31/12/2024

LA IA QUE NO CONOCEMOS


Reconozco que me pierdo un poco con las últimas novedades de la Inteligencia Artificial.

Por eso os paso este buen artículo donde nos ponen un poco al día de las 7 innovaciones que se están incorporando al mundo de la informática.


Y están a nuestro alcance, de forma mucho más sencilla de lo que parece, de hecho, mucha información que nos llega por internet ya las aplican.

Algunos de los contenidos con los que trabajan no los usamos, pero otros sí, como la fotografía. Por lo tanto, estemos atentos.

https://www.lavanguardia.com/andro4all/tecnologia/inteligencias-artificiales-que-no-mucha-gente-conoce-y-que-son-bestiales-en-el-dia-a-dia-con-el-pc


 

30/12/2024

SOLUCIÓN AL CONCURSO, CON RETRASO

 Pues eso, que se me pasó totalmente dar la solución al concurso de las dos últimas semanas. Y encima había ganador, mejor dicho ganadora. 

Una veterana triunfadora de estos concurso, Rosa, dio en el clavo con la casa que estábamos buscando. Lo bordó. 


-          LA NARANJA MECÁNICA, era la película

-          JAFFE HOUSE O SKYBREAK HOUSE, la casa que aparecía en el film y que existe en realidad

El arquitecto era Norman Foster y el director, de la célebre "naranja", Stanley Kubrik.

ENHORABUENA, Rosa. Casi te felicitó al año siguiente de haber acertado. Puff. 


ASÍ FUNCIONA EL CEREBRO

 

Tenemos 86.000 millones de neuronas en nuestro cerebro y cada una de ellas está conectada con otras mil neuronas. Esas conexiones no son como las de un ordenador, afortunadamente, son químicas.

Esas conexiones son sinapsis particulares, diferentes, codificadas, con un cometido específico y concreto, con una utilidad concreta.


Existe todo un lenguaje neuronal que ni mucho menos lo tiene descifrado la ciencia, aunque se avanza hacia una mayor comprensión.

Es un tema apasionante y para que podáis disfrutarlo con más intensidad y tranquilidad os recomiendo una lectura pausa de este maravilloso artículo de National Geographic. Hacedlo, por favor.

file:///C:/Users/34639/Downloads/como-funciona-el-cerebro.pdf

28/12/2024

LA CASA DE LA CIENCIA

 

Con ese nombre tan atrayente, lo que encontremos allí no puede estar mal, ni mucho menos. Aprovechando el pabellón de Perú, de aquella Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, el CSIC tiene abierto un espacio para la ciencia en forma de museo.


El ayuntamiento de la ciudad cede el local y el máximo organismo público de ciencia nos brinda la posibilidad de conocer un poquito mejor esos mundos teóricos que nos rodean y que son fabulosos, sobre todo si se nos presentan sugestivo, como es el caso.

Además de este espacio divulgativo disponemos de un Planetario donde disfrutar de estrellas y constelaciones. Yo me apunto.

Eso sí, tended en cuenta de que esta casa tan especial está en Sevilla. Pues otro encanto más para visitar la ciudad.

 

https://www.casadelaciencia.csic.es/es/que-es-casa-ciencia

 

https://delegacion.andalucia.csic.es/casa-de-la-ciencia/

27/12/2024

VOLVER A CASA 2

 

CAPRICHOSA                                                              ARACELI DEL PICO

 

   No voy a negar a estar alturas, que estoy enganchada a ella. Me conocéis y sabéis que, con más o menos acierto, dependo de este ente extraño. Y la verdad es, que lo peor que te puede pasar en este mundo es depender de cualquier cosa. Mal está empinar el codo, fumar demasiado, entregarte a un círculo de ludopatía, que en muchas ocasiones te pone al borde la ruina. O peor aún, a veces lo consigue.

 

    Yo siempre he presumido, que no tenía dependencia alguna. Y mira por donde, se atraviesa este sies@, lo escribo así porque realmente no sé de qué naturaleza está hecho,  y ya no puedo estar sin su presencia.

 

    Tiene una personalidad arrolladora, caprichosa, voluble. Yo creo que es bipolar. Os preguntaréis el porqué de tal deducción. Muy sencillo. A veces viene cariños@. Se acurruca junto a mí. Siento una suavidad de terciopelo junto a mi oído y me susurra cosas muy bonitas. O al menos en ese momento a mí me lo parece.

 

   Correspondo a mi modo, y con una sonrisa acaricio mis sienes. A veces es un simple gesto de agradecimiento, otras es una sonrisa abierta que no soy capaz de abandonar, hasta que no se retira de mi lado.

 

   Ahora en diciembre, cuando en todos los hogares, se oyen alegres músicas, villancicos, sonidos de castañuelas y panderetas y recordando el pasado, un sonido único, el de un palitroque que resbalaba hacia arriba y hacia abajo, sobre una botella de anís haciendo añicos el pentagrama. Pues bien, ahora más que nunca quiero y necesito a ese ente  cerca de mí.

 

   Y me está dando de lado. Desde el sábado ando buscando sus caricias. Y claro que se acerca, se me planta delante, da un giro vertiginoso con sus vaporosas faldas y pregunta:

 

-          Qué, ¿tienes tema?

-          ¿Cómo voy a tener tema, si no paras?

-          Estoy aquí para sugerir. No lo voy hacer yo todo.

-          Todo no. Pero por favor, explícate con tranquilidad y clarito.

-          Clarito, es como tú debes escribirlo.

 

     Me guiña un ojo y se vuelve a ir. Trato de frenar su vuelo, pero no hay modo. Me he quedado con el tul de sus transparencias.

 

    Queda poco para la Navidad. No tengo más remedio que salir. Todo a mi alrededor es como una vorágine. Y me uno a ese fervor consumista, que tanto he criticado. Y en ello estoy, resolviendo comprar aquello que pueda ser útil a los que esperan mi presente de Nöel.

 

     De pronto, esa voz hechicera que juega conmigo, me sopla al oído:

 

-          Yo que tu dejaría algo para los Reyes. Anda ve a casa y siéntate delante de tu ordenador. Porque además antes de la Navidad, tienes un viernes por delante.

-          ¿Vienes conmigo?

-          Y no te pienso soltar.

 

     Esperanzada llego a casa. No espero el ascensor. Subo los peldaños corriendo. Enciendo la calefacción y con una amplia sonrisa pongo en marcha nuestro nexo de unión.

 

NAVIDAD SIN FAMILIA                                              JUANA DOMÍNGUEZ

 

Andaba por la calle como sonámbula, era la primera vez que veía las luces parpadeantes de la Navidad madrileña, todo le llamaba la atención. Los escaparates con sus belenes, donde unas figuras con forma de pastor miran hacia una casucha semiderruida, animales de todo tipo llenan el poco espacio que queda alrededor de ella. Una vaca y un caballo (pensaba ella) rodeando una cuna y unos reyes que adoran al niño que duerme en ella, todo era irreal, y un poco extravagante.

 

Había llegado a Madrid el mes anterior, le habían propuesto en su empresa el cambio de centro de trabajo, lo aceptó ilusionada y casi obligada.  En Chengdu, su ciudad no hay ni luces ni belenes. Xia sabe que este país tan diferente es católico, pero nunca se imaginó que lo llevaran a tal extremo, canciones machaconas, y repetitivas que no entendía se escuchaban en el centro de la ciudad.

 

Su jefe le había dicho esa mañana que el día siguiente era  Navidad, no tenía que ir a trabajar. Cuando salió de la oficina se dedicó a recorrer el centro. Grupos de gente se felicitaban como si se conocieran de siempre. Andaban con prisa, las manos llenas de paquetes de todo tipo. Los restaurantes estaban repletos, los platos de las mesas eran abundantes y muy adornados.

 

 -Mañana vente a comer con nosotros a mi casa - le había ofrecido Pablo su compañero con el que trabajaba en equipo- estarán mis padres mi hermana y mis sobrinos, no somos muchos, así conoces un poco de nuestras costumbres.

 

Xia, es tímida y muy respetuosa,  declinó muy agradecida la invitación de Pablo

 

– Gracias, si tenéis una celebración familiar no quiero estorbar, no sabría cómo comportarme, más adelante te acepto la invitación.

 

Pablo insistió, y quedaron para el día siguiente.

 

Se sintió a gusto con la familia de Pablo, fueron muy amables con ella. Algunos no sabían inglés y Pablo le traducía las palabras que sonaban agradables. Cuando se sentaron a la mesa le llegó el olor del cochinillo asado que pusieron en la mesa, le hizo recordar la fragancia de pimienta de Sichuan, del cerdo dos veces cocinado de su casa, con el que celebraban el año nuevo acompañado de vino de arroz, pero aún quedaban muchos días para esa celebración.

 

Se despidió pronto, salió a la calle muy triste. Las lágrimas corrían por su cara, nunca pensó que echaría de menos su familia y su casa. No podía volver a ella aún, tendría que ser fuerte y acostumbrarse a esta nueva vida.

 


VOLVER A CASA                                                         MANUEL GIL

 

 

La nieve caía en suaves copos, que danzaban delante de su enrojecido rostro como si mostraran alegría al acompañarlo. Con cada paso, sus huellas se marcaban en el manto blanco, era fatigoso andar, pero su corazón latía con la fuerza del niño que regresa a su hogar.

 

El camino serpenteaba entre árboles desnudos, que ahora vestía la nieve, cuyas ramas como brazos extendidos, abrazaban su memoria. El aroma del campo, su campo, lo envolvía con un perfume de tierra y sueños. Su casa se alzaba al final del sendero, aún no alcanzaba a verla. Había oído que tras años de abandono, era ahora un refugio para cazadores, pero al remontar la cuesta apareció ante él. Ahí estaba, esa silueta la habría reconocido entre millones.

 

Al llegar, empujó la puerta que crujió un lamento de bienvenida. Entró, todo estaba muy cambiado, y sus pasos avanzaron a la pieza principal. Buscaba su lugar favorito, la chimenea. Estaba igual, la gran losa de granito no albergaba el fuego vivificante al que siempre acudía en días como este, y a pesar de eso el frío se desvaneció en el calor de los recuerdos. Se sentó y extendió las manos hacia los rescoldos de los viejos tiempos que empezaron a calentar su helado cuerpo. Allí, en ese rincón sagrado, se despertó agitado por unas manos firmes que reconoció enseguida.

 

                -Te has dormido con el calorcito, mira que te digo siempre que no pongas las manos al  calor directo de la lumbre después de jugar con la nieve, te van a salir sabañones.

 

Le decía su madre, mientras removía la pepitoria del gallo que iban a cenar.

En la mesa camilla del rincón, su abuela se afanaba en colocar los dulces que había hecho ella misma en una bandeja, pestiños, mantecados, el olor que inundaba el espacio le reconfortó. Su abuelo con una botella de anís en la mano le guiñaba el ojo y llenaba una pequeña copa.

 

                - Toma que tu ya vas siendo grandecito, no le digas nada a tus hermanos, que están ahí fuera en el palomar jugando.

 

Su padre y su tía, llegaban acarreando troncos de la leñera para la chimenea, ella canturreaba; “volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien” ¡Como le gustaba oírla cantar ese tango! Su abuelo, miraba por la ventana y sonreía.

 

                 - ¡Qué bonita es la nieve! Es trabajoso moverse con ella, pero mírala, parece un manto de estrellas que nos hubiera regalado el cielo.

 

La cena fue magnífica, todo lo que a él le gustaba, los sabores que llegó a creer perdidos, los dulces hechos por las queridas manos de su abuela y su madre…

 

Después llegaron los únicos vecinos de la zona, venían alegres, con la nariz roja, achispados y cantando villancicos con panderetas y zambombas.

 

Alrededor de la chimenea, iluminados por su  luz titilante, conversaban, se reían y brindaban con coñac y anís, los dos únicos licores que animaban la velada. Se sentía feliz pero cansado y se acurrucó en el regazo de su abuela.

 

                     - No sé cómo ha podido sobrevivir, tiene síntomas de hipotermia, caminó más de 40 kilómetros desde la residencia, atravesó una zona de monte en medio de la nevada. Lo encontraron casi rígido por el frío, sentado delante de la chimenea apagada en el refugio de cazadores. Cuando se notificó que lo buscaban, un cabrero centenario que vive en el pueblo nos dijo que fuéramos allí.

 

Comentaba impresionado, un miembro del equipo de la guardia civil que había realizado el rastreo.

                     - Sí, es un amigo de mi tío. Él tenía un aprisco cerca de esa  casa. Pero, ¿qué han dicho los médicos?

                     - Están impresionados por la capacidad de orientación, dada la dolencia que sufre, y la resistencia que ha mostrado. Ahora está semi inconsciente pero tiene una sonrisa que le ilumina el rostro.

 

 


26/12/2024

EL HOMBRE DE LA TERMINAL

 

Está claro que la realidad siempre va muy por delante de la ficción en la mayoría de las ocasiones. Tenemos el caso de la película La terminal. Allí se nos contaba el extraño caso de un hombre que vivía en un aeropuerto.

Aquello hacía referencia a un hecho real. Se trataba del iraní Mehram Karimi. Este hombre estuvo viviendo durante 18 años en el aeropuerto Charles de Gaulle. Primero porque no tenía papeles para poder residir en Francia, pero cuando los consiguió, hizo todo lo posible para volver a esa terminal donde terminó falleciendo.


Toda esta historia acabó hace un par de años en ese aeropuerto parisino. Si queréis saber más datos os dejo este artículo que contiene hasta parte de una entrevista hecha a Sir Alfred, como le gustaba que le llamaran.

https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/vida-misterios-lecciones-sir-alfred-hombre-terminal_129_9740775.html

Os informo de que en nuestro canal de YOUTUBE ya se ha publicado un vídeo sobre Piri Reis, que fue motivo de un artículo aquí mismo hace unas semanas. Esta es la dirección: https://youtu.be/QzJJuTrdsJw


 


25/12/2024

CONSTRUCTORES DE HOGARES PARA OTRAS ESPECIES

 Que en la naturaleza nada sucede por casualidad es algo que ya sabemos o deberíamos conocer. Y cuando ocurre algo que no obedece a una estrategia se tira de economía de subsistencia, esa que ya no hacemos en nuestros hogares, y se aprovecha todo.


Os paso un artículo precioso, que se puede leer el día de Navidad, con relajación, o cualquier otro día.

Luego veremos de otra manera las casas y huellas de muchos animales, que son refugio para todos, siempre que se respete la pirámide de la alimentación, si no, sería una trampa.

 

https://www.nationalgeographic.es/animales/2019/06/estos-animales-que-crean-hogares-para-otras-especies

24/12/2024

LA CASA PLEGABLE


No voy a decir ahora la socorrida frase: quien no tiene una casa es porque no quiere. Hacerlo sería menospreciar el problema enorme que tenemos en nuestra sociedad con la vivienda, especialmente en las grandes ciudades.

Pero me pareció curioso lo que ahora nos brinda la tecnología y Amazon. Es posible hacerse uno con una casa plegable y transportable por poco más de 10.000 euros, que hay que tenerlos, pero que según está el mercado equivaldría al alquiler de unos meses.


Claro que es necesario un lugar para montar la casa, que tampoco es una minucia. Pero para aquellos que dispongan del solarcito, que sepan que hay opciones curiosas y viables. Mejor que un contenedor es, seguro, y eso que los hay apañados.

Si entras en el enlace, te habla de una casa en cuestión, muy simple, pero buceando por Amazon podréis ver más modelos, más versátiles y hasta más baratos. Por curiosear, ya digo.

https://www.elespanol.com/omicrono/tecnologia/20240925/minicasa-plegable-portatil-cambiara-construccion-cuesta-euros-monta-cuestion-minutos/888661437_0.html

23/12/2024

AGNES POCKELS Y EL AGUA DE FREGAR

 

Conocer a esta mujer científica de principios de siglo XX me eleva la moral a cimas muy altas, algo poco normal en los mundos que vivimos.

Su ejemplo de trabajo, de tesón, de perseverancia y, sobre todo, su capacidad para el trabajo científico me resultan admirables.


A ella, lo único que se le brindó en bandeja fue atender su casa, cuidando de sus padres y también de sus hermanos. Y partiendo de esa base y de su pasión por la química y las ciencias naturales, se puso manos a la obra. Empezó a trabajar con lo que tenía más a mano, por ejemplo, el agua sucia de fregar los cacharros.

De ahí derivaron estudios minuciosos y valiosísimos para la ciencia sobre la tensión superficial de los líquidos.

Paralelamente hay una labor de prospección de los medios de divulgación y las personas que le pudieran abrir esas puertas.

Nunca fue a la universidad, pero consiguió un honoris causa. Nunca obtuvo un gran reconocimiento y fue pronto olvidada por los que sí reconocieron sus méritos. A todo ello contribuyó una Europa convulsa, ahogada en conflictos sociales, económicos y militares.

Hoy es obligatorio leerse este gran artículo que os adjunto. No os va a defraudar.

https://mujeresconciencia.com/2015/02/16/agnes-pockels-la-quimica-fisica-del-agua-de-fregar/

20/12/2024

VOLVER A CASA 1

 

EL REGRESO                                                                                      ANTONIO LLOP       

Sentado en el sillón me entra un golpe de tos. De pronto suena mi móvil. ¡Qué extraño! Desde mi regreso a Madrid tras treinta años viviendo en Bolivia nunca había escuchado el timbre del teléfono. Cuando llegué mis padres habían muerto sin que yo estuviera presente, mis amigos ya no vivían en el barrio, o ya no me conocían. Sin hermanos, nunca me puse en contacto con la familia. En la casa donde nací solo encontré sombras.

Doy paso a la llamada. Una voz lejana de mujer con acento hispano:

-¿El señor Domingo Fernández?

Pienso que me quieren vender un cambio de compañía telefónica. He oído a los vecinos que hay operadoras sudamericanas en esas tareas. Pero pronto me doy cuenta de que no es el presente quien está al teléfono, sino el pasado:

-Aquí la policía de La Paz, señor. Hemos detenido por narcotráfico a un joven que dice ser hijo suyo. Se llama Benito.

La noticia me impacta. Cuando me vine de allí abandoné a mi hijo junto a su madre, con la que nunca me casé. Rompí todo contacto con ellos aunque no cambié mi número. Pero, ella nunca me ha llamado en los tres años que ya llevo en Madrid. El orgullo ancestral de los indígenas. Benito tampoco. Hasta ahora…

-¿Señor Domingo? ¿Señor?-insisten.

Sí -contesto, al fin. En mi cabeza hay una tormenta desatada.

-Mire usted, su hijo nos ha dicho que lo llamemos. No tiene plata para un abogado. Quizás usted…

Desconecto la llamada y me derrumbo de nuevo en el sofá. Ha sido un impulso cobarde. Podría haber contactado con antiguos amigos bolivianos para que se hicieran cargo de la defensa de Benito. Les mandaría el dinero necesario. Con el tiempo de vida que me queda ya no lo necesito. Pero no tengo ánimo para volver al pasado.

El teléfono suena de nuevo. Sin cogerlo, me dirijo a la cocina. Me sobreviene otro ataque de tos. Separo del dispensador una cápsula negra de café. La deslizo por la cresta de la cafetera hasta encontrar la ranura. Aprieto el botón de marcha. Mientras cae el líquido recuerdo cómo empezó todo. Estaba en la gran encrucijada de mi vida. Tenía que decidir. ¿Qué hacer con mi flamante título de Ingeniero de Minas por la Universidad Complutense? Me planteé emigrar. En Bolivia había muchas oportunidades de ganar dinero. Y yo era ambicioso. No dudé en dejar a mis amigos y a mi familia de aquí.

El móvil no para de sonar.

Sonrío con amargura. En Colquechaca, indígenas y mestizos trabajaban a una profundidad de más de 200 metros. No existían ascensores. Descendían unos tramos a pie, y otros por escaleras de madera improvisadas a través de huecos en los que apenas cabía una persona. En lo más hondo, en un ambiente enrarecido por el gas, perforaban las paredes. Durante el proceso de taladro su boca se llenaba de trocitos del mineral desprendido. Luego introducían cartuchos de dinamita en los agujeros practicados, encendían la mecha y subían deprisa. En su precipitada huida hacia arriba siempre les alcanzaba la nube de polvo de la explosión. Al día siguiente volvían a respirar el mismo polvo al recoger con palas el mineral esparcido por el suelo. Lo cargaban en bolsas que otros compañeros subían desde la superficie con un torno. Muchas enfermedades pulmonares. Muchos accidentes. Pocos mineros llegaban a los cuarenta.  

Los primeros días, desde mi despacho, les veía antes de entrar a la mina con un moflete hinchado. Creí que tendrían problemas de caries, hasta que me dijeron que masticaban hojas de coca para aguantar la dureza del trabajo. Yo, sin mancharme, sin bajar a la explotación nada más que cuando estaba bien aireada, ganaba miles de dólares. A ellos les pagaban en pesos bolivianos. Pocos.

El timbre del teléfono persiste, pero el de la máquina de café ya se ha detenido. Retiro con cuidado la taza humeante y vierto en ella una cucharada de azúcar. Mientras saboreo el café pienso que ya es el último placer que me queda. 

Después de unos minutos de silencio, el móvil vuelve a sonar. ¡Maldito pasado!

Al final a mí también me ha afectado la mina. Moriré solo. Aunque siempre lo hacemos así, nuestros seres queridos nos rodean. Yo no tendré esa suerte. Tendré que conformarme con la presencia de mis fantasmas. Sombras de amigos de juventud, de familia olvidada, de mineros muertos, y de una mujer y un hijo abandonados. 

El ring, ring continúa. Pero no levantaré el teléfono. Ya no tengo fuerzas para regresar de nuevo.


 

VOLVER A CASA                                                         JUAN SANTOS

Supongo que los pajarillos sentirán lo mismo que yo cuando abandonan el nido. Yo lo abandoné cuando apenas sabía volar y, desde entonces, hace ya más de cincuenta años, el sentimiento de volver a casa lo mantengo intacto en mi corazón.

Para mí fue muy duro dejar el hogar familiar, como también lo fue para mis padres. Eso no quita, que ellos, pensando en un futuro mejor para mí, disimularan su pena y me dieran un empujón para salir.

Viendo las ofertas de empleo en el periódico y pateándome Madrid sin éxito, sentí la tentación de volver al calor de mi casa y la protección de mi gente. Pero eso, ya lo habían hecho otros paisanos y era un síntoma de fracaso. Además, al poco tiempo lo volvería a intentar y tendría que volver a pasar por el martirio de otra despedida.

Por fin encontré un empleo. Al salir de trabajar, volvía a dormir a la pensión, pero la patrona no era mi madre, ni aquello se parecía en nada a volver a casa.

Solo los fines de semana y en vacaciones, cuando iba al pueblo, podía llenar el inmenso vacío de mi casa.

Tuve que casarme y formar una nueva familia, para comprobar que en Madrid también da gusto volver a casa. Eso no significa que olvidara la de mis padres. Para mí era un placer, volver, mientras ellos vivieron.

Ahora que la casa del pueblo está vacía, confieso que, al pasar por las cuatro esquinas, todavía me aflora el sentimiento de volver a esa casa.


 LA PUERTA PARTIDA                                 SANTIAGO J. MARTÍN

 El problema era esa mirada. De los ojos al remordimiento había solo un paso y de allí a la culpa y a la traición, un milímetro. 

 Mi madre era la que sinceramente más se alegraba de verme aparecer por el pueblo, el resto de personas del lugar solo sentía indiferencia absoluta o desasosiego, como yo.

 Por ese vaivén de sentimientos encontrados yo intentaba evitar las escapadas de cariño y atraía a mi madre a la ciudad, cuando ella se dejaba. Pero esta última opción cada vez se volvía más complicada. 

 Las piernas de mi madre cumplían inviernos a mucha más velocidad que ella misma y hacer un viaje de 70 kilómetros en tren se volvía una prueba de cariño cercana al golpeo innecesario de un cilicio sobre sus meniscos ya inexistentes. 

 Resumiendo, que me la traía a Vallecas para Navidades y el día de mi cumple. El resto del año, si quería dos besos con enjundia materna, tenía que ser yo el que fuera a buscarlos. 

 El problema es que encontraba todo el cariño de mi madre y también otros achuchones no buscados, comprometidos, ajenos a mi casa. 

La puerta holandesa de la casa de enfrente tuvo lo culpa. Estoy hablando de hace más de 20 años. Allí es donde se plantó Eloísa, apoyando sus codos en la parte cerrada, la de abajo, y ocupando ella la zona superior con sus hombros desnudos y la melena rubia insinuando que esa era su única vestimenta. 

 -Lo verás, pero no lo catarás, bonito. 

- Te advierto que ni siquiera veo nada. 

- Ya, pero te lo imaginas, ¿verdad? ¿Acaso piensas que estoy desnuda, aquí, al otro lado? 

No sé qué se imaginaba un cuerpo confuso de 15 años, como el mío, a las 5 de la tarde en un profundo verano toledano. Lo que sentía estaba muy claro: rubor, tentación, excitación y, sobre todas las cosas, mucha confusión. 

 Esa escena no se volvió a repetir. Sin embargo, apenas un año más tarde, mis muslos se derretían entre los de mi vecina y mis manos buscaban hambrientas la seguridad de sus pechos y el cobijo de su cuello. No sabía yo a dónde me conducía esa aventura de placer nuevo y tampoco intuí que unos ojos defraudados nos observaban escondidos detrás de la ventana. 

 Aquello era como una bienvenida y, a la vez, despedida a esa orilla del sexo. Me mudaba a Madrid para terminar mi bachillerato en la capital. Ya no volvería más a casa, salvo a ver a mi madre y a sufrir con las incógnitas del deseo. 

 Eloísa se casó pronto, precisamente con quien vigilaba nuestros intercambios de fluidos. No he llegado nunca a comprender por qué Roberto terminó jurando amor eterno a la mujer que no le quería. Ni tampoco supe qué significaba que Eloísa emprendiera una nueva vida junto al hombre que más la ignoraba en 50 kilómetros a la redonda. 

 Desde entonces rara ha sido la visita a mi madre que no haya terminado, pasando por esa puerta holandesa, en una excursión de besos ansiosos, de susurros de amor imposible, de caricias con respuestas cortas a preguntas que ninguno de los dos nos hicimos. Y en la habitación de al lado la mirada perenne de Eloísa observando a los dos hombres de su vida.

19/12/2024

EL MISTERIO DE LA CASA MÁS AISLADA DEL MUNDO


El enigma de esta semana juega con factores muy propios del mundo de los misterios y también de la curiosidad innata del ser humano.

Se trata de una casa deshabitada desde hace muchos años, pero en perfectas condiciones para entrar a vivir. Se encuentra en una isla solitaria de la no menos apartada Islandia.


Luego, si leéis el artículo, entran más componentes para dar chicha al tema: zombis, sociedad de cazadores, famosa cantante, acantilados inaccesibles y más.

A mí, personalmente, si me llevan voy. Otra cosa es comprar el inmueble. El terror primero estoy seguro que lo daría el precio de la casita. A partir de ahí todo es pura especulación. Leed el artículo, por fa.

https://www.laprensagrafica.com/tendencias/El-misterio-que-esconde-la-casa-mas-aislada-del-mundo-20211229-0032.html

18/12/2024

LA FAUNA DOMÉSTICA QUE NO CONOCES

 

Claro que no vamos a hablar de mascotas. Estos animales, que son hoy nuestros protagonistas, viven comúnmente en nuestras casas sin haberlos invitado. No hace falta vacunarlos, darlos de comer, ni sacarlos de paseo.

La mayoría de esa fauna se trata de insectos, a veces muy pequeños, otras veces son pequeños reptiles y pájaros. Pero casi siempre es imposible verlos porque se trata de bacterias y seres microscópicos.


Su hábitat está por todas partes: el baño, la terraza, el sofá, la alfombra, el estropajo, nuestra piel…

En la mayoría de los casos son inocuos para nuestras comodidades y nuestra salud. En bastantes situaciones resultan algo más que beneficiosos.

Aquí te traigo un artículo donde nos proporcionan una interesante “foto” de familia de todos ellos.

https://www.hola.com/mascotas/20221004218396/insectos-bacterias-viven-hogar-dn/

17/12/2024

DOMOTIZAR TU CASA Y QUE SEA BARATO


Un mundo domótico nos parecía, no hace tanto, un paradigma de la ciencia ficción, un contenido de novelas y películas. Pero, sin darnos cuenta, ya se iban incorporando detalles de la casa inteligente en multitud de lugares del hogar.

Hoy podemos programar y controlar desde otro lugar nuestra calefacción, las persianas o el sistema de vigilancia.


Y todo va a más, especialmente con las nuevas tareas de inteligencia artificial. Nuestra casa está incorporada a internet en otros muchos aspectos: wifi, la televisión, ordenadores, móviles y también los electrodomésticos como neveras, aspiradoras o cocinas.

Os dejo un artículo interesante donde nos exponen los pasos para ir convirtiendo nuestra casa en un lugar programable e inteligente y encima por no mucho dinero. ¿Alguien da más?

https://elpais.com/escaparate/tecnologia/2024-10-31/domotizar-tu-casa.html


CONCURSO

Os traslado a principios de los años 70. Tenéis que dar con el nombre de una casa y de la película donde aparecía. Son bastante inseparables.

Pistas:

-        La casa existe en la realidad. Y fue un proyecto pionero de uno de los más célebres arquitectos contemporáneos.

-        No era una casa domótica ya que se construyó en los años 60 (la peli es de los 70), pero presenta las condiciones básicas para serlo, por su diseño y por la aplicación de la tecnología en su construcción.

-          Aparece en una de las mejores películas de la historia que tiene un tono distópico, y algo violento, inconfundible.

-         Su director, ya fallecido, firmó otras películas también célebres y premiadas.

-          La película se desarrolla en Inglaterra y allí se encuentra la casa.

16/12/2024

EL ENEMIGO INVISIBLE DE LA SALUD EN EL HOGAR

 

Se trata de un acompañante silencioso, invisible, sin olor, un fantasma, vamos. Estamos hablando de un gas que es frecuente tenerlo cerca de zonas ricas en granito.

Resulta que el granito está “emparentado” con el uranio. Y en la descomposición del granito se libera el gas radón, que es el protagonista hogareño del día.

Regiones de Galicia, Salamanca y Madrid, son ricas en gas radón. Este gas es el causante del principal cáncer de pulmón entre la población no fumadora.


El peligro lo tendremos en casa si nuestra edificación está realizada con bloques de granito o si tenemos una fuente de emisión, rocas graníticas, cerca de nuestra vivienda.

Las soluciones en un hogar son bastante sencillas, ventilación. No mucho más que la ventilación que realizamos por higiene a diario. El problema estaría en casas que se pasan mucho tiempo cerradas y que estén expuestas al radón. Ahí la ventilación deberá ser más intensa. Y también tendríamos que evitar estar en sótanos poco ventilados si vivimos en una de esas ricas en radón.

Otros problemas, con diferentes soluciones, los encontraríamos en los talleres de canteros de granito, que deben ser sin paredes, o en instalaciones como el Metro, donde el control de emisiones de radón debería estar controlado asiduamente.

https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/radon-enemigo-invisible-que-amenaza-salud-hogar_23622

14/12/2024

CALATAÑAZOR

 

Tengo un amigo que acaba de pasar allí este puente, mini puente, que hemos tenido la semana pasada.

A mi pregunta de qué tal, su respuesta ha sido lacónica y aparentemente contradictoria: es un pueblo que no tiene nada, hemos estado de maravilla.

Sin casi cobertura para móviles e internet, con un bar y dos restaurantes, con un frío considerable en esta época. Eso suponía acostarse a la hora de las gallinas. Bendita costumbre de libro y edredón.

Por lo demás, un maravilloso pueblo medieval, muy auténtico, con alrededores de naturaleza muy apetecibles y algo de románico, que siempre deja un gran sabor de boca.

Para más información, el artículo que os paso aquí debajo.

https://www.elplural.com/oxigena2/planes/pueblo-medieval-soria-anclado-tiempo-donde-almanzor-perdio-tambor_341550102

13/12/2024

CÓMO PASA EL TIEMPO 2

 

            EL NACIMIENTO                                  ARACELI DEL PICO

-          Abuelo, dame esa estrella que la voy a poner aquí arribota del todo del nacimiento.

-          No será mejor que la ponga yo, que soy más alto?

-          No, también eres más viejo y si te caes, tus huesos se recompondrán peor. Mamá lo dice continuamente.

-          Claro, y mamá lo sabe todo, verdad?

-          Pues claro que sí.

    El abuelo Adolfo, sonríe a Miguel, su nieto y vivo retrato de su hijo fallecido.

   Tiene más nietos, otro, hermano de Miguel, algo mayor, Juan. Y una nieta Eva, de su hija Antonia. Ya quince años, una mujercita. Pero la debilidad que siente por éste, no la siente por nadie. Es muy moreno como su padre, tiene un remolino sobre la frente, imposible de peinar y la misma chispa e imaginación que él. Es como su reencarnación. Pero Adolfo confía que sólo físicamente.

   Adolfo, va a cumplir ochenta y nueve años y aunque tiene ligeras lagunas al expresarse, está bien. Activo, y lleva sus ejercicios físicos al pie de la letra. Mientras tenga fuelle, quiere conservar su salud, sobre todo para no dar que hacer a su familia. En especial a su nuera. Para él una hija más.

   Vive solo, pero cuando se acercan estas fechas, se traslada a casa de Mayte. Tiene habitación propia allí y su nuera le colma de mimos para que se sienta como en su casa. Jamás su hijo tuvo tal comportamiento con él, ni con nadie. Pero menos mal, su hijo ya no está. La voz de Miguel le saca de su ensimismamiento…

-          Abuelo, ya he colocado la estrella, y las figuras del castillo. Nos queda la parte de abajo, y ahí si me puedes ayudar. Acércame al señor del molino… no espera antes vamos a poner las gallinitas y a Luque.

-          ¿Pero quién es Luque?

-          Caramba abuelo, pues el perro. Siempre que hay gallinas, hay un perro que las guarda. Porque si no, viene el lobo y se las zampa.

-          Pues ese animalito no estaba el año pasado.

-          Sí que estaba, pero tú no te acuerdas.

-          Quizá…

   Se repliega en la butaca y viejos recuerdos se agolpan en su cabeza… También fue por estas fechas. Y recuerda cuando cinco años atrás su hijo, el día veinticuatro de diciembre, no llegó a cenar a casa. Vino sobre la una. Borracho, tambaleándose y soltando blasfemias.

-          Abu, te estás quedando dormido. Así no vamos a terminar el nacimiento. Necesito ahora el puesto de frutas y verduras. Hay dos. Dame el más grande, detrás pondremos el más pequeño. Así se verá con “pespetiva”.

 

    Adolfo sonríe, también su hijo de pequeño tenía el mismo interés en montar el nacimiento. Y piensa en que mal momento las drogas le minaron el interior haciendo de él, un total pervertido.

-          Vamos Abu, ya queda poco. Ya he colocado el rio de plata. Y ahora las seis lavanderas en la orillas. Tres a cada lado. Y con sus tablas y todo. ¡ Qué bonito está quedando ¡

-          Si, está quedando precioso. Eres un artista.

 

  Se sienta de nuevo. Cada vez aguanta menos de pie. Y sin poderlo evitar unas lágrimas se deslizan por sus mejillas. Le ahoga pensar en aquella Noche Buena maldita, cuando su nuera y los niños cenaron solos, porque el padre no venía. Los acostaron y bajaron a ver la T.V., que no vieron porque las lágrimas no lo permitían. Y de esto cinco años. Qué tiempo voraz.

   Y al fin, cuando apareció, solo encontró palabras de desprecio para su mujer. Ella ni se defendía, solo dijo: Calla, vas a despertar a los niños. Alzó la mano, pero el abuelo se levantó para evitar el golpe. Lo empujó y cayó. Un hilo de sangre resbalaba por su cara. Mientras iba tornándose en suave azul mortal.


 

LO QUE NO PASA CON EL TIEMPO                                        MANUEL GIL

 

Ese apellido, ese maldito apellido, resonaba en la mente de Miguel como un eco antiguo, como un susurro que se negaba a desvanecerse con el tiempo. González de la Gándara y Bermúdez de Rioestrecho, marqués de los Jarales, pensó con amargura, mientras su corazón se encogía. Cuando recibió el caso, la incredulidad lo envolvió como una niebla espesa; ¡qué jugadas las del destino! Ahora, desolado ante el despacho revuelto, era presa de la desesperanza. Sentado en la silla, con la cabeza entre las manos, sus pensamientos volaron hacia su lejana infancia, a esos primeros recuerdos que nunca desaparecieron de su memoria.

 

La casa del campo, un refugio de amor y protección, se alzaba en su mente como un santuario. Allí, sus padres, abuelos y tías tejían una red de cariño que lo envolvía en un manto de seguridad. En aquellos años difíciles, cuando sus mayores, pobres y perdedores de una contienda aún latente, luchaban por labrarles el camino de una infancia feliz, Miguel aprendió que el sacrificio era la semilla de la alegría.

 

Dos días antes de la Nochebuena su padre, se adentró con determinación en la finca Los Jarales, decidido a cazar un jabalí que había seguido en los últimos días, la cena sería suculenta. La ventisca azotaba su rostro, mientras los copos de nieve danzaban alocados empujados por el viento.

Fue entonces cuando el marqués y el guarda, su fiel escudero, lo sorprendieron en su cacería. La familia, al ver que no regresaba, se afanó en buscarlo con los pocos vecinos de la zona, y lo encontraron herido, tendido entre los arbustos. Murió el 3 de enero, no por los perdigonazos que llevaba en su cuerpo, sino por la pulmonía que le sobrevino tras horas abandonado en medio de la tormenta. El asunto se liquidó con la rapidez, con que se resolvían las cosas en aquella época. Un individuo había sido sorprendido cazando furtivamente; al verse descubierto, atacó al marqués y al guarda, quien disparó en defensa propia. El atacante huyó, y la historia se cerró como un libro cuyo final ya no hace falta ni seguir leyendo. Él supo años después que el disparo no lo hizo el guarda, un tipo servil y siempre asustado, sino el marqués, fue la hija del propio guarda, a quien él conocía desde niño, quien se lo dijo al poco tiempo de morir su padre, que no quiso llevarse ese secreto que siempre le había angustiado.

 

El tiempo pasó, y cada Navidad traía consigo esos recuerdos, pero Miguel no la odiaba. Su familia se esforzaba por darles lo mejor a él y a sus hermanos. Con el sacrificio de todos en casa y su esfuerzo, consiguió una beca, estudió y se propuso lograr una vida distinta a la de sus padres.

 

“¡Españoles, Franco ha muerto!” recordaba, Fue un canto de libertad, un anuncio de nuevos horizontes. La militancia en la izquierda se convirtió en su estandarte, en la lucha por un mundo más justo y equitativo. Fruto de su esfuerzo, se convirtió en juez, un faro de esperanza en un mar de sombras.

 

El marqués de los Jarales, por su parte, había colaborado en la fundación del partido hegemónico de la derecha, y había muerto no hacía mucho, envuelto en un halo de héroe de la constitución y la democracia. Su hijo, un diputado ferviente defensor del rancio conservadurismo, se movía entre tramas de tráfico de influencias y negocios oscuros, siempre saliendo indemne. Y luego estaba el nieto, un joven que, con su clasismo y racismo, esparcía su mensaje tóxico en redes sociales, seguido por millones de jóvenes que veían en él a un ícono de la libertad, aunque esta fuera una libertad envenenada.

 

El destino, sin embargo, tenía sus propios planes. El joven heredero del marquesado había sido cazado en un asunto de blanqueo de capitales y narcotráfico con alguna muerte de por medio, y Miguel, con las pruebas en sus manos, se enfrentaba a presiones apocalípticas. Pero aquella mañana, al llegar a su despacho, lo encontró patas arriba; las pruebas concluyentes habían desaparecido. La sombra de la prevaricación se cernía sobre él, y el círculo, una vez más, parecía cerrarse.

 

Tenía 72 años, estaba un poco cansado y el tiempo había pasado velozmente, pero las cosas poco habían cambiado. La sociedad estaba dormida, narcotizada por el poder de las redes sociales y los medios de comunicación. Miraba al mundo y su corazón se entristecía ante figuras como Trump, Milei, Meloni  Ayuso… Recordaba las luchas de sus mayores, y cómo muchos de sus propios descendientes enarbolaban ahora las banderas del pujante neofascismo.

 

Faltaba poco para la Navidad. El juicio, que ahora temía, había sido aplazado. Supo que el joven heredero, fiel a sus tradiciones familiares, iba a la finca Los Jarales a cazar con amigos. Aquella noche, Miguel, antes de dormir en la vieja casa de su infancia, preparó un equipo de caza con prendas bien abrigadas y limpió con mimo un rifle que había comprado años atrás, un rifle que nunca había usado. En el aire flotaba la promesa de algo inevitable, un duelo entre el pasado y el presente, entre el sacrificio y la herencia de un apellido que parecía perseguirlo a través del tiempo.


 

EL CALENDARIO                                             MARÍA ISABEL RUANO

En la casa de verano se quedó anclado el calendario

con sus hojas amarillas como si nada hubiera pasado.

En un tiempo de puertas cerradas, tempestad, hojas secas

y caminos anclados en polvo y piedras, recuerdos añorados.

Al regresar todo y nada había cambiado.

La mirada del tiempo congelada en las fotos y en los cuadros.

En amarillo y añil, blanco oscurecido por el paso de los años.

La chimenea sin hollín, las habitaciones vacías de risa,

los jarrones sin flores, ausencias en las mesillas

y como testigo el viejo calendario con sus fechas y sus números

evocadores del ayer, del tiempo que tintinea en la memoria

y que confunde el hoy con los sueños, el ayer con la memoria

y el futuro con el espacio vacío del nuevo calendario.


CÓMO PASA EL TIEMPO                                            CARLOS BORT

Cómo pasas, tiempo vivo.

Vivo tiempo y nunca basta,

me dan las uvas y olvido

los recados. Como pasas

como postre no escogido.

Encogidos frutos pasan

el gaznate con buen vino.

Viví tiempo y fue mi casa

un vergel al sol curtido.

Viejo tiempo, mientras pasas

con ladrillitos de olvido

acribillas mi carcasa.

NI CUENTO EN NAVIDAD                                SANTIAGO J. MARTÍN

Mi ciudad tiene una vieja relojería que yo la recuerdo de toda la vida. Todavía me pregunto si es posible rentabilizar un negocio de este tipo en los tiempos que corren, donde no son tantos los que llevan relojes en sus muñecas dejando esa misión a los teléfonos móviles, que tan sabiamente saben hacer de todo.

No pasaba por la calle Platerías desde hace meses, incluso quizás llegaba al año. Desde que había empezado a trabajar en el turno de oficio, ni era ese el camino de casa al trabajo, ni tenía tiempo para deleitarme de una esporádica bayonesa a media mañana en Casa Cubero y atropellar mis pasos por los viejos adoquines del centro.

Esa mañana fue una excepción. Decidí ignorar mi agenda y hacerme el extraviado. Me puse en modo avión por un par de horas y emprendí rumbo a cualquier sitio, con la condición de que terminara pasando por la Plaza Mayor.

Esa era la razón por la que terminé frente a un escaparate rancio, semivacío, yo diría que sucio, pero lleno del encanto perdido del tiempo. No había relojes expuestos, tan solo estanterías de cristal llenas de polvo y un cartel escrito a mano con el horario, donde especificaba que los encargos de relojería para el taller solo se admitían por las mañanas.

Estaba sorprendido por lo sórdido que había quedado el negocio en tan poco tiempo. Quizás falleciera el dueño o la dueña, no sabía muy bien, y se hiciera cargo algún hijo o hija, que tampoco sabía.

Fuera de elucubrar tanto, decidí mirar hacia dentro del local, labor sencilla de hacer ante la desnudez de esas vitrinas expositoras. La luz del día no iluminaba suficientemente el pequeño local, pero una lámpara colgada del techo, de la que solo funcionaban dos luces, me ayudaba a componer la escena de dentro.

El empleado, vestido con una bata raída, gris, desabrochada, hablaba, bueno discutía, diría yo, con un cliente, un hombre mayor, con barba oscura y elegantemente vestido con un largo abrigo negro de tweed.

No podía escuchar la conversación, menos aún con la música desesperadamente navideña que resonaba por toda esa zona comercial. Pero intuía que el diálogo era áspero, como el abrigo del caballero, por como movía las manos el relojero. Era un hombre joven, si ser joven significa tener menos de 50 años. Hubo un momento en que se llegó a mesar los cabellos. Yo juraría que se estaba reteniendo de tomar una actitud más violenta ante el cliente, quizás por respeto a su edad.

Me disponía a entrar en el local, con cualquier excusa, para poder sacar más partido a aquella escena tan incompleta, cuando el hombre del tweed dio media vuelta y salió rápido del local, aireando con su mano derecha un pequeño papel, amarillento, como si aquello fuera la evidencia de su razón.

-          No le recomiendo que entre, joven. No. No lo haga. Se arrepentirá.

-          Le advierto que tampoco lo tenía del todo decidido.

-          Pues dé media vuelta y pasee por Valladolid antes de que la ciudad se nos duerma para siempre.

Fue una frase impactante. No entendía nada. Me quedé tan sorprendido analizando las palabras de ese hombre que terminé malhumorado conmigo mismo.

Si esa parálisis me ocurría en pleno juicio haría el mayor de los ridículos. La falta de reacción no se puede consentir en un abogado. Me encogí de hombros, me dije que ahora tan solo era Sebastián Pomar, por unas horas, y proseguí mi paseo por esa ciudad que parecía que corría peligro de entrar en coma. Qué tontería.

Apenas había dado cuatro pasos cuando observé un papelito amarillo tirado en el suelo. Sí, están pensando lo mismo que yo, aquello era lo que llevaba en la mano el cliente frustrado de la joyería.

Lo recogí y, antes de leerlo, busqué a su dueño, que no estaba por ningún lado. Había desaparecido en alguna de las callejas que enhebran Platerías en una médula espinal fascinante.

No tuve más remedio que ojearlo. Se trataba de un viejo, viejísimo, resguardo. La fecha no era del todo legible, pero aún se podía ver el año, 1924. Caramba. También logré leer las palabras reloj de bolsillo y la marca se adivinaba, más que otra cosa: Hamilton.

Me sometí a mismo a un tercer grado supersónico e indoloro. Llegué a la conclusión de que iba ser difícil localizar al buen señor. Mejor volvería a la relojería, a  indagar un poquito, si el relojero no se ponía histérico otra vez con un encargo de hace un siglo, y en cualquier caso terminaría dejando allí el papel, que al fin y al cabo llevaba el membrete del establecimiento.

Al llegar a la puerta del negocio comprobé que el viejo tenía razón, mi ciudad había empezado a dar bostezos preocupantes. La relojería estaba cerrada, desvencijada, abandonada. No parecía la misma de hacía solo 10 minutos. Pegué mi cara a la sucia puerta de cristal y pude ver un viejo reloj calendario que marcaba las 19:17 del 12 de noviembre de 1993.

Nada de hacerme preguntas inútiles, ni preocuparme. Decidí regresar al juzgado y no volver a tentar al desapego laboral, que produce monstruos del tiempo.