30/05/2025

LA ÚLTIMA HABITACIÓN 2.

UN CARDO Y UNA FLOR                                MARÍA ISABEL RUANO

 

En el hotel de la dehesa

el cardo y la flor

se fueron a buscar una habitación

para yacer y hacer el amor.

Entre amapolas y espigas,

abejas y mariquitas,

sobre la tierra mojada

y bajo la luz del sol.

Él era muy alto, ella pequeñita.

Él se inclinaba, ella no llegaba.

Se miraban y sonreían.

Sobre ellos se posaron mariposas,

libélulas, moscas y mosquitos.

Pájaros que con su pico

sorbían el néctar de su amor.

De uno a la otra, del cardo a la flor,

llevaron los besos, su esencia de amor.

Sobre el campo en primavera

expandieron la semilla

del imposible amor.


 

EL BASTÓN                                         ANTONIO LLOP

A Justino le gustaba improvisar. A pesar de los consejos de Evelina, su esposa, nunca reservaba anticipadamente habitación de hotel porque ni siquiera programaba el lugar donde recalarían. Y ese pueblo, Aldeanueva de Castrillo, le había gustado cuando decidió desviarse con su coche de la carretera general.

-Mujer, es mejor ir a la aventura. La sorpresa es lo que nos hace sentir vivos.

 Llegaron a un núcleo urbano de casas donde el paso del tiempo y la lluvia había deslucido su antiguo encalado. Las calles estaban engalanadas con guirnaldas de papel de colores y por todas partes se escuchaba música de charanga.

-¿Has visto Evelina, como tengo razón? La sorpresa. Sin proyectarlo hemos llegado a un pueblo en fiestas.

Preguntaron a un lugareño por un sitio donde dormir una noche. Este les indicó una casa rural en las afueras del pueblo. Tras un camino flanqueado por una tupida arboleda llegaron a un destartalado edificio de piedra de dos plantas con ventanucos repartidos a lo largo de la fachada. Les recibió un hombre entrado en años con una escasa melena blanca recogida en una coleta.

-No nos quedan habitaciones –dijo, tras un escrutinio de desconfianza hacia los recién llegados.

-¿Ves como era yo quien tenía razón? -protestó Evelina-. Tú y tus sorpresas. Eso nos pasa por no programar el viaje.

Justino insistió con el recepcionista. Siempre guardarán algo para imprevistos. O alguna cancelación de última hora… El hombre se rascó la rala melena.

-Bueno hay una habitación que nunca hemos asignado a nadie. Estaba reservada para el marqués cada vez que venía al pueblo. Pero lo encontraron muerto en ella el año pasado. Está cerrada pero supongo que la podríamos preparar si ustedes la quieren.

Justino aceptó de inmediato dejando en evidencia a su reticente esposa.

Mientras limpiaban el cuarto fueron al pueblo a disfrutar del ambiente festivo. Tras una buena comida en una de las tascas regresaron a la Casa Rural a dejar sus mochilas en la habitación. Algunos clientes abandonaban la Residencia en sus coches.

Cuando entraron al recinto, en el mostrador en vez del hombre de por la mañana había una mujer gruesa con el pelo desordenado. Le preguntaron por su habitación.

-Ya se la he preparado. Es la 222.

Mientras les informaba que su compañero ya se había ido a la celebración y no volvería hasta el día siguiente, les entregó dos llaves de aluminio en una arandela con una chapita grabada con el número del aposento.

-Una es de la del cuarto y la otra del portón de acceso al hotel. Todos los clientes la llevan porque Narciso y yo vivimos en el pueblo. Hoy es domingo, el último día de fiestas, y parece que al final todos se van a ir. No olviden cerrar por la noche. Y mañana, si salen antes de que venga mi compañero, dejen las llaves en ese cubilete.

-Si las habitaciones van a quedar vacías ¿por qué nos han dicho antes que no quedaba libre nada más que la del marqués? –preguntó Justino escamado.

-Aquí no es como los hoteles de la ciudad. Los clientes pueden abandonar sus cuartos dentro del día sin límite de hora. Cuando llegaron ustedes todas estaban ocupadas.

La pieza era la única con ventana al exterior de la planta segunda. Entraron y revisaron por encima las dependencias. El cuarto de baño estaba limpio y la cama era aceptable. Abrieron el armario y encontraron un bastón de madera con mango de latón de estilo victoriano apoyado en un rincón.

-Esta mujer no ha limpiado a fondo – dijo Justino-. Seguro que este bastón se lo dejó el marqués antes de morir.

-No me hace ninguna gracia tenerlo aquí. Llama a la mujer y que se lo lleve –sugirió Evelina.

Justino descolgó el teléfono de sobremesa que no daba ninguna señal. Al final decidieron dejarlo abajo en la recepción. Cuando llegaron a la entrada ya no había rastro de la mujer. Antes de salir a la calle colocaron al bastón tras el mostrador. Los últimos clientes depositaban sus dos llaves en el cubilete con un tintineo apagado.

Bajaron a la plaza del pueblo donde bailaron hasta la noche. Tras la explosión del último cohete de los fuegos artificiales se hizo el silencio. Todos los festejantes se retiraron a sus casas. Justino y su esposa regresaron a la Casa Rural. La oscuridad era total. El camino arbolado carecía de farolas. Y la casa estaba totalmente apagada.

-Teníamos que haber dejado prendida la luz de fuera antes de salir. Pero con ese sol daba no sé qué –justificó ella.

Con los focos del coche iluminaron la cerradura para que él encontrara la cerradura de acceso al portón. Dentro no se oía ningún ruido, solo el traqueteo del vetusto ascensor cuando lo llamaron. Entraron a la habitación y mientras Justino dejaba en la entrada la bolsa con los productos típicos que habían adquirido, su mujer parada y mirando hacia un punto fijo del interior preguntó:

-¿Dejaste la llave de la habitación a alguien?

El hombre lo negó, dijo que la había llevado en el bolsillo todo el rato.

-¿No querías sorpresas? –continuó ella con voz extraña y sin moverse del sitio.

Justino llegó a la altura de su mujer y siguió con la vista su mirada.

El bastón estaba atravesado de lado a lado de la cama, como si el marqués reivindicara su lecho desde el más allá.  

CONFIRMACIÓN                                            ARACELI DEL PICO

  

   No le gustaba su nombre, no le gustaba, pero nada, nada. Engracia. Y cada vez que atravesaba un mal momento, pensaba… deberían haberme quitado las dos primeras letras y haberme llamado Desgracia.

   Una infancia gris, de padres mal unidos, cuyas discusiones se oían a un kilómetro de distancia, habían minado su carácter. Fue la niña díscola del colegio y la que sobresalía por sus buenas notas.

   En su casa, nunca hubo un halago por ello. Le pedía a su padre, que se las firmara y éste apestando a vino, las retiraba de un manotazo.

-          Papá, que son buenas notas, deberías estar más contento. Mis profesores, lo están.

-          Pues que las firmen ellos.

    Así un mes y otro. De tal modo que Engracia se acostumbró a firmar las notas en nombre de su padre. La firma no era complicada. Un garabato con una F más grande de lo normal y a continuación un García irregular. Esa habilidad, le brindó  puentes en el futuro.

   Y en ese ambiente sórdido, carente de principios, creció una joven agraciada, inteligente y resentida con el universo entero. Era hábil con todo aquello que se proponía, pero según iba creciendo, la poca capacidad de sonreír que tenía fue desapareciendo por completo. Acostumbró a vestir de negro, de “gótica” . Alta, delgada y derrochando malos modos, paseaba su palmito. Y así se ganó con todo derecho el apelativo “la muerta”

    Pero “la muerta” a pesar de no poder estudiar la carrera que hubiera deseado, encontró el tiempo preciso, para hacer unos cursos de inglés, que le vinieron divinamente. Y consciente de que su futuro, solo dependía de ella, empezó a buscar trabajo.

    Lo consiguió de inmediato. Como recepcionista de un hotel de 4 estrellas. Aprendió a pulir sus modales, cuidarse mucho las manos, agrietadas por otros trabajos. Y se colocó uñas postizas muy largas, que junto a su sobria vestimenta le daban un halo de misterio. Todo en ella era sobrio y respetable.

    Engracia “la muerta”, resucitó un buen día, que llegó a recepción un tipo de Egipto, de impecable aspecto y solicitó la mejor habitación del hotel.

-          Está ocupada señor.

-          Pues que la desocupen.

     Y echando mano al bolsillo de su elegante galabella, cogió un fajo de billetes y los depositó en el mostrador, con toda naturalidad, mientras mirándola a los ojos le regalaba la mejor de sus sonrisas. Sonrisas que se  apagaron de inmediato, cuando chocaron con la frialdad de ella.

-          Señor, lamentablemente aquí, no se hacen así las cosas . Si la mejor habitación está ocupada, y usted se quiere alojar en nuestro hotel, tendrá que hacerlo en otra habitación de rango inferior.

-          Bien por una noche, me conformaré.

-          Señor la pareja alojada en la suite, son unos recién casados, que han reservado por una semana. Llevan solo tres días. Si insiste en quedarse, tendrá que permanecer en la que ahora le asignemos.

-          Está bien, pero prefiero verla antes de aceptar. No, no. Las maletas se llevarán donde sea cuando yo lo diga.

Engracia solicitó los servicios de un mozo. Esperaron el ascensor pacientemente que no llegaba nunca. Y cuando llegó, el presunto cliente se volvió al mostrador y dijo:

-          No tienen ascensor privado, para huéspedes especiales?

-          No señor.

-          Que contrariedad, todo son pegas.

-          No señor. Todo tiene arreglo,

-          Dígame…

-          Mi habitación, no es muy amplia. Pero está en la planta baja, si no le importa compartir.

-          Su nombre?

-          El de pila es Engracia. Pero hace poco, lo he cambiado por Consuelo.

 

   La sonrisa volvió a la cara del huésped. Ella permaneció, como la Esfinge de Ghiza.


 

A TIRO HECHO                                                                 SANTIAGO J. MARTÍN

Entramos los dos cogidos de la mano con una sonrisa aparentemente natural, de enamorados, con un brillo en los ojos de ansiedad por estar juntos en esta aventura.

Al llegar a la recepción ya sabíamos que teníamos a nuestra disposición una habitación especial, la “nuestra”, la que necesitábamos para darlo todo esa tarde de otoño, mientras la ciudad celebraba la visita del monarca por primera vez desde su recién estrenado reinado.

Como dos enamorados, ajenos al bullicio, con prisas por empezar abrimos la puerta de la habitación 435, la más alta del hotel. Desde allí las vistas eran perfectas para deleitarse con el cortejo y la algarabía, pero preferíamos el fragor de lo nuestro, el deleite de deshacer con ansiedad nuestro breve equipaje y lanzarnos a la pasión que allí nos reunía.

Noté como Patricia respiraba profundamente pegada a mí y sabía que se le aceleraba el pulso a medida que nos tumbábamos el uno junto al otro.

No era mi primera vez, pero al notar su nerviosismo de novata, también me sobrevino una excitación que llegó a hacer temblar levemente mi muñeca. Ella se dio cuenta y me acarició el brazo.

-          Tranquilo. Confía en mí.

Lo preparé todo con precisión y la dejé hacer, como ya habíamos planeado. Estuvo soberbia, acertada, precisa, sublime, perfecta.

Después el silencio siguió mandando en la habitación 435, mientras la gente en la calle había cambiado, ahora gritaban y corrían, las sirenas se abrían paso entre la multitud enloquecida, los helicópteros tomaban la ciudad y los francotiradores de la policía rastreaban los tejados.

En pocos minutos, Patricia y yo, parecía que dormíamos plácidamente en la habitación que el recepcionista nos había dado unos minutos antes, la 239, la última disponible aquella tarde y que se asomaba a la parte trasera de la calle, oscura, fría y ajena al magnicidio.

 


29/05/2025

PARADORES MALDITOS

 Lo bueno que tiene dormir en un Parador Nacional, independientemente que puedas montar fiestas orientales o no, es que estás rodeado de pura historia.

Hasta el punto de verte rodeado de misterios sorprendentes que se remontan a siglos atrás. Son leyendas, a veces muy insisteras que atraen a curiosos y friquis de medio mundo, conocido.


En nuestras clases de Enigmas ya vimos los vericuetos que sucedían en la habitación 712 del Parador de Cardona, pero hay más, todas con personajes ilustres, ancestros marcados por sangre real, casi siempre, en: Oropesa, Olite, Sigüenza, Jaen…

Prometo hacer escapadas a alguno de ellos y subir un vídeo a nuestro canal de YouTube. Que conste que hace años estuve en Oropesa y no vi nada. Eso es que no me fijé bien.

https://www.infobae.com/espana/2023/10/30/los-5-paradores-mas-misteriosos-fantasmas-leyendas-y-fenomenos-paranormales/

28/05/2025

UNIVERSOS PARA LELOS

https://www.youtube.com/shorts/7bnmB41coOM



FOUR SEASONS EN ZANZÍBAR

 


Lo que traje la semana pasada con los lobos y Canadá estaba en la frontera entre el lujo, el privilegio y la invasión del espacio natural.


Lo de hoy, yo creo que nos adentra en profundidad a lo más obsceno con etiqueta de ecológico y natural.

Una habitación de lujo en uno de los parques naturales más imponentes del mundo, Serengeti, parece que va más allá de lo moralmente aceptable, aunque la gran mayoría de los mortales no lo podremos plantear jamás porque el precio no es prohibitivo, sino lo siguiente.

https://www.americanexpress.com/es-es/travel/discover/property/Tanzania/Serengeti-National-Park/four-seasons-safari-lodge-serengeti

27/05/2025

LA INTELIGENCIA ARFICIAL Y LA BÚSQUEDA DE HOTEL


Usamos la IA muchas más veces de las que sabemos y creemos. Lo cierto es que el fenómeno va a más.

Se supone que toda esta sabiduría tecnológica es para poder mejorar la calidad del servicio en base a una elección exacta, sin lugar a equívocos.  Vamos que cuando llegamos a ese hotel ya nos da la impresión que hemos pasado allí varias noches.


Se pierde el encanto de la sorpresa, que puede ser negativa, y se gana la seguridad de lo ya comprobado.

Para allí vamos. No sabemos cómo llegaremos.

https://elpais.com/elviajero/2025-04-06/elegir-que-se-quiere-ver-desde-la-habitacion-y-robots-al-servicio-del-huesped-asi-empiezan-a-ser-los-hoteles-del-futuro.htmlhttps://elpais.com/elviajero/2025-04-06/elegir-que-se-quiere-ver-desde-la-habitacion-y-robots-al-servicio-del-huesped-asi-empiezan-a-ser-los-hoteles-del-futuro.html


26/05/2025

EL HOTEL INFINITO


No he podido resistirme. Este que hoy os presento, en versión escrita y versión vídeo, es la explicación más bonita que he encontrado nunca de los números infinitos.

Es una maravilla que utiliza un hipotético hotel de infinitas habitaciones. Se le ocurrió a un matemático alemán llamado Hilbert,  a principios del siglo XX.


En este artículo, que puede que tengáis que leer varias veces, también nos aparece Borges y su Aleph, que no deja de ser un concepto matemático.

En cualquier caso, si el asunto se os hace complicado, pasaros al vídeo y disfrutadlo. Sed pacientes y comprobad la belleza de las matemáticas, aunque no se os den bien, aunque no las comprendáis del todo.

https://www.neoteo.com/el-hotel-infinito-de-hilbert

https://www.youtube.com/watch?v=iAF37vVeV-Y

24/05/2025

EL HOTEL MÁS ANTIGUO DE ESPAÑA + SOLUCIÓN AL CONCURSO


Poder alojarse en el hotel más antiguo de España no es ni mucho menos caro. Según el momento del año se puede llegar a pagar una habitación estándar 170 euros en invierno, o algo más de 300 en temporada alta.  El artículo que os dejo tira los precios un poco para abajo porque no es de este año.


Poder alojarse en este antiguo hospital del principios del siglo XVI y que hoy es uno de los Paradores Nacionales más emblemáticos, Reyes Católicos, es todo un privilegio y que está más alcance de lo que parece.

Mi última experiencia no fue especialmente buena. Sucedió este pasado mes de febrero, al terminar mi Camino de Santiago. Me frustré ligeramente al ver los andamios tapando este emblemático hotel.

Habrá que volver.

https://www.lasexta.com/viajestic/curioso/parador-galicia-considerado-hotel-mas-antiguo-espana_2024021965d335b1344c980001adc393.html


SOLUCIÓN AL CONCURSO

Enhorabuena a Araceli, que está sembrada con el concurso últimamente. Se trataba de la serie White Lotus, que se rueda siempre en hoteles Four Seasons. Estos sí que son caros. Demasiado caros, incluídos los que están en España: Madrid y Mallorca. 

23/05/2025

LA ÚLTIMA HABITACIÓN DEL HOTEL 1

 

AY, BILLY WILDER                                                                 MANUEL GIL

La mirada escrutadora de esa mujer se clavó primero en ella y era lógico. ¿Quién no se sentiría atrapado por ese cúmulo de encantos? Y después la dirigió a mí, frunció el ceño y en tono hosco preguntó.

 -    ¿Son ustedes matrimonio?

 Me temía esa pregunta Rebeca me miró y yo respiré hondo antes de responder, no sé si se reflejaría en mi voz la ansiedad que me agitaba por dentro.

 Todo había empezado a media tarde cuando el tren se quedó parado en medio de la nada. Nos explicaron que un robo de cables había afectado a las catenarias, el tráfico había quedado interrumpido y nadie sabía explicar por cuanto tiempo.

 Ya desde que inicié este viaje el sentido del mismo cambió con su descubrimiento. Rebeca es la mujer más hermosa que he conocido. Ese cuerpo de diosa, esas sinuosidades, esas piernas, una locura. Y qué decir de su ovalado rostro  donde alberga unos ojos verdes intensos, unos carnosos labios que sonreían al menor movimiento, todo ello enmarcado por una larga melena  como la noche. Me obnubiló desde el primer contacto visual. Tal vez sea verdad lo del flechazo del que tanto se habla, porque a mí nunca me había pasado nada igual.

 Traté de entablar conversación con ella, pero me resultaba complicado. La seguí al vagón restaurante y con la excusa de la falta de sitio, le pedí permiso para sentarme a su lado. Supe que es actriz de comedia musical, que la esperaban en Valladolid para hacer un bolo en un teatro.

 Además de su abrumadora belleza, es simpática y una gran conversadora. Llevaba un elegante vestido entallado que marcaba todos los accidentes del paisaje de ese escultural cuerpo, cuyo cenit, eran las dos colinas de un torso turgente. Decididamente  al tenerla frente a mí, me poseía un irrefrenable deseo.

 Cuando ocurrió la avería fuimos andando al pueblo más cercano. Solo dos hoteles pequeños que se llenaron sin poder alojar a todos los viajeros. Yo no me apartaba de Rebeca, cuando entramos en el segundo hotel con esperanza de encontrar alojamiento, pregunté.

                     - ¿Tienen habitaciones libres?

                     - No nos quedan habitaciones, lo siento ya ha habido otras personas a las que he tenido que decirles lo mismo.

 Un señor que estaba al lado del mostrador y había oído la conversación  nos dijo

                     - Miren, si no son ustedes muy exigentes pueden ir a la casa de doña Patrocinio, no es exactamente un hotel pero ella alquila habitaciones cuando en verano viene mucha gente para un concierto que se celebra en el campo cerca de aquí.

 No había alternativa y nos dirigimos a las señas que nos dio el hombre.

 Cuando llegamos nos atendió una voluminosa mujer con pelo canoso mal peinado, cara colorada y gesto poco amigable. Nos dijo que solo le quedaba una con cama de matrimonio y baño en el pasillo. Y ahí vino la pregunta.

  Antes de responder mi mente trabajaba a cien por hora, diría que sí, que éramos matrimonio, pero y ella ¿Estaría de acuerdo? Porque si lo estaba dormiríamos juntos y eso significaría que…

 No podía contener la euforia y el miedo a la negativa, la ansiedad me embargaba.

                    - No les voy a pedir papeles, espero que lo que dicen sea verdad, porque esta es una casa decente.

 Dijo la señora Patro cuando le respondí con un tono nada convincente que sí. Rebeca, esbozó una sonrisa.

 En la habitación, sentados en la cama, yo no sabía cómo proceder, y fue Rebeca la primera en hablar.

                    - Mira, yo no sé qué idea te habrás hecho tú, a mÍ está claro que me caes bien y que me gustas, pero te voy a decir algo, conmigo puedes dormir compartiendo cama como si lo hicieras con un colega.

 Yo la miré como quien pide ayuda en un naufragio, evidentemente no era eso lo que quería.

                     - A ver, te digo esto porque a lo mejor te va a solucionar la papeleta, cuando sepas todo de mí. Yo soy una mujer total, y creo que lo ves, pero el proceso no ha terminado.

                     - ¿Como que el proceso no ha terminado? No te entiendo.

                     - Pues es sencillo, el proceso no ha terminado y aún soy como tú.

                     -A ver, a ver, ¿Cómo, como yo?

                     - ¡Joder tío! como tú, coño. Aún soy un hombre…

 Me quedé fuera de juego, en el momento de darme la respuesta se había puesto vehemente y sus labios entreabiertos eran más incitadores que nunca, sus tetas palpitaban por la respiración agitada y mi deseo, no salió huyendo.

 Ignoro si mi afición al cine tuvo algo que ver, pero la única respuesta que ni medité, me vino sola, fue.

                 -Nadie es perfecto.


 


 

LAS BODAS DE PLATA                                                           JUAN SANTOS

Paulino hizo la mili en Madrid en un cuartel de la carretera de Extremadura. De cabos para arriba no recuerda a nadie, lo que no ha podido olvidar son los buenos ratos que pasaba con sus colegas y los bocadillos de calamares que se comía en los aledaños de la Plaza Mayor.

Desde que se casó con Felisa, le ha prometido muchas veces, volver un día con ella. Le enseñará lo bonita que es la ciudad y, de paso, verán un musical de esos que ponen en la Gran Vía. El problema es que las faenas del campo, siempre tienen a Paulino muy ocupado y un día por otro, nunca llega.

Este año que hacen las bodas de plata, Felisa se ha plantado y le ha dicho a Paulino, muy en serio, que como no vayan a Madrid a celebrarlo, se separa de él. A Paulino se le ha caído el mundo encima.

-          Cariño, no me digas eso ni en broma. El próximo fin de semana, te juro que vamos a los madriles y al campo que le den por saco.

Anoche, prepararon la maleta con la ropa de los domingos. Estaban muy ilusionados, parecía que se iban de luna de miel. Aquel viaje deseado que nunca hicieron.

Felisa apenas ha pegado ojo, cuando ha sonado el despertador, ya estaban los dos pensando en levantarse. Hasta Valdepeñas han ido con su furgoneta, la han aparcado cerca de la estación y han cogido el tren de las diez, con dirección Madrid-Atocha.

Un poco antes de la una han llegado a su destino. Felisa está asombrada de ver los edificios tan grandes y la cantidad de tráfico que hay, pero está contenta y deja que su marido, que presume de conocer Madrid, lleve la iniciativa por la Plaza de Carlos V.

Lo han hecho todo con tanta premura que no han reservado hotel y las entradas del musical, esperan sacarlas sin problemas. Paulino cree que Madrid está como hace treinta años, cuando iba a una pensión y sobre la marcha le daban alojamiento, o cuando para ir a un espectáculo lo único que tenía que hacer era esperar unos minutos de cola en la taquilla.

La verdad es que con ese armatoste de madera parecen salidos del túnel del tiempo, pero ellos han venido a disfrutar a Madrid y les da igual que su maleta sea fea y no tenga ruedas.

Lo primero que han hecho ha sido entrar en el Hotel Mediodía. Paulino con mucho arrojo se ha dirigido a la recepcionista.

―Buenos días, Señorita ¿Tienen habitaciones libres?

La chica ha consultado su ordenador y le ha respondido, amablemente.

Sí. Nos queda una habitación doble, con dos camas individuales.

Ah, no. Nosotros la queremos con una sola cama grande, porque celebramos nuestras bodas de plata.

Pues lo siento mucho, señor, pero solo tenemos esa habitación.

Paulino sospecha que, sin haberlo reservado, es difícil encontrar un alojamiento, que no sea muy caro y con una cama de matrimonio, como Dios manda.

-          Si te parece, vamos a ir a una pensión que hay por aquí en la calle Atocha, que iba yo algunos fines de semana cuando estaba en la mili -le dice a Felisa.

-          Vale, como tú quieras, a mí me da igual, lo único que quiero es dormir contigo, el sitio es lo de menos.

Ya están en la puerta y la pensión ha cambiado poco. Paulino, haciéndose el simpático, pregunta por la señora María. La chica que lo recibe se queda mirándolo.

―La señora María es mi madre. ¿De qué la conoce usted?

―Yo era cliente habitual, hace treinta años. Pero déjelo, queremos reservar una habitación, con cama de matrimonio, para esta noche.

―Habéis llegado a tiempo, nos queda una. Pero, espere un momento, voy a llamar a mi madre. Ella tiene muy buena memoria y seguro que se acordará de usted.

Al momento, sale la madre que se conserva estupendamente.

―A ver ¿Quién pregunta por mí?

―Señora María, soy Paulino. ¿Se acuerda de mí?

―Hola, Paulino, Claro que me acuerdo de ti y de Luisita, también. Veo que seguís enamorados. Me alegro de veros. Dadme un beso.

Felisa se ha quedado blanca como la pared. Señora, yo me llamo Felisa. ¿Quién diablos es esa Luisita?

A Felisa se le han quitado las ganas de ver Mamma mía y quiere volver al pueblo, ahora mismo, para pedir el divorcio.


 

HOTEL CASA ROSADA                                                           JUANA DOMÍNGUEZ

Fue una aventura para no recordar, las prisas me depararon una sorpresa inolvidable.

Un mes de mayo, mi empresa nos comunicó que iba a hacer reforma y nos dieron vacaciones forzosas, una semana libre, fuera de lo habitual. Qué hacer, me vendría bien cambiar de aires, dejar la ciudad y  olvidarme de problemas que no podía solucionar momentáneamente, necesitaban tiempo y mucha, mucha paciencia.

En un estante de la librería, tengo una guía de hoteles de todo el país, la abrí sin ninguna intención y la hojeé mirando los destinos. Algo me llamó la atención. Hotel internacional de tres estrellas, en una pedanía de Cervo, piscina climatizada, pista de pádel, animación.

Lugo está lejos, pero estaría cerca del mar, aunque para llegar tendría que  conducir alrededor de una hora.

La foto que describía el hotel invitaba a conocerlo, un caserón de dos plantas, con pórtico en la entrada, pintado de un rosado fuerte, dentro de un jardín bien cuidado, y rodeado de eucaliptos. No me parecía un pazo, debía ser la casa de algún indiano. Mi curiosidad me animó a llamar.

-Casa rosada, dígame.

-Buenas tardes ¿tendría habitación libre, para mañana?

-¡Mañana! Espere un segundo que lo compruebo.

Estuve al teléfono un buen rato, no se oía nada, ya iba a colgar cuando escuche un ladrido.

-Hola, perdone por la tardanza. Me queda una habitación con una cama solamente, es la feria de ganado y estamos completos. Son 120 euros por noche, con desayuno incluido.

¡Cinco noches! un pastón solo por dormir en un sitio que quizá fuera un desierto verde.

-De acuerdo, resérvemela.

En una maleta pequeña metí lo imprescindible, y a media mañana del día siguiente salí camino de Galicia, llegué a media tarde a Cervo y di una vuelta por el pueblo. En un bar pedí algo ligero, en  el hotel no sabía si podría tomar algo de cena. Pregunté por el camino a la pedanía y me dirigí hacia ella.

Aún había mucha luz, el paisaje del camino era impresionante, bosques de pinos y de  eucaliptos, prados verdes llenos de flores amarillas, un paraíso idílico.

La primera impresión del hotel me causó desazón, la foto de la guía no tenía nada que ver con la realidad, la fachada se veía desconchada y sin pintura, el pórtico de la entrada estaba derruido, el jardín no existía. Un señor bajito y medio calvo salió a mi encuentro.

Si busca alojamiento está por aquí, me dijo señalado un sendero a la izquierda de la fachada. Detrás del caserón habían construido una serie de edificios de madera de una planta, bungalows Casa Rosada decía el cartel. Me dirigí al que parecía la recepción, el señor me había seguido y después de anotar mis datos en un libro me indicó:

-Su habitación esta al final del sendero, es el último, y se quedó en silencio

-¿No me da la llave?

-No tiene, está abierto, usted puede cerrar por dentro echando el cerrojo.

No lo podía creer ¡donde me había metido!

El cuarto consistía en un rectángulo todo de madera, de  tres por cuatro metros, con una cama, una mesilla, un perchero, y un aseo diminuto. La noche fue toledana, por la ventana sin cortina del cuarto veía las sombras siniestras que producían las ramas de los árboles, a la luz de la luna, acompañadas por la animación del hotel que consistía en el canto de los búhos, el ladrar de los perros, y el balar de las ovejas, que debían estar pegadas a la pared trasera de lo que denominaban bungalows.

No quise desayunar subí al coche y volví a mi casa, de la que no debería haber salido.

 

22/05/2025

EL RESPLANDOR DEL STANLEY HOTEL


El hotel Overlook no existe, pero sí el Stanley Hotel, que viene a ser lo mismo. Estoy hablando de un de los principales protagonistas del libro de Stephen Kings, El resplandor, luego convertido en película por Kubrick que, por cierto, se llamaba Stanley, aunque nada tenía ver con los propietarios originales del hotel.


El Stanley Hotel es un hotel idílico en las Montañas Rocosas, en medio de un parque natural y que, hasta la llegada de El resplandor, iba de fracaso económico en fracaso económico, pasando de mano en mano y siempre al borde de no abrir nunca más.

Necesitaba un potente aliciente para que los clientes se desplazaran tan lejos, pagando tanto por una habitación. Y el ingrediente se lo dio el escritor americano, haciendo de ese lánguido hotel entre montañas, una fuente de leyendas y fenómenos paranormales.

A partir de los años 80 el negocio despegó y ya es un lugar de culto para los cazadores de fantasmas y los buscadores de espíritus perdidos.

Os dejo un artículo y la página del hotel, para que echéis un vistazo a imágenes y precios.

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-04-24/la-verdadera-historia-del-fantasma-del-hotel-de-el-resplandor_1187887/

https://www.stanleyhotel.com/

 


21/05/2025

DURMIENDO CON LOBOS EN CANADÁ

 

Esto va más allá del "baile"que nos proponía la película. Y lo digo porque nunca verás lobos tan de cerca y corriendo tan poco peligro.

Se trata de un parque, una reserva de animales salvajes cerca de Otawa, en Canadá. Una experiencia inmersiva que va más allá de la simple visita, allí también podréis pasar una noche rodeados especialmente de lobos, además de otros animales que allí viven en un estado de semilibertad.


No es una experiencia barata, pero sí única, aunque con algún que otro reparo sobre hasta que punto respetamos la vida salvaje de todos estos animales.

No os perdáis el vídeo que tiene dentro el artículo.

https://www.marphiltravel.com.mx/noticias/omega.html

 

20/05/2025

EL HOTEL MÁS TECNOLÓGICO DEL MUNDO

 


Este hotel, que hoy es presento en la sección de Tecnología, vendría a ser un caso extremo de robotización de servicios, pero que sirve como ejemplo de hacia dónde vamos en el sector servicios.

Está claro que hay una evidente deshumanización en el trato con el cliente, pero, a cambio, todo redunda en beneficios: económicos, ya que el hotel es bastante barato para ser Japón, y también medioambientales, como podéis comprobar en el artículo que viene a continuación.


Me parece curioso el tema, que nos lanza una metáfora con tintes futuristas, pero que está ocurriendo ya. Lo que pasa es que, como decía la canción de No me pises que llevo chanclas, “Japón, mia que está lejos Japón”.

https://www.japan-experience.com/es/todo-sobre-japon/nagasaki/cultura-pop/henn-na-hotel

19/05/2025

LOS HOTELES DE TESLA

 


Se cuentan muchas cosas sobre la vida privada de Nikola Tesla, y seguro que alguna de ellas será verdad.

Yo hoy os traigo un artículo donde comentan ciertos apuros que tenía el científico para pagar las habitaciones de los hoteles donde residía.


Era un maniático de la investigación y prefería no tener que dedicar nada de su tiempo al cuidado de un hogar.

También es verdad que cobraba una pequeña pensión del estado serbio, que muchas veces no le llegaba para pagar el hotel.

Las excentricidades de la vida particular de los científicos tienen un claro exponente en Tesla.

https://computerhoy.20minutos.es/noticias/life/nikola-tesla-rayo-muerte-1022673

Además, si quieres saber más detalles, te remito a un vídeo, de fabricación propia de este blog, que se publicó hace unos meses en YouTube.

https://youtu.be/aiC---c1Alo?si=UcpgKPiUYYzkKtpO

18/05/2025

CUARTA SEMANA DE MAYO

  CONCURSO

Cadena de hoteles que inspira una famosa serie de TV que ha estrenado hace muy poco su tercera temporada. 

Pista: el color blanco forma parte del nombre de la cadena en la ficción, pero yo pido la cadena real. En España tenemos dos.




16/05/2025

LA FE 2

 

FE                                                                               MANUEL GIL

 

En la penumbra, un foco de esperanza;

es la fe, un faro que en la noche brilla,

espejismo que los miedos maquilla,

fe que nos abriga y nos da confianza.

 

A través de la niebla firme avanza

aunque en el corazón va la semilla

de una duda, la de alcanzar la orilla

con música de bienaventuranza.

 

Que mueve montañas si la poseemos

predican desde piadosas lecturas,

para que sumisos aceptemos

 

la realidad, cruda a veces oscura,   

envuelta en lienzos de dolor extremo, 

que el brillo de la fe, rara vez cura.


 

¿SERÁ ESTO UN AVISO?                                            ARACELI DEL PICO

 

   Recibí en un Colegio de monjas mi educación básica, solo hasta los ocho años. En la Capilla del cole, hice la primera comunión. Y esa fue la última vez que pisé el sagrado suelo de la Divina Providencia. Así se llamaba la honorable institución. Que por cierto, en primavera adornaba esa capilla, con las rosas del jardín donde vivíamos.

 

  Mi abuelo, ateo convencido, las cortaba primorosamente, las completaba con tallos de hierba buena y me las daba para que Sor Vicenta, dispusiera de ellas al pie del altar. Ella las recibía con una sonrisa y decía:

 

-          Ya iré a darle personalmente las gracias a ese hijo del…

 

   Farfullaba por lo bajines, algo que yo no entendía.  Me daba un beso de reconocimiento y así hasta la próxima entrega floral.

 

   Dicen que fui una niña bastante manejable, estudiosa (que no brillante) y respetuosa con mis mayores, hasta el aburrimiento. Lo decían mis abuelos. Yo ni lo pensaba. Hubiera sido un pecado de soberbia y hasta ahí podíamos llegar. “Los pecados, ninguno, ni siquiera de pensamiento”.

 

   Pero si, lo suficientemente inquieta, para pensar que la incredulidad de mi abuelo, no cuadraba con la fervorosa entrega que hacía de sus rosas a las monjas, cuyas rosas mimaba como el más preciado de sus bienes. Y ahí comenzaron mis dudas sobre la fe. Y no era raro, digo yo.

 

   Con unos añitos encima, y chispa más resabiada, mis dudas en este aspecto crecían por momentos. Y teniendo en cuenta, que yo salí de aquel colegio con un punto de tristeza, porque por aquel entonces, lo que yo quería era unirme de mayor a la congregación, pues tenía una desazón en mi interior, al menos, como poco, bastante inquietante.

 

   Mi abuelo, se fue para siempre poco después. Nunca tuve la oportunidad de preguntarle, sobre su contradictorio comportamiento, por su carencia de fe. Y el mimo con el que preparaba aquellos ramos. Incluso llegué a pensar (inducida por el demonio, sin duda), que quizá le gustaba Sor Vicenta.

 

   Y así yo crecía y mis dudas conmigo. Pero mi fe iba menguando y yo me adaptaba a esta mengua, De modo que aceptaba como normal y natural, aquello que lo era. Conocí el amor con mayúsculas y tuve suerte. Nunca me he casado, pero mi pareja, entregada a mí como Dios manda, aunque él no haya bendecido nuestra unión, tampoco tiene claro el tema de la fe.

 

    Ahora, no sé porque extraña razón, le ha dado por pensar, que es momento de formalizar nuestras vidas. Cuando le he preguntado por qué, me suelta aquello manido por demás,  que por los niños. Pero si los niños están felices a tope con su padre y su madre, que les quieren a rabiar. Aun así inquiero. Por el juzgado, ¿entiendo? No, no. Por la iglesia.

 

   Me ha dado un mareo y no he caído redonda, porque le tenía cerca y me ha sujetado bien.

 

   Cuando he espabilado, le he dicho. ¿Ves lo que pasa por decir tonterías? Se ha callado. Y ni mu.

 

    Liberada del efecto sorpresa, y una vez con mis hijos en el colegio, me he dirigido al centro donde colaboro en una asociación que presta sus servicios a mujeres desprotegidas. Aún me duraba el sofocón.

 

   Se ha acercado a la ventanilla una mujer para darme sus datos. La he mirado fijamente con descaro casi. Y es que esa cara…

 

-          ¿Nombre?

-          Vicenta Expósito.

-          ¿Edad?

-          Perdón, no…

 

   Su voz no me llega. Y mientras me esfuerzo en oírla, veo su cara clavadita a la de mi abuelo y en ella sus mismos gestos.

 

   Pido a una compañera que ocupe mi puesto. No me siento bien.

 

   He salido del trabajo cuanto antes. Obnubilada. Pero decidida a buscar una casa de modas y tratar de encontrar un traje de chaqueta adecuado. O algo parecido. A estas alturas, no voy a ir de blanco y con azar. Vamos, lo que me faltaba.

 


 

DECISIÓN FIRME                                            JUANA DOMÍNGUEZ

 

Caminaba absorto con pensamientos enfrentados, ser misionero o defender la empresa familiar, como sus mayores le aconsejaban. Dedicarse a los demás no iba a reportarle ningún beneficio, era hijo único,  ningún otro descendiente podía ocuparse de aquella fábrica que tantos beneficios daba a trabajadores y sobre todo a su familia.

 

Las últimas vacaciones las había pasado en un convento castellano, que ofrecía hospedaje a seglares en  verano, gente con necesidad de aislarse y meditar en la soledad y tranquilidad de un entorno monacal.

 

Paseos por la huerta, en la que cosechaban la comida sana y fresca que les proporcionaban en la mesa, o por la orilla del río entre álamos y rastrojos recién cortados, sin ruidos estridentes de tráfico, sin televisión ni Internet, alejado del mundo. Tranquilidad para mirar y admirar las estrellas, las nubes en las que tantas figuras se adivinan. El movimiento de las hojas de los chopos bailando al son del viento. Silencio, hablando consigo mismo.

 

Volvió a su casa diez días después, rondándole la idea de ingresar en los agustinos de su ciudad y dedicarse a estudiar teología y aprender a enseñar a los que no tenían ninguna noticia de Dios.

 

Nunca había tenido una fe ciega, la religión que practicó fue la de la gente de su generación, catequesis, misa y rosarios cuando estaba en edad escolar. En su juventud se fue distanciando de la iglesia católica, los estudios de economía no le dejaban mucho tiempo para asistir a las celebraciones eclesiásticas.

 

Aquellas vacaciones le habían creado algunas dudas: dedicarse a los demás, servir de mediador entre los humanos y Dios. Enseñar el antiguo testamento que a él le había servido para amar la Literatura. De niño leía y releía aquellos relatos que tanto le gustaban y entretenían. Ahora podría volver a leer y contar esas historias a niños y mayores que nunca hubieran  sabido como era y como se presentaba el Señor a la gente humilde. O hacer lo que su familia le pedía, ponerse al frente de la empresa, planificar nuevos objetivos, ampliar la plantilla y aumentar los beneficios.

 

Una tarde, sus paseos y meditaciones le encaminaron hasta el convento agustino, entró en la iglesia, y se postro delante del altar, junto sus manos y susurrando pidió a María le iluminara sobre qué hacer con su vida.

 

-Señora, muéstrame el camino.

 

Un rayo de luz entraba por la vidriera posterior de la iglesia y se posó sobre la imagen de la madre de Dios, llenándola de luz.

 

Ambrosio se levantó y salió a la calle, las farolas se iban encendiendo paulatinamente. Ya sabía a lo que iba a dedicarse. Su decisión era firme, no la cambiaría por nada del mundo.


 

ANTES DE ABRIR ESTA CÁPSULA, CONFIRMA QUE NO ERES UN ROBOT                                                          SANTIAGO J. MARTÍN

 

Hoy 14 de mayo de 2025 nuestro trabajo en este proyecto, de más de 3 años, llega a su final.  Solo nos quedan los últimos ajustes, que no dejan de resultar altamente complejos, como lo  ha sido el trabajo durante todo este tiempo.

 

He pensado en hacer una cápsula del tiempo que dejaré escondida al lado de mi huerto. Allí

compartiré estos momentos finales porque son los más humanos, los que hacen más atractivo a un robot que roza la perfección, justamente porque no va a parecer una máquina, aunque, por ahora, tampoco da repelús por su apariencia androide.

 

Hemos aplicado todos los adelantos en inteligencia artificial que están a nuestro alcance. En principio está diseñado para el control y la eficiencia de la red energética de nuestro país, también la red eléctrica, claro. Qué oportuno va a resultar su lanzamiento. 

 

Hemos reservado un espacio en su memoria, pequeño, comparado con todo su potencial, para ayudar al autoaprendizaje utilizando sesgos humanos de comportamiento.

 

En otras palabras, queremos ver cómo puede interactuar, fuera de su jornada de trabajo, en otra toma de decisiones más cotidianas y nada científicas, como haría cualquier técnico o científico cuando llega a su casa después de una jornada de trabajo.

 

Pensamos que esa interacción puede ser positiva en el aprendizaje general y, en cualquier caso, siempre podríamos, más adelante, desconectar esa función y limitar su dedicación a la puramente técnica, si detectamos que no reporta los resultados esperados.

 

Dentro de 10 minutos tengo una reunión con el departamento de emociones y actitudes sensoriales. Y voy a trascribir también el diálogo con ellos.

 

Son unos tipos duros, difíciles de convencer, muy reacios a sacar de su laboratorio cualquier input si no se les convence con rotundidad. Se consideran a sí mismos los artistas del CSIC, pero yo los llamo los guardianes de las siete llaves del infierno. No tardaréis en ver por qué.

 

-          Buenas tardes. Supongo que ya habéis revisado toda la información que os mandé, ¿no es así?

-          De arriba a abajo. Está todo muy claro.

-          Pues habréis podido observar que necesitamos unas dosis de favor de vuestro departamento.

-          De favores nada, somos compañeros. En realidad este proyecto terminará siendo de todos los que en él colaboremos.

-          Bueno, más o menos.

-          Pide por esa boca, y veremos.

-          Necesito un bloque de memoria emocional para el segmento de aprendizaje humano

-          ¿De cuánto estamos hablando?

-          Dos terabytes y medio. No tenemos sitio para más.

-          No es mucho, la verdad. Por eso habría que limitarnos a un solo aspecto de modelación de conducta.

-          Me podría valer. Quiero dos teras para el desarrollo humano de confianza en la memoria de ENERGO

-          ¿Confianza? Con eso no tendrías ni para empezar. La confianza es muy inestable. Los robots y los humanos, también, gastamos mucha confianza en todos los procesos de aprendizaje. Es muy inestable y si se pierde es casi imposible de recuperar.

-          Pues rompes todos mis esquemas.

-          No te preocupes, te puedo ofrecer algo alternativo que en caso de agotarse se regenera con facilidad.

-          ¿Qué?

-          Fe

-          No me jodas. Eso no es racional y tú lo sabes.

-          Cierto, pero está presente en la gran mayoría de los humanos.

-          Prefiero la confianza. Las religiones contaminan todo lo que tocan.

-          Tienes razón, pero podemos poner cortafuegos en el sistema para evitar ortodoxias o argumentos supra irracionales.

-          ¿Cómo el del espíritu santo?

-          Por ejemplo. Nada de fe ultra, nada de cartas marcadas como la santísima trinidad…

-          Por eso, prefiero la confianza.

-          Con dos terabytes no tendríamos para nada. ENERGO las perdería en menos de dos semanas.

-          Y la fe también.

-          Sí, pero la fe se regenera, como las estrellas de mar. A nada que le quede una pizca, un giga, servirá para sustentar ideas y aprendizajes.

-          Como una gota de añil en un barreño de agua.

-          Efectivamente, colega.

-          Si no hay más remedio facilitadme esos dos teras de un poco de fe “jesuita”. Lo más ateo que tengas, por favor.

-          No te preocupes. Oye. ¿Y el otro medio tera que os sobra?

-          Tolerancia

-          Buff. No sé si va a servir de algo, tan poquita cantidad. Además sabes que es bastante incompatible con la fe.

-          Ya. Pero necesitamos esa tolerancia. Podéis  instalarla en un puerto de memoria de reserva, que se active de forma programada, solo para un evento de máxima urgencia.

-          Podría ser. ¿Para qué reservarla tanto?

-          Porque ENERGO, y otros que de él aprendan, llegará un momento que no sepan qué hacer con nosotros.