EL CUMPLEAÑOS MARÍA ISABEL
Cumplir años es como volver a nacer.
Festejar la vida, abrazar la alegría de todos los que te
quieren y felicitan.
Rememorar mi nacimiento me entristece.
Imaginar la alegría de mis padres me hace sentir muy frágil.
Su ausencia pesa demasiado en mi niño corazón.
Cumplir años es nacer y morir un poco más cada día
junto a los brotes de las plantas,
el generoso caudal del agua y los animales que comienzan a
vivir.
Festejamos la vida con alegría, pero la mirada se abre hacia
un mermado porvenir.
En donde los años y las ausencias pesan demasiado,
en donde la balanza se inclina hacia el ayer
y en donde el camino te recuerda los precipicios, en los
que, espero, no volver a caer.
Caminamos sin remedio hacia el final de la vida.
Conviene no olvidar que todo empieza y que todo termina
para saborear más las delicias y los regalos,
para aceptar con templanza que, a todos, nos llega la
partida.
Pero hoy recuerda que, con cada amanecer, nos aliamos con la
luz y con la vida
y por ello, al cumplir años, sellamos el pacto con la vida.
Celebra y festeja cada día.
MI SOBRINA.
MI VIDA ARACELI
DEL PICO
Soy Carmen. En
realidad, aún no sé si poner mi nombre lo primero es importante o no, necesario
o no. Correcto o no. No sé nada de estos detalles tan necesarios en la
escritura. Y además creo que aún pongo faltas de ortografía, por no hablar de
los acentos o tildes, como los llaman algunos, que escriben de verdad. Voy a
otra cosa. Y es que os voy a poner mi alma al descubierto.
Yo, la Carmen,
soy mayor. A ver cuántos años creéis que tengo? Setenta? Qué más quisiera yo. Bueno he puesto una
tontería porque en realidad, yo no quisiera volver atrás, cuando era una
completa analfabeta. Y de eso no ha mucho tiempo.
Pues resulta, que
desde que enviudé, y de esto no hace mucho y para sosegar el mal trago, me dio
por comprarme revistas del corazón. Pero sólo veía las “estampas” de los
famosos. Yo sabía quiénes eran porque los había visto en la TV., pero no podía
saber la razón, de que salieran cada poco en el HOLA, u otras revistas
parecidas. Cada semana compraba cuatro o cinco y venga de pasar hojas; y yo
venga de alabar o criticar la aptitud de los que allí salían, dependiendo del
gesto que viera en sus caras.
Y en esas estaba,
cuando un día apareció mi sobrina Ana sin avisar. En realidad era sobrina
directa de mi Tomás, que no hacía mucho se había ido para siempre. Cruzó la
calle sin mirar (cosa que no me extraña, porque era despistao a tope) y un tipo
que iba bien mamao, en su BMW, se lo
llevó por delante. Vamos la mezcla perfecta para no poder evitar lo inevitable.
El del BMW, me tuvo que pagar una generosa cantidad. Pocos días en chirona. Y
mi Tomás al más allá, pasando primero por el cementerio.
Elegimos una
lápida preciosa de mármol y Ana me dio a escoger entre varios epitafios, para
que yo eligiera, aquel que me pareciera procedente. Elegí el más clásico: Tu
viuda y familia, no te olvidan. Le coloqué un ramo de flores bien bonito. Y
supe que no le iba a olvidar nunca. Porque a decir verdad, conmigo fue bien
cabroncete.
Ana, era hija de
su hermana. Nosotros no habíamos tenido hijos. Y cuando llegaba junio y sus
padres nos la dejaban para que pasara las vacaciones con nosotros Era la época
en que éramos más felices. Ella decía que yo era su madre de verano. Para mí
siempre fue la hija que no tuve.
Bueno, pues decía
que vino Ana, y al verme rodeada de revistas, me preguntó por qué en vez de
leer esas tonterías, no cogía un buen libro que me llenaría más.
-
Ana, después de tantos años, ¿no te has dado
cuenta, que no se leer?
-
Claro, es verdad. Ahora entiendo que cuando
elegimos la lápida del tío, dijeras léeme los epitafios y ya si eso… decido. Y
es que siempre te he visto dispuesta, haciendo mil cosas, tejiendo, guisando,
ordenando el huerto, pero nunca te he visto leer.
-
Alguna vez le mostré a tu tío mi deseo de
aprender. Y la respuesta fue: Tú a lo tuyo, que eso lo haces “casi” bien.
-
Pues a corregir eso, estamos a tiempo. Eres más
lista que nadie.
-
Si, muy lista, pero analfabeta.
-
Eso lo solucionamos en menos y na.
-
¿Qué quieres decir? Tengo casi 90 años.
-
Mejor, así mi orgullo será más grande, cuando te
vea leer de corrido.
-
Creo que estás loca, ¿se te ha ido la olla o
qué?
Fue a la
papelería corriendo, como si quisiera alcanzar un bien preciado, que se le
escapaba de las manos. Vino cargada de cuadernos, libros de letra muy grande,
lapiceros de punta negra y de colores. Y sentenció:
-
En un mes, tienes que saber leer y escribir.
Seré tu maestra. Vendré todos los días después de mi curro y estaremos al menos
una hora y media haciendo ejercicios.
Y sucedió tal
como me dijo. Con una ternura infinita, me mostró como juntar las letras, para
que tuvieran un significado. A unir frases que dieran sentido a una conversación.
Eso era lo más importante. Y la última media hora, la empleábamos en escribir.
Había comprado unos cuadernos rayados, con letra redondilla, o inclinada (dice
que esa, es letra inglesa) he elegido la inclinada, pero también puedo hacerlo
con la redondilla. Empecé leyendo fábulas, luego algo con más peso. Y escribo
con cierta soltura.
Ana me ha dicho,
que le han puesto unas horas extras en el trabajo. No va a venir con
frecuencia. Pero me ha pedido, que lea todos los días, al menos una hora, Y que
cada día le escriba una carta. Es muy marisabidilla. Las cartas es el género
epistolar, ahora en desuso totalmente, por los móviles, pero que es el género
más íntimo. Y a través de él, quiere que le cuente mis progresos.
Antes que mi
sobrina me brindara esta oportunidad, había en mi barrio una escuela, que
ofrecía este tipo de clases y no lo creeréis, pero pensé en apuntarme. Cuando
iba a hacerlo una vecina me dijo que la
habían cerrado. Y no entendía porque. ¿Cómo lo va a entender?, Eso no lo
entiende nadie.
Menos mal que yo
tengo cerca un ángel redentor, que me ha devuelto a la vida. Si, a través de la lectura y la escritura he
vuelto a nacer. Ayer me dolían los huesos. ¿Cómo no me van a doler si tengo 90
años? Pues bien, hoy no me duelen. Solo
me duele la ignorancia.
NACER DE NUEVO MANUEL
GIL
Lo vivido ya no
tiene misterio,
lo desveló el
bordado que la vida
sobre mi lienzo
plasmó antes de la huida
camino de la cuna
al cementerio.
Y ya no hay vuelta
atrás en los criterios
para las decisiones
y medidas
tomadas en la senda
recorrida,
pasos que están
conmigo en cautiverio.
Para bien o para
mal es mi historia,
cicatrices que en
cuerpo y alma llevo,
a veces quisiera
apartar de mi memoria
algunos que ni a confesar
me atrevo,
poder cambiar
derrotas por victorias.
Solo hay un
remedio: nacer de nuevo.
ENCAJE
Me sonaba muy familiar esa voz. Seguro que era de una de mis
clientas habituales, pero muy habitual, es decir, de las que necesitan pasarse
un número infinito de veces por la óptica antes de elegir unas gafas.
-
Mira, cielo, quiero una montura grande, que disimule
un poco esta piñota que tengo. ¿Entiendes?
Mi mujer, era “cielo”
y de forma paciente fue mostrando diferentes modelos de pasta, metálicas,
madera… La futura compradora iba apartando algunas y desechando otras por
motivos diferentes. Hasta que llegó a un modelo que yo hubiera defendido como
perfecto para su cara, pero me mantuve en la trastienda equilibrando y puliendo
unas lentes para otro cliente, que también esperaba en la tienda.
-
No, mira, estas de ninguna manera, cielo. ¡Son
naranjas! Imposible.
El hombre que aguardaba por sus gafas tuvo que poner cara de
sorpresa ante la animadversión al color naranja, pero no rechistó. Nadie dijo
nada. La verdad es que era difícil meter baza cuando esa mujer cogía la palabra
y lo hacía desde que ponía el primer pie en la tienda.
-
Ay, si yo contara todas las cosas malas que me
han pasado en mi vida, todas relacionadas con el color naranja…Todas.
-
Hace usted bien, señora – intervino al fin el
hombre-. No hay nada mejor que ser consecuente con las ideas propias.
-
Pues lo soy. Es más, si volviera a nacer, estoy
segura que corregiría muchas cosas en las que me he equivocado, como todo el
mundo, pero lo primero, lo primero de todo sería nada de objetos de color
naranja en mi vida. Seguro que todo me hubiera ido distinto, muy distinto.
Repito, si yo contara…
Ese es el momento despiadado de la historia. La muy cretina
no soltó prenda, ni tan siquiera cuando yo aparecí en escena.
-
Hombre, Jaime, mira, aquí me tienes otra vez,
detrás de unas gafas, para el coche, de reserva, por si acaso.
-
Ya veo, ya. Y ¿no te gustan esas de montura
naranja que tienes en las manos? Creo que te quedarían perfectas.
-
Justo de eso estábamos hablando, de color
naranja nada en esta vida. Hasta mi madre se ha dado cuenta del mal fario de
este colorcito. Si yo te contara.
-
Cuenta, cuenta, mujer. Somos todo oídos.
-
Uff, no.
Se nos haría de noche…
Riendo sincopadamente zanjó el tema y siguió buscando gafas
no sé cuánto tiempo más. Yo me centré en mi cliente que no le quitaba ojo a la
mujer, con una sonrisa algo sarcástica amenazando en su boca. Al final, no pudo más y me comentó en tono
muy bajo cuando le terminaba de cobrar:
-
Si yo volviera a nacer…
Y la frasecita se me quedó clavada en mi mente durante
varias horas. Volver a nacer. Pues según como se mire puede llegar a ser una
putada o una gran oportunidad, sobre todo en vidas machacadas por el destino
desde el minuto uno.
La verdad es que muchos vemos ese imposible retorno a la
vida desde la casilla de salida como una especie de Photoshop de la existencia,
donde poder corregir todos los pasos mal dados y las oportunidades perdidas.
Creo que volver a nacer sería resetear todo lo vivido con
memoria cero. Por lo tanto si alguien ha vuelto a nacer no es consciente de
ello y no tendrá ningún rastro de la vida anterior. Y esa señora volvería a
ponerse unas bragas de color naranja el día de su boda si la ocasión fuera
propicia, que ya sería casualidad.
Como casualidad fue que mi primo Jacinto sorprendiera a la
señora con esa única prenda puesta, en
un reservado del salón de bodas, abrazada con esmero al mejor amigo de su
recién estrenado marido.
Es que volver a nacer es una oportunidad para lo distinto.
Puestos a pedir, ahora preferiría haber nacido con habilidades literarias y
estar observando esta historia desde el otro lado. Ser protagonista y óptico, solo te deja diferentes puntos de
visión, pero nunca el definitivo.