31/10/2025

EL PREMIO DESIERTO 2

 

EL PREMIO QUEDÓ DESIERTO                                  MANUEL GIL

Jaime se sentó en un rincón sombrío de la biblioteca, donde la luz era tenue, como si buscara refugio de la realidad que le rodeaba. Frente a él, un portátil sustituía la hoja en blanco, el lienzo virgen esperando ser manchado con la tinta de su alma.

La noticia de la fiesta había llegado a sus oídos como música celestial, acudiría Elsa, la musa que habitaba sus pensamientos. Esa fiesta tenía fama de emparejar cuerpos y almas, más los primeros que las segundas, porque en el transcurso de la misma, muchos chicos y chicas habían perdido virginidades y estrenado amores, aunque fueran tan fugaces como la fiesta misma. Sabía que ella era una romántica que leía a Jane Austen y que amaba la poesía, él también compartía eso, y por ello la mayoría lo consideraba un rarito, pero no se arredraba, desde que coincidieron en la facultad siempre había sido amable con él, pero nunca logró sentirse próximo a ella. Había decidido escribirle un poema que como las trompetas de Jericó derrumbara sus muros.

Mientras los pensamientos se agolpaban en su mente, la sombra de su rival apareció: Raúl, el capitán del equipo de waterpolo, un tío de músculos esculpidos que desbordaba confianza. Un ligón nato, siempre rodeado de admiradoras. Sabía que él también andaba tras la diosa que había encendido su deseo. Jaime sintió que la arena del tiempo se deslizaba entre sus dedos; debían florecer las palabras, y rápido.

Así, el desierto de su inspiración se extendió ante él, vasto y árido. Se imaginó recorriendo sus dunas, cada grano de arena un verso perdido que anhelaba ser hallado. Las palabras danzaban en su cabeza como espejismos en el horizonte, prometiendo y negando al mismo tiempo. Pero para germinar, la poesía requería el maná de la belleza, aquella esencia efímera capaz de abrir las fauces de la reseca tierra y hacer brotar de sus entrañas imposibles pétalos de ilusión.

Mientras escribía, el calor ardiente del deseo lo consumía. Sus palabras fluían repletas de metáforas que evocaban paisajes de sueños marchitos, pero también de promesas aún por cumplir. Una sinfonía de anhelos desplegando sus suaves notas al son del teclado y que lo guiaba a través de un mundo inhóspito, donde cada línea arrastraba la esperanza de alcanzar el oasis de Elsa.

Finalmente, el poema estuvo listo, un destello de su alma que ofrecía vulnerabilidad.

El día de la fiesta con el corazón como un tambor se acercó a ella y con una sonrisa tímida se lo entregó. Su hermoso rostro se mantuvo impasible, él la observó mientras parecía leer, levantó la vista y la indiferencia de su mirada fue un golpe helado; el eco de sus versos se desvaneció en el aire como un susurro ahogado.

La fiesta continuó como era previsible entre universitarios: música, risas, copas, besos, roces en algunos con más suerte. Vio como Raúl también había hecho sus intentos sin demasiado éxito. Elsa no se separó de otra hermosa muchacha con la que no paraba de bailar alocadamente. Incluso pudo ver como ambas se reían cuando los miraban a ellos. La sombra de la desilusión le atravesó como un rayo, revelando la cruda realidad, aunque le consoló pensar en el otro candidato. Esa noche al menos el premio había quedado desierto.


 

EL PREMIO                                                                             MARÍA ISABEL RUANO

Fue el desierto con su arena y con su luz.

Con los hombres y sus dromedarios esperando

vestidos de polvo y azul.

El calor sofocado por las nubes

el color de la arena ocre y amarilla, muy fina.

El vértigo de la subida

la obediencia noble de los animales

sacrificando su altura ante nosotros,

soportando el peso de cuerpos asustados

balanceándose con recelo.

El premio no fue la anhelada puesta de sol

desde la loma del desierto.

El premio fue la magia del desierto

salpicado de lluvia y cambiando de color.

La risa y el miedo, el olor desconocido,

las deslumbrantes imágenes,

el viento y la humedad.

La tangible sensación de que todo era real

que no se volvería a repetir,

que para ellos cada día sería rutina

con nuevas, nuevos turistas.

Que para mí fue una experiencia única,

un regalo de arena, lluvia y luz.

 


 

DESILUSIÓN                                                               JUANA DOMÍNGUEZ

No he tenido suerte nunca. De niña, cuando en el cole sorteaban un premio, siempre salía cualquier número que yo no hubiera elegido, cualquiera menos el que yo llevaba. Mi desilusión era grande. El regalo no era ni valioso ni necesario, cualquier fruslería para incentivar al agraciado y desilusionar al resto.

Hoy, como entonces, estoy muy desilusionada, el premio que debería haber ganado con esfuerzo y muchas horas de dedicación, se ha quedado desierto.

En pocos meses tendré que sentarme en el banquillo de los acusados, me citaron como testigo, y no sé cómo ni por qué el juez me ha declarado imputada.

Mi abogado me aconseja declararme culpable ¡Culpable! ¿Culpable de qué?

Yo estaba en el banco para consultar sobre un crédito, quería dedicarme a tiempo completo al estudio de la oposición a registradores de la propiedad, con la mala fortuna de que una banda organizada entrara en aquella sucursal a llevarse toda la recaudación: ¡ocho millones de euros! No me explico cómo podía haber tanto dinero en una sucursal del extrarradio. El banco debe estar inflando la cifra, algo oscuro deben estar fraguando.

Y yo en medio, el director me acusa de dirigir la banda criminal. Escaparon con el dinero, y se han esfumado en el aire, no se sabe de ellos y menos del dinero. Soy la única detenida. Ninguno me podrá ayudar a contradecir al director.

Llevaba diez minutos en el despacho hablando con él, contándole mis proyectos y consultándole que tipo de garantía tendría que aportar para que me dieran el crédito, cuando los atracadores abrieron la puerta del despacho y me dieron un golpe en la cabeza. Debí perder el conocimiento, lo siguiente que recuerdo es a la policía preguntándome si estaba bien.

En fin, siempre que llueve escampa. Cuando consiga defenderme de las acusaciones, volveré a emprender mis estudios. No es cosa de resignarse, tendré que buscar otro abogado y testigos que me ayuden a aclarar que yo no tengo nada que ver con los atracadores. No podrán hacerme cambiar de criterio, defender mi verdad está por encima de cualquier interés o planteamiento que me propongan para disuadirme.

Y nunca más pediré crédito a ningún banco.


 

 EVA                                                                           ARACELI DEL PICO

 

  Se lo contaba absolutamente todo. Tenía fe ciega en ella. Y nos conocíamos desde la niñez. Siempre fue mi paño de lágrimas y el abrazo a compartir, cuando algo salía redondo. Y estaba convencido de que, si algo salía así, es porque ella estaba cerca.

 

  Desde niño y creo que, sin pretenderlo, ella alimentó mi lívido. Y en cuanto la pubertad me cambió, y el bello empezó a cubrir determinadas partes de mi cuerpo y la pelusilla me hacía cosquillas en la cara, iba perdiendo parte de la timidez que siempre me había atenazado.  Y si, di el consabido estirón, convirtiéndome en el chico más alto de mi clase, además de fluctuaciones emocionales que no podía disimular.

 

  Mis padres presumían de chaval y los amigos cercanos con más o menos fortuna, siempre me dedicaban alguna lisonja. Y si, cierta timidez había desaparecido, pero el rubor acudía a mis mejillas cuando tales lisonjas eran acumulativas. Si ella estaba presente se reía.

 

  Tampoco era mal estudiante. Y cuando tuve que pensar en mi futuro, lo tuve claro, el campo de las letras sería el elegido.

 

  Lógicamente también ella iba cambiando. De niña delicada, dulce y con gracia. De adolescente mantenía la gracia y aumentaba en belleza. Empezó a desarrollar unas curvas envidiables y un dominio sobre la mayoría, que ya hubiera querido Cleopatra, en algunos momentos.

 

  Y un buen día que su coqueteo fue un poco más allá de nuestros juegos de manos, nos hicimos amantes. Alcancé el cielo atravesando todos los planetas, y esquivando estrellas. Y me propuse estudiar a fondo, para ofrecerle el mejor de los futuros, y cuanto antes.

 

  Tenía facilidad para los idiomas y me pareció que profundizar en aquellos que no eran los más habituales, me proporcionaría un plus en mi carrera. No quería lenguas muertas. No, ¿para qué? Pero si lenguas minoritarias que me hicieran necesario como traductor. Comencé a viajar sin descanso. Recalé en Armenia. Tenía simpatía por un pueblo que había sido masacrado por diversos países y durante muchos años.

 

  Su alfabeto había sido creado por un monje Mesrop Mashtots, en el año 405, era una fusión de cifras y letras que acaparó mi atención. Y volví a España deseando plasmar en un libro aquello que había calado muy dentro de mí.

 

  Mientras regalaba y recibía caricias perdido entre los pliegues de aquellas suaves sábanas, le expuse a ella la intención de presentar mi obra a un concurso literario de ámbito internacional. Cogió mi cara con sus manos, acercó sus labios a mi oído, y dijo: no dejes de hacerlo y cuanto antes.

 

  La obra estaba terminada, repasada y ajustada por mi editorial y lista para presentar a concurso al día siguiente. No me separaba de ella. Reposaba en la mesilla de noche, junto a mí. Y mi obra y yo junto a ella.

 

  Amanecía, cuando un rayo de sol irrumpió a través del ligero visillo, extendí mis brazos para estrecharla una vez más. No estaba. Giré la cabeza. El libro tampoco.

 


 

O FILLO DA NAVALLA*                                                                            SANTIAGO J. MARTÍN

Desgraciadamente tuvieron que amputarle la pierna derecha al Suso. No pudieron los médicos hacer nada por salvársela. El rapaz está abatido, y eso que aún no entiende ni una cuarta parte de todo lo que aconteció.

Todo empezó cuando el neno se levantó el jueves con la fijación de marchar a Vigo a ver a su padre. Solo no iría, claro. Un niño con 8 años no se puede mover por su cuenta de un lugar para otro, y eso que es bastante autónomo.

Vaya que lo es, si no, jamás hubiera podido encargar un machete de caza boker con la inscripción Al mejor papá del mundo. Le encantaría. Es lo bueno y lo malo de tener un primo mayor indecente viviendo cerca de ti, te consigue cualquier cosiña.

Se sentía extraño, con pena, de pasar aquel día del padre lejos de él, además también era su santo. Tampoco fue fácil convencer a Martiña para acercarle a la ciudad. Pobre Martiña, también.

No entendía el rapaz que sus padres no estuvieran juntos y cualquier oportunidad de verlos uno junto al otro, a él, le parecía un premio para sus ojos.

Aquella mañana, Xosé, había bebido lo normal en una víspera de festivo, es decir, mucho, muchísimo.

Llegaron a la casa a eso de las 11 de la mañana. Martiña no quería subir, no necesitaba más berrinches violentos. Estaba cansada de tanto insulto que caía sobre su cara como un orballo insistente cada vez que se veían.

-          Mira, Suso, sube tú solito hoy que la mami se va a comprar unas cosas a la farmacia, para la avoa, que está malita.

-          ¿Qué le pasó a la abuela?

-          Nada, una gripiña de nada, pero necesita unas pastillas.  Luego te recojo.

Pero el Xosé no contestaba al portero automático y, ante la insistencia del neno, que era muy teimudo, tuvo que subir con él aprovechado que un vecino salía del portal con su perro.

Tardó en abrir el padre y apenas podía despegar los ojos de la resaca. Les invitó a pasar y el crío tiró de la madre hacia dentro de aquel cuchitril que parecía una porqueira. Martiña pasó y no debía haberlo hecho.

Luego todo fue muy rápido. El rapaz que sacó de su bolsillo el paquetiño con la navaja dedicada. El padre que lo abre. Martiña que no comprende cómo pudo conseguir aquello su hijo.

-          Suso, y ¿tú cómo has podido hacerte con eso?

-          Deja al neno. No ves que él sí me quiere, estúpida.

A ese insulto le siguieron muchos más, y zarandeos y golpes, con Suso paralizado en medio de la estancia inmunda.

Luego, como ya dije, todo fue muy rápido. La primera cuchillada le llego a Martiña en el cuello. La hoja se hundió hasta la palabra mejor. Le siguieron muchas más por todo el cuerpo hasta que el neno reaccionó y se puso delante. Una de esas puñaladas se hundió hasta papá por debajo de su ingle. Cuando el Xosé se dio cuenta de que había herido a su hijo, el niño ya parecía muerto en el suelo, desangrándose. La madre no lo parecía, lo estaba.

Entonces hizo lo que estos cabrones acostumbran, clavarse la navaja en la yugular, lo suficiente para acabar con su vida, hasta mundo.

Y el mundo de Suso se tiñó definitivamente de un nuevo color y cambió por completo.

 

*EL HIJO DE LA NAVAJA

30/10/2025

¿POR QUÉ GHANDI NUNCA RECIBIÓ EL NOBEL DE LA PAZ?

 

Esto sí que es un gran enigma, y me parece que lo va a seguir siendo por siempre. No lograremos conocer nunca las razones por las que Gandhi, a pesar de ser nominado varias veces, nunca logró conseguir el Nobel de la Paz.


Sí lo consiguieron algunos “discípulos” suyos como Martin Luther King, pero no él. Menos mal que tampoco lo consiguió uno que fue rival en nominaciones algún año, Stalin. Hubiera sido…

Tampoco nada extraordinario cuando años más tarde el organismo noruego no dudó en otorgar el Nobel de la Paz a Kissinger. Por favor.

https://www.swissinfo.ch/spa/mahatma-gandhi-el-%C3%ADcono-pacifista-que-nunca-gan%C3%B3-el-nobel-de-la-paz/48854848


 

29/10/2025

GALDIKAS ECLIPSADA


Jane Goodall y Dian Fossey dedicaron su vida a la protección de primates, en algunos casos, como el de Dian, costándole la suya propia.

Pero hay otra persona, Birute Mary Galdikas que también lo ha venido haciendo durante mucho tiempo con los orangutanes, y no es tan mediática como las dos anteriores.  


La primatóloga canadiense lleva residiendo décadas en Borneo, donde desarrolla su trabajo de protección y estudio de los orangutanes.

No tenemos en nuestra mano facilitarla ningún premio, pero si podemos colaborar en divulgar su labor, de forma modesta, con la lectura de artículos como el que hoy os presentamos.

https://www.fundacionaquae.org/birute-galdikas-experta-orangutanes/

28/10/2025

DE LA DINAMITA A LOS PREMIOS

 


Es curioso que los premios Nobel nacieran del inventor de la dinamita, Alfred Nobel. Se cuentan bastantes anécdotas de cómo utilizar el dinero adquirido con su invento una vez muerto.


Aquí os traigo una de las versiones, pero a nada que escarbéis un poco encontraréis más. Ánimo.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/alfred-nobel-y-invencion-dinamita_17802

27/10/2025

EL PREMIO ALAN TURING

 


Se puede decir que este científico británico ha sido uno de los grandes olvidados y postergados de los reconocimientos merecidos por su trabajo.

Valorar su trabajo solo ha sido posible con el paso del tiempo. En su época, mitad de siglo XX, no solo fue obviado, también perseguido por su condición sexual.


Los propios ingleses, tan orgullosos de los suyos, a veces, dejaron durante demasiado tiempo a Turing fuera de su memoria y del reconocimiento científico adecuado.

Ahora se le considera uno de los padres de la informática, y ciertamente lo fue. Tanto es así que en el año 1966 se empezó a otorgar un premio anual por labores de computación e informática destacadas con su nombre. Viene a ser el Nobel de las matemáticas.

Actualmente este premio está patrocinado por Google. Os dejo dos artículos para que podáis ahondar algo más en su vida y su obra, además de una información sobre los Premios Turing.

https://www.britannica.com/topic/Turing-Award

https://hablandodeciencia.com/el-heroe-olvidado-alan-m-turing-v/


 

26/10/2025

QUINTA SEMANA DE OCTUBRE

 Pregunta:

Seguimos con los premios. Hoy vamos con polémica:

¿Qué premio consideras que nunca se debía haber otorgado a esa persona u organismo?




24/10/2025

RUESTA, EL PUEBLO OLVIDADO MÁS PREMIADO


Se trata de un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza, que prácticamente se despobló en los años 70, cuando la construcción de un embalse terminó con sus tierras de cultivo.


Su arquitectura es singular y ha recibido recientemente varios premios gracias a las labores de recuperación de edificios.

Al encontrarse en pleno Camino de Santiago el milagro de su recuperación se ha podido hacer realidad.

El artículo que os paso es muy completo, aunque tiene un grave error al considerar que el pueblo pertenece a Huesca cuando la realidad es que se encuadra dentro de los límites de Zaragoza. 

https://viajes.nationalgeographic.com.es/lifestyle/pueblo-abandonado-huesca-que-ha-revolucionado-arquitectura_17095


PREMIO DESIERTO

 

CASI NOS ENGAÑAN                                                               JUAN SANTOS

Tres relatos despuntaban sobre todos los demás. Desde el primer momento supimos que uno de ellos sería el ganador. Los leímos en silencio y en voz alta. Era difícil decidirse por el mejor. Todos estaban muy bien escritos, con la puntuación adecuada y la sintaxis perfecta. Por un momento dudamos si serían producto de la inteligencia artificial, pero eran relatos con alma. Tenían esa chispa que solo la inspiración humana puede crear, capaz de emocionar al lector más frío.

Los títulos eran muy sugerentes:

 

INVENTANDO EMOCIONES

Es de suponer que la IA puede buscar y colocar, de manera más o menos acertada, las emociones que existen registradas en las grandes bases de datos, pero en este relato, las emociones que aparece son nuevas: Recuerdo perfectamente lo bien que me encontraba cuando estaba en la barriga de mi madre. Esto nunca lo diría una máquina.

 

ENTRE LÍNEAS DE CÓDIGO

En la danza errante de mi teclado, las palabras cobran vida y mueren en un suspiro digital. No me da tiempo de copiarlas para ti. Con este comienzo es fácil ver a una persona enamorada escribiendo en el ordenador.

 

IMITÉ TU SOLEDAD

¿Cuándo una máquina se ha sentido sola? En este relato la protagonista empatiza con un mendigo, para comprender el dolor de la soledad. La Puerta del Sol estaba abarrotada de gente, mientras yo sentado en el suelo, pedía limosna. Esto solo puede experimentarlo alguien que tenga corazón.

 

Con esta tesitura, pensamos que lo mejor era echarlo a suertes y que el azar decidiera. Una pena porque dos de ellos quedarían descartados injustamente.

Al presidente del jurado se le ocurrió leer de seguido los tres títulos:

 

INVENTANDO EMOCIONES ENTRE LÍNEAS IMITÉ TU SOLEDAD

Se nos encendió la bombilla, sospechamos que la IA había traspasado la línea roja de la experiencia personal y que ya tenía creatividad y emociones. No nos fiamos y el premio quedó desierto.


 

EL PREMIO EQUÍVOCO                                               ANTONIO LLOP

Temblaba. Marcela tenía que conseguir que ganara alguien con el pseudónimo de Espartaco, pero ninguno de los otros dos miembros del jurado renunciaba a su candidato. Ella los miraba intensamente tratando de adivinar sus puntos frágiles.  

A la derecha de Marcela un tal Rodrigo de los Monteros, serio, pelo corto peinado hacia atrás y pegado al cuero cabelludo, impecable en el vestir. De trayectoria literaria desconocida, pero eso carecía de importancia. Para ella era suficiente el haberle sorprendido mirándola de esa forma que las mujeres adivinan y los hombres creen que no se dan cuenta. A su izquierda Timoteo Romero, un profesor jubilado, con gafas de haber consumido muchos libros y una espalda cargada de años de recorridos literarios. Ese era el compañero más difícil de convencer. Tras consultar su historial no le había encontrado debilidades. Fuera de su actividad académica, sus libros y artículos ese hombre no existía. Ni tenía cargas familiares ni rastro de vicios ocultos.

Ellos también tenían sus razones para elegir a sus candidatos. Marcela averiguó que el escogido por Rodrigo, el repeinado, era un miembro de otra familia perteneciente a una aristocracia nobiliaria, como la suya. Supuso que ahí habría afinidades y pago de favores de clan. El elegido del profesor era alguien al que este hundió la carrera con una zancadilla alevosa, porque amenazaba su cátedra con mayores conocimientos que los de él. Al viejo león implacable con la jubilación le había sobrevenido una culpabilidad inesperada. Proponiéndole como ganador pagaba su arrepentimiento. Una justicia poética.

Los tres miembros del jurado habían recibido ya información sobre quiénes se escondían tras todos los seudónimos, junto con la recomendación del ganador que no era ninguno de sus candidatos. Es lo primero que les exigieron cuando les convocaron para ese premio. Un millón de euros menos impuestos no se le puede dar a cualquiera sin garantías de rentabilizar la inversión.

En un descanso de las deliberaciones para desayunar, los años de lucha de Marcela contra el machismo se tambalearon cuando sonrió y esbozó el guiño de un ojo al paso de la mirada del aristócrata. El rostro de este se iluminó por un momento. Ella, con una caña de vergüenza ya había dejado un anzuelo cargado de sugestión. Sin embargo, el profesor era inatacable de momento. Solo le quedaba a Marcela la mentira, ahondar en ese sentimiento de culpa del catedrático al final de su vida profesional. Al ofrecerle un café le dijo con cara de circunstancias.

—No me lo tome usted a mal, pero lo que me costó recuperar aquel suspenso en Lingüística en su clase del curso 2002-2003. Usted no se acordará porque tenía muchos alumnos.

Ante la mirada extrañada del profesor jubilado, ella inventó una historia dramática de años perdidos por depresiones y de una salida angustiosa que requirió tratamiento médico. No sabía si su patraña había calado en la fragilidad del jubilado Timoteo, pero ya había dejado otro cebo.

En la votación subsiguiente Marcela consiguió su propósito. Los otros dos miembros del jurado se decantaron por el candidato de ella ante su sorpresa y satisfacción. Al entregar la tarjeta con el nombre de Espartaco, como ganador, los tres pensaron en lo que significaba atreverse a desobedecer las sugerencias de la Editorial. En el mejor de los casos se arriesgaban a dejar de pertenecer al jurado para próximas ediciones con la cuestión monetaria que ello conllevaba.

Pero, el aristócrata, acostumbrado al ocio, cansado de esa actividad que le hacía leer demasiado, y pensando en la recompensa de Marcela aceptó firmar. El viejo profesor abrumado por sus años de inflexible comportamiento y con una culpa sobrevenida también se avino al acuerdo.

La reacción del editor no se hizo esperar. Ante la prensa expectante declaró al premio desierto por incapacidad del jurado para emitir un veredicto. Al mes siguiente se reunirían otros jueces, personas de reconocido prestigio en el campo literario, que decidirían la novela ganadora. Marcela, Rodrigo y Timoteo no pudieron hacer ni decir nada porque habían firmado una cláusula de confidencialidad.

La editorial se aseguró unos juzgadores que emitirían un dictamen adaptado a sus intereses. Lo único que permitió fue que la novela de Espartaco obtuviera el segundo premio como una concesión graciosa al anterior jurado.

A Marcela no le preocupaba esquivar al rijoso aristócrata ni al apesadumbrado profesor. Ni siquiera la paradoja de que para soslayar un chantaje hubiera tenido que chantajear a su vez. Solo le obsesionaba el que el puesto de primer finalista no le bastara al secuestrador para liberar a su hija.

 

23/10/2025

GRABAR OVNIS TIENE PREMIO

 

Una empresa de cámaras domésticas propiedad de Amazon convocó no hace mucho tiempo un concurso donde ofrecía hasta un millón de dólares a las mejores imágenes captadas por sus usuarios donde salieran reflejados ovnis y extraterrestres.


El mundo de los ovnis tiene altibajos y de pronto parece que resucitan los adeptos o se busca esa resurrección.

Nunca están del todo olvidados y siempre habrá una moda o un programa de televisión que los traerá de vueltas. Pero ellos, por ahora, no llegan.

https://www.telemundo.com/noticias/noticias-telemundo/estados-unidos/ring-ofrece-un-millon-de-dolares-por-grabar-actividad-extreterreste-co-rcna119514

22/10/2025

EL PADRE OLVIDADO DE LA ECOLOGÍA

 

EL PADRE OLVIDADO DE LA ECOLOGÍA

Hay muchos padres impulsores en el mundo de la ciencia, la tecnología y la naturaleza. Hoy os traigo a Humboldt, alguien de quien no nos olvidamos, en su día, en la Escuela de Adultos de Arganzuela.


Un científico, ecologista, naturalista, que tuvo una relación estrecha con España y con Hispanoamérica.

Merece mucho más que un simple recuerdo, al menos unos minutitos de lectura de este gran artículo.

https://ethic.es/alexander-von-humboldt-padre-olvidado-ecologismo

21/10/2025

EL INVENTO QUE REVOLUCIONÓ EL MUNDO

 


Existen muchos inventos que usamos a diario y que no sabemos ni cuándo, ni quién los sacó a la luz. Uno de ellos es el que traemos hoy, la cremallera.




Nació a finales del siglo XIX y fue obra del ingeniero sueco Gideon Sundback. Él fue el que la terminó patentando, pero parece que todo venía de una idea original que tuvo su suegro. Pero hubo más personas involucradas.

En el artículo hay cantidad de detalles interesantes y muchas curiosidades. No lo perdáis.

https://www.rtve.es/television/20230424/cremallera-historia-nacimiento-invento/2440898.shtml

20/10/2025

EL GENOMA HUMANO, OLVIDADO Y YA COMPLETO


Aunque los descubridores de la secuencia del ADN, en concreto Crick, ya tuvieron reconocimiento en forma de premio Nobel, la confección del genoma humano, que es de vital importancia, nunca ha tenido ningún galardón científico.


Es posible que este olvido se deba a que ha costado mucho completarlo, pero ya lo tenemos en su totalidad desde hace un par de años.

Había una serie de regiones de ADN repetitivas que lo hacían bastante complejo de interpretar. Ahora, gracias a la tecnología, todo se ha simplificado y podemos decir que ya lo tenemos.

En este artículo podréis conseguir información valiosa de lo que os adelanto y un resumen del valor del conocimiento del genoma.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/codigo-genoma-humano-por-fin-esta-completo_18097#google_vignette

19/10/2025

CUARTA SEMANA DE OCTUBRE

PREGUNTA DE LA SEMANA:

El tema de los premios relacionados con el arte y la ciencia no deja de tener cierta controversia. Un poco por los galardonados y otro tanto por la cuantía económica asociada a esos "laureles". 

Hay premios literarios como el Planeta que reparte en  bastante más dinero que el Nobel de Literatura y otros, muy famosos, como el Goncourt que solamente tiene un euro para el ganador. 

Ahí va mi pregunta:

¿Has conseguido algún premio en algún juego, concurso o competición y que ya no sepas dónde lo tienes? Cuéntanos.




17/10/2025

UNA CARA DE MODA 2

 

PENÉLOPE                                                                  MANUEL GIL

 

Los nervios devoraban a Lía, un torbellino en su interior la mantenía inquieta, al tiempo que le insuflaba ese espíritu de lucha que había sido su compañero inquebrantable a lo largo de la vida. Se encontraba en la final del célebre concurso "Líderes de la costura", seguido por millones de personas a través de la televisión. Ya había logrado que una prestigiosa firma de modas desplegara una alfombra roja para atraerla con el propósito de crear una línea con su nombre. Todo estaba saliendo como en sus más atrevidos sueños, y la guinda del pastel sería, sin duda, la victoria.

 

Una circunstancia peculiar le hizo pensar que se trataba de una señal divina: el lugar donde se llevaría a cabo la gran final era un espléndido salón de eventos construido sobre el solar que en su niñez había albergado, junto a otros comercios, la boutique que había sido refugio de tantas frustraciones y escaparate de sus sueños. En ese entonces, su nombre era Antonio, un niño encerrado en su propio caparazón, mientras su madre viuda sostenía la familia con su trabajo como costurera. Juntos, creaban un mundo de hilos y telas; él aprendía a coser con una facilidad asombrosa, fascinado por cada diseño que surgía de su imaginación. Aunque su madre dudaba en fomentar esa pasión, no podía evitar sentir un extraño orgullo y complicidad cada vez que se embarcaban juntos en la tarea de enhebrar sueños, bordar fantasías o zurcir las heridas de sus vidas en las telas que tanto amaban.

 

Después de la escuela, donde las vejaciones y burlas eran pan de cada día, se plantaba frente al escaparate de la boutique, embelesado ante Penélope, así la bautizó él, la maniquí de cartón piedra que cada semana vestía un modelo diferente. La contemplaba, maravillado, como si fuera una diosa de la moda, con sus complementos brillantes que emergían de la penumbra. Sus ojos de vidrio parecían transmitirle no solo ánimos, sino también una chispa de cariño. Cada nueva pieza de ropa realzaba su hermoso cabello rubio, peinado para la ocasión y la convertía en la musa de sus sueños, el reflejo donde anhelaba verse, deseando ser como ella.

 

Así pasaron los años y tanto con frío como con calor acudía a su cita con ella para contarle en silencio sus anhelos y miedos, mirándola siempre como su meta. El destino los llevó a cambiar de barrio, luego llegó el Instituto y, posteriormente, una academia de diseño de modas que su madre pagó con su esfuerzo. Entre costuras y diseños, inventaban y soñaban juntas.

 

Cuando Lía se enteró de que la final se celebraría en ese lugar donde, hacía muchos años, había desaparecido la boutique de su infancia, sintió un pellizco de nostalgia en el corazón. Nunca la había olvidado, a pesar de su azarosa transición de hombre a mujer, de sus estudios y su incansable búsqueda de identidad.

 

Invitaron a todos los participantes a conocer el espacio, y Lía deambuló por aquel espléndido lugar que había engullido el refugio de su infancia. En una esquina, encontró un local adjunto aún vacío, donde se amontonaban trastos viejos que los antiguos comercios habían dejado atrás. Y allí estaba ella, casi no podía creerlo: Penélope yacía cubierta de polvo, con ropa desgarrada entre otros objetos olvidados. Su rostro, aunque marcado por el tiempo y con algún desconchón, aún exhibía la belleza que tanto lo había fascinado de niño. Ya no era una cara de moda, pero Lía sabía que volvería a brillar. Consiguió que se la regalaran, pues, al fin y al cabo, la tenían allí para deshacerse de ella.

 

Lía ganó el concurso con un espectacular modelo inspirado en el que lucía Penélope en las vísperas de Año Nuevo de hace tantos años, un diseño que nunca había olvidado, desprendiendo magia y glamour. La modelo que lo lució en la final se presentó ante el jurado con un maquillaje creado por Lía, la propia modelo y gente de la producción, le habían advertido de que esa cara ya no estaba de moda. Pero en su interior, sabía que la verdadera belleza trasciende las tendencias, y que la esencia de Penélope siempre viviría en su obra.


 

BUSCANDO UNA CARA DE MODA                                         ANTONIO LLOP

Cuando tenía quince años quería ser actor de cine.

Una noche, antes de acostarme, miré mi imagen en el espejo del cuarto de baño. No me parecía a ninguno de los protagonistas de las películas que veía a menudo. No tenía el pelo abundante, ni el cabello rubio, ni los ojos azules, ni la combinación de pelo moreno y ojos verdes, ni la nariz recta y decidida de ellos. Mi pelo, castaño y clareado por la parte de arriba de mi cabeza; mis ojos amarronados y mi nariz aplastada conformaban uno de esos rostros corrientes que se repetían en mi entorno. Simplemente una cara más, otra del montón de los espectadores que esperábamos impacientes todos los sábados para que la pantalla del cine nos sacara de la vulgaridad del barrio.

Continué ensayando gestos ante la luna del armario de mi cuarto, Componía la expresión de dureza o de indiferencia de los pistoleros del oeste americano. Acto seguido la cara de tristeza de los dramones españoles de la época daba paso a otra de exultante alegría propia de las comedias francesas. Tras esto me acosté. En la pantalla de mi sueño flotaba en el agua. Por encima de mi posición se extendía un cielo incendiado. Después me vi sumergido sin notar ninguna asfixia. Estaba rodeado de peces enormes como en el interior de un gran acuario. Más tarde salí del líquido a una playa de arena arrastrando un peso en la parte de atrás de mi cuerpo. Luego subí a una montaña desde la que me lancé al vacío y me mantuve en el aire contemplando a mis pies una vegetación exuberante. De pronto caí a un árbol y trepé por sus ramas. Tras esas experiencias de fantasía empezaron a aparecer imágenes de primates que pronto cambiaron a rostros con rasgos más humanos. Hasta que, tras una sucesión vertiginosa de caras con peinados de distintas épocas, apareció la de un hombre muy similar a la fotografía que mis padres guardan de mi abuelo paterno, al que yo no conocí. De repente ese rostro empezó a mover los labios, como si quisiera decirme algo. Me asusté e intenté escapar de esas apariciones oníricas. De pronto noté un intenso dolor en la zona de la boca al tiempo que despertaba en el suelo de mi habitación. En la oscuridad palpé la zona dolorida y noté que me recorría líquido abundante. Encendí la lamparita de la mesilla y vi que era sangre.

Mi madre se levantó asustada al oír el estruendo de la caída y me llevó al cuarto de baño. Atajó, como pudo, la hemorragia de mi nariz embutiendo algodones; restañó con compresas mi labio y una herida abierta en la mejilla, y me llevó a un Centro Médico. Cuando me curaron intenté recordar el sueño que había dado con mi cara en el radiador. Había estado repasando toda la semana la Teoría de la Evolución de Darwin que se rumoreaba nos iba a caer en el examen del día siguiente. Esa circunstancia mezclada con mis visajes ante el espejo en busca de una cara y una expresión de moda me habían producido una mezcla delirante de ontogénesis y filogénesis. El resultado fueron dos puntos en la boca y tres en la mejilla. Y la rotura del tabique nasal.

Tras esa amarga experiencia la vida me llevó por caminos diferentes de mis deseos de primera juventud. Olvidé mi atracción por la profesión de actor. Hasta que un día aparecieron por el barrio varios furgones que aparcaron cerca del parque. Unos operarios uniformados con pantalón y camisa negras empezaron a sacar de su interior grandes focos, pantallas y cámaras con trípodes y otros artilugios. Me acerqué a una mesita donde una chica preparaba un catering para los componentes del grupo, que ya se esparcían por los alrededores. Le pregunté qué iban a hacer. Su respuesta no se hizo esperar:

—Una peli sobre la delincuencia callejera.

—¿Van a coger gente? —pregunté espoleado por mi antigua afición.

—Sí. El director ha escogido este barrio por su autenticidad. Busca a personas que vivan en él.

En ese tiempo yo llevaba unos años trabajando en un Banco, y ya no frecuentaba tanto el cine. Pero el gusanillo que guardaba agazapado en el pecho se despertó.

Me presenté al casting y me seleccionaron enseguida, Mi intervención era breve, pero tenía algunas frases mostrando un plano corto de mi rostro.

Al final me sirvieron de algo mi nariz torcida, la cicatriz de la mejilla, el labio partido y mi pelo ya muy raleado en ese tiempo. Aunque fuera para obtener un papel de malo.


 

REGRESIÓN                                                                JUANA DOMÍNGUEZ

Estaba arrepentida, muy arrepentida, pero ya no era posible volver a tener la misma cara que tanto sufrimiento le había producido en su adolescencia y juventud.

Todo el sueldo que no entregaba en su casa para contribuir al mantenimiento de su familia, lo guardaba íntegro. 15 años privándose de todas las cosas que sus amigas disfrutaban. Ni cine, ni refrescos, ni zapatos ni ropa innecesaria, ni vacaciones, solo salía de su ciudad con su familia.

¡Tantas cosas, que hubiera podido disfrutar! A su mente vino de repente aquel bolso de piel vuelta en tonos rojizos que llevó tres temporadas su mejor amiga, y que ella misma la animó a comprar una tarde de rebajas ¡cómo le gustaba aquel bolso! le quitó la ilusión de comprarlo el espejo de la tienda donde se probaba una falda a mitad de precio, (ésta no tenía más remedio que comprarla). Cuando se miró al espejo éste le devolvió la imagen de una joven morena con ojos tristes, la mancha rojiza de su frente que le bajaba por la parte derecha de la cara, la afeaba tanto, que nunca consiguió disimularla con el pelo sobre ella. Muchas veces deseó haber sido árabe para taparse la cara con un pañuelo.

La nevus simplex que tanto la afeaba no tenía solución, el médico siempre la desánimo a extirpársela, la operación era complicada y no le ofrecían garantía de que desapareciera.

Un mal día entró en una clínica de estética, y tanta publicidad y buenos resultados la enajenaron. (Ya tenía ahorrado el coste de la operación) y no lo dudó, se quitaría la mancha, rellenarían el hueco con piel de alguna parte de su cuerpo. No había riesgo y el éxito estaba asegurado, las fotos que la habían mostrado de otras operadas atestiguaban que todo saldría a la perfección, no dudaba cuando entró al quirófano.

Que loca había sido, cuanto sufrimiento se habría evitado si en lugar de añorar la cara de princesa, pintada en el cuento de Cenicienta que tenía siempre en su mesilla, una cara perfecta, ojos verdes, pelo rubio y el óvalo de la cara simétrico, sonrosado ¡y si manchas! Cuantas veces había soñado con que un hada madrina la convirtiera a ella también en princesa.

Casi murió por la infección producida, pasó meses cerrada en su habitación, la depresión no cejaba, nadie podía darle consuelo. Quitó todos los espejos de su casa, no quería verse, sólo con tocársela sabía que era aún más fea que antes de la operación. No quería vivir. Maldita moda de ser guapos y perfectos como los famosos que veía en la televisión, o la publicidad de cualquier cosa.

¡Porque le había tocado a ella nacer con un beso de ángel!

¡Si pudiese regresar atrás en el tiempo, volver al día anterior a su operación!

 Ya no era posible, tendría que conformarse y vivir oculta, o…

Sus padres ya no sabían que hacer ni que decirle. No les causaría sorpresa que una tarde al volver a casa la encontraran tendida en la calle tapada con una manta.

 

 

EL MORCILLO BICÉFALO                                             SANTIAGO J. MARTÍN

-          Que ya voy, que ya voy. Es que no deja a uno tomarse un respiro.

Igual que algunos prefieren un perfil a otro, una camisa a una camiseta o unas gafas de sol a una mirada limpia, yo soy de los que cuido poner la imagen de mi rostro en cualquier lugar.

Y que conste que no soy exigente en absoluto con mi cara, lo que pasa es que, me lo dicen todos, la tengo de otra época, viene firmada por gestos agrietados a pesar de mis veinte años.

Ayer, sin ir más lejos, me llamó una amiga del módulo, la Esther. No se lo cogí. Me hace una videollamada, tal cual. No es que no me encontrara presentable, ya me había quitado el pijama y el batín, pero estaba seguro que ella estaba rodeada de colegas del barrio y yo con este careto que parezco mayor que mi padre.

Seguro estoy que algunos me buscan y se burlan descaradamente con mis gestos de vinagre y mi voz de plastilina afónica.

Paso. Prefiero mensajes escritos. Ahí es donde me defiendo perfectamente. Gano encanto, pierdo pudor y puedo ser algo mucho mejor que yo mismo.

-          Sí, que te estoy escuchando. Te oigo. ¡Por Dios! Mujeres.

Es por eso que prefiero relacionarme con los que no conozco, con quienes no tienen ni idea de mi físico. Ojo, que tampoco soy de los que tienen una imagen falsa en su perfil. Al contrario. Soy yo. A veces de espaldas, a veces de niño, a veces dentro del agua, con mascarilla… pero soy yo. Un tipo moderno, complaciente, respetuoso.

Los que no me conocen personalmente, me aprecian por mi verbo fácil, por mi simpatía, porque soy muy ocurrente. Sé que todo eso se desploma en el cara a cara. Ahí las palabras no me salen, los ojos de los demás se me hacen flexos de interrogatorios, me encasquillo hasta para pronunciar un monosílabo.

-          No seas pesada. Que te estoy diciendo que ya voy. No puedes vivir sin mi presencia.

He pensado en hacerme un ser virtual, etéreo, inconsistente, frugal, pero con señas de identidad de las que no me avergüence, de esas que he ido adquiriendo con el tiempo, no con el devenir químico de mi impresentable ADN.

-          Ya estoy aquí, vieja. Venga, sírveme la comida. No, no seas pesada, ya te he dicho que no me importa comer cocido todos los días, como ha sido toda la vida.  Hace 5 años que se murió mi padre y todavía no ha notado que no está.