitación del hotel.
-
Está ocupada señor.
-
Pues que la desocupen.
Y echando mano al bolsillo de su
elegante galabella, cogió un fajo de billetes y los depositó en el mostrador,
con toda naturalidad, mientras mirándola a los ojos le regalaba la mejor de sus
sonrisas. Sonrisas que se apagaron de
inmediato, cuando chocaron con la frialdad de ella.
-
Señor, lamentablemente aquí, no se hacen así las
cosas . Si la mejor habitación está ocupada, y usted se quiere alojar en
nuestro hotel, tendrá que hacerlo en otra habitación de rango inferior.
-
Bien por una noche, me conformaré.
-
Señor la pareja alojada en la suite, son unos
recién casados, que han reservado por una semana. Llevan solo tres días. Si
insiste en quedarse, tendrá que permanecer en la que ahora le asignemos.
-
Está bien, pero prefiero verla antes de aceptar.
No, no. Las maletas se llevarán donde sea cuando yo lo diga.
Engracia solicitó los servicios
de un mozo. Esperaron el ascensor pacientemente que no llegaba nunca. Y cuando
llegó, el presunto cliente se volvió al mostrador y dijo:
-
No tienen ascensor privado, para huéspedes
especiales?
-
No señor.
-
Que contrariedad, todo son pegas.
-
No señor. Todo tiene arreglo,
-
Dígame…
-
Mi habitación, no es muy amplia. Pero está en la
planta baja, si no le importa compartir.
-
Su nombre?
-
El de pila es Engracia. Pero hace poco, lo he
cambiado por Consuelo.
La sonrisa volvió a la cara del huésped. Ella permaneció, como la
Esfinge de Ghiza.
A TIRO HECHO SANTIAGO
J. MARTÍN
Entramos los dos cogidos de la mano con una sonrisa
aparentemente natural, de enamorados, con un brillo en los ojos de ansiedad por
estar juntos en esta aventura.
Al llegar a la recepción ya sabíamos que teníamos a nuestra
disposición una habitación especial, la “nuestra”, la que necesitábamos para
darlo todo esa tarde de otoño, mientras la ciudad celebraba la visita del
monarca por primera vez desde su recién estrenado reinado.
Como dos enamorados, ajenos al bullicio, con prisas por
empezar abrimos la puerta de la habitación 435, la más alta del hotel. Desde
allí las vistas eran perfectas para deleitarse con el cortejo y la algarabía,
pero preferíamos el fragor de lo nuestro, el deleite de deshacer con ansiedad
nuestro breve equipaje y lanzarnos a la pasión que allí nos reunía.
Noté como Patricia respiraba profundamente pegada a mí y
sabía que se le aceleraba el pulso a medida que nos tumbábamos el uno junto al
otro.
No era mi primera vez, pero al notar su nerviosismo de
novata, también me sobrevino una excitación que llegó a hacer temblar levemente
mi muñeca. Ella se dio cuenta y me acarició el brazo.
-
Tranquilo. Confía en mí.
Lo preparé todo con precisión y la dejé hacer, como ya
habíamos planeado. Estuvo soberbia, acertada, precisa, sublime, perfecta.
Después el silencio siguió mandando en la habitación 435,
mientras la gente en la calle había cambiado, ahora gritaban y corrían, las
sirenas se abrían paso entre la multitud enloquecida, los helicópteros tomaban
la ciudad y los francotiradores de la policía rastreaban los tejados.
En pocos minutos, Patricia y yo, parecía que dormíamos
plácidamente en la habitación que el recepcionista nos había dado unos minutos
antes, la 239, la última disponible aquella tarde y que se asomaba a la parte
trasera de la calle, oscura, fría y ajena al magnicidio.
29/05/2025
PARADORES MALDITOS
Lo bueno que tiene dormir en un Parador Nacional, independientemente que puedas montar fiestas orientales o no, es que estás rodeado de pura historia.
Hasta el punto de verte rodeado de misterios sorprendentes que se remontan a siglos atrás. Son leyendas, a veces muy insisteras que atraen a curiosos y friquis de medio mundo, conocido.
Prometo hacer escapadas a alguno de ellos y subir un vídeo a nuestro canal de YouTube. Que conste que hace años estuve en Oropesa y no vi nada. Eso es que no me fijé bien.
28/05/2025
FOUR SEASONS EN ZANZÍBAR
Lo que traje la semana pasada con los lobos y Canadá estaba en la frontera entre el lujo, el privilegio y la invasión del espacio natural.
Lo de hoy, yo creo que nos adentra en profundidad a lo más
obsceno con etiqueta de ecológico y natural.
Una habitación de lujo en uno de los parques naturales más
imponentes del mundo, Serengeti, parece que va más allá de lo moralmente
aceptable, aunque la gran mayoría de los mortales no lo podremos plantear jamás
porque el precio no es prohibitivo, sino lo siguiente.
27/05/2025
LA INTELIGENCIA ARFICIAL Y LA BÚSQUEDA DE HOTEL
Usamos la IA muchas más veces de las que
sabemos y creemos. Lo cierto es que el fenómeno va a más.
Se supone que toda esta sabiduría tecnológica es para poder mejorar la calidad del servicio en base a una elección exacta, sin lugar a equívocos. Vamos que cuando llegamos a ese hotel ya nos da la impresión que hemos pasado allí varias noches.
Se pierde el encanto de la sorpresa, que
puede ser negativa, y se gana la seguridad de lo ya comprobado.
Para allí vamos. No sabemos cómo llegaremos.
26/05/2025
EL HOTEL INFINITO
No he podido resistirme.
Este que hoy os presento, en versión escrita y versión vídeo, es la explicación
más bonita que he encontrado nunca de los números infinitos.
Es una maravilla que utiliza un hipotético hotel de infinitas habitaciones. Se le ocurrió a un matemático alemán llamado Hilbert, a principios del siglo XX.
En este artículo, que
puede que tengáis que leer varias veces, también nos aparece Borges y su Aleph,
que no deja de ser un concepto matemático.
En cualquier caso, si
el asunto se os hace complicado, pasaros al vídeo y disfrutadlo. Sed pacientes
y comprobad la belleza de las matemáticas, aunque no se os den bien, aunque no
las comprendáis del todo.
25/05/2025
24/05/2025
EL HOTEL MÁS ANTIGUO DE ESPAÑA + SOLUCIÓN AL CONCURSO
Poder alojarse en el hotel más antiguo de España no es ni mucho menos caro. Según el momento del año se puede llegar a pagar una habitación estándar 170 euros en invierno, o algo más de 300 en temporada alta. El artículo que os dejo tira los precios un poco para abajo porque no es de este año.
Poder alojarse en este antiguo hospital del principios del
siglo XVI y que hoy es uno de los Paradores Nacionales más emblemáticos, Reyes
Católicos, es todo un privilegio y que está más alcance de lo que parece.
Mi última experiencia no fue especialmente buena. Sucedió
este pasado mes de febrero, al terminar mi Camino de Santiago. Me frustré
ligeramente al ver los andamios tapando este emblemático hotel.
Habrá que volver.
SOLUCIÓN AL CONCURSO
Enhorabuena a Araceli, que está sembrada con el concurso últimamente. Se trataba de la serie White Lotus, que se rueda siempre en hoteles Four Seasons. Estos sí que son caros. Demasiado caros, incluídos los que están en España: Madrid y Mallorca.
23/05/2025
LA ÚLTIMA HABITACIÓN DEL HOTEL 1
AY, BILLY WILDER MANUEL
GIL
La
mirada escrutadora de esa mujer se clavó primero en ella y era lógico. ¿Quién
no se sentiría atrapado por ese cúmulo de encantos? Y después la dirigió a mí,
frunció el ceño y en tono hosco preguntó.
- No les voy a pedir papeles, espero que lo que dicen sea verdad, porque esta es una casa decente.
- Mira, yo no sé qué idea
te habrás hecho tú, a mÍ está claro que me caes bien y que me gustas, pero te
voy a decir algo, conmigo puedes dormir compartiendo cama como si lo hicieras
con un colega.
-Nadie es perfecto.
LAS BODAS DE PLATA JUAN
SANTOS
Paulino hizo la mili en Madrid en un cuartel de la carretera
de Extremadura. De cabos para arriba no recuerda a nadie, lo que no ha podido
olvidar son los buenos ratos que pasaba con sus colegas y los bocadillos de
calamares que se comía en los aledaños de la Plaza Mayor.
Desde que se casó con Felisa, le ha prometido muchas veces,
volver un día con ella. Le enseñará lo bonita que es la ciudad y, de paso,
verán un musical de esos que ponen en la Gran Vía. El problema es que las
faenas del campo, siempre tienen a Paulino muy ocupado y un día por otro, nunca
llega.
Este año que hacen las bodas de plata, Felisa se ha plantado
y le ha dicho a Paulino, muy en serio, que como no vayan a Madrid a celebrarlo,
se separa de él. A Paulino se le ha caído el mundo encima.
-
Cariño, no me digas eso ni en broma. El próximo
fin de semana, te juro que vamos a los madriles y al campo que le den por saco.
Anoche, prepararon la maleta con la ropa de los domingos.
Estaban muy ilusionados, parecía que se iban de luna de miel. Aquel viaje
deseado que nunca hicieron.
Felisa apenas ha pegado ojo, cuando ha sonado el
despertador, ya estaban los dos pensando en levantarse. Hasta Valdepeñas han
ido con su furgoneta, la han aparcado cerca de la estación y han cogido el tren
de las diez, con dirección Madrid-Atocha.
Un poco antes de la una han llegado a su destino. Felisa
está asombrada de ver los edificios tan grandes y la cantidad de tráfico que
hay, pero está contenta y deja que su marido, que presume de conocer Madrid,
lleve la iniciativa por la Plaza de Carlos V.
Lo han hecho todo con tanta premura que no han reservado
hotel y las entradas del musical, esperan sacarlas sin problemas. Paulino cree
que Madrid está como hace treinta años, cuando iba a una pensión y sobre la
marcha le daban alojamiento, o cuando para ir a un espectáculo lo único que
tenía que hacer era esperar unos minutos de cola en la taquilla.
La verdad es que con ese armatoste de madera parecen salidos
del túnel del tiempo, pero ellos han venido a disfrutar a Madrid y les da igual
que su maleta sea fea y no tenga ruedas.
Lo primero que han hecho ha sido entrar en el Hotel
Mediodía. Paulino con mucho arrojo se ha dirigido a la recepcionista.
―Buenos días, Señorita ¿Tienen habitaciones libres?
La chica ha consultado su ordenador y le ha respondido,
amablemente.
―Sí. Nos queda una habitación doble, con dos camas
individuales.
―Ah, no. Nosotros la queremos con una sola cama grande,
porque celebramos nuestras bodas de plata.
―Pues lo siento mucho,
señor, pero solo tenemos esa habitación.
Paulino sospecha que, sin haberlo reservado, es difícil
encontrar un alojamiento, que no sea muy caro y con una cama de matrimonio,
como Dios manda.
-
Si te parece, vamos a ir a una pensión que hay por
aquí en la calle Atocha, que iba yo algunos fines de semana cuando estaba en la
mili -le dice a Felisa.
-
Vale, como tú quieras, a mí me da igual, lo
único que quiero es dormir contigo, el sitio es lo de menos.
Ya están en la puerta y la pensión ha cambiado poco. Paulino,
haciéndose el simpático, pregunta por la señora María. La chica que lo recibe
se queda mirándolo.
―La señora María es mi madre. ¿De qué la conoce usted?
―Yo era cliente habitual, hace treinta años. Pero déjelo, queremos
reservar una habitación, con cama de matrimonio, para esta noche.
―Habéis llegado a tiempo, nos queda una. Pero, espere un momento,
voy a llamar a mi madre. Ella tiene muy buena memoria y seguro que se acordará
de usted.
Al momento, sale la madre que se conserva estupendamente.
―A ver ¿Quién pregunta por mí?
―Señora María, soy Paulino. ¿Se acuerda de mí?
―Hola, Paulino, Claro que me acuerdo de ti y de Luisita, también.
Veo que seguís enamorados. Me alegro de veros. Dadme un beso.
Felisa se ha quedado blanca como la pared. Señora, yo me llamo
Felisa. ¿Quién diablos es esa Luisita?
A Felisa se le han quitado las ganas de ver Mamma mía y quiere
volver al pueblo, ahora mismo, para pedir el divorcio.
HOTEL CASA ROSADA JUANA
DOMÍNGUEZ
Fue una aventura para no recordar, las prisas me depararon
una sorpresa inolvidable.
Un mes de mayo, mi empresa nos comunicó que iba a hacer
reforma y nos dieron vacaciones forzosas, una semana libre, fuera de lo
habitual. Qué hacer, me vendría bien cambiar de aires, dejar la ciudad y olvidarme de problemas que no podía
solucionar momentáneamente, necesitaban tiempo y mucha, mucha paciencia.
En un estante de la librería, tengo una guía de hoteles de
todo el país, la abrí sin ninguna intención y la hojeé mirando los destinos.
Algo me llamó la atención. Hotel internacional de tres estrellas, en una
pedanía de Cervo, piscina climatizada, pista de pádel, animación.
Lugo está lejos, pero estaría cerca del mar, aunque para
llegar tendría que conducir alrededor de
una hora.
La foto que describía el hotel invitaba a conocerlo, un
caserón de dos plantas, con pórtico en la entrada, pintado de un rosado fuerte,
dentro de un jardín bien cuidado, y rodeado de eucaliptos. No me parecía un
pazo, debía ser la casa de algún indiano. Mi curiosidad me animó a llamar.
-Casa rosada, dígame.
-Buenas tardes ¿tendría habitación libre, para mañana?
-¡Mañana! Espere un segundo que lo compruebo.
Estuve al teléfono un buen rato, no se oía nada, ya iba a
colgar cuando escuche un ladrido.
-Hola, perdone por la tardanza. Me queda una habitación con
una cama solamente, es la feria de ganado y estamos completos. Son 120 euros
por noche, con desayuno incluido.
¡Cinco noches! un pastón solo por dormir en un sitio que
quizá fuera un desierto verde.
-De acuerdo, resérvemela.
En una maleta pequeña metí lo imprescindible, y a media
mañana del día siguiente salí camino de Galicia, llegué a media tarde a Cervo y
di una vuelta por el pueblo. En un bar pedí algo ligero, en el hotel no sabía si podría tomar algo de
cena. Pregunté por el camino a la pedanía y me dirigí hacia ella.
Aún había mucha luz, el paisaje del camino era
impresionante, bosques de pinos y de
eucaliptos, prados verdes llenos de flores amarillas, un paraíso
idílico.
La primera impresión del hotel me causó desazón, la foto de
la guía no tenía nada que ver con la realidad, la fachada se veía desconchada y
sin pintura, el pórtico de la entrada estaba derruido, el jardín no existía. Un
señor bajito y medio calvo salió a mi encuentro.
Si busca alojamiento está por aquí, me dijo señalado un
sendero a la izquierda de la fachada. Detrás del caserón habían construido una
serie de edificios de madera de una planta, bungalows Casa Rosada decía el
cartel. Me dirigí al que parecía la recepción, el señor me había seguido y
después de anotar mis datos en un libro me indicó:
-Su habitación esta al final del sendero, es el último, y se
quedó en silencio
-¿No me da la llave?
-No tiene, está abierto, usted puede cerrar por dentro
echando el cerrojo.
No lo podía creer ¡donde me había metido!
El cuarto consistía en un rectángulo todo de madera, de tres por cuatro metros, con una cama, una
mesilla, un perchero, y un aseo diminuto. La noche fue toledana, por la ventana
sin cortina del cuarto veía las sombras siniestras que producían las ramas de
los árboles, a la luz de la luna, acompañadas por la animación del hotel que
consistía en el canto de los búhos, el ladrar de los perros, y el balar de las
ovejas, que debían estar pegadas a la pared trasera de lo que denominaban
bungalows.
No quise desayunar subí al coche y volví a mi casa, de la
que no debería haber salido.
22/05/2025
EL RESPLANDOR DEL STANLEY HOTEL
El hotel Overlook no existe, pero sí el Stanley Hotel, que viene a ser lo mismo. Estoy hablando de un de los principales protagonistas del libro de Stephen Kings, El resplandor, luego convertido en película por Kubrick que, por cierto, se llamaba Stanley, aunque nada tenía ver con los propietarios originales del hotel.
El Stanley Hotel es un hotel idílico en las Montañas Rocosas, en medio
de un parque natural y que, hasta la llegada de El resplandor, iba de fracaso
económico en fracaso económico, pasando de mano en mano y siempre al borde de no
abrir nunca más.
Necesitaba un potente aliciente para que los clientes se desplazaran tan
lejos, pagando tanto por una habitación. Y el ingrediente se lo dio el escritor
americano, haciendo de ese lánguido hotel entre montañas, una fuente de
leyendas y fenómenos paranormales.
A partir de los años 80 el negocio despegó y ya es un lugar de culto para
los cazadores de fantasmas y los buscadores de espíritus perdidos.
Os dejo un artículo y la página del hotel, para que echéis un vistazo a
imágenes y precios.
21/05/2025
DURMIENDO CON LOBOS EN CANADÁ
Esto va más allá del "baile"que nos proponía la película. Y lo digo porque nunca verás lobos tan de cerca y corriendo tan poco peligro.
Se trata de un parque, una reserva de animales salvajes cerca de Otawa, en Canadá. Una experiencia inmersiva que va más allá de la simple visita, allí también podréis pasar una noche rodeados especialmente de lobos, además de otros animales que allí viven en un estado de semilibertad.
No es una experiencia barata, pero sí única, aunque con
algún que otro reparo sobre hasta que punto respetamos la vida salvaje de todos
estos animales.
No os perdáis el vídeo que tiene dentro el artículo.
https://www.marphiltravel.com.mx/noticias/omega.html
20/05/2025
EL HOTEL MÁS TECNOLÓGICO DEL MUNDO
Este hotel, que hoy es presento en la
sección de Tecnología, vendría a ser un caso extremo de robotización de
servicios, pero que sirve como ejemplo de hacia dónde vamos en el sector
servicios.
Está claro que hay una evidente deshumanización en el trato con el cliente, pero, a cambio, todo redunda en beneficios: económicos, ya que el hotel es bastante barato para ser Japón, y también medioambientales, como podéis comprobar en el artículo que viene a continuación.
Me parece curioso el tema, que nos lanza una
metáfora con tintes futuristas, pero que está ocurriendo ya. Lo que pasa es
que, como decía la canción de No me pises que llevo chanclas, “Japón, mia que está lejos Japón”.
https://www.japan-experience.com/es/todo-sobre-japon/nagasaki/cultura-pop/henn-na-hotel
19/05/2025
LOS HOTELES DE TESLA
Se cuentan muchas
cosas sobre la vida privada de Nikola Tesla, y seguro que alguna de ellas será verdad.
Yo hoy os traigo un artículo donde comentan ciertos apuros que tenía el científico para pagar las habitaciones de los hoteles donde residía.
Era un maniático de la
investigación y prefería no tener que dedicar nada de su tiempo al cuidado de
un hogar.
También es verdad que
cobraba una pequeña pensión del estado serbio, que muchas veces no le llegaba
para pagar el hotel.
Las excentricidades de
la vida particular de los científicos tienen un claro exponente en Tesla.
https://computerhoy.20minutos.es/noticias/life/nikola-tesla-rayo-muerte-1022673
Además, si quieres saber
más detalles, te remito a un vídeo, de fabricación propia de este blog, que se publicó
hace unos meses en YouTube.
18/05/2025
CUARTA SEMANA DE MAYO
CONCURSO
Cadena de hoteles que inspira una famosa serie de TV que ha estrenado hace muy poco su tercera temporada.
Pista: el color blanco forma parte del nombre de la cadena en la ficción, pero yo pido la cadena real. En España tenemos dos.
17/05/2025
16/05/2025
LA FE 2
FE MANUEL
GIL
En la penumbra, un foco de esperanza;
es la fe, un faro que en la noche brilla,
espejismo que los miedos maquilla,
fe que nos abriga y nos da confianza.
A través de la niebla firme avanza
aunque en el corazón va la semilla
de una duda, la de alcanzar la orilla
con música de bienaventuranza.
Que mueve montañas si la poseemos
predican desde piadosas lecturas,
para que sumisos aceptemos
la realidad, cruda a veces oscura,
envuelta en lienzos de dolor extremo,
que el brillo de la fe, rara vez cura.
¿SERÁ ESTO UN AVISO? ARACELI
DEL PICO
Recibí en un Colegio de monjas mi educación básica, solo hasta los ocho
años. En la Capilla del cole, hice la primera comunión. Y esa fue la última vez
que pisé el sagrado suelo de la Divina Providencia. Así se llamaba la honorable
institución. Que por cierto, en primavera adornaba esa capilla, con las rosas
del jardín donde vivíamos.
Mi abuelo, ateo convencido, las cortaba primorosamente, las completaba
con tallos de hierba buena y me las daba para que Sor Vicenta, dispusiera de
ellas al pie del altar. Ella las recibía con una sonrisa y decía:
-
Ya iré a darle personalmente las gracias a ese
hijo del…
Farfullaba por lo bajines, algo que yo no entendía. Me daba un beso de reconocimiento y así hasta
la próxima entrega floral.
Dicen que fui una niña bastante manejable, estudiosa (que no brillante)
y respetuosa con mis mayores, hasta el aburrimiento. Lo decían mis abuelos. Yo
ni lo pensaba. Hubiera sido un pecado de soberbia y hasta ahí podíamos llegar. “Los pecados, ninguno, ni siquiera de
pensamiento”.
Pero si, lo
suficientemente inquieta, para pensar que la incredulidad de mi abuelo, no
cuadraba con la fervorosa entrega que hacía de sus rosas a las monjas, cuyas
rosas mimaba como el más preciado de sus bienes. Y ahí comenzaron mis dudas
sobre la fe. Y no era raro, digo yo.
Con unos añitos encima, y chispa más resabiada, mis dudas en este aspecto
crecían por momentos. Y teniendo en cuenta, que yo salí de aquel colegio con un
punto de tristeza, porque por aquel entonces, lo que yo quería era unirme de
mayor a la congregación, pues tenía una desazón en mi interior, al menos, como
poco, bastante inquietante.
Mi abuelo, se fue para siempre poco después. Nunca tuve la oportunidad
de preguntarle, sobre su contradictorio comportamiento, por su carencia de fe.
Y el mimo con el que preparaba aquellos ramos. Incluso llegué a pensar
(inducida por el demonio, sin duda), que quizá le gustaba Sor Vicenta.
Y así yo crecía y mis dudas conmigo. Pero mi fe iba menguando y yo me
adaptaba a esta mengua, De modo que aceptaba como normal y natural, aquello que
lo era. Conocí el amor con mayúsculas y tuve suerte. Nunca me he casado, pero
mi pareja, entregada a mí como Dios manda, aunque él no haya bendecido nuestra
unión, tampoco tiene claro el tema de la fe.
Ahora, no sé porque extraña razón, le ha
dado por pensar, que es momento de formalizar nuestras vidas. Cuando le he
preguntado por qué, me suelta aquello manido por demás, que por los niños. Pero si los niños están
felices a tope con su padre y su madre, que les quieren a rabiar. Aun así
inquiero. Por el juzgado, ¿entiendo? No, no. Por la iglesia.
Me ha dado un mareo y no he caído redonda, porque le tenía cerca y me ha
sujetado bien.
Cuando he espabilado, le he dicho. ¿Ves lo que pasa por decir tonterías?
Se ha callado. Y ni mu.
Liberada del efecto sorpresa, y una vez con
mis hijos en el colegio, me he dirigido al centro donde colaboro en una
asociación que presta sus servicios a mujeres desprotegidas. Aún me duraba el
sofocón.
Se ha acercado a la ventanilla una mujer para darme sus datos. La he
mirado fijamente con descaro casi. Y es que esa cara…
-
¿Nombre?
-
Vicenta Expósito.
-
¿Edad?
-
Perdón, no…
Su voz no me llega. Y mientras me esfuerzo en oírla, veo su cara
clavadita a la de mi abuelo y en ella sus mismos gestos.
Pido a una compañera que ocupe mi puesto. No me siento bien.
He salido del trabajo cuanto antes. Obnubilada. Pero decidida a buscar
una casa de modas y tratar de encontrar un traje de chaqueta adecuado. O algo
parecido. A estas alturas, no voy a ir de blanco y con azar. Vamos, lo que me
faltaba.
DECISIÓN FIRME JUANA
DOMÍNGUEZ
Caminaba absorto con pensamientos enfrentados, ser misionero
o defender la empresa familiar, como sus mayores le aconsejaban. Dedicarse a
los demás no iba a reportarle ningún beneficio, era hijo único, ningún otro descendiente podía ocuparse de
aquella fábrica que tantos beneficios daba a trabajadores y sobre todo a su
familia.
Las últimas vacaciones las había pasado en un convento
castellano, que ofrecía hospedaje a seglares en
verano, gente con necesidad de aislarse y meditar en la soledad y
tranquilidad de un entorno monacal.
Paseos por la huerta, en la que cosechaban la comida sana y
fresca que les proporcionaban en la mesa, o por la orilla del río entre álamos
y rastrojos recién cortados, sin ruidos estridentes de tráfico, sin televisión
ni Internet, alejado del mundo. Tranquilidad para mirar y admirar las
estrellas, las nubes en las que tantas figuras se adivinan. El movimiento de
las hojas de los chopos bailando al son del viento. Silencio, hablando consigo
mismo.
Volvió a su casa diez días después, rondándole la idea de
ingresar en los agustinos de su ciudad y dedicarse a estudiar teología y
aprender a enseñar a los que no tenían ninguna noticia de Dios.
Nunca había tenido una fe ciega, la religión que practicó
fue la de la gente de su generación, catequesis, misa y rosarios cuando estaba
en edad escolar. En su juventud se fue distanciando de la iglesia católica, los
estudios de economía no le dejaban mucho tiempo para asistir a las
celebraciones eclesiásticas.
Aquellas vacaciones le habían creado algunas dudas:
dedicarse a los demás, servir de mediador entre los humanos y Dios. Enseñar el
antiguo testamento que a él le había servido para amar la Literatura. De niño
leía y releía aquellos relatos que tanto le gustaban y entretenían. Ahora podría
volver a leer y contar esas historias a niños y mayores que nunca hubieran sabido como era y como se presentaba el Señor
a la gente humilde. O hacer lo que su familia le pedía, ponerse al frente de la
empresa, planificar nuevos objetivos, ampliar la plantilla y aumentar los
beneficios.
Una tarde, sus paseos y meditaciones le encaminaron hasta el
convento agustino, entró en la iglesia, y se postro delante del altar, junto
sus manos y susurrando pidió a María le iluminara sobre qué hacer con su vida.
-Señora, muéstrame el camino.
Un rayo de luz entraba por la vidriera posterior de la
iglesia y se posó sobre la imagen de la madre de Dios, llenándola de luz.
Ambrosio se levantó y salió a la calle, las farolas se iban
encendiendo paulatinamente. Ya sabía a lo que iba a dedicarse. Su decisión era
firme, no la cambiaría por nada del mundo.
ANTES DE ABRIR ESTA
CÁPSULA, CONFIRMA QUE NO ERES UN ROBOT SANTIAGO J.
MARTÍN
Hoy 14 de mayo de 2025 nuestro trabajo en este proyecto, de
más de 3 años, llega a su final. Solo
nos quedan los últimos ajustes, que no dejan de resultar altamente complejos,
como lo ha sido el trabajo durante todo
este tiempo.
He pensado en hacer una cápsula del tiempo que dejaré
escondida al lado de mi huerto. Allí
compartiré estos momentos finales porque son los más
humanos, los que hacen más atractivo a un robot que roza la perfección,
justamente porque no va a parecer una máquina, aunque, por ahora, tampoco da
repelús por su apariencia androide.
Hemos aplicado todos los adelantos en inteligencia
artificial que están a nuestro alcance. En principio está diseñado para el
control y la eficiencia de la red energética de nuestro país, también la red
eléctrica, claro. Qué oportuno va a resultar su lanzamiento.
Hemos reservado un espacio en su memoria, pequeño, comparado
con todo su potencial, para ayudar al autoaprendizaje utilizando sesgos humanos
de comportamiento.
En otras palabras, queremos ver cómo puede interactuar,
fuera de su jornada de trabajo, en otra toma de decisiones más cotidianas y
nada científicas, como haría cualquier técnico o científico cuando llega a su
casa después de una jornada de trabajo.
Pensamos que esa interacción puede ser positiva en el
aprendizaje general y, en cualquier caso, siempre podríamos, más adelante,
desconectar esa función y limitar su dedicación a la puramente técnica, si
detectamos que no reporta los resultados esperados.
Dentro de 10 minutos tengo una reunión con el departamento
de emociones y actitudes sensoriales. Y voy a trascribir también el diálogo con
ellos.
Son unos tipos duros, difíciles de convencer, muy reacios a
sacar de su laboratorio cualquier input si no se les convence con rotundidad.
Se consideran a sí mismos los artistas del CSIC, pero yo los llamo los
guardianes de las siete llaves del infierno. No tardaréis en ver por qué.
-
Buenas tardes. Supongo que ya habéis revisado
toda la información que os mandé, ¿no es así?
-
De arriba a abajo. Está todo muy claro.
-
Pues habréis podido observar que necesitamos
unas dosis de favor de vuestro departamento.
-
De favores nada, somos compañeros. En realidad
este proyecto terminará siendo de todos los que en él colaboremos.
-
Bueno, más o menos.
-
Pide por esa boca, y veremos.
-
Necesito un bloque de memoria emocional para el
segmento de aprendizaje humano
-
¿De cuánto estamos hablando?
-
Dos terabytes y medio. No tenemos sitio para
más.
-
No es mucho, la verdad. Por eso habría que
limitarnos a un solo aspecto de modelación de conducta.
-
Me podría valer. Quiero dos teras para el
desarrollo humano de confianza en la memoria de ENERGO
-
¿Confianza? Con eso no tendrías ni para empezar.
La confianza es muy inestable. Los robots y los humanos, también, gastamos
mucha confianza en todos los procesos de aprendizaje. Es muy inestable y si se
pierde es casi imposible de recuperar.
-
Pues rompes todos mis esquemas.
-
No te preocupes, te puedo ofrecer algo
alternativo que en caso de agotarse se regenera con facilidad.
-
¿Qué?
-
Fe
-
No me jodas. Eso no es racional y tú lo sabes.
-
Cierto, pero está presente en la gran mayoría de
los humanos.
-
Prefiero la confianza. Las religiones contaminan
todo lo que tocan.
-
Tienes razón, pero podemos poner cortafuegos en
el sistema para evitar ortodoxias o argumentos supra irracionales.
-
¿Cómo el del espíritu santo?
-
Por ejemplo. Nada de fe ultra, nada de cartas
marcadas como la santísima trinidad…
-
Por eso, prefiero la confianza.
-
Con dos terabytes no tendríamos para nada.
ENERGO las perdería en menos de dos semanas.
-
Y la fe también.
-
Sí, pero la fe se regenera, como las estrellas
de mar. A nada que le quede una pizca, un giga, servirá para sustentar ideas y
aprendizajes.
-
Como una gota de añil en un barreño de agua.
-
Efectivamente, colega.
-
Si no hay más remedio facilitadme esos dos teras
de un poco de fe “jesuita”. Lo más ateo que tengas, por favor.
-
No te preocupes. Oye. ¿Y el otro medio tera que
os sobra?
-
Tolerancia
-
Buff. No sé si va a servir de algo, tan poquita
cantidad. Además sabes que es bastante incompatible con la fe.
-
Ya. Pero necesitamos esa tolerancia. Podéis instalarla en un puerto de memoria de
reserva, que se active de forma programada, solo para un evento de máxima
urgencia.
-
Podría ser. ¿Para qué reservarla tanto?
-
Porque ENERGO, y otros que de él aprendan,
llegará un momento que no sepan qué hacer con nosotros.
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